¿Cuánto tiempo?

Amigos, hermanos y hermanas en Cristo, seguimos, hoy estoy en casa y no hay nada mejor que poder comunicarme con ustedes de lo que vengo aprendiendo sobre la Palabra de Dios, el presente post, le pido a usted líder, maestro, pastor, evangelista, que lo lea con detenimiento, como dijo el pastor un domingo, rumeando las palabras, o sea dedicando sus cinco sentidos y tratando de discernir todo lo que se dice aquí para usted.

“Deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados” (Romanos 1:11)

Hace algunos años. una joven de nuestra iglesia, que era estudiante en una universidad de la ciudad, me dijo: “Aprendí una gran lección de uno de sus sermones acerca del amor. Siempre pensé que amaba a mis niñitas de mi clase de la escuela dominical de cuarto grado. Todas tienen vestiditos adornados y la más linda sonrisa”.

Ella siguió diciendo: “Un sábado estaba en un partido de fútbol de mi escuela, algo que hago todos los sábados, y el Señor me indicó que esa no era la forma adecuada de preparar mi lección de escuela dominical. Como asistía a los juegos del sábado, tenía la costumbre de enseñar una lección el domingo por la mañana que era muy superficial. Dios señaló que en realidad yo no amaba a aquellas niñitas como yo pensaba, ya que no sacrificaba nada de mi propia vida para darles algo de valor eterno”.

Ella terminó nuestra conversación diciendo: “Así que de ahora en adelante no asistiré a ningún otro partido de fútbol hasta que mi lección esté terminada y sienta que puedo impartirles algo de valor eterno”.

Ahora viene la pregunta, querido amigo, pastor, maestro, ¿verdaderamente amamos a nuestros discípulos, qué cuándo preparamos las clases de estudio bíblico, o los sermones del domingo, les queremos dar lo mejor que el Espíritu Santo pone en nosotros? o simplemente tratamos con cumplir el ritual y los hacemos leer, opinar, meditar, o perder el tiempo en vez de sacrificarnos y sacar lo mejor de nosotros en el servicio a Dios y darles a nuestros discípulos todo aquellos que venimos aprendiendo de la mano del Espíritu Santo, vedaderamente cada pastor, maestro ¿hace el esfuerzo y toma el tiempo necesario para estar con el Espíritu Santo? y preparar algo que sea un buen nutriente para todos aquellos que ven en sus líderes a aquellos hombres y mujeres que les encaminan en la verdadera enseñanza de la Palabra de Dios, piénselo y le aseguro que sus clases y sermones cambiarán, y si no sucede así, vuélvase a hacer la pregunta ¿verdaderamente Dios me llamó al ministerio?, porque he visto, escuchado, cada clase y sermón, que lloro pidiendo a Dios perdón por lo que vienen aprendiendo sus hijos, bendiciones y nos seguimos comunicando, le aseguro que hay para rato.

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