Conversando con una taza de café sobre los misterios de la creación
A veces, cuando abrimos el libro del Génesis, leemos con tanta prisa que pasamos por alto preguntas que incomodan. Saltamos directo a la luz, al jardín, a Adán… y rara vez nos detenemos a pensar si antes de todo eso hubo algo más.
Hoy, con una taza de café delante, quisiera hacer una pausa y dejar sobre la mesa una pregunta que no busca polémica fácil, sino reflexión honesta:
¿Qué ocurrió antes de que el hombre caminara sobre la tierra?
La Escritura misma nos invita a mirar atrás. En Isaías 46:9–10, Dios dice:
“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos… yo anuncio lo por venir desde el principio.”
Eso ya nos da una pista: hay un “antes” que no deberíamos ignorar tan rápido.
El Verbo y la Sabiduría en el principio
Antes de que existiera la materia, antes de la luz, antes del polvo del cual fue formado el hombre, ya había una relación eterna.
El Evangelio de Juan nos recuerda que el Verbo estaba con Dios y que todo fue hecho por medio de Él. No apareció después; ya estaba allí.
Proverbios también nos deja una imagen profunda cuando describe a la Sabiduría —que muchos entienden como una figura de Cristo— diciendo que estaba con Dios antes de sus obras antiguas, antes de los montes, antes de los abismos.
No estamos hablando de un Dios improvisando, sino de un diseño eterno, pensado, ordenado.
Todo fue creado por Él y para Él.
El silencio entre Génesis 1:1 y 1:2
Ahora bien, hay un detalle que muchas veces pasamos por alto. Génesis comienza diciendo:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Pero el versículo siguiente describe una tierra desordenada y vacía, cubierta de tinieblas.
Y aquí surge una pregunta incómoda, pero legítima:
¿Crearía Dios algo desordenado y vacío desde el inicio, siendo Él un Dios de orden y luz?
La palabra “vacía” sugiere que en algún momento hubo algo.
La palabra “desordenada” insinúa que existió un orden previo que fue alterado.
La Biblia no nos da todos los detalles, y quizás no los necesitamos, pero ese silencio entre los versículos deja espacio para pensar que algo ocurrió antes de la restauración que comienza en el versículo 3, cuando Dios vuelve a decir: “Sea la luz”.
La rebelión de las tinieblas
Las Escrituras hablan de una rebelión espiritual previa al hombre. Ángeles que pecaron, una caída, un juicio.
Satanás —llamado Lucero en su origen— quiso ser semejante al Altísimo y fue derribado.
Pedro y Judas mencionan a ángeles que no guardaron su dignidad y fueron reservados en prisiones de oscuridad.
Las tinieblas, en la Biblia, no son solo ausencia de luz física, sino símbolo de separación de Dios.
No es descabellado pensar que ese estado de desorden y oscuridad en Génesis 1:2 sea consecuencia de una ruptura espiritual anterior, y que lo que vemos desde el versículo 3 en adelante sea un proceso de restauración, no de creación desde cero.
Crear no es lo mismo que formar
Aquí hay una distinción importante que muchas veces olvidamos.
• Crear es sacar algo de donde no existe nada.
• Formar es trabajar con materia ya existente.
Dios creó los cielos y la tierra, pero formó al hombre del polvo.
Eso nos muestra que Dios no siempre actúa de la misma manera, y que entender sus procesos nos ayuda a leer la Biblia con más atención y menos prisa.
El enemigo no es caos: tiene organización
Otro punto que suele incomodar es este: el mal no es improvisado ni desordenado.
La Biblia habla de principados, potestades y gobernadores de las tinieblas.
Nuestra lucha no es contra personas, sino contra estructuras espirituales organizadas.
Y comprender esto no es para vivir con miedo, sino para entender que Dios siempre ha tenido el control, incluso antes de que existiera el tiempo tal como lo conocemos.
Reflexión final: más que curiosidad, confianza
Preguntarnos qué ocurrió antes de Adán no debería ser solo un ejercicio intelectual ni una discusión sin fin.
Debería llevarnos a algo más profundo: confianza.
Si Dios ya estaba obrando antes de la creación del hombre, si la luz siempre termina imponiéndose sobre las tinieblas, entonces nuestras batallas actuales no lo toman por sorpresa.
Quizás no tengamos todas las respuestas.
Pero sí sabemos algo con certeza: Dios nunca perdió el control.
Una imagen para recordarlo
Imagina que entras a una habitación que sabes que fue ordenada con cuidado… pero ahora todo está tirado en el suelo.
Reconoces el desorden porque sabes que antes hubo orden. De la misma manera, el desorden inicial de la tierra nos sugiere que algo fue interrumpido.
Y aun así, Dios volvió a hablar… y la luz regresó.
Porque algunas preguntas no buscan cerrar el tema, sino abrir el corazón a pensar un poco más.
Vick
Conversando con una Taza de Café
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