Episodio 02 – Herencia vs. Innovación: ¿Por qué nos cuesta tanto lo nuevo?.

Serie: “El Príncipe de Maquiavelo”.

Qué bueno que te quedaste para este segundo café. El aroma hoy es distinto, ¿verdad? Más intenso. Como el tema que nos toca. El Sábado pasado te dejé con la miel en los labios hablando de por qué nos cuesta tanto cambiar, y hoy vamos a entrar de lleno en la «mecánica» de ese miedo, usando como guía los primeros dos capítulos de la obra de Nicolás.

Mira el libro. Maquiavelo empieza con una frialdad casi quirúrgica. Nos dice que todos los estados son, o han sido, o repúblicas o principados. Pero fíjate en su primera gran distinción: los hereditarios y los nuevos. Aquí es donde la cosa se pone interesante para nosotros, sentados aquí en el siglo XXI.

Maquiavelo nos dice algo que parece obvio, pero que tiene una profundidad psicológica brutal: es mucho más fácil conservar un estado que ya viene «de familia», uno acostumbrado a una dinastía, que uno nuevo. ¿Por qué? Porque basta con no alterar el orden establecido y saber navegar los cambios que se presenten con cierta inteligencia mediana.

Llevémoslo a tu vida o a la mía. Lo «hereditario» es tu zona de confort. Es ese trabajo en el que ya sabes quién es quién, esa rutina que haces en automático, o incluso esos hábitos que heredaste de tus padres sin cuestionarlos. Maquiavelo dice que en estos estados, al príncipe le basta con «contemporizar». Es decir, no necesita ser un genio; solo necesita no arruinar lo que ya funciona.

Él pone el ejemplo del Duque de Ferrara. A pesar de los ataques externos, se mantuvo porque su soberanía era antigua. Y aquí lanza una joya: «el príncipe natural tiene menos razones y menor necesidad de ofender». Por eso es más amado. Cuando algo ha estado ahí por mucho tiempo, lo aceptamos como «natural». No nos pide esfuerzos extra, no nos obliga a cuestionar nuestra identidad. Lo queremos simplemente porque siempre ha estado ahí.

Hay una frase en el Capítulo II que me voló la cabeza cuando la leí por primera vez: «En la antigüedad y continuidad de la dinastía se borran los recuerdos y los motivos que la trajeron».

Piénsalo. ¿Por qué nos cuesta tanto dejar una mala relación o un sistema político corrupto que lleva décadas? Porque hemos olvidado el momento en que empezó. Hemos olvidado que hubo un «antes». La continuidad actúa como un anestésico de la memoria. Machiavelo advierte que cada cambio siempre deja «la piedra angular para la edificación de otro». Pero cuando nada cambia, la piedra angular está enterrada bajo siglos de costumbre.

Hoy en día, las grandes empresas sufren de esto. Se vuelven «principados hereditarios». Tienen procesos que nadie sabe por qué existen, pero como «siempre se ha hecho así», nadie los toca. Y el líder que hereda ese puesto solo tiene que ser «de mediana inteligencia» para que la inercia lo mantenga a flote. El problema es cuando llega una «fuerza arrolladora» —un competidor disruptivo, una crisis global— que lo saca de su sitio.

Pero luego están los principados nuevos. Aquellos que se adquieren por talento, por suerte o por las armas de otros. Aquí es donde entra la innovación de la que tanto hablamos hoy.

Crear algo nuevo es, por definición, un acto de conquista. Ya sea que estés lanzando una startup, cambiando radicalmente de carrera o intentando instaurar un nuevo hábito de salud, te estás convirtiendo en un «príncipe nuevo» de un territorio desconocido. Y aquí Maquiavelo deja de ser suave. Nos advierte que lo nuevo es frágil. No tienes la «antigüedad» para que la gente te quiera por defecto. Cada paso que das para establecer tu «nuevo orden» corre el riesgo de «ofender» a los que estaban cómodos con lo anterior.

Si te fijas, él clasifica los estados nuevos en dos: los que son totalmente nuevos y los que se agregan a un estado que ya tienes (como un miembro agregado). Esto nos pasa constantemente. A veces intentamos integrar una innovación en nuestra vida actual. «Voy a seguir con mi trabajo estresante, pero voy a agregar una hora de meditación». Es un principado mixto. Y Maquiavelo nos dirá más adelante que esos son los más difíciles de gestionar. ¿Por qué? Porque la parte «vieja» de tu vida va a entrar en conflicto con la «nueva».

La innovación nos cuesta porque requiere virtud (talento, energía, empuje) o fortuna (suerte, circunstancias favorables). Y la mayoría de nosotros, si somos honestos mientras bebemos este café, preferiríamos que la vida fuera un principado hereditario perpetuo donde no tuviéramos que «ofender» a nadie ni esforzarnos por encima de la media.

Identifica tus «Principados Hereditarios»: Mira tu vida. ¿Qué partes de ella mantienes solo por inercia? ¿Qué procesos en tu empresa siguen vigentes solo porque «siempre ha sido así»? Maquiavelo te diría que eres un príncipe de mediana inteligencia si crees que eso durará para siempre.

Entiende el «Amor Natural»: Si eres líder, entiende que la gente te aceptará más fácilmente si respetas las tradiciones que ya existen. Pero si vas a innovar, prepárate para dejar de ser el «príncipe amado» por un tiempo. La innovación requiere «ofender» el status quo.

La Trampa de la Estabilidad: No te fíes de la paz. Maquiavelo nos recuerda que incluso el príncipe hereditario puede ser arrojado de su estado por una fuerza superior. La estabilidad es a menudo una ilusión creada por la falta de memoria.

En fin, amigo, lo que Maquiavelo nos está diciendo en estos primeros capítulos es que la herencia es estabilidad pero también ceguera, mientras que la innovación es poder pero también peligro. Nos cuesta lo nuevo porque el ser humano está cableado para amar al «príncipe natural», al que no pide explicaciones.

¿Sabes qué es lo más irónico? Que incluso para recuperar lo que perdimos, tenemos que actuar como si estuviéramos conquistando algo nuevo. El que ha sido arrojado de su estado hereditario tiene que esperar el primer tropiezo del usurpador para volver. Requiere vigilancia, no solo inercia.

Tómate el último sorbo, que se enfría. En el próximo episodio, vamos a entrar en el barro de verdad. Vamos a hablar de los principados mixtos. Esos donde intentas mezclar lo viejo con lo nuevo y todo parece que va a explotar. Maquiavelo tiene unos consejos bastante… «interesantes» (y un poco oscuros) sobre cómo manejar a los que se oponen al cambio.

¿Te parece bien si nos vemos aquí mismo en la siguiente semana para el Episodio 3? Hablaremos del «Arte de Gestionar el Cambio» y de por qué, a veces, hay que ser un poco más que «bueno» para que las cosas funcionen.

¡Hasta la próxima semana, no olvides el café!

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

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