¿Qué ocurrió antes de Adán?

Conversando con una taza de café sobre los misterios de la creación

A veces, cuando abrimos el libro del Génesis, leemos con tanta prisa que pasamos por alto preguntas que incomodan. Saltamos directo a la luz, al jardín, a Adán… y rara vez nos detenemos a pensar si antes de todo eso hubo algo más.

Hoy, con una taza de café delante, quisiera hacer una pausa y dejar sobre la mesa una pregunta que no busca polémica fácil, sino reflexión honesta:

¿Qué ocurrió antes de que el hombre caminara sobre la tierra?

La Escritura misma nos invita a mirar atrás. En Isaías 46:9–10, Dios dice:
“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos… yo anuncio lo por venir desde el principio.”

Eso ya nos da una pista: hay un “antes” que no deberíamos ignorar tan rápido.

El Verbo y la Sabiduría en el principio

Antes de que existiera la materia, antes de la luz, antes del polvo del cual fue formado el hombre, ya había una relación eterna.
El Evangelio de Juan nos recuerda que el Verbo estaba con Dios y que todo fue hecho por medio de Él. No apareció después; ya estaba allí.

Proverbios también nos deja una imagen profunda cuando describe a la Sabiduría —que muchos entienden como una figura de Cristo— diciendo que estaba con Dios antes de sus obras antiguas, antes de los montes, antes de los abismos.
No estamos hablando de un Dios improvisando, sino de un diseño eterno, pensado, ordenado.

Todo fue creado por Él y para Él.

El silencio entre Génesis 1:1 y 1:2

Ahora bien, hay un detalle que muchas veces pasamos por alto. Génesis comienza diciendo:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Pero el versículo siguiente describe una tierra desordenada y vacía, cubierta de tinieblas.

Y aquí surge una pregunta incómoda, pero legítima:

¿Crearía Dios algo desordenado y vacío desde el inicio, siendo Él un Dios de orden y luz?
La palabra “vacía” sugiere que en algún momento hubo algo.
La palabra “desordenada” insinúa que existió un orden previo que fue alterado.

La Biblia no nos da todos los detalles, y quizás no los necesitamos, pero ese silencio entre los versículos deja espacio para pensar que algo ocurrió antes de la restauración que comienza en el versículo 3, cuando Dios vuelve a decir: “Sea la luz”.

La rebelión de las tinieblas

Las Escrituras hablan de una rebelión espiritual previa al hombre. Ángeles que pecaron, una caída, un juicio.
Satanás —llamado Lucero en su origen— quiso ser semejante al Altísimo y fue derribado.
Pedro y Judas mencionan a ángeles que no guardaron su dignidad y fueron reservados en prisiones de oscuridad.

Las tinieblas, en la Biblia, no son solo ausencia de luz física, sino símbolo de separación de Dios.
No es descabellado pensar que ese estado de desorden y oscuridad en Génesis 1:2 sea consecuencia de una ruptura espiritual anterior, y que lo que vemos desde el versículo 3 en adelante sea un proceso de restauración, no de creación desde cero.

Crear no es lo mismo que formar

Aquí hay una distinción importante que muchas veces olvidamos.
Crear es sacar algo de donde no existe nada.
Formar es trabajar con materia ya existente.

Dios creó los cielos y la tierra, pero formó al hombre del polvo.

Eso nos muestra que Dios no siempre actúa de la misma manera, y que entender sus procesos nos ayuda a leer la Biblia con más atención y menos prisa.

El enemigo no es caos: tiene organización

Otro punto que suele incomodar es este: el mal no es improvisado ni desordenado.
La Biblia habla de principados, potestades y gobernadores de las tinieblas.
Nuestra lucha no es contra personas, sino contra estructuras espirituales organizadas.

Y comprender esto no es para vivir con miedo, sino para entender que Dios siempre ha tenido el control, incluso antes de que existiera el tiempo tal como lo conocemos.

Reflexión final: más que curiosidad, confianza

Preguntarnos qué ocurrió antes de Adán no debería ser solo un ejercicio intelectual ni una discusión sin fin.
Debería llevarnos a algo más profundo: confianza.


Si Dios ya estaba obrando antes de la creación del hombre, si la luz siempre termina imponiéndose sobre las tinieblas, entonces nuestras batallas actuales no lo toman por sorpresa.

Quizás no tengamos todas las respuestas.
Pero sí sabemos algo con certeza: Dios nunca perdió el control.

Una imagen para recordarlo

Imagina que entras a una habitación que sabes que fue ordenada con cuidado… pero ahora todo está tirado en el suelo.
Reconoces el desorden porque sabes que antes hubo orden. De la misma manera, el desorden inicial de la tierra nos sugiere que algo fue interrumpido.

Y aun así, Dios volvió a hablar… y la luz regresó.

Porque algunas preguntas no buscan cerrar el tema, sino abrir el corazón a pensar un poco más.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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Reseña Literaria: «El libro de las almas»

Reseña: «El libro de las almas» – El secreto que la historia intentó ocultar

¿Qué harías si conocieras la fecha exacta del fin del mundo? Bajo esta premisa escalofriante, Glenn Cooper nos entrega la esperada continuación de su éxito internacional La biblioteca de los muertos. En esta entrega, Cooper no solo expande el universo de su obra anterior, sino que eleva la apuesta con un reto aún más estremecedor: la búsqueda de un volumen perdido que revela el destino final de la raza humana.

La Trama: Una carrera contra el tiempo y el destino

La historia nos reencuentra con Will Piper, el ex agente del FBI cuya vida cambió para siempre tras resolver el misterio del «Asesino del Juicio Final». Aunque Will intenta disfrutar de una jubilación tranquila junto a su esposa Nancy y su pequeño hijo, el pasado se niega a dejarlo ir.

El detonante de la acción es un hombre moribundo, Henry Spence, quien encarga a Will la búsqueda de un libro antiguo desaparecido. Este ejemplar, fechado en 1527, es el único volumen que falta en la colosal biblioteca resguardada en el Área 51. Lo que comienza como una misión de recuperación de un objeto histórico se transforma rápidamente en un descubrimiento aterrador: una epístola escrita por Félix, el último superior de la abadía de Vectis, revela que el registro de muertes de la biblioteca tiene una fecha final definitiva: el 9 de febrero de 2027.

Un viaje a través de los siglos

Uno de los puntos más fuertes de la novela es su estructura narrativa. Cooper nos transporta magistralmente entre la actualidad y momentos clave de la historia. Acompañamos a Will en su periplo por Londres y la campiña inglesa, pero también viajamos al pasado para presenciar cómo el misterio de la biblioteca influyó en figuras históricas de la talla de William Shakespeare, Juan Calvino y Nostradamus.

Esta conexión histórica añade una capa de profundidad fascinante al libro. No es solo un thriller de conspiración moderno; es una exploración de cómo el conocimiento del destino pudo haber moldeado el pensamiento de los hombres más influyentes de la civilización.

Conflicto y dilemas morales

Will Piper se encuentra en el centro de un dilema moral de difícil solución: tras descubrir la verdad sobre el año 2027, debe decidir si revelar a la humanidad una realidad que podría causar el caos absoluto o callar para siempre y dejar que el tiempo siga su curso.

Mientras tanto, la tensión aumenta debido a la persecución de Área 51 (Proyecto Vectis). El gobierno de los Estados Unidos ha mantenido el secreto de la biblioteca desde 1947 bajo una densa nube de desinformación. Ahora, liderados por figuras implacables, están dispuestos a todo para recuperar el libro y silenciar a cualquiera que sepa la verdad.

¿Por qué leerlo?

«El libro de las almas» es una lectura obligatoria para los amantes del suspenso histórico y las teorías conspirativas. Cooper maneja un ritmo vertiginoso, saltando entre los pasillos de casas de subastas en Londres como Pierce & Whyte hasta la profundidad de las criptas medievales.

La novela plantea preguntas filosóficas profundas: Si el futuro ya está escrito, ¿tenemos realmente libre albedrío?. Es una historia que te mantiene pegado a las páginas no solo por la acción, sino por la curiosidad de descifrar qué significa realmente ese horizonte final en el calendario de la humanidad.

En conclusión, Glenn Cooper logra una secuela que no solo está a la altura de su predecesora, sino que la complementa perfectamente, cerrando círculos y dejando al lector reflexionando sobre el valor de cada día antes de que llegue el inevitable «Finis Dierum».

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
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Poeta, ¿qué es el amor?

Una tarde cualquiera, un joven aprendiz de poeta —aquel que por primera vez intentaba escribir con lápiz y papel— quiso hacerlo sobre el amor.
Pero no sabía por dónde empezar.
Buscó entre amigos, leyó algunos libros, pero nada lo inspiraba. Hasta que se enteró de que un viejo amigo poeta estaba en un café-bar.
Sin pensarlo dos veces, se fue directo allí.

El poeta estaba sentado, meditando en silencio. Tenía una mirada triste, palabras toscas y un rostro endurecido por la soledad.
Frente a él, un cappuccino frío, tan helado como el tiempo que llevaba esperando una nueva ilusión.
El joven se acercó, tímido, casi impertinente con la frescura de los años.
Después de una breve presentación, preguntó:

Poeta, dime… ¿cómo puedo escribir sobre el amor?

El poeta lo miró sorprendido, y con tono cansado respondió:

—Querido e inexperto amigo, si quieres escribir sobre el amor… ya llegaste tarde.
Todo se ha escrito. Todo se ha cantado.
Poemas, canciones, novelas… incluso en otros idiomas.
Mejor escribe sobre los árboles, los animales, la naturaleza.
Pero sobre el amor… ¿para qué perder el tiempo?

El joven bajó la mirada. Sintió que el peso de las palabras del poeta le caía sobre los hombros.
Se levantó, triste, derrotado.
Pero al llegar a la puerta, se detuvo, respiró profundo y volvió sobre sus pasos.

—Es cierto, poeta… casi todo se ha escrito sobre el amor.

Pero la mañana sería más triste si no hablara del mío.
El mediodía no tendría sentido si no lo escribiera.
Y la noche que cae no sería nada si no la compartiera con lo que siento.
Sé que tú amaste, que tú cantaste y escribiste.

Pero déjame hablarte de mi amor.

Ese amor que creí imposible.
Ese que guardé por años, que vivía solo en mis sueños.
Ese que me hacía sonreír en secreto y sufrir en silencio.
Ese que observé de lejos, como si fuera parte de una historia que no me pertenecía.
Te hablaré de esa mujer que caminaba como bailarina, con pasos suaves y ojos de luz.

De su voz que sonaba a melodía, de su cabello que danzaba con el viento,
de su risa que al fin volvió, después de tanto dolor.
Poeta, hoy mi amor me ha mirado.
Ha posado en mí sus ojos.

Y su sonrisa, que antes era apenas una mueca, ha vuelto a tener luz.
Me ha dicho que me ama.
Me ha dicho que piensa en mí.

¿Y cómo no voy a escribir sobre el amor si hoy lo estoy viviendo?

Tú escribiste poemas.
Yo los estoy viviendo.
Tú cantaste canciones.
Yo las estoy entonando para ella.
Tú contaste historias.

Yo las estoy escribiendo junto a la mujer que amo.

Por eso, poeta, te digo: vuelve a amar.
Encuentra esa musa que te devuelva el fuego.
Porque mientras el amor viva en algún rincón del alma…
los poemas no se terminan.

Las canciones no envejecen.
Y las historias no mueren.
El poeta, con lágrimas contenidas, se levantó.

Abrazó al joven.
Y entre susurros le dijo:

—Gracias, amigo. Hoy aprendí una lección que había olvidado.

El amor existe.
No importa cuántas veces se haya escrito sobre él…
siempre habrá una historia nueva que contar.

Porque amar es eso:
vivir con el corazón despierto.
Llorar, reír, y entregarse por completo.
Un abrazo fue poco.
Una amistad para siempre.
Un poema, una canción, una historia.

Todo, por una sola palabra: amor.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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Lo planeado no pide milagros

Que no te falte la voz
cuando el silencio pese.

Que la duda no te inmovilice,
ino que te obligue a decirlo mejor.

Que grabes aunque no sea perfecto,
y publiques aunque no sea visto,
porque lo que nace verdadero
siempre encuentra su tiempo.

Que el café no sea excusa,
sino compañía.
Que el cuaderno no acumule ideas,
sino huellas.
Que la cámara no te juzgue,
sino que te escuche.

Que cuando el cansancio llegue
—porque llegará—
recuerdes que no estás empezando:
estás continuando.

Y si algún día todo parece poco,
que baste con esto:
hiciste lo que dijiste que harías,
y eso, en este mundo,
ya es una forma de fidelidad.

Adelante.
Lo planeado no pide milagros,
pide constancia.

Vick
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Un pacto de amistad

Más allá del compañerismo

Hay cosas en la vida que no elegimos.

La familia, por ejemplo. Nos toca. A veces como un regalo hermoso, otras como un desafío permanente. Pero viene así, sin consultarnos demasiado.
La amistad, en cambio, es distinta.
La amistad sí se elige.
Y quizás por eso es tan escasa.

Podemos estar rodeados de gente todos los días: compañeros de trabajo, conocidos, personas con las que compartimos risas, cafés rápidos o conversaciones superficiales. Pero cuando uno mira con honestidad, los verdaderos amigos no son muchos. A veces caben en una sola mano… y sobran dedos.

Porque la amistad real no se mide cuando todo va bien.
No se prueba cuando hay aplausos, logros o “billete en el bolsillo”.
La amistad se revela cuando las papas queman, cuando el silencio pesa, cuando no hay nada que ofrecer a cambio.
Ahí se ve quién se queda.

David y Jonatán: cuando la amistad se convierte en pacto

La Biblia nos presenta una de las historias más profundas sobre la amistad: David y Jonatán.
No fue compañerismo circunstancial. Fue un pacto.

El texto dice que el alma de Jonatán quedó ligada al alma de David, y que lo amó como a sí mismo. Pero ese amor no se quedó en palabras bonitas. Se tradujo en gestos concretos.
Jonatán era hijo del rey Saúl. El heredero natural al trono.
Y aun así, se quitó el manto, las ropas, el arco… y hasta la espada, para dárselos a David.
En aquel tiempo, entregar la espada no era un detalle menor.
Era entregar defensa, identidad, futuro.
Era decir: confío en ti más que en mí mismo.

Eso es amistad.

No la que suma conveniencia, sino la que entrega aun cuando parece perder.

De Lodebar a la mesa del rey

Los años pasaron. Jonatán murió.
David llegó al trono. Dios le dio descanso y victoria.
Y entonces, cuando ya tenía todo, David hizo una pregunta que dice mucho de su corazón:

“¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl a quien haga yo misericordia por amor a Jonatán?”

No preguntó por aliados.
No buscó ventajas políticas.
Buscó honrar un pacto.


Así apareció Mefiboset, hijo de Jonatán, viviendo en Lodebar.
Lodebar no era solo un lugar geográfico.
Era un estado del alma.
Un sitio sin esperanza, sin futuro, sin fe.

Además, Mefiboset era lisiado de ambos pies. No por decisión propia, sino por una caída, por una huida apresurada, por un accidente que marcó su vida para siempre.

Y aun así, David hizo algo impensable para la lógica de aquel tiempo:
no lo eliminó,
no lo ignoró,
no lo toleró a distancia.

Lo sentó a su mesa.
Le devolvió tierras.
Le devolvió dignidad.
Le devolvió un lugar.
Todo por causa de un pacto de amistad.

Los pies lisiados que no se ven

Cuando Mefiboset escuchó la propuesta, no lo podía creer.
Se llamó a sí mismo un perro muerto.
Y quizá ahí está el punto que más nos incomoda.
A veces también nosotros olvidamos de dónde nos sacó Dios.

Nos sentamos a la mesa del Rey, disfrutamos del pan, de la gracia, de la bendición…
pero bajo el mantel siguen estando nuestros pies lisiados.
No estamos ahí por mérito propio.
Estamos ahí por gracia.

Y cuando olvidamos eso, comenzamos a mirar por encima del hombro, a exigir, a seleccionar a quién amar y a quién no.

La amistad cristiana no puede funcionar así.

¿Qué tipo de amigos estamos siendo?

Ser amigo, a la manera del Reino, implica cosas incómodas:
– Alegrarse sinceramente con el éxito del otro, aunque a uno le duela.
– Llorar juntos cuando no hay soluciones rápidas.
– Acompañar procesos, no solo celebraciones.
– Discipular con amor, no para demostrar superioridad, sino porque no queremos que el otro se quede en Lodebar.

Tal vez la pregunta no sea cuántos amigos tenemos,

sino qué tipo de amigo somos.

¿Somos amigos de aplauso… o de pacto?
¿Nos sentamos a la mesa solo con los “sanos”… o también con los que tienen las piernas rotas?
¿Recordamos el pacto cuando ya no necesitamos nada?

Conversando con una taza de café, vale la pena pensarlo.

Metáfora para llevarse

La amistad verdadera es como un puente de doble vía.
No se construye para cruzarlo solo cuando conviene, sino para caminar juntos tanto en el valle más profundo como en la cima más alta.
Porque cuando la amistad es pacto,
el éxito de uno deja de ser envidia
y se convierte en celebración compartida.

Y eso… no es común.

Pero es profundamente humano.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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La historia de Auschwitz – Nunca debe olvidarse.

La historia de Auschwitz no es solo la crónica de un lugar, sino la documentación de cómo la humanidad puede perfeccionar la crueldad mediante la burocracia y la tecnología. Hoy, a 81 años de que el Ejército Rojo abriera sus puertas, el nombre de este complejo en la Polonia ocupada resuena como el epicentro del horror absoluto.

El Epicentro de la «Solución Final»

Auschwitz no empezó como un centro de exterminio, sino como un campo para prisioneros políticos polacos. Sin embargo, su ubicación estratégica y su conexión ferroviaria lo convirtieron en el laboratorio ideal para la «Solución Final».

Auschwitz I: El campo original, donde se realizaban experimentos médicos inhumanos.

Auschwitz-II (Birkenau): El verdadero «corazón de las tinieblas», diseñado específicamente para el asesinato masivo con cámaras de gas y crematorios.

Auschwitz-III (Monowitz): Dedicado al trabajo esclavo para la industria química alemana.

Lo que separa a Auschwitz de otras tragedias de la historia es su naturaleza industrial. No fue un arrebato de violencia salvaje, sino una operación logística meticulosa donde las víctimas eran despojadas de su ropa, su cabello, sus dientes de oro y, finalmente, de su vida, todo procesado como materia prima.

El 27 de enero: El encuentro con lo impensable

Cuando los soldados soviéticos llegaron aquel invierno de 1945, no encontraron una victoria militar gloriosa, sino a unos 7,000 sobrevivientes que parecían espectros. El mundo comenzó a entender que los rumores de «campos de trabajo» eran, en realidad, fábricas de muerte.

De los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto, más de un millón perecieron en este complejo, junto con gitanos, homosexuales, testigos de Jehová y disidentes.

Un presente de espejos deformantes

En este mundo globalizado: la inversión de los valores, donde «a lo malo se le llama bueno». En el contexto actual, el aumento del antisemitismo y la distorsión del lenguaje presentan un peligro real.

La banalización del mal: Cuando el término «nazi» o «genocidio» se usa a la ligera para cualquier desacuerdo político, se erosiona la memoria de quienes realmente sufrieron en Birkenau.

El relativismo moral: Al intentar justificar el odio bajo nuevas etiquetas, se corre el riesgo de olvidar que Auschwitz no empezó con cámaras de gas, sino con palabras de deshumanización que la sociedad aceptó como normales.

¿Por qué sigue siendo el sinónimo del terror?

Auschwitz es el recordatorio de que la civilización, el arte y la ciencia no son garantías contra la barbarie. Una nación culta y avanzada fue capaz de organizar el exterminio más eficiente de la historia. Por eso, el «Nunca más» no es un eslogan sobre el pasado, sino una advertencia sobre la fragilidad del presente.

Es un tema denso y profundamente necesario para entender nuestra ética actual.

Los Juicios de Frankfurt son un capítulo crucial para entender cómo Alemania comenzó a confrontar su pasado. Aquí una reflexión sobre su impacto en la memoria alemana y lo que deberían significar para la memoria global:

Los Juicios de Frankfurt y la Memoria Alemana

Los Juicios de Auschwitz en Frankfurt (1963-1965) fueron un momento decisivo para Alemania. A diferencia de los Juicios de Núremberg, que juzgaron a la cúpula nazi por crímenes contra la paz y la humanidad, los juicios de Frankfurt se centraron en los perpetradores de rango medio de Auschwitz, aquellos que implementaron la maquinaria del exterminio día a día. 

Para Alemania, estos juicios representaron:

1. Una confrontación interna y tardía: Después de años de una «amnesia» colectiva en la posguerra, estos juicios obligaron a la sociedad alemana a mirar de frente el horror. Mucha de la generación joven se enteró por primera vez de la magnitud de los crímenes a través de los testimonios públicos.

2. La «Vergangenheitsbewältigung» (Superación del pasado): Aunque el proceso fue doloroso y la justicia, en muchos casos, tardía e imperfecta (muchos de los acusados recibieron sentencias relativamente leves en comparación con la magnitud de sus crímenes), sentaron las bases para un examen más profundo y crítico del pasado nazi. Fue un paso fundamental para que Alemania asumiera su responsabilidad. 

3. El papel de Fritz Bauer: El fiscal general Fritz Bauer, él mismo un judío que había huido de los nazis, fue la fuerza impulsora detrás de estos juicios. Su tenacidad fue clave para llevar a los perpetradores ante la justicia en Alemania, enfrentándose a una considerable resistencia en un país que prefería olvidar. Bauer entendió que juzgar estos crímenes era esencial para la salud moral y democrática de la nueva República Federal Alemana. 

Los Juicios de Frankfurt en la Memoria del Mundo

Mientras que Núremberg capturó la atención global de inmediato, los Juicios de Frankfurt son, en muchos sentidos, más relevantes para la memoria del mundo hoy, por las siguientes razones:

1. La responsabilidad individual en la atrocidad: Los juicios de Frankfurt no se centraron en «monstruos», sino en personas comunes (doctores, guardias, administradores) que participaron en la burocracia del asesinato. Esto nos obliga a confrontar la «banalidad del mal» (como lo describió Hannah Arendt), la idea de que personas ordinarias pueden cometer crímenes extraordinarios dentro de un sistema autoritario. 

2. El peligro del silencio y la complicidad: Demostraron cómo el silencio, la indiferencia y la obediencia ciega a la autoridad pueden ser tan devastadores como el odio activo. Nos recuerdan que la justicia no es solo para los líderes, sino también para quienes permiten que los sistemas de opresión funcionen.

3. La importancia de la documentación y el testimonio: Los juicios recopilaron miles de horas de testimonios de sobrevivientes, lo que proporcionó una evidencia irrefutable de los crímenes y aseguró que las voces de las víctimas no fueran silenciadas. En un mundo donde la negación histórica y la desinformación son crecientes, la evidencia detallada presentada en Frankfurt es un ancla crucial para la verdad.

4. Una lección continua sobre la vigilancia democrática: Los juicios de Frankfurt son un recordatorio de que las sociedades deben ser constantemente vigilantes contra la erosión de los derechos humanos y el surgimiento de ideologías de odio, incluso en sistemas democráticos. Nos enseñan que la memoria no es solo recordar lo que pasó, sino entender cómo pasó y por qué, para evitar que se repita.

En resumen, los Juicios de Frankfurt son una poderosa lección de historia y ética. Para Alemania, fueron un catarsis dolorosa pero necesaria. Para el mundo, deben ser un faro que ilumine los peligros de la indiferencia y la complicidad, y la inquebrantable necesidad de la justicia y la memoria en la lucha contra la barbarie.

Nuestra actualidad más escalofriante:

El paralelismo más escalofriante entre el antisemitismo actual y el pre-Holocausto es la resurgencia de narrativas que deshumanizan y culpan a los judíos como colectivo por problemas globales o conflictos específicos.

Así como antes del Holocausto se les acusaba de ser «asesinos de Cristo», conspiradores o la causa de las calamidades económicas, hoy vemos cómo, bajo el disfraz de ciertas ideologías o críticas a Israel, se resucitan tropas antisemitas para demonizar a todos los judíos. Se les atribuye responsabilidad colectiva por acciones políticas ajenas a su control individual, se les tacha de «opresores» o «malignos» basándose puramente en su identidad judía, y se promueve la idea de que son una fuerza destructiva.

Esta deshumanización es el primer paso documentado del genocidio. En el Holocausto, la propaganda nazi no empezó con cámaras de gas, sino con palabras que pintaban a los judíos como una plaga, una amenaza existencial, y «asesinos» merecedores de erradicación. Cuando una sociedad acepta que un grupo es inherentemente malvado y responsable de sus problemas, se sienta la base para la violencia y la persecución.

El peligro no es que la historia se repita exactamente, sino que los patrones de odio y deshumanización son universales y cíclicos. Si hoy se permite que se llame impunemente «asesinos» o se atribuya maldad intrínseca a los judíos por su identidad, el eco de los años 30 resuena peligrosamente, recordándonos que las palabras de odio pueden convertirse, una vez más, en acciones destructivas.

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El Café de los Imposibles: Una Crónica de Fe

En el crepúsculo de una tarde que parece estirarse con la ambición de volverse eterna, mis pasos —entrenados en la rutina del anhelo— me conducen de vuelta a ese Starbucks. Se alza en la esquina, como un faro de cartón y cafeína en medio de la gélida corriente de una ciudad que siempre tiene prisa por llegar a ninguna parte.

La barista ha cambiado; me mira con esa amabilidad plástica propia de quien no tiene idea de que, en esta misma mesa, solían habitar capuccinos, yogures y croissants compartidos. Ella es ajena a nuestra arqueología personal. Sin embargo, la mesa sigue ahí, esperándome con la lealtad de un viejo perro. Pido un doble shot en mi Venti: una pócima necesaria, ya sea para obligarme a despertar a esta realidad o para sumergirme con más fuerza en la dulce quimera de tu ausencia.

No me malinterpretes. Esto no es un cuento chino ni una moraleja de Esopo. Es, más bien, un hilo tensado con la fibra de lo improbable; la melodía de un amor que decidió, muy conscientemente, declararle la guerra a la razón.

Me susurro, mientras el vapor me empaña la mirada, que el mundo puede gritar «imposible» hasta quedarse sin aliento, pero eso no le quita ni un gramo de verdad a lo que siento. ¿Acaso los sueños no son el borrador de la realidad? ¿O será que la realidad envidia la libertad de nuestros sueños? Como el sol, que amanece por pura terquedad, lo imposible también tiene su propia luz. Y sospecho que, de tanto insistir, la fantasía terminará por rendirse ante los hechos. Al final, la ironía es simple: todo este caos es, sencillamente, por amor. Por el amor de mi princesa.

Es una agonía extrañamente dulce esta de no poder tocarte. Resulta casi cómico que nuestra «ceremonia» consista en cafés a distancia y presencias espectrales. Pero sucede. Cada vez que llevas la taza a tus labios por la mañana, o cuando entras a un local y tu corazón reclama ese sabor que solo nosotros conocemos, ahí estoy. Mi compañía te vela en tus madrugadas de insomnio, y tu esencia se desliza en mis sueños con la puntualidad de un cobrador de deudas emocionales.

Este «imposible» es el recordatorio de tu propia locura: te enamoraste de un viejo y te convertiste en su princesa. Una tragedia griega con final de cuento de hadas, o viceversa. Pero me quedo con tu verdad, esa que pronunciaste con labios sinceros y que hoy es mi único refugio: «Te amo».

Que el mundo siga murmurando. Que nos tilden de locos. Pobres de aquellos que nunca han sentido la furia de un sentimiento que no pide permiso ni explicaciones. Seguiremos amándonos desde el epicentro del corazón, ese lugar donde la lógica no tiene jurisdicción.

Al levantarme, recojo las servilletas arrugadas. Por un segundo, la ironía me tienta a guardarlas, como si fueran reliquias de un santo olvidado, pero decido arrojarlas al reciclaje. Prefiero que esta historia vuele, que recorra los hilos invisibles de la red y que, con suerte, aterrice en tus ojos para arrancarte una sonrisa. Una historia que no camina por ver, sino por creer.

Salgo con la mochila al hombro y paso, casi por instinto, frente a tu buzón de correo. El camino a casa es largo; el tiempo es una tortuga que intenta, con un optimismo patético, ganarle la carrera al conejo. «Camina despacio», me digo. Quizás, al final de la meta, ella todavía me espere con esa flor que tanto le gusta y un aro infinito en el dedo, como prueba de que la espera fue, después de todo, el acto más honesto de su vida.

Aquí termina la historia. O quizás, apenas empieza, mientras tú sigas sonriendo con esa honestidad que juraste mantener.

La resurrección

El inicio de una nueva historia

Cuando pensamos en la vida de Jesús, muchas veces nuestra mirada se detiene con fuerza en el Viernes Santo. La cruz, el dolor, los clavos, el silencio. Y es comprensible: allí se concentra una carga emocional y espiritual enorme.

Pero la fe cristiana no se queda detenida en el viernes ni en el domingo.
La resurrección no es el final de la historia.
Es el comienzo de algo completamente nuevo.

Jesús no vino solo a morir; vino a morir y a resucitar. Esa fue siempre la meta: entregar su vida por nuestros pecados y levantarse para nuestra justificación. Sin ese domingo, todo lo anterior quedaría incompleto.

Sin domingo, el viernes no tendría sentido

La resurrección es la confirmación divina de que la obra de la cruz fue aceptada. Si después del viernes no hubiera pasado nada, si el sepulcro hubiera seguido cerrado, los azotes, la sangre y el sacrificio no habrían cumplido su propósito redentor.

El apóstol Pablo lo dice sin rodeos en 1 Corintios 15:

Si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana y nuestra fe también lo es.
Así de claro.
No existe cristianismo sin resurrección.

La cruz es indispensable, pero es la victoria sobre la muerte la que le da sentido. La resurrección es la que transforma el sufrimiento en esperanza y la derrota aparente en triunfo eterno.

El testimonio silencioso de la fidelidad

Hay un detalle profundamente humano y conmovedor en los relatos de la resurrección: las mujeres.

Cuando llegó la hora más oscura, cuando el miedo se apoderó de todos, muchos discípulos huyeron. No por maldad, sino por temor. Sin embargo, ellas permanecieron. Y no solo permanecieron: fueron las primeras en ir al sepulcro.

El Señor honró esa fidelidad.
Fueron ellas las primeras testigos del sepulcro vacío.

Aun así, la incredulidad no fue ajena a nadie. Las mujeres llevaban especias para ungir un cuerpo que creían muerto. Los discípulos corrieron esperando encontrar un cadáver. A muchos les costó entender que las promesas de Jesús no eran simbólicas, sino reales.

Fue necesario ver las vendas dobladas.
Fue necesario escuchar a los ángeles.
Fue necesario recordar las Escrituras.
El Hijo del Hombre tenía que resucitar al tercer día.

Reconocer la voz del Maestro

Uno de los momentos más íntimos y reveladores ocurre con María Magdalena. Su dolor era tan profundo que, aun teniendo a Jesús delante, no lo reconoció. Pensó que era el hortelano.

Hasta que Él la llamó por su nombre:

“María”.
Y entonces, todo cambió.

Ese instante nos deja una enseñanza clave: las ovejas conocen su voz. En medio del dolor, la confusión y la pérdida, María no reconoció a Jesús por su apariencia, sino por su voz.

¿Cuántas veces nos pasa algo parecido?

Confundimos nuestros deseos con la voluntad de Dios. Interpretamos emociones como señales. Buscamos respuestas rápidas en lugar de escuchar con atención.

Reconocer la voz del Maestro requiere cercanía, tiempo, Palabra. No se aprende en la urgencia, sino en la relación.

La resurrección nos llama a vivir de otra manera

La resurrección no es solo un evento para recordar una vez al año. Es una realidad que debería impulsarnos a vivir de forma distinta todos los días.

Un Cristo vivo no nos llama a la comodidad, sino al servicio.
No a la pasividad, sino a la preparación.
No a quedarnos mirando el sepulcro, sino a anunciar que está vacío.

La fe en la resurrección nos desafía a dejar la incredulidad, a escuchar Su voz y a obedecer Su mandato: llevar las buenas nuevas a otros, con humildad y verdad.

La cruz es el pago.
La resurrección es la garantía.

Por eso no buscamos al Señor entre los muertos, sino entre los vivos. Él vive, reina y sigue llamando por nombre a quienes están dispuestos a escuchar.

Para reflexionar

Entender la fe sin la resurrección es como ver una película donde el protagonista se rinde a mitad del camino. La crucifixión es el nudo dramático, el momento de mayor tensión, pero la resurrección es el desenlace victorioso que da sentido a cada escena de sufrimiento anterior.

La pregunta queda abierta, mientras el café se enfría lentamente:

¿Estamos viviendo como quienes creen en un Cristo vivo…
o como si la historia hubiera terminado el viernes?

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
MiVivencia.com

Reseña de «La biblioteca de los muertos» de Glenn Cooper

Imagina recibir una postal con un ataúd dibujado a mano y una fecha que, sin saberlo, marca el fin de tu existencia. Con este gancho aterrador, Glenn Cooper nos sumerge en una trama que trasciende el simple género policial para adentrarse en los misterios de la historia y el destino humano. «La biblioteca de los muertos» no es solo un thriller sobre un asesino en serie; es una exploración sobre si nuestra vida está escrita de antemano.

Una cacería humana en la Gran Manzana

La historia se sitúa en una Nueva York vibrante y calurosa en mayo de 2009. Todo comienza cuando David Swisher, un banquero de éxito, recibe una postal con la fecha del 22 de mayo de 2009 y la silueta de un ataúd. Swisher muere ese día de forma violenta, convirtiéndose en la primera víctima de lo que la prensa denomina el «Asesino del Juicio Final».

Pronto se descubren más víctimas: una encargada de farmacia, un mensajero en bicicleta y una anciana en el Bronx. No parece haber una conexión lógica entre ellas, lo que sume al FBI en un callejón sin salida.

Will Piper: Un antihéroe contra el reloj

Para resolver el enigma, la agencia recurre a Will Piper, un agente veterano que fue, en su momento, el mejor criminólogo de asesinos en serie de la historia del FBI. Sin embargo, el Piper que conocemos está lejos de su gloria: es un hombre quemado, cínico y con una fuerte dependencia del alcohol que solo cuenta los meses que le faltan para jubilarse.

Acompañado por la joven y ambiciosa agente Nancy Lipinski, Piper se ve forzado a liderar una investigación que desafía todos los manuales de criminología. La dinámica entre el veterano desencantado y la novata perfeccionista aporta una capa de humanidad y conflicto que enriquece la trama policial.

El misterio de los siglos: Vectis y 1947

Lo que eleva a esta novela por encima de otras del género es su fascinante estructura temporal. Cooper nos traslada a tres momentos clave:

  1. Vectis, Britania (777 d.C.): En un antiguo monasterio, el nacimiento de un niño extraño, el séptimo hijo de un séptimo hijo, desencadena un fenómeno inexplicable: el joven empieza a escribir listas interminables de nombres y fechas de nacimiento y muerte de personas de todo el mundo.
  2. Isla de Wight (1947): Un equipo de arqueólogos liderado por Geoffrey Atwood descubre accidentalmente una inmensa biblioteca subterránea con miles de volúmenes encuadernados en cuero que contienen los registros de la humanidad.
  3. Área 51 (Actualidad): Lo que muchos creen que es una base para estudiar ovnis es, en realidad, el hogar del Proyecto Vectis, donde el gobierno de EE. UU. custodia y digitaliza el secreto descubierto en 1947.

La Biblioteca: Predestinación vs. Libre Albedrío

El concepto central de la obra es la existencia de una base de datos que contiene el destino final de cada ser humano. Cooper plantea dilemas filosóficos profundos a través de sus personajes: si supiéramos el día exacto de nuestra muerte, ¿cómo cambiaría nuestra forma de vivir?.

La novela sugiere que el conocimiento del futuro es una carga insoportable. El gobierno mantiene el secreto bajo la premisa de que la sociedad se colapsaría si la verdad saliera a la luz. Esta tensión entre la seguridad nacional y la verdad individual es uno de los pilares del libro.

¿Por qué leer esta novela?

«La biblioteca de los muertos» destaca por su ritmo cinematográfico, herencia del pasado de Cooper como guionista. Los saltos en el tiempo están perfectamente hilados, manteniendo al lector en vilo mientras las piezas del rompecabezas histórico encajan con la investigación de Will Piper en el presente.

Es una obra que mezcla con maestría:

Intriga policial de alta intensidad.
Secretos gubernamentales y teorías de la conspiración.
Misterio histórico con toques de realismo mágico.

Veredicto

Sin desvelar el giro final ni la verdadera identidad tras las postales, podemos decir que Glenn Cooper ha creado un universo donde la tecnología del Área 51 se da la mano con la mística medieval. Es una lectura adictiva que invita a reflexionar sobre la naturaleza del tiempo y si realmente somos dueños de nuestras decisiones o si, como los nombres en los libros de Vectis, ya estamos registrados en el gran archivo del destino.

Recuerde hay otros dos novelas más que cubren la trilogía: El Libro de las Almas y El Fin de los Escribas.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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De la hora nadie sabe

Reflexiones sobre la espera, la fe y la fidelidad

A veces, en medio del ruido cotidiano, hace falta detenerse un momento, servirnos una taza de café y pensar con calma. Pensar no solo en lo que vivimos hoy, sino en aquello que siempre ha inquietado al ser humano: el futuro, el mañana, lo que vendrá.

En el caminar cristiano, esta inquietud no es nueva. Desde los tiempos de Jesús, sus propios discípulos se le acercaban con preguntas muy concretas:

“¿Cuándo serán estas cosas?”
“¿Cuál será la señal?”

Querían saber fechas, momentos, certezas. Querían, en el fondo, tener control.
Y quizá no somos tan distintos hoy.

La tentación de poner fechas

A lo largo de la historia, el pueblo de Dios ha vivido momentos de opresión, crisis y miedo. En esos contextos, siempre surge el deseo de un libertador inmediato, visible, contundente. En tiempos de Jesús, muchos esperaban un Mesías guerrero, político, que resolviera el problema de Roma de una vez por todas.

Pero Jesús no llegó como esperaban.
Y eso decepcionó a más de uno.
Hoy ocurre algo parecido, aunque con otros nombres y otros discursos. Nos movemos entre dos extremos peligrosos:

Por un lado, están quienes afirman que todo ya ocurrió, que la segunda venida ya pasó, que no hay nada más por esperar. Se acomodan a interpretaciones forzadas, olvidando promesas claras como cielos nuevos, tierra nueva y la esperanza futura que atraviesa toda la Escritura.

Por otro lado, están los que viven del sensacionalismo: fechas, cálculos, números, gráficos, videos virales. Cada cierto tiempo aparece alguien que dice haber “descifrado” el Apocalipsis. Cuando la fecha falla —porque siempre falla— no solo queda en ridículo la persona, sino que se debilita la confianza de muchos en la fe y en la Biblia.

Y aquí surge una pregunta incómoda:
¿Estamos preparando a las personas para vivir… o solo para tener miedo?

El misterio que no nos pertenece

Jesús fue claro. Demasiado claro como para ignorarlo.
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.” (Marcos 13:32)

Incluso el Hijo, en su condición humana, se sometió a ese límite. No lo sabía. No lo reveló. No lo explicó.
Entonces, ¿por qué insistimos en saber lo que Dios decidió guardar para sí?

El tiempo de Dios no funciona con nuestros relojes. Su “pronto” no se mide en horas ni calendarios humanos. Insistir en poner fechas no es fe; muchas veces es ansiedad disfrazada de espiritualidad.

¿Qué hacemos mientras esperamos?

Aquí está el punto central.
Si supiéramos que el Señor vuelve este domingo, ¿qué cambiaría realmente?

¿Nos arrepentiríamos por amor… o por miedo?

La Biblia no nos llama a vivir pendientes de una fecha, sino a vivir preparados todos los días. Por eso la instrucción es sencilla y exigente a la vez: velad y orad.

Eso implica varias cosas muy concretas:

Escudriñar la Palabra con seriedad.
No vivir de frases sueltas ni de interpretaciones bonitas pero vacías. Ni de la predica del domingo. Conocer la Escritura completa nos protege del engaño y nos da discernimiento.

Ejercer un liderazgo que sirve.
El liderazgo bíblico no se mide por títulos, plataformas o seguidores, sino por cercanía, por escuchar, por acompañar heridas reales con palabras verdaderas.

Cumplir la Gran Comisión.
Hacer discípulos, enseñar, caminar con otros. No distraernos con teorías interminables mientras descuidamos lo esencial.

Ser fieles en lo cotidiano
No nos corresponde descifrar misterios que el Padre no quiso revelar.
Lo que sí nos corresponde es ser fieles.
Fieles con nuestras dudas.
Fieles a pesar de nuestros errores.
Fieles en el estudio, en el servicio, en la vida diaria.
Buscar a Dios no por miedo al día final, sino por amor a Aquel que ya nos llamó hijos.

Para pensar antes de terminar

Esperar la venida de Cristo se parece mucho a la vida de un estudiante.
El estudiante mediocre vive obsesionado con la fecha del examen. Adivina, calcula, se estresa… y estudia solo la noche anterior.

El estudiante diligente, en cambio, estudia todos los días. Para él, la fecha no importa, porque está preparado.
La pregunta no es cuándo viene el Señor.

La pregunta es: ¿cómo estamos viviendo hoy?

Vick
Conversando con una Taza de Café
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