Estar preparados

Hola…

Qué bueno volver a sentarnos un momento. Hoy no hay café… hay una limonada. Y no es mala idea. A veces el cuerpo pide refrescarse… y quizás la fe también.

Porque uno puede pasar un día entero entre gente, celebraciones, visitas, conversaciones… y aun así quedarse con la sensación de que todo fue muy superficial.

Como si nada hubiera tocado realmente lo importante.

Y ahí aparece una pregunta incómoda:

¿estamos realmente preparados… o solo estamos presentes?

Lo que nos mantiene… o lo que nos distrae

A veces uno se alegra de ver a alguien que no aparecía hace tiempo.
Y sí, da gusto. Da alivio incluso.

Pero si lo piensas un poco más…
¿qué es lo que realmente nos mantiene unidos?

Porque si nuestras relaciones se enfrían con facilidad… si nuestra fe depende de con quién nos cruzamos el domingo…

o de lo que pasa en el ambiente… entonces quizás no estamos tan firmes como creemos.

Tal vez estamos construyendo… pero sobre algo que no sostiene mucho.

Cuando la fe se parece a otra cosa

Hay escenas que llaman la atención.

Personas que cargan objetos “bendecidos”… que dejan la Biblia abierta en cierto lugar… como si eso protegiera la casa por sí solo.

Y uno no sabe si reír… o quedarse en silencio.
Porque la pregunta no es si lo hacen con buena intención.

La pregunta es otra:

¿en qué momento la fe empezó a parecerse a la magia?

Porque la fe no funciona así. No son objetos.
No son gestos externos.

Son verdades… que deberían estar dentro.

Y si no están dentro… no hay nada afuera que lo compense.

Mucho movimiento… poca preparación

También pasa algo curioso.
Hay gente que está en todo.

Organiza, participa, sube, baja, ayuda, coordina… y desde afuera parece que está creciendo.

Pero no siempre es así.

Uno puede estar muy ocupado… y seguir igual por dentro.

Y eso se nota cuando llega el momento difícil.

Porque ahí ya no importa cuánto hiciste… sino qué tan preparado estás.

Y entonces aparece otra pregunta, un poco más directa:

¿estás entrenando… o solo estás ocupando tu tiempo?

Miramos lo que no importa

Y mientras tanto… nos distraemos.
Nos volvemos expertos en mirar lo externo.
Quién vino, quién no vino.

Qué se puso, cómo habló, qué dijo.

Detalles.
Muchos detalles.

Pero mientras estamos en eso… lo importante pasa de largo.

Porque la verdadera batalla no es visible. No se libra en la superficie.

Y si uno llega distraído… llega débil.

Una fe prestada… o una fe real

Hay una historia que siempre deja pensando.

Un hombre decía: “usted me convirtió”.

Y la respuesta fue simple… pero dura: si fuera así… no estarías como estás.

Y eso abre una pregunta que no es cómoda:

¿nuestra fe es real… o es algo que heredamos, repetimos… o simplemente adoptamos?

Porque hay una diferencia grande entre participar… y haber sido transformado.

Entre el ruido… y la verdad

Hoy hay de todo.

Eventos, música, movimientos, actividades… y muchas cosas pueden parecer espirituales.

Pero no todo lo que emociona… transforma. Y no todo lo que atrae… edifica.

A veces buscamos lo que se siente bien… más que lo que nos hace crecer.

Y eso, con el tiempo, pasa factura.

Antes de irte…

No se trata de hacer más cosas. Ni de volverse rígido. Ni de señalar a otros.

Se trata de algo más sencillo… y más difícil al mismo tiempo:

tomarse en serio la propia fe.

Te dejo con esto:

¿estás preparado… o solo estás esperando que nunca pase nada?

Y una más:

si hoy tuvieras que sostener lo que crees… ¿te alcanzaría lo que sabes?

Gracias por quedarte este rato.

A veces no hace falta más información… sino un poco más de verdad.

Nos vemos en la próxima charla.

Quizás… con menos ruido… y más claridad.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Deja un comentario