Nuevamente navegando, encontre este video de panderos que me impresionó, muy bueno, nuestra iglesia, va camino a la perfección, a la entrega y en el compromiso de danzar a nuestro Dios, y que este video os sirva de estímulo para seguir adelante, bendiciones.
oración.
Alabanza y Adoración Domingo 27 de Mayo de 2012
Bueno para que ustedes se recuperen de los posts anteriores, les dejo aqui unas alabanzas de nuestra congregación «Nueva Generación en Cristo» para que juntamente con nosotros puedan alabar a Dios, esperando reunirnos nuevamente este próximo domingo y yo no tenga que irme a medio servicio por tener que trabajar, bendiciones y disfrute.
Una más
Aqui prontamente otra
Por útimo:
Y ahora si cerramos, nos vemos el domingo y bendiciones, pero recuerde, levantar los brazos, cantar y dar saltitos es bueno, pero mejor es entregar el corazón al creador, arrepintiendose pimero.
Nos vemos en unas horas.
Respetando a todas las religiones (¿¿??)
Bueno mis queridos amigos, hermanos, visitantes, asiduos, extraviados que pululan por la red, bienvenidos,
a este su blog, hoy vamos a ver algo interesante, bueno eso es lo que pienso yo, esperemos que al final usted también.
Recordará muy probablemente este acontecimiento. En los días que siguieron al ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, muchos estadounidenses instintivamente buscaron valor y solaz en Cristo. Pero incluso allí, en un culto en la Catedral Nacional de Washington, D.C., que se transmitió en vivo a todo el mundo, un ministro cristiano elevó una oración en el nombre de Jesús pero dijo: «respetando todas las religiones». ¿A todas las religiones? ¿a los druidas? ¿a los que adoran a los gatos? ¿a las brujas? El ministro cristiano, de una iglesia cristiana no debe sentirse obligado a condicionar, ni a pedir disculpas por orar al único Salvador verdadero.
Pablo dio una afirmación impresionante en Romanos 1:16-17: «porque no me averguenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como
está escrito: mas el justo por la fe vivirá». Aunque el mensaje de salvación que Pablo proclamaba era el mensaje más maravilloso e importante de la historia, el público y las autoridades le habían tratado de manera humillante por predicarlo vez tras vez. Jamás ni por un momento consideró diluirlo para hacerlo más atractivo al público.
Si usted nunca se ha sentido avergonzado por proclamar el evangelio, probablemente nunca lo ha proclamado verdaderamente, en su totalidad, tal como Jesús lo proclamó. Todos queremos que nos acepten, y sabemos, como, Pablo lo descubrió tantas veces, que tenemos un
mensaje que el mundo rechazará, y que mientras más nos aferremos a ese mensaje, más hostil se volverá el mundo. Así es como empezamos a sentir verguenza. Pablo superó eso por la gracia de Dios y el poder del Espíritu, y dijo: «No me averguenzo». Es un ejemplo contundente para nosotros, porque sabemos el precio de la fidelidad a la verdad: el rechazo del público, la cárcel y, al final, la ejecución.
¿Dispuesto? bueno aquí lo dejamos, nos seguimos comunicando, aún se me han quedado algunas cosas en el tintero, bendiciones y nos vemos.
Una dura verdad
Que tal mis amigos, hoy les traigo un tema interesante y que nos puede ayudar a seguir el verdadero camino o a tratar de encontrarlo. Estube caminando por algunas iglesias como usted sabe y sino, dele una miradita a los post anteriores y se dará por enterado, y muchos pastores creen que el éxito del cristianismo depende de lo popular que sea o de lo popular que lo hagamos y para ello no importara que hagamos si con eso llenamos los templos, tratamos de que nuestra banda de músicos se escuche lo mejor posible, adquiriendo un complejo equipo de sonido, y tratamos de que cada domingo nuestros musicos suenen como los propios ángeles, muchas veces interfiriendo en lo que Dios va a hacer en medio de la adoración, por el hecho de querer que se
escuche mejor.
Pero por otro lado a veces en el ambiente de la iglesia de mente verdaderamente abierta (¿¿??), presentan un evangelio reinventado y diseñado a la moda que sutilmente elimina la ofensa del evangelio, e invita a la gente al reino por un sendero fácil. Descartan todas las cosas difíciles de creer en cuanto al sacrificio de uno mismo, a aborrcer a la familia y cosas por el estilo. Decir la verdad llega a ser un ajuste nada sabio en la carrera.
Los pastores de las iglesias locales muchas veces estilizan las reuniones para que se vean, suenen, se sientan y huelan como el mundo, a fin de eliminar la resistencia del pecador y seducirle al reino por un sendero fácil y familiar. La idea es hacer que el cristianismo sea fácil de creer. Pero la verdad sin barniz, sin tergiversación ni modificación, inevitable, es que el evangelio es en verdad difícil de creer. Es más, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible. Esta es la filosofía de moda: «Si les gustamos, les gustará Jesús». Este artificio funciona superficialmente, pero solo si le hacemos acomodos a la verdad. No podemos criticar a los predicadores locales por reinventar el evangelio, porque no están actuando en forma distinta a los televangelistas de renombre y otros evangélicos más ampliamente conocidos. Para mantener sus cargos de poder e influencia, mantienen una tenue alianza con el mundo en el nombre del amor, el atractivo y la tolerancia, y para conservar contentos en la iglesia a los inconversos, deben reemplazar la verdad con algo suave e inofensivo.
Para mí la única pregunta es: ¿cómo hago mi parte? ¿Cuál es mi responsabilidad? Con toda certeza no puede ser acomodar el mensaje. El mensaje no es
mío; viene de Dios, y es por ese mensaje que El salva. No solo, no puedo acomodar el mensaje, sino que tampoco puedo acomodarlo en el costo. No puedo cambiar las condiciones. Sabemos que Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo» (Lucas 9:23).
Ahora mi amigo entienda bien esto: La predicación de la verdad de veras influye en el mundo y genuinamente cambia un alma a la vez. Eso sucede solo mediante el poder del Espíritu Santo que da vida, que envía luz y que transforma el alma, en perfecto cumplimiento del plan eterno de Dios. Su opinión o la mía no es parte de la ecuación.
Bueno mi amigo es difícil de creer, pero seguimos y nos estamos viendo pronto, bendiciones.
¿Qué, perdonar, yo?
Setenta veces siete… perdónense los unos a los otros… vuelva la otra mejilla… perdone como el Señor lo perdonó. Podemos echar fuera estas frases de nuestra mente como si fueran viejos clichés, o dardos como aspirina a otros que están luchando con agravios legítimos de otra persona. Pero el perdón no es un concepto superficial. Dios lo toma en serio. Tan en serio que El nos ha dado una opción en cuanto al perdón. La obediencia a su Palabra es esencial.
Hoy en día es popular la venganza; no el perdón. Con frecuencia se ostentan las represalias como una virtud que refleja una auto-estima
saludable. Ya se pregona como un derecho inalienable de libertad personal. La venganza es evidencia de la fortaleza del macho.
Nuestra sociedad se emborracha con las uvas de la ira humana. Furor en las carreteras, arranques de ira por parte de empleados insatisfechos, armas de fuego disparadas desde automóviles, y otros crímenes relacionados con toda clase de venganzas se constituyen en las marcas distintivas de esta generación. No es para sorprenderse que muchas personas estén transformadas por sentimientos de culpa, rabia, depresión y otras emociones destructivas.
Las dificultades típicamente más problemáticas de las personas que buscan consejo se verían significativamente reducidas (y en algunos casos completamente solucionadas) por medio de una comprensión correcta de lo que las Escrituras dicen acerca del perdón. El perdón no es un tema fácil,
especialmente en una era compleja tal como la nuestra. Casi ningún concepto es más importante para la fe cristiana que el perdón. El evangelio mismo es un mensaje sobre el perdón de Dios, y la enseñanza de Cristo estaba llena de exhortaciones al pueblo de Dios para que se perdonaran constantemente unos a otros. Debemos encarar lo que las Escrituras enseñan sobre el pecado, la culpa y el perdón de Dios.
Nuestra necesidad de perdón divino es infinitamente mayor que cualquier perdón que pudiéramos ser llamados a extender a nuestros congéneres pecadores. A la persona que siempre tenga presente esta verdad, nunca le resultará un mayor problema perdonar a otros.
Recuerde, sin el perdón de Dios no tendríamos ninguna esperanza en absoluto.
John Macarthur «El poder del perdón»