Una conversación desde la Primera Carta a Timoteo
Buenas noches.
Hoy quiero que hagamos algo sencillo: imaginemos que estamos frente a frente, con una taza de café entre las manos, y que nos hacemos una pregunta incómoda…
¿Qué es realmente el éxito?
Porque el mundo lo tiene muy claro.
Pero… ¿lo tiene claro el evangelio?
El éxito que el mundo nos enseñó
Si preguntamos en la calle qué significa ser exitoso, probablemente escucharemos palabras como:
• Dinero
• Reconocimiento
• Influencia
• Poder
• Seguridad económica
Admiramos a los grandes empresarios, a los artistas que llenan estadios, a los cirujanos que cobran cifras que nosotros apenas imaginamos. Pensamos: “Ese sí que triunfó”.
Y sin darnos cuenta, trasladamos esa misma lógica a la iglesia.
Medimos el “éxito espiritual” por:
• Cantidad de miembros
• Tamaño del edificio
• Tecnología
• Producción
• Presencia en redes
Pero déjame preguntarte algo…
¿Medía Jesús el éxito así?
Los primeros seguidores… y nosotros
Los primeros discípulos no tenían templos, ni plataformas, ni estrategias de marketing.
Tenían persecución, cárceles, pobreza… y una convicción profunda.
Pedro predicó y miles creyeron.
Pero también fue encarcelado.
Pablo fundó iglesias.
Pero terminó escribiendo cartas desde prisión.
¿Eran fracasados según el estándar moderno?
¿O eran radicalmente exitosos según el cielo?
Pablo y una definición incómoda
En la Primera Carta a Timoteo, Pablo le escribe a su “hijo en la fe” y redefine el liderazgo y el éxito.
“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento.» (1 Timoteo 6:6)
No dice: gran ganancia es la fama.
No dice: gran ganancia es la abundancia.
Dice: piedad con contentamiento.
Eso es otra lógica.
Porque Pablo sabía algo que nosotros olvidamos con facilidad:
“Nada trajimos a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.” (1 Timoteo 6:7)
Entonces… ¿qué estamos persiguiendo?
Defender la verdad, no la popularidad
Pablo le dice a Timoteo que su tarea principal no es agradar a todos, sino:
• Guardar la sana doctrina
• Corregir lo que está mal
• Evitar enseñanzas falsas
Hoy muchos seguidores buscan aceptación.
Los primeros seguidores buscaban fidelidad.
Hoy tememos perder audiencia.
Ellos temían perder la verdad.
¿En qué punto cambiamos de prioridad?
El liderazgo no es espectáculo
En 1 Timoteo 3, Pablo describe el perfil del líder:
• Sobrio
• Prudente
• Irreprensible
• Que gobierne bien su casa
• No un neófito
No habla de carisma.
No habla de habilidades comunicativas.
No habla de estrategias de crecimiento.
Habla de carácter.
Y aquí viene la pregunta que nos incomoda:
¿Estamos formando seguidores… o estamos formando discípulos?
Conocer la Palabra… o repetir frases
Pablo también le dice:
“Ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.” (1 Timoteo 4:13)
Los primeros cristianos se nutrían de la Palabra porque no tenían otra cosa.
Nosotros tenemos Biblias en el teléfono…
pero muchas veces no tenemos tiempo.
Queremos respuestas rápidas, frases inspiradoras, reels de 30 segundos.
Pero la fe no se construye con frases bonitas, se construye con profundidad.
Juventud, temor y perseverancia
A Timoteo lo menospreciaban por joven.
Pablo le escribe:
“Ninguno tenga en poco tu juventud; sino sé ejemplo…” (1 Timoteo 4:12)
El éxito bíblico no es cuestión de edad, es cuestión de ejemplo.
No es cuestión de posición, es cuestión de perseverancia.
El contentamiento que desafía al sistema
Vivimos en una cultura donde nunca es suficiente.
Siempre hay:
• Un teléfono más nuevo
• Un carro más grande
• Una casa más amplia
Pero Pablo dice:
“Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos.” (1 Timoteo 6:8)
Eso choca.
Porque el sistema nos dice: acumula.
El evangelio nos dice: comparte.
El sistema dice: asegúrate primero.
El evangelio dice: mira al que está a tu lado.
Entonces… ¿qué es el éxito?
¿Es tener más?
¿O es ser hallado fiel?
Los primeros seguidores de Jesús no conquistaron el mundo con poder económico.
Lo conquistaron con convicción.
No tenían edificios imponentes.
Tenían coherencia.
No tenían plataformas digitales.
Tenían testimonio.
Una pregunta para terminar este café
Si hoy se evaluara tu vida espiritual…
¿qué diría el cielo?
¿Exitoso por lo que acumulaste?
¿O exitoso por lo que sembraste?
Porque al final, el éxito bíblico no se mide por aplausos, sino por fidelidad.
Y quizás —solo quizás—
el verdadero éxito sea escuchar un día:
“Bien, buen siervo y fiel.”
Si este café te dejó pensando, quédate con la pregunta abierta.
¿Estamos siguiendo a Jesús… o estamos intentando convertir el cristianismo en otro modelo de negocio?
Nos leemos en el próximo café.
Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com






















