La puerta ancha y la puerta angosta

Mis amigos y hermanos, una vez más nos volvemos a reunir, por este tu blog, pero ahora con una conversación que deseo de corazón, deje en usted ese deseo de saber más de Cristo y de Su Palabra, para lo cual tome una vez más su Biblia, porque hablaremos de la Biblia y no del libro gordo de Petete.

Vayamos pronto a Mateo 7:13-14, Jesús mencionó dos veces la puerta estrecha y una vez la ancha. Desde esa intersección, ambos caminos parecían conducir a la salvación. Ambos prometen acceso a Dios, al Reino, a la gloria, a la bendición y al cielo. Pero sólo uno de esos caminos llega allá. El otro está pavimentado con justicia propia en vez de estarlo con la perfecta justicia que Dios exige en Mateo 5:48: “Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. O bien usted acepta la verdad de que la salvación viene por lo que Dios ha hecho por usted en Cristo, o se queda sin nada que no sea su propia y pecaminosa justificación.

La principal característica del camino de la vida que Jesús señaló fue su estrechez. La senda ancha tiene toda clase de tolerancia al pecado, a las leyes aparte de la ley de Dios, y a las normas por debajo o por encima de las normas de Dios. Todo sistema de religión hecho por el hombre es parte del paisaje de la senda ancha. Pero Jesús no buscó maneras de hacer acomodos. Sencillamente dijo: “Tienes que dejar la senda ancha. Tienes que seguir la senda angosta”. Para ir al Reino tienes que sujetarte a estos términos.

No basta oír predicar sobre la puerta; no basta respetar la ética; hay que entar por la puerta. No se puede entrar a menos que uno abandone la justicia propia, se vea como un mendigo en espíritu, lamente su pecado, sea manso ante un Dios santo, sin orgullo ni jactancia, con hambre y sed de justicia, y sin creer que la tiene. El infierno estará lleno de personas que tuvieron un alto concepto respecto al Sermón del Monte. Usted tiene que hacer más que eso. Tiene que obedecerlo y ponerlo en práctica.

No puede quedarse afuera y admirar la puerta estrecha, tiene que dejarlo todo y pasar por ella. Allí está de nuevo la negación de uno mismo. Uno pasa por la puerta, despojado de todo. Pero, ¿no es eso ser de mente estrecha? ¿Quiere eso decir que el cristianismo no da campo a puntos de vista opuestos? ¿Nada de tolerancia compasiva? ¿Nada de diversidad?

Así es exactamente. No lo hacemos así debido a que seamos egoistas, arrogantes o egocéntricos. Lo hacemos porque eso es lo que Dios dijo que hay que hacer. Si Dios dijera que hay cuarenta y ocho caminos. Pero no los hay: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el que podamos ser salvos”, nos recuerda Hechos 4:12. No hay otro nombre, sino Jesús.

Pasar por la puerta al Reino de Cristo es un peregrinaje solitario. La salvación es individual.

J. Peter reflexionaba, asistir a la iglesia no le hace a uno cristiano más que el estar en una cochera le hace a uno automovil. Usted tiene que acudir a Jesús como individuo, en una entrega individual a una fe de arrepentimiento y negación propia. Eso es duro.

Bueno espero que usted reflexione, se ponga a pensar de que el camino al Reino es pasar por la puerta estrecha, en la que antes hemos calculado el costo y hemos dejado todo para poder pasar, de lo contrario, será muy difícil hallarla. Bendiciones y nos seguimos viendo.

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