Alabanza: Me gozare

Amigos seguimos, ya sé que este video lo he subido varias veces, pero estamos en plena alabanza, hemos tomado los panderos, bubucelas, banderas y seguimos alabando a nuestro creador, (que los vecinos se unan a nuestra alabanza), porque ha llegado la hora del cordero de Dios, me gozaré, le alabare, porque si estoy vestido de lino fino, es solo porque él perdonó mis pecados, tan solo para recibir al Rey, me alegrare y no parare de cantarle a mi Señor, levanta tus manos y alaba, si tienes un pandero hazlo sonar, si tan solo tienes tu voz, levántala para que se escuche tu alabanza. No puedo parar de alabarte mi Cristo, por las bendiciones que nos entregas cada mañana, al poder abrir los ojos y ver las maravillas de tu creación, gracias mi Dios, toda rodilla se doblara y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor por siempre, no puedo de parar de alabarte, tenemos tiempo tan solo para levantar nuestra voz y gritar que “Osana el que viene en las alturas”, mis labios se llenarán de alabanza, me gozare, me gozare en Jehová, porque me ha hecho libre. ¿y a tí?, entonces alaba y que todo lo que respira alabe al Señor, y si respiras, alaba. Bendiciones y sigamos alabando.

Seguimos aqui tenemos para rato, luego entraremos en adoración, olvidese de pedir, olvidese de su necesidad, él la conoce y si usted lo alaba y le entrega su vida, nuestro Dios que es fiel y justo, lo escuchará, bendiciones.

Entrega – Servicio – Adoración

Bueno queridos amigos, seguimos con dos estudios pequeñitos, tan solo como una introducción a lo que viene y para hacernos pensar y decidir en la forma de servir y adorar al Señor.

“Testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu” (Romanos 1:9)

En la actualidad, empleamos la palabra espíritu de la misma manera que el apóstol Pablo la empleó en el versículo que leímos, pudiéramos observar a un deportista que juega muy bien y entonces comentar que mostró un espíritu fogoso, que significa que todo su ser estaba participando en su esfuerzo. Esta es la forma en la que Pablo servía al Señor.

Pablo nunca sirvió al Señor sin una entrega sincera. Al hacerlo así, se distinguió de los mercenarios, cuyo trabajo era externo y no sincero (Juan 10:11-13). Así que sea como Pablo, y haga un esfuerzo sincero en su servicio a Dios.

Les dejo un canto de adoración, para que usted tome unos momentos y se ponga a pensar, ¿cuál es la forma en que vengo (usted) sirviendo a Dios?, si verdaderamente lo esta haciendo en espíritu o simplemente por cumplir y no dando todo su ser en el servicio a Dios, luego de nuestro canto de adoración seguimos con otro pequeño pensamiento.

“Que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1)

Cuando muchos piensan en la adoración, se imaginan los vitrales de una iglesia y los inmensos órganos. Pero en la Biblia, la misma palabra que se emplea para describir la adoración también significa servicio.

La mayor adoración que puede rendírsele a Dios es servirle. Para Pablo, el servicio significaba una entrega absoluta. Pablo escribió a Timoteo “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia” (2 Timoteo 1:3). Pablo estaba diciendo que se podía mirar en lo más íntimo de su ser y ver que servía a Dios con todo su ser. El servicio de Pablo era un acto de adoración. Era profundo, genuino y sincerio. Esa es la verdadera medida de la genuina espiritualidad. La única forma de servir a Dios es con una entrega absoluta.

Bueno mis queridos hermanos, los dejo aquí, ingrese a su lugar secreto y a solas con Dios, hagáse la pregunta ¿mi servicio a Dios, es verdaderamente genuino? y sigamos, debemos seguir sirviendo al Señor con todo nuesto ser, con todo nuestro corazón, entendiendo a quien servimos, pero en forma genuina, solo por amor y sin ningún interés, no por el milagro, no por el nombre, solo por saber de que es el creador de nuestras vidas y de que ha perdonado todos nuestros pecados y que ya no vivimos nosotros sino Cristo en nosotros.

Bendiciones y nos vemos pronto, en unas horas más.

La puerta ancha y la puerta angosta

Mis amigos y hermanos, una vez más nos volvemos a reunir, por este tu blog, pero ahora con una conversación que deseo de corazón, deje en usted ese deseo de saber más de Cristo y de Su Palabra, para lo cual tome una vez más su Biblia, porque hablaremos de la Biblia y no del libro gordo de Petete.

Vayamos pronto a Mateo 7:13-14, Jesús mencionó dos veces la puerta estrecha y una vez la ancha. Desde esa intersección, ambos caminos parecían conducir a la salvación. Ambos prometen acceso a Dios, al Reino, a la gloria, a la bendición y al cielo. Pero sólo uno de esos caminos llega allá. El otro está pavimentado con justicia propia en vez de estarlo con la perfecta justicia que Dios exige en Mateo 5:48: “Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. O bien usted acepta la verdad de que la salvación viene por lo que Dios ha hecho por usted en Cristo, o se queda sin nada que no sea su propia y pecaminosa justificación.

La principal característica del camino de la vida que Jesús señaló fue su estrechez. La senda ancha tiene toda clase de tolerancia al pecado, a las leyes aparte de la ley de Dios, y a las normas por debajo o por encima de las normas de Dios. Todo sistema de religión hecho por el hombre es parte del paisaje de la senda ancha. Pero Jesús no buscó maneras de hacer acomodos. Sencillamente dijo: “Tienes que dejar la senda ancha. Tienes que seguir la senda angosta”. Para ir al Reino tienes que sujetarte a estos términos.

No basta oír predicar sobre la puerta; no basta respetar la ética; hay que entar por la puerta. No se puede entrar a menos que uno abandone la justicia propia, se vea como un mendigo en espíritu, lamente su pecado, sea manso ante un Dios santo, sin orgullo ni jactancia, con hambre y sed de justicia, y sin creer que la tiene. El infierno estará lleno de personas que tuvieron un alto concepto respecto al Sermón del Monte. Usted tiene que hacer más que eso. Tiene que obedecerlo y ponerlo en práctica.

No puede quedarse afuera y admirar la puerta estrecha, tiene que dejarlo todo y pasar por ella. Allí está de nuevo la negación de uno mismo. Uno pasa por la puerta, despojado de todo. Pero, ¿no es eso ser de mente estrecha? ¿Quiere eso decir que el cristianismo no da campo a puntos de vista opuestos? ¿Nada de tolerancia compasiva? ¿Nada de diversidad?

Así es exactamente. No lo hacemos así debido a que seamos egoistas, arrogantes o egocéntricos. Lo hacemos porque eso es lo que Dios dijo que hay que hacer. Si Dios dijera que hay cuarenta y ocho caminos. Pero no los hay: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el que podamos ser salvos”, nos recuerda Hechos 4:12. No hay otro nombre, sino Jesús.

Pasar por la puerta al Reino de Cristo es un peregrinaje solitario. La salvación es individual.

J. Peter reflexionaba, asistir a la iglesia no le hace a uno cristiano más que el estar en una cochera le hace a uno automovil. Usted tiene que acudir a Jesús como individuo, en una entrega individual a una fe de arrepentimiento y negación propia. Eso es duro.

Bueno espero que usted reflexione, se ponga a pensar de que el camino al Reino es pasar por la puerta estrecha, en la que antes hemos calculado el costo y hemos dejado todo para poder pasar, de lo contrario, será muy difícil hallarla. Bendiciones y nos seguimos viendo.