Cristo es ungido para su sepultura

Bueno amigos seguimos aqui, hoy como es de costumbre, agarre su Biblia de preferencia Reina Valera 1962, por versión, si no tiene no se preocupe, tomese su tiempo y subase en su carro o como un servidor tome el trencito y dirijase a la primera libreria cristiana que encuentre y adquiera una, le aseguro que no se arrepentira, luego con la alegría de tener su Biblia nuevecita, es tiempo de abrirla y ponerse a leerla, si ya tiene una, quitele el polvo y hoy vamos a leer algunos versículos que allí se encuentran, preparese como siempre un buen café, de una caminata hasta el comedor y tome asiento comodamente y Biblia en una mano, su computador o iPad en la otra y empecemos o mejor dicho continuemos porque esto ya tiene algunos post, si recien llego por aquí, dele una miradita a los anteriores post, para que todos estemos en la misma línea, y vayamos al grano:

Mateo incluye una conmovedora viñeta que expone más ampliamente el control soberano de Dios de los acontecimientos que conducen a la crucifixión. Aparece en absoluto contraste con la conspiración que se tramaba en el palacio del sumo sacerdote. Allí, hombres que odiaban a Jesús tramaban su muerte. Aquí, una mujer que lo amaba le prepara para la sepultura: “Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía ser vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella” (Mateo 26:6-13).

Fue María quien ungió a Cristo con el prefume (Juan 12:3). Juan dice que no solo ungió su cabeza, sino también sus pies, y enjugó sus pies con sus cabellos. Probablemente estaba deliberadamente emulando a la prostituta perdonada descrita en Lucas 7:36-39, quien también ungió los pies de Jesús con sus cabellos. Ese ungimiento tuvo lugar en Galilea, en la casa de un fariseo, en un tiempo más temprano en el ministerio de Cristo. María, una seguidora cercana de Cristo, sin duda sabía de ese incidente y tocada por adoración que motivó el gesto de aquella mujer, hizo lo mismo, con el ungüento más caro que pudo comprar.

Los discípulos estaban indignados. La liberalidad de María les parecía una extravagancia exagerada. Después de todo, razonaban, el alabastro pudo haberse vendido y el dinero de la venta dado a los pobres. El relato de Juan nos informa que Judas era el instigador en propagar ese sentimiento. Su preocupación difícilmente era tan nobe como trató que pareciera: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que echaba en ella” (Juan 12:6).

Es de notarse que Judas era el tesorero del grupo. Eso pone de manifiesto cuan confiable era (vea Salmos 41:9). Y el hecho de que otros siguieron su dirección en este instante revela que había conseguido no solo su confianza, sino también su respeto. Evidentemente, ninguno de los otros discípulos jamás sospecho que Judas se convertiría en traidor, porque incluso cuando Jesús profetizó que sería traicionado por uno de ellos, ninguno apuntó hacía Judas. Todos parecían dudar de ellos más que de Judas (Marcos 14:19).

María, que siempre había prestado más atención que muchos otros a las enseñanzas de Cristo (Lucas 10:39), pudo haber comprendido más que otros. Evidentemente ella comprendió que Cristo estaba en un punto decisivo e importante de su ministerio terrenal. Parece improbable que María estaba plenamente consciente de que la muerte de Cristo estaba muy cerca. Probablemente ella pretendió que su gesto fuera simplemente un acto de adoración profunda.

Pero habría un significado simbólico en el acto que había sido soberanamente diseñado por Dios. Jesús dijo: “Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura” (Mateo 26:12). De ese modo vemos nuevamente la mano soberana de Dios en la dirección del desarrollo de cada acontecimiento.

Hasta aquí llegamos hoy, pero le hago una pregunta para que la vaya pensando hasta nuestro próximo encuentro dentro de una horas: “María tubo un acto de adoración hacía Jesús, dio lo mejor que tenía y lo más preciado que tenía, lo ofrecio por amor, usted y yo ¿qué tenemos para dar a nuestro Señor Jesús? le damos , ¿lo mejor de nuestras vidas?, ¿lo mejor de nuestro tiempo?, ¿lo más preciado que tenemos?, ¿le damos a nosotros mismos?, buenas preguntas verdad, bueno solo usted tiene las respuestas, nos vemos en unas horas, veremos como el traidor consuma su trato con los sacerdotes. Bendiciones y no se pierda, aún falta mucho.

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