Seamos siervos excelentes

Queridos amigos, seguimos, nuevamente nos volvemos a encontrar en este tu blog, sabes hace unos días conversaba con un pastor, que me dio una gran sorpresa, nos conocemos desde hace muchos años y no ha cambiado nada, sigue igual como cuando lo conocí, conversamos sobre lo que se a convertido la iglesia de hoy en día, que más preocupados están los pastores en que la gente no se vaya de la igelsia que en enseñar la verdadera Palabra de Dios, en donde de siervos hemos pasado a ser los amos, y con enseñarles cuatro versículos bíblicos diciendo que Dios nos los dió, ya la hicimos, pero mi amigo conversaba de lo que Dios quiere para su iglesia, y una vez más vi con tristeza, de que cuando los argumentos escasean, los pretextos sobran, en fin seguimos, aquí les dejo unos reglones de un pastor que sigue peleando para que la verdadera Palabra de Dios sea enseñada en cada congregación, en cada casa, que esto último ya se ha olvidado, parece que al no tener maestros formados para enseñar la Biblia, no queremos hablar de las reuniones de hogar, en fin hay que volver a los principios, en donde en las casas se partía el pan y se hablaba de las maravillas que la Palabra de Dios tiene para cada uno de nosotros. Pero me demuestra que la enseñanza ha decaído, ya no hay la formación de discípulos conocedores de la Palabra de Dios, así como tampoco hay ese hambre de aprender, y empezamos a fallar en nuestra encomienda, pastores, debemos preparar hombres y mujeres para la obra del ministerio, eso los convertira en siervos excelentes, que puedan expandir la verdad a toda criatura, de lo contrario nuestras congregaciones se verán estancadas y simplemente caminaran alrededor de la luz pero jamás se convertiran en ese faro que ilumina la vida de los demás.

Un siervo excelente es también un estudiante experto de las Escrituras: “Nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido”. Es triste decirlo, muchos pastores cristianos tienen un conocimiento mínimo de las Escrituras y muy poca dedicación a su estudio. Hubo un tiempo en la historia de la iglesia en el que los pastores eran los grandes estudiantes de las Escrituras y de la teología. Los ministros, más bien que ser solo buenos predicadores, eran ante todo y sobre todo estudiantes de la Palabra de Dios. Trabajaban diligentemente para entenderla, interpretarla y aplicarla con precisión y sabiduría.

La palabra griega que traducimos como “nutrido” es un participio presente pasivo, implicando que el ser nutrido con la Palabra de Dios es un proceso continuo de alimentación. Eso involucra leer las Escrituras, meditar en ellas, interactuar con ellas y estudiarlas hasta que usted ha dominado el material. Es esencial que estemos continuamente nutridos con las “palabras de la fe”. Esa frase se refiere al conjunto de la verdad cristiana en las Escrituras. Tenemos que conocer bien las Escrituras. Eso nunca lo vamos a conseguir del todo, pero debe ser nuestra meta. Tenemos que ser expertos en esa área, no simplemente buenos predicadores que hacen cosquillas en las oídos de las personas y las llevan a pensar que han escuchado algo que merece la pena (2 Ti. 4:3). Necesitamos interpretar con exactitud la Palabra de Dios y defenderla. No solo tenemos que nutrirnos directamente con las “palabras de la fe” sino también con la “buena doctrina”. La “buena doctrina” abarca la enseñanza de la verdad bíblica y la aplicación de sus principios. El crecimiento espiritual está basado en nuestras interacciones con la verdad bíblica.

1 Pedro 2:2: Crecemos espiritualmente al ir estudiando la Biblia.

2 Timoteo 2:15: Pablo dijo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. Estamos llamados —por encima de cualquier otro elemento del ministerio— a ser estudiantes expertos de la Palabra.

Efesios 6:17: Tenemos que usar la “espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”, con gran precisión.

Colosenses 3:16: Tenemos que tener la Palabra de Cristo morando abundante y profundamente en nosotros.

2 Timoteo 3:16-17: Puesto que la Palabra de Dios es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, tenemos que conocerla a fin de poder capacitar espiritualmente a otros.

Para poder pensar y hablar bíblicamente, un pastor debe pasar buena parte de su tiempo interactuando con el texto de las Escrituras. Es un tesoro inagotable que demanda toda una vida solo para empezar a entender sus riquezas. No hay virtud en ser ignorante. Lamentablemente somos una generación de personas que no nos gusta pensar; preferimos ser entretenidos. No obstante, debemos dedicarnos al estudio, la comprensión y la expresión de la Palabra de Dios. Tristemente, hay muchos predicadores que no se deleitan en el estudio. Dedican una hora de vez en cuando, y a veces ni eso. Muchos tienen el estudio como una tarea poco apetecible que interrumpe un programa fácil de actividades. Les gusta tener invitados en su púlpito tantas veces como sea posible porque así no tienen que pasar tiempo estudiando, prefieren más la variedad de tareas y reuniones administrativas. El estudio mínimo que llevan a cabo produce sermones débiles que no sirven para penetrar en los corazones y mentes de los oyentes.

William Tyndale, el hombre que llevó a cabo la traducción del Nuevo Testamento a la lengua inglesa en 1525, se encontraba en la cárcel y se enfrentaba al martirio. Le escribió una carta al gobernador pidiendo que le enviaran las siguientes posesiones: Una gorra, un abrigo y una pieza de tela para remendar sus pantalones. Luego decía: “Pero sobre todo ruego y suplico e imploro que interceda con el intendente (comisario), para que amablemente me permita tener la Biblia hebrea, la gramática y el diccionario hebreos a fin de pasar mi tiempo estudiando” (J. E. Mozley, William Tyndale).

Entonces, ¿qué hacemos? seguimos como estamos o verdaderamente empezamos a escudriñar la Palabra de Dios, aquí hoy propongo a mi congregación, (yo sé que nos reunimos a estudiar la Biblia en el templo, pero habló de escudriñar, de buscar aquello que lo dice pero no está escrito, ver en mucha más profundidad) reunirnos un día con Biblia en mano, orar y empezar a escudriñar la Palabra, empezando por Romanos, (ya vimos el primer versículo en un post anterior, lealo, y ya vienen más) siguiendo con Efesios y así hasta terminar, pero comprometidos, no importa el tiempo, es mejor que nos llegue la muerte estudiando la Palabra que viendo al Chavo del 8, no llegar a lograr el milagro que queremos, ni cubrir la necesidad, sino a llenarnos de la Palabra, de lo contrario nunca podremos llegar a entender la verdadera voluntad de Dios, porque nos dedicamos a mirar superficial y de forma meramente material, o sea como satisfacer nuestras necesidades, pero a los pastores, maestros, profetas, ujieres, danzantes, directores de alabanza, a ellos me dirijo, a buscar a Dios, dando la milla extra, haciendo algo más que el simple cumplir, porque viene la pregunta del millón, si eres líder de algún ministerio, en el mes pasado ¿cuántas veces les has enseñado la Palabra de Dios a tu equipo?, no para que Dios te de las peticiones de tu corazón, sino para qué debes hacer para dar fruto, ¿cuántas veces has orado por cada uno de ellos?, no solo por sus necesidades, sino para que tomen su cruz y sigan a Jesús,  ¿cuánto tiempo te has dedicado a estudiar la Biblia en forma profunda y no solo para el sermón del domingo? puedes hacerte tu mismo otras preguntas más, pero la principal, ¿estas intentando ser un siervo excelente, cómo?.

Bueno mi amigo, sé que hablar así y en algunos casos ponerse una soga al cuello es casi lo mismo, pero sabe, si miento, llamenme al orden, y si no miento, pues avísenme, para empezar a reunirnos, pero a estudiar, a que en dos o tres horas le saquemos el jugo al tiempo y estudiemos la Biblia de manera exhaustiva (agarre su diccionario Bíblico, su concordancia y uno que otro buen comentario) y le aseguro que todos creceremos y podremos hacer la obra a la que Dios nos llamó, cuídense, aún hay verdaderos cristianos sueltos por allí, ojala nos topemos con alguno, nos vemos muy pronto.

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