Episodio 5: El Enquiridión o qué creyó Agustín cuando ya lo había pensado todo

Serie: Agustín para el Siglo XXI

Hemos recorrido un camino largo. Pasamos por la angustia de su juventud, su pelea con los maniqueos en La verdadera religión y esa defensa tan lógica de la autoridad en La utilidad de creer. Pero ahora llegamos al final del tomo: el Enquiridión. Me llama la atención el momento vital. Agustín tiene ya unos 67 años. No es el joven retórico que buscaba fama en Milán, sino un obispo que ha visto caer imperios y ha debatido contra todas las mentes de su tiempo. La pregunta que me hago es: ¿Qué queda en el fondo del crisol? ¿Qué es lo que realmente creyó este hombre cuando, literalmente, ya lo había pensado todo?

Es la pregunta perfecta. El Enquiridión es, en esencia, su testamento intelectual. Lo escribe alrededor del año 421 a petición de un amigo llamado Lorenzo. Lorenzo era un laico culto que, como muchos de nosotros hoy, se sentía abrumado por la complejidad de los debates teológicos. Le pidió a Agustín un resumen, un «manual de mano» —eso significa Enchiridion en griego— que pudiera llevar siempre consigo. Lo que Agustín le entrega no es un tratado técnico para especialistas, sino una síntesis de lo que él llama la verdadera sabiduría: la piedad.

¿Piedad? Hoy esa palabra suena a algo sentimental o incluso un poco beato. ¿Un genio como Agustín reduce su sabiduría a la «piedad»?

Para él, la piedad es el culto a Dios a través de tres pilares: fe, esperanza y caridad. Agustín le dice a Lorenzo que si quieres adorar a Dios de verdad, tienes que saber qué creer, qué esperar y qué amar. Es una estructura brillantemente sencilla. Pero no te dejes engañar por la simplicidad; dentro de ese esquema, Agustín aborda los problemas más profundos de la existencia con una madurez asombrosa. Por ejemplo, vuelve a la carga con el problema del mal, pero esta vez con una elegancia definitiva.

Porque después de una vida entera viendo el sufrimiento humano, su respuesta debe ser potente.

Agustín reafirma que Dios es el Creador sumamente bueno de todas las cosas. Pero Lorenzo le pregunta lo que todos nos preguntamos al ver las noticias: «¿De dónde sale el mal si Dios es bueno?». Agustín responde que el mal no es una sustancia, no es una «cosa» con existencia propia. El mal es una privación del bien (privatio boni). Usa la analogía de la salud: estar enfermo no es que te hayan inyectado una entidad llamada «enfermedad», sino que tu cuerpo ha perdido el equilibrio de la salud. El mal es como el silencio, que no existe por sí mismo, sino que es la ausencia de sonido. Un hombre inteligente elige creer esto porque le quita al mal su poder de «rival» de Dios y lo sitúa donde pertenece: en la fragilidad de lo creado.

Es una visión muy metafísica, pero tiene un punto muy moderno: el mal como una herida en la realidad. Pero, ¿y nuestra responsabilidad? Porque en este libro Agustín habla del pecado original de una forma muy cruda.

Lo explica como una pérdida total de libertad. Agustín es brutalmente honesto aquí: dice que el hombre, al usar mal su libre albedrío, se perdió a sí mismo y a su propio libre albedrío. Usa la comparación del suicidio: tienes libertad para matarte mientras estás vivo, pero una vez muerto, ya no tienes libertad para resucitar por tu cuenta. Estamos en un estado de «muerte espiritual» donde, aunque somos libres para pecar, necesitamos ayuda externa para hacer el bien que nos salva. Esa ayuda es la Gracia. Para el Agustín maduro, la fe es un don gratuito, no un premio a nuestro esfuerzo.

Eso me suena a lo que hablamos antes sobre ser «convalecientes». Pero aquí Agustín organiza la respuesta del hombre en ese triángulo que mencionaste. La Fe es el Credo, ¿no?

La Fe se apoya en el Símbolo Apostólico. Pero la fe sola no basta; necesita la Esperanza, cuyo vehículo es la oración, concretamente el Padrenuestro. Agustín le enseña a Lorenzo que solo debemos esperar lo que Dios ha prometido. Y finalmente, todo culmina en la Caridad, el amor. Él cita a Pablo: «El fin del mandamiento es la caridad». Para Agustín, puedes tener una ortodoxia perfecta (fe) y una vida de oración intensa (esperanza), pero si no tienes amor, no eres nada. El amor es el peso (pondus) que mueve el corazón hacia su descanso final.

Es curioso. Un tipo que escribió miles de páginas analizando cada detalle de la Biblia y la filosofía, termina diciendo que lo más importante es amar. Parece que la inteligencia, cuando llega a su cima, descubre que el aire es más puro en la sencillez.

Agustín descubrió que la complejidad de la vida se reduce a una relación de amor. El Enquiridión es su recordatorio de que, aunque no podamos saberlo todo sobre el movimiento de los astros o los misterios de la física —que él dice que el cristiano puede permitirse ignorar—, sí podemos saber lo necesario para ser felices: creer en la bondad de Dios, esperar en su promesa y amar a nuestro prójimo.

Me quedo con esa palabra clave que atraviesa todo el libro: Piedad. No como un rito externo, sino como la sabiduría de quien reconoce su lugar en el universo y se entrega con confianza al Creador.

No podrías haberlo resumido mejor. Agustín cierra este Tomo I dejándonos un manual de bolsillo para el alma inquieta. Después de haberlo pensado todo, eligió descansar en lo esencial. Como él mismo dice al final del libro, la fe empieza el camino, pero es el amor el que llega a la meta.

Pues creo que Lorenzo —y nosotros— tenemos suficiente para reflexionar un buen tiempo. Gracias por el viaje.

Gracias a todos por acompañarme. Y recuerden: «Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti». Esa es la última palabra de Agustín para todos los tiempos.

Recuerden, no faltar a nuestro siguiente episodio 6, conversando con una taza de cafe.

Vick
Convernsado con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Episodio 3: El viaje al interior y el hallazgo de la Verdad

Serie: Agustín para el Siglo XXI

En el episodio anterior nos quedamos con la intriga. Esta frase de La verdadera religión es probablemente la más famosa de Agustín: «No quieras salir de ti, vuelve a ti mismo; la verdad habita en el hombre interior». A ver, para un tipo del siglo XXI, esto suena peligrosamente parecido a un eslogan de autoayuda o a ese subjetivismo de «cada uno tiene su verdad». ¿Agustín nos está diciendo que la verdad es lo que yo sienta o lo que yo decida que es verdad?

Precisamente esa es la trampa en la que caemos hoy. Pero Agustín es mucho más fino. Para él, el viaje al interior no es el destino final, sino el punto de partida. Verás, él le explica a su amigo Romaniano que el error de los hombres —y el nuestro hoy— es que buscamos la felicidad y la certeza «fuera», en las cosas que cambian: en la opinión pública, en la tecnología, en el placer carnal. Agustín llama a esto estar «desparramado» en la vanidad de los sentidos.

Entiendo que buscar fuera es buscar en lo que caduca. Pero, ¿qué pasa cuando entro en mí mismo? Lo que yo encuentro dentro es un lío de dudas, emociones cambiantes y contradicciones. ¿Dónde está ahí la «Verdad»?

Ahí es donde empieza la genialidad filosófica de Agustín. Él te dice: «Si encuentras que tu naturaleza es mutable, trasciéndete a ti mismo». Agustín no dice que seas la verdad. Dice que en tu interior hay una luz que te permite juzgar. Piénsalo: cuando dices que algo es «justo» o «bello», o cuando haces un cálculo matemático, estás usando una regla que no has inventado tú. Tu mente cambia, hoy sabes una cosa y mañana la olvidas; pero la Verdad de que «dos más dos son cuatro» no cambia. Esa Ley de la Verdad es superior a tu propia mente. Un hombre inteligente elige creer porque reconoce que su inteligencia es una «luz iluminada», no la «luz iluminante».

O sea, que mi mente es como un ojo, pero el ojo no crea la luz, solo la recibe. Pero aquí viene mi gran duda: ¿Cómo puedo estar seguro de algo si soy un mar de dudas? Hoy el escepticismo es casi una religión.

Agustín tuvo que pelear contra los escépticos de su época, los Académicos, que decían que no se podía estar seguro de nada. Y les lanzó un dardo que todavía hoy, 1600 años después, es demoledor. Les dijo: «Incluso si dudas, estás cierto de que dudas». Si te equivocas, es porque existes. Si no existieras, no podrías ni siquiera errar. Por tanto, hay algo indudable: tu propia existencia y tu anhelo de verdad. La duda misma es una prueba de que la Verdad existe, porque no podrías notar la falta de algo (la certeza) si no tuvieras una noción previa de lo que es.

Es el famoso «Si fallor, sum» (si me equivoco, existo), el precursor del «Pienso, luego existo» de Descartes. Pero Agustín lo lleva a lo religioso.

Porque para él, esa Verdad que descubres dentro de ti no es una idea fría, es Dios. Él dice: «Ipsa Veritas Deus est» (la Verdad misma es Dios). El viaje al interior es para descubrir que Dios está «más íntimo a nosotros que nosotros mismos». Un hombre inteligente como Agustín elige creer porque descubre que la Verdad no es algo que él fabrica con su razón, sino algo que se le revela al limpiar el «ojo del alma» de esos «fantasmas» que mencionamos ayer.

Hablas mucho de esos «fantasmas». ¿A qué se refiere exactamente?

Agustín llama fantasmas a las imágenes de las cosas materiales que se nos quedan pegadas en la memoria y nos hacen creer que lo único real es lo que podemos tocar o medir. Hoy los llamaríamos «ruido digital» o «idolatría de la imagen». Pasamos tanto tiempo mirando el reflejo de las cosas que nos olvidamos de la Luz que las hace visibles. Elegir creer es decidir que no vas a ser esclavo de la superficie de las cosas, sino que vas a buscar la Unidad que les da sentido.

Me gusta esa idea de la «Unidad». En el libro dice que hasta un gusano es hermoso porque tiene orden y unidad. Es una visión muy estética del mundo.

Es que para Agustín, el universo es un poema inmenso escrito por Dios. Lo que pasa es que nosotros, por nuestro orgullo y pecado, somos como alguien que solo lee una sílaba y se queja de que no tiene sentido, sin esperar a leer el verso completo. El hombre inteligente elige creer porque reconoce que su perspectiva es limitada. Cree para que su razón pueda, poco a poco, ir comprendiendo el orden de ese poema.

Entonces, el resumen de hoy sería: la verdad no está fuera en el consumo, ni es un invento mío dentro; es una luz superior que encuentro al entrar en mí y que me obliga a mirar hacia arriba.

Pero ojo, que una vez que has decidido buscar la verdad, aparece un problema práctico: ¿A quién escucho? ¿Cómo sé qué autoridad es de fiar? Y de eso trata el siguiente libro: La utilidad de creer.

Eso me interesa, porque hoy nos sobran «expertos» y nos falta sabiduría. En el próximo episodio explicaremos por qué es racional confiar en una autoridad.

En nuestro próximo episodio hablaremos de por qué «creer es lo más inteligente que puede hacer un convaleciente».

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Episodio 0: Agustín de Hipona: «un hombre para todos los tiempos»

Serie: Agustín para el Siglo XXI – Basado en: Tomo I de las Obras Escogidas de Agustín de Hipona

Toma asiento, amigo, y disfruta de ese café. Sé que parece extraño que, en pleno siglo XXI, con toda la tecnología que nos rodea y la inteligencia artificial susurrándonos al oído, me haya dado por dedicarle tanto tiempo a un obispo del norte de África que vivió hace mil seiscientos años. Pero, después de bucear en sus Obras escogidas, me he dado cuenta de que Agustín de Hipona no es una pieza de museo; es, como bien dice Alfonso Ropero en la introducción, «un hombre para todos los tiempos».

La razón fundamental de esta serie, es que Agustín fue, en realidad, el primer hombre moderno. Antes de él, la religión y la filosofía solían ser abstracciones lejanas. Pero con Agustín, todo se vuelve vida, descubrimiento y realidad. Él no te habla desde una torre de marfil, sino desde su propia «experiencia de salvación y comunión con la divinidad». Y seamos sinceros, ¿no estamos todos hoy buscando algo de autenticidad en medio de tanto ruido digital?

1. El diagnóstico de nuestra inquietud

Fíjate en lo que nos pasa hoy. Tenemos acceso a todo, pero nos sentimos más vacíos que nunca. Agustín tiene la clave de ese fenómeno. Su tesis central es que el ser humano es un «viajero desazonado». Él descubrió que el primer impulso vital del hombre es el anhelo de felicidad. Pero aquí está el truco: esa felicidad que buscamos en el consumo o en el éxito es la misma que nos «rehuye», porque no es una posesión presente, sino un rastro de algo que perdimos.

Hacemos esta serie porque queremos rescatar su diagnóstico del «corazón inquieto». Para Agustín, esa ansiedad que sentimos no es un error de diseño; es una señal. «Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti». Si estamos inquietos es porque somos «seres proyectivos», hechos para algo que trasciende este mundo temporal. Agustín nos enseña que nuestra insatisfacción es, en realidad, nuestra mayor virtud intelectual porque nos empuja a buscar la Verdad.

2. El viaje al hombre interior

Otra razón poderosa es su método de introspección. Hoy vivimos «fuera» de nosotros mismos, pendientes del feed de noticias o de la aprobación ajena. Agustín lanza un grito que resuena con fuerza: «No quieras salir de ti, vuelve a ti mismo; la verdad habita en el hombre interior».

Pero ojo, no nos propone un narcisismo barato. Él dice que si entras en ti y descubres que eres mudable, debes trascenderte a ti mismo para llegar a la Verdad que es inmutable. Agustín es el puente que nos permite pasar de la superficie de las cosas a la «Luz que ilumina a todo hombre». Hacemos esta serie para recordar que nuestra dignidad no viene de lo que poseemos, sino de ese abismo interior donde Dios es «más íntimo a nosotros que nosotros mismos».

3. La sanación de la razón por la fe

Vivimos en una época que idolatra la «pura razón», pero que a menudo termina en el escepticismo o el nihilismo. Agustín pasó por ahí. Durante nueve años fue maniqueo porque le prometieron una religión basada en la «pura y simple razón», despreciando la fe de los «crédulos». ¿Y qué encontró? Un callejón sin salida.

Su gran lección, que queremos desgranar en Substack, es el famoso «creer para entender» (credo ut intelligam). Él descubrió que la razón humana está «herida» por el orgullo y necesita ser sanada por la fe. No se trata de dejar de pensar, sino de reconocer que necesitamos una autoridad —como un «ayo» o maestro— que nos lleve de la mano mientras recuperamos la salud visual del alma para ver la Verdad cara a cara. En un mundo que ya no confía en nada, Agustín nos explica la utilidad de creer como una necesidad pedagógica y social.

4. El descubrimiento de la «Persona»

Amigo, esto te va a gustar: Agustín es quien «inventa» el concepto de persona tal como lo entendemos hoy. Antes de él, para los griegos, el hombre era una máscara (prosôpon) o una función social. Agustín, al intentar explicar el misterio de la Trinidad, descubrió que el ser humano es un misterio irrepetible, un «Yo» con memoria, voluntad y amor.

En esta serie queremos combatir la sensación de ser simples «perfiles de usuario» o estadísticas de un algoritmo. Agustín nos devuelve la cara del alma; nos dice que somos un «proyecto de Dios» en marcha y que nuestra profundidad es inagotable.

5. Una síntesis para la vida (Piedad y Amor)

Finalmente, hacemos esto porque al final de su vida, después de haberlo pensado todo, Agustín simplificó la sabiduría en algo que llamó Piedad. Para él, ser sabio es simplemente saber qué creer, qué esperar y qué amar.

Su ética se resume en el «orden del amor» (ordo amoris). Nos enseña que el pecado es simplemente amar más lo que vale menos. Si nuestro amor está desordenado, somos esclavos; si está ordenado hacia el Bien Supremo, somos libres. Su máxima «ama y haz lo que quieras» es el grito de libertad definitivo para alguien que ha interiorizado la ley de Dios en su corazón.

En resumen, amigos, esta serie no es solo sobre teología antigua. Es una invitación a dejar de ser náufragos de nuestra propia inteligencia y subirnos al barco de una sabiduría que ha resistido dieciséis siglos. Agustín es el médico que nos trata como convalecientes. Y, sinceramente, en este mundo herido, ¿quién de nosotros no necesita un poco de esa medicina?

Así que, «toma y lee». Hacemos esto porque Agustín todavía tiene la palabra más precisa para calmar nuestra inquietud actual. ¡Por el viaje que tenemos por delante!

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Reseña de la Colección «Patrología» de Johannes Quasten – Tomo II.

TOMO II: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA PATRÍSTICA GRIEGA

Enseñanzas Fundamentales:

Este período se caracteriza por la «definición dogmática definitiva» de los misterios centrales del cristianismo:

– Formulación trinitaria ortodoxa contra el arrianismo
– Desarrollo de la cristología y la teología de la encarnación.
– Establecimiento del monaquismo como ideal de perfección cristiana.
– Florecimiento de la literatura espiritual y mística.
– Sistematización de la exégesis bíblica.

Figuras Destacadas:

Los Defensores de Nicea:

– San Atanasio de Alejandría (†373): «Padre de la Ortodoxia», héroe de la fe nicena. Su fórmula «Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios» resume la soteriología cristiana. Demostró que solo Dios verdadero puede salvar, refutando el arrianismo.

Los Padres Capadocios:

– Basilio el Grande (†379): «Organizador del monaquismo oriental», teólogo del Espíritu Santo, formuló la distinción entre *esencia* (ousía) y *personas* (hypostaseis) trinitarias. Autor de reglas monásticas que perduran hasta hoy.

– Gregorio de Nacianzo (†390): «El Teólogo» por excelencia, refinó la teología trinitaria, especialmente la divinidad del Espíritu Santo. Sus discursos teológicos son obras maestras de la oratoria sagrada.

– Gregorio de Nisa (†394): Filósofo y místico, desarrolló la teología de la imagen de Dios en el hombre, la teoría de la «epéktasis» (progreso infinito del alma hacia Dios).

Escuela de Antioquía:

– San Juan Crisóstomo (†407): «Boca de Oro», el más grande predicador de la antigüedad cristiana. Sus homilías combinan exégesis literal, aplicación moral y denuncia social. Reformador eclesiástico y defensor de la justicia.

Fundadores del Monaquismo:

– Antonio el Grande (†356): Padre del monaquismo eremítico, modelo de vida ascética que influenció toda la espiritualidad posterior

Reseña de «Para leer Los Padres De la Iglesia»

«Para leer a los Padres de la Iglesia» – Adalbert-G. Hamman.

«Introducción y contexto»

El libro «Para leer a los Padres de la Iglesia» del franciscano y patrólogo Adalbert-G. Hamman es una obra fundamental para quienes desean adentrarse en el estudio de los Padres de la Iglesia, aquellos teólogos y pastores de los primeros siglos del cristianismo que, con su vida y escritos, contribuyeron a definir la doctrina, la espiritualidad y la identidad de la Iglesia. Hamman, reconocido por sus traducciones y estudios patrísticos, logra condensar en esta obra un panorama claro y accesible sin perder profundidad.

Estructura y contenido:

El libro está organizado de manera cronológica y temática, abarcando desde los «Padres Apostólicos» (como Clemente de Roma e Ignacio de Antioquía) hasta figuras culminantes como «Agustín de Hipona» y «Jerónimo de Estridón». Hamman no solo presenta un resumen biográfico de cada autor, sino que también analiza sus obras más importantes, destacando su contribución teológica, pastoral y espiritual.

Además, el autor sitúa a los Padres en su contexto histórico, mostrando cómo respondieron a los desafíos de su tiempo: las persecuciones, las herejías (como el arrianismo y el gnosticismo), y la progresiva institucionalización de la Iglesia. También explora temas clave como la interpretación bíblica, la liturgia, la moral y el desarrollo de conceptos teológicos como la Trinidad y la Cristología.

Aportaciones y estilo:

Uno de los mayores aciertos de Hamman es su capacidad para hacer accesible un material que, en otras obras, puede resultar denso. Su prosa es clara y didáctica, ideal tanto para estudiantes de teología como para lectores no especializados que buscan una primera aproximación a la patrística.

Otra virtud del libro es que no se limita a una exposición teórica, sino que muestra la «actualidad de los Padres», invitando al lector a descubrir cómo sus enseñanzas siguen siendo relevantes para la espiritualidad y el pensamiento cristiano contemporáneo.

Comparación con otras obras:

A diferencia de introducciones más técnicas (como las de Johannes Quasten o Hubertus R. Drobner), el libro de Hamman destaca por su enfoque divulgativo, aunque sin caer en simplificaciones. Es un excelente complemento a obras como «Los Padres de la Iglesia» de Claudio Moreschini o «El cristianismo en sus textos» de varios autores.

Conclusión:

«Para leer a los Padres de la Iglesia» es una puerta de entrada indispensable al mundo de la patrística. Combina erudición, claridad y una visión pastoral que hace que estos gigantes de la fe no sean solo objeto de estudio, sino maestros y guías espirituales. Recomendado para seminaristas, estudiantes de teología, historiadores y cualquier cristiano que desee profundizar en las raíces de su fe.

Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

¿Somos engañados o nos engañamos nosotros mismos?

2013 ano-nuevoBueno mis amigos, Feliz Año 2013, ya está aquí, paso demasiado rápido el 2012, que no nos alcanzo el tiempo para hacer todo lo que queríamos hacer, esperamos que en este 2013, podamos por lo menos cumplir con lo más importante, hacer realidad todo aquello que Dios nos ha mandado, empezando por nosotros mismos, hoy vamos a seguir conversando como todo el año lo haremos sobre el conocimiento de Cristo y lo que se viene haciendo en medio de su pueblo, he navegado por Internet y he visitado un sin número de sitios, blog, webs, cristianos y hay un común denominador en la mayoría de ellos, nos hablan que debemos ir en busca de las bendiciones, nos hacen caminar en busca del milagro, seguimos a Cristo por todo aquello que nos puede dar, conocemos la Biblia por lo que nos hacen leer los días de servicio o estudio bíblico, oramos por las necesidades materiales de los hermanos, pasamos al frente para repetir una oración que según nos dicen nos hace cristianos y seguidores de Jesucristo, damos el diezmo o nos quieren hacer que demos el diezmo u ofrenda para recibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros, nos hacen comprar libros y seguir métodos que muchas veces no entendemos y que solo mueven nuestros sentimientos hasta las lágrimas, pero que no hacen cambiar nuestra forma de vivir, damos testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, como que nos sano de la gripe, pero nos dejo el cancer, nos dio un mejor trabajo, una mejor casa o carro, nos libro de tal o cual cosa, y así podríamos seguir en un sin fin de cosas que hoy las compararemos con lo que dice la Biblia de lo que debe de ser un verdadero cristiano, y ojo no quiero decir con esto que Dios no hace este tipo de milagros, pero la diferencia esta en que nosotros los que nos llamamos cristianos, seguidores, y discípulos de Jesús, vamos tras los milagros, pero muy, muy pocos sobre el hacedor de milagros, queremos sus milagros, pero muchas veces no lo queremos a él, mucho menos a sus normas, y nuestro desconocimiento de lo expresado en su Palabra, por ello mi amigo, visitante, seguidor de nosotros aquí y en Facebook, visitante extraviado que llego aquí esperando un milagro, no, lo unico que encontrara aquí, es intentar enseñar la verdad escrita en la Biblia, por ello si tiene una, corra para que pueda comparar lo aquí escrito o dicho con lo que dice Dios y no crear más confusión, seguidamente, ya sabe, corra por un Capuchino Starbucks, de prefencia Venti, ahora, si puede usted acompañarlo con una Chocolate caliente de Nutella 03capirotada, excelente y si sabe bien pues deme la dirección de donde la compro para darnos una vuelta, y sentaditos en su sillón favorito empecemos  a ver si somos engañados o nosotros mismos nos engañamos en nuestro caminar cristiano.

Mis queridos amigos, se habla por todas partes lo que significa ser cristiano, las cualidades que debe tener esta persona y como debe de ser su diario vivir, pero nunca o casi nunca verdaderamente comparamos lo que hacemos con esas enseñanzas y encima en las congregaciones, el líderazgo asume que todos nos vamos a ir al cielo perfumaditos y talqueaditos como bebes de pecho, y que venimos dispuestos a recibir todas las bendiciones y hay gente que las cuenta y dice que hay mas de 8,000 listitas para ser entregadas a los hijos del Rey, pero hoy mi querido amigo vamos a ver si esto es cierto, (no lo de las bendiciones, sino de ser hijo del Rey), muchas personas nos engañamos en cuanto a quién es cristiano, y mire o escuche o lea bien, los hay según la biblia, los «hipocritas», recuerda esa palabra, bueno los hay los superficiales y los activos, personas que parecen, se miran como cristianos pero que hoy vamos a darles o darnos una miradita con lupa.

Uno de los superficiales son aquellos que de niños estaban en la escuela dominical, o asistieron a alguna iglesia, en algún momento pasaron al frente, quizás empujados un poquitín por mamí y «recibieron a Cristo», inclusive alguno de ellos fueron bautizados, luego de lo cual cuando crecieron su vida no estaba en las iglesias sino en lugares de perdición, pero en algún momento, al ver su vida, quisieron regresar a la fe y todos contentos porque el hermanito volvio como el hijo prodigo, pero sabe mi hermano cuando uno es niño (con excepciones) hacemos cosas, más por quienes estan a nuestro alrededor y quienes nos hablan, recuerdo un pastor que hablaba de que se sabía la Biblia a los 12 años al revés y al derecho, dice que recibió a Cristo y que hasta bautizado estaba, su padre, pastor también en ese entonces, lo hacía recitar de memoria versículos y hasta pequeños capítulos completos de la Biblia, lo cual lo enorgullesía, este muchacho a los 15 años empezó a vivir una vida desordenada, y se alejo de la iglesia y de Jesús, a los 30 regresó a los caminos de la fe y se hizo pastor, (si escuchelo bien se hizo pastor), ahora quiero decirle, que muy probablemente este muchacho jamás recibió a Cristo, solamente la vida familiar, el deseo del padre que siga sus pasos, el esfuerzo de hacerle aprender la Biblia de memoria, pero no conocerla, hizo que todos vivieran engañados de que recibió la salvación, sé que no todos hemos pasado por una situación igual, pero digame cuándo usted paso al frente y oraron por usted, cree que eso ya lo hizo cristiano digno de recibir la salvación.

mascara vampLos engañados activos mi amigo, aquí deseo que usted ponga mucha atención, son aquellos que estan dedicados a todos las actividades de la iglesia, son los menos, pero sabe de que los hay los hay, son un grupo de gente que asisten a todas las actividades, saben del evangelio y de teología, son miembros activos y muchos de ellos pertenecen a algún ministerio, pero no obedecen la Palabra de Dios, son aquellos que hablan de lo bueno que estuvo el servicio, que luego de asistir a una reunión o escuchar un estudio bíblico, levantan las manos y se rasgan las vestiduras, hablando que van a tomar como ejemplo esa discertación, pero al pasar las horas todo vuelve a la misma pasividad de siempre, hasta que llega el siguiente servicio.

En todos los casos, sucede algo interesante, las personas no nos damos cuenta del error en que vivimos, entonces creo que es necesario hacernos algunas preguntas: ¿Cómo puede una persona saber que está engañada?, Vamos a ver, ahora esto mi hermanito esto no es para que vaya señalando a los hermanos de que no son cristianos ni nada  por el estilo, es para que usted se haga las preguntas, la limpieza empieza por la casa, eso significa que las preguntas son individuales y en primera persona ¿verdaderamente soy lo que digo ser? ¿porqué digo eso?, entonces ahora empecemos.

Una de las formas más fáciles es sabiendo, quién esta buscando siempre, sensaciones, bendiciones, milagros, experiencias, sanidades, ángeles y cosas sobrenaturales, para dar testimonio de lo que hizo Dios, usted no se ha dado cuenta de que día a día algunos buscamos, esa sensación que necesitamos para poder seguir, o como algunos dicen para llenar las 523755575_783a5f0893baterias para la semana, pero mi hermano, todo es por vista, queremos ver, queremos sentir, o sea son aquellos que en tal congregación ha venido el sanador tal, o en la congregación va a predicar tal por cual y corremos detras de las experiencias, han pasado años de decir que somos convertidos y aún vivimos por vista sin darnos cuenta de que esto es por fe, está más interesado, de lo que puede recibir de Dios y ojo hoy nos enseñan de lo que merecemos recibir, y está mas interesado en sí mismo que en la exaltación de Dios, aunque equivocadamente habla de los milagros que le ha hecho Dios para testificar y dar gracias, pero y si no le hace los milagros, ¿seguría creyendo?

Existen otras personas que están más preocupados en su denominación, «yo soy pentecostal, yo soy cara de asmático, perdón carísmatico» a su iglesia, al nombre y la pomposidad que da pertenecer a la iglesia tal, en vez de preocuparse en ¿qué dice Dios en Su Palabra?, muchas veces la teología nos hace engañarnos a nosotros mismos, por ese afán de conocer, nos hace olvidar el hacer, muchas veces nos atascamos en ciertas áreas teologicas que nos impide ver todo el panórama, recuerdo un hermano que tenía una fijación sobre la segunda venida de Cristo, a tal extremo que dejó de lado todo el conocimiento escrito en la Palabra de Dios, por dedicarse a ese punto, perdiendo la verdadera razón de su llamado.

Todo esto mi hermano y amigo puede causarnos un gran dolor, ver a hermanos que hablan, testifican y son personas que parecen comprometidas con la Palabra de Dios, pero muchas veces a la primera tribulación, dejan todo y se alejan de Jesús, otros llegan a perder su amor por Jesús porque simplemente nos cansamos de seguir buscando las manifestaciones sobrenaturales, sin llegar a quedar satisfechos por lo visto, otros mis queridos hermanos están llenos de palabras vacías, escuchan los sermones, van a servicios de oración y estudio Cruz 115bíblico, se emocionan y hasta en maestros se convierten o sirven en los ministerios de la iglesia, pero la Palabra de Dios jamás ha hecho nido en su corazón, son simplemente hombres y mujeres emocionales que terminado el servicio vuelven a la inoperancia de la intelectualidad. Nos causa dolor, pero sabe mi hermano usted y yo debemos leer la parte de la Biblia en donde dice: «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubierán sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifieste que no todos son de nosotros» (1 Juan 2:19).

Y ya para terminar le voy a dcir algo, que quizás no me crea, recoradará que en Romanos dice» «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor», bueno ahora le voy a decir que el confesar sin obediencia es un fraude, usted se está engañando, entonces debemos de rectificar, porque el reconocimiento de quién es Jesús viene con la obediencia total a Su Palabra, sino mi amgio el cielo no es su final.

Bueno aquí lo dejamos, buena conversación, si tiene comentarios, gracias serán bien recibidos, para crecimiento, si le gusto el blog, la mejor manera de agradecerlo es invitando a otros a que se den una vuelta por aquí. Por lo demás nos vemos pronto, cuidese, bendiciones.