Los dones y los ministerios

Equipados para servir

Cuando conversamos sobre la vida cristiana, hay un tema que suele despertar curiosidad, confusión e incluso rivalidades: los dones y los ministerios. Sin embargo, la Biblia los presenta con una claridad que muchas veces pasamos por alto.

En la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, el apóstol Pablo nos recuerda algo esencial: hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversidad de operaciones, pero es Dios quien hace todas las cosas en todos.

Esta distinción no es menor. El Espíritu Santo reparte los dones, el Señor establece los ministerios, y Dios opera el resultado. Nada nace del capricho humano ni del deseo de destacar. Todo tiene un origen, un propósito y un orden.

Los dones: capacidades para servir

La Escritura menciona distintos dones que el Espíritu otorga según su voluntad. No como trofeos espirituales, sino como herramientas para edificar.

La palabra de sabiduría es la capacidad de aconsejar y dirigir con discernimiento. No todos los líderes saben cuándo hablar y cuándo callar; la sabiduría enseña ambas cosas.

La palabra de ciencia está relacionada con la comprensión profunda de la revelación ya escrita. No es información nueva, sino entendimiento de lo que Dios ya dijo.

El don de fe no es la fe cotidiana que todos ejercemos, sino una confianza extraordinaria en que Dios tiene el control incluso cuando todo parece ir en contra.

Las sanidades y los milagros existen y son reales, pero siempre deben ser examinados con cuidado, sin caer en el sensacionalismo ni en la exageración.

La profecía, según la Palabra, no es espectáculo ni adivinación; su propósito es edificar, exhortar y consolar a la iglesia.

El discernimiento de espíritus se vuelve imprescindible en tiempos donde abundan voces, títulos y “revelaciones”. Este don permite distinguir lo verdadero de lo falso.

Y sobre los dones de lenguas y su interpretación, mucho se habla del primero y muy poco del segundo. Un lenguaje sin interpretación no edifica. Repetir frases sin entendimiento, muchas veces por presión o temor, no cumple el propósito bíblico.

El verdadero propósito: servir, no exhibirse

Los dones no fueron dados para uso personal ni para alimentar el ego espiritual. Fueron entregados para servir al cuerpo. La sabiduría ayuda a resolver conflictos. La enseñanza forma a otros. La fe impulsa a confiar cuando ya no hay fuerzas.

Tener un don no nos hace superiores; nos hace responsables. El don no es una medalla, es una carga de servicio. Cantar, enseñar, predicar o liderar no es motivo de jactancia, sino de entrega. Cuando el don se convierte en motivo de orgullo, deja de edificar.

Los ministerios: un llamado, no un título

En Efesios 4, Pablo nos recuerda que fue Jesucristo mismo quien constituyó a unos como apóstoles, a otros como profetas, evangelistas, pastores y maestros. El objetivo no es jerarquía ni prestigio, sino uno muy claro: perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.

Hoy vemos con preocupación cómo se ofrecen cursos exprés para “graduarse” de apóstol o profeta, previo pago y certificado incluido. Pero los ministerios no se compran ni se aceleran. Ni siquiera porque fuiste al Instituto. Son un llamado de Dios y un caminar diario con Cristo.

El evangelista anuncia las buenas nuevas a quienes no conocen a Dios. Y como hispanos, tenemos un campo enorme entre nuestra propia gente.

El pastor necesita carácter, paciencia y amor genuino. Su tarea no es dominar al rebaño, sino cuidarlo, sanarlo y alimentarlo con la Palabra.

El maestro debe ser un estudiante incansable. No se conforma con lo básico; lee, estudia, compara, profundiza. Enseña no desde la improvisación, sino desde la preparación.

Perfeccionar a los santos

La función de estos ministerios es llevar a la iglesia a la madurez. No a una fe infantil sostenida solo con emociones, sino a una fe firme, con fundamento.

No se trata de métodos humanos que prometen crecimiento rápido sin raíz. La estrategia sigue siendo la misma que Dios estableció desde el principio: predicar la verdad, y el Señor se encarga de añadir a los que han de ser salvos.

Una imagen para recordar

Podemos imaginar a la iglesia como un equipo de rescate. Cada miembro lleva una herramienta distinta: uno la linterna, otro la cuerda, otro los primeros auxilios. Ninguno guarda su herramienta para admirarla; la lleva para usarla cuando la vida de otro lo necesita.

Así son los dones y los ministerios: no para exhibirse, sino para salvar, edificar y servir.

Para terminar

Necesitamos recuperar el lugar de la iglesia como espacio de sana doctrina y servicio genuino. La unidad de la fe se construye cuando todos buscamos conocer al Hijo de Dios, no para beneficio personal, sino para reflejar Su amor en un mundo que lo necesita urgentemente.

La pregunta queda abierta, como siempre, mientras el café se enfría un poco:

¿estamos usando lo que Dios nos dio… o solo nos estamos mostrando?

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.

¿Somos realmente discípulos?

Una reflexión sobre nuestro llamado

Buenas noches.

Como cada miércoles, nos sentamos a conversar con una taza de café en la mano, sin prisa y sin ruido, dejando que las preguntas importantes aparezcan solas.

La de hoy no es nueva, pero sigue siendo incómoda:
¿somos realmente discípulos de Jesucristo?
Usamos con facilidad palabras como cristianos o creyentes, pero el mandato bíblico va más allá de un nombre o una afiliación. Jesús nunca habló de formar simpatizantes ni asistentes ocasionales. Habló de discípulos.

El mandato que no admite atajos

En el Evangelio de Mateo, Jesús comienza con una declaración contundente:
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”
Desde esa autoridad, da una orden clara:
“Id y haced discípulos a todas las naciones.”

No dijo “haced creyentes”, ni “llenad lugares”, ni “sumad seguidores”. Dijo haced discípulos: personas bautizadas, instruidas y dispuestas a guardar todo lo que Él mandó.
Y junto a ese mandato hay una promesa que solemos repetir mucho:
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Pero pocas veces recordamos que esta promesa camina junto a la obediencia. Dios está con nosotros en la medida en que asumimos la tarea de enseñar, aprender y vivir Su Palabra. No como espectadores, sino como participantes.

El arrepentimiento: un paso que hemos debilitado

En algunos lugares del mundo, a los nuevos creyentes se les llama simplemente los arrepentidos. No como un título menor, sino como una descripción profunda. Porque antes de seguir, primero reconocen que algo debe cambiar.

En cambio, en muchas iglesias occidentales, el énfasis se ha reducido a una oración rápida, sin proceso ni transformación. Y surge una pregunta honesta:
Si no hay un quiebre con el ayer, ¿cómo sabremos hacia dónde caminar mañana?
El arrepentimiento no es culpa constante, es cambio de dirección. Sin ese punto de partida, es difícil que alguien se convierta en discípulo, alguien que aprende, camina y se deja formar por el Maestro.

El discipulado siempre se reproduce

Un discípulo no es solo quien aprende, sino quien reproduce lo aprendido. Jesús invirtió tres años y medio formando a doce hombres. No concentró Su esfuerzo en las multitudes, sino en aquellos que se quedarían cuando Él ya no estuviera.
Ese mismo patrón lo vemos en Pablo con Timoteo y Tito, a quienes llamó hijos en la fe. Pablo se reprodujo en ellos para que la obra continuara.
Y aquí la pregunta vuelve a nosotros, sin acusar:

¿A quién estamos formando hoy?

¿Estamos levantando “Timoteos”, o estamos guardando todo por temor, comodidad o falta de preparación?

El sistema que nos absorbe

En muchos contextos de necesidad, la dependencia de Dios es diaria y real. Pero cuando el sistema se vuelve más estable, el trabajo, las metas y el deseo de “tener más” comienzan a ocupar todo el espacio.
El discipulado queda relegado a un servicio dominical breve. Pero el discipulado no se construye en treinta minutos. Se construye en convivencia, en tiempo compartido, en observar cómo vive el otro.
Los discípulos de Jesús no le pidieron aprender a hacer milagros. Le dijeron algo más profundo:

“Enséñanos a orar.”

Entendieron que ahí estaba la raíz.

Discernir la voz del Maestro

Ser discípulo implica conocer la Palabra. No leerla por compromiso, sino amarla, estudiarla y dejarse confrontar por ella.
Jesús dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
Si no conocemos la Escritura, seguiremos cualquier voz fuerte, cualquier discurso bien armado, cualquier “iluminado” que aparezca. El conocimiento no es orgullo; es protección.

Un solo rebaño, un solo Pastor

No existen rebaños fragmentados por denominaciones o nombres humanos. Existe un solo rebaño y un solo Pastor: Jesucristo.
A veces levantamos muros por orgullo o miedo, olvidando que todos fuimos rescatados alguna vez. Hay una vieja historia de náufragos que, tras ser salvados, construyeron un faro hermoso. Con el tiempo, no querían dejar entrar a otros para no ensuciarlo. Olvidaron que ellos también estuvieron perdidos.
El discipulado no crea clubes exclusivos; crea familia.

Nuestra responsabilidad

Un día rendiremos cuentas. No por lo que poseímos, sino por lo que sembramos. No por los bienes acumulados, sino por las vidas que tocamos.
Por eso vale la pena prepararse, estudiar, leer, profundizar en la Biblia y buscar a alguien a quien enseñar lo aprendido. No para exhibirse, sino para servir.
El discipulado no es una opción para unos pocos.
Es el llamado de todo aquel que decide seguir a Cristo.
Y mientras el café se termina, queda la invitación, sencilla y directa:

¿estamos solo creyendo…
o estamos aprendiendo a ser discípulos?

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Verdadero hijo en la fe

Un llamado urgente al discipulado

Esta tarde quiero detenerme en una expresión que no es común, ni ligera, ni fácil de asumir: “verdadero hijo en la fe”.
La encontramos en la carta de Pablo a Timoteo, y desde que la leí con atención me dejó pensando.
Porque no cualquiera recibe ese nombre.
Ni Pablo se lo dio a muchos.

La pregunta es inevitable:
¿cuántos de nosotros podríamos ser llamados verdaderos hijos en la fe? ¿Estamos siendo discipulados por alguien? ¿Estamos discipulando a alguien?
No es un título sencillo. Tampoco es automático.

Un saludo que dice más de lo que parece

En 1 Timoteo 1:1–2 leemos:

“Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza. A Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz…”

Detengámonos un momento ahí.

Pablo no dice simplemente “a Timoteo”.
Dice: “verdadero hijo en la fe”.
Eso implica una relación profunda, un proceso, una formación real. No una simpatía, no una cercanía ocasional, no un saludo protocolar.

¿De dónde salen tantos apóstoles?

Pablo se presenta como apóstol por mandato de Dios.
Y eso abre otra pregunta incómoda para nuestros tiempos:

¿de dónde salen hoy tantos apóstoles?

La definición bíblica de apóstol es clara: alguien enviado para proclamar la doctrina de Cristo, su obra redentora, su vida, su muerte, su resurrección y toda la Palabra de Dios. Un propagador del evangelio, no un título honorífico.

Sin embargo, hoy parece que “evangelista” queda chico para muchos. El título de apóstol o profeta suena más rimbombante, más llamativo. Hay alfombras rojas, presentaciones, nombres grandes… pero cada vez menos formación.

Efesios 4 nos recuerda que Dios mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, evangelistas, pastores y maestros. No se autoproclaman, no se compran, no se improvisan. Algo no está encajando bien cuando hay tantos títulos y tan pocos discípulos.

Timoteo: el fruto de una relación

Timoteo no apareció de la nada. Pasó cerca de quince años caminando con Pablo. Aprendió, acompañó, observó, fue corregido, enviado, probado. Pablo confió en él lo suficiente como para enviarlo a iglesias con problemas reales. Eso no se hace con alguien formado a medias.

Por eso lo llama verdadero hijo en la fe. La gracia no está en asistir a la iglesia. Eso es apenas el comienzo. La pregunta clave es otra:

¿Alguien te está formando? El discípulo no se hace en una hora dominical. Se forma caminando la vida junto a otro, día tras día.

Pablo solo llamó verdaderos hijos en la fe a dos personas: Tito y Timoteo. Dos, entre cientos de convertidos. Eso nos dice algo muy claro: formar discípulos es difícil, lento y exigente.

El ruego de Pablo: corregir lo que está mal

En 1 Timoteo 1:3, Pablo le ruega a Timoteo que se quede en Éfeso para corregir falsas doctrinas. No lo envía usando frases grandilocuentes ni manipulaciones espirituales. Le dice, con honestidad: “te ruego”.

Había cosas que se estaban enseñando mal.
Hoy, muchas veces, la respuesta ante el error es el silencio.
“No toques al ungido”, se dice.
Pero Pablo no actuó así. Dijo: anda y corrige.
No por opinión personal, sino porque así está escrito.

Para hacer eso, Timoteo tenía que estar formado. No podía decir “yo creo que…”. Tenía que decir: la Escritura dice.

Manda y enseña

Pablo le da una orden clara:
“Esto manda y enseña”.

Y le recuerda que nadie menosprecie su juventud, pero también le exige ejemplo: en palabra, conducta, amor, fe y pureza.
Aun siendo un discípulo avanzado, le dice: ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.

El llamado no es solo a aprender, sino a transmitir. A corregir cuando sea necesario. A enseñar con responsabilidad.

La pregunta vuelve a aparecer, inevitable:
¿alguien te está enseñando? ¿y tú estás enseñando a alguien?

“Haced discípulos”

En 1 Corintios 4:17, Pablo dice que envía a Timoteo porque es su hijo amado y fiel en el Señor. Y entonces recordamos las palabras de Jesús en Mateo 28:19–20:

“Id y haced discípulos…”

No dijo: hagan creyentes. No dijo: hagan asistentes. Dijo: haced discípulos.
Personas que estudian la Palabra, que la viven, que la guardan, que la transmiten.
Eso es personal. Eso es profundo. Eso es exigente.

Una reflexión final

Martín Lutero dijo algo que sigue siendo actual:
“Las buenas obras no hacen a un hombre bueno;
pero un hombre bueno hace buenas obras”.

Fuimos llamados a hacer buenas obras, y una de las principales es esta: hacer discípulos.
Convertirnos, quizás algún día, en verdaderos hijos en la fe… o formar a uno.
La Palabra de Dios no vuelve vacía, pero la pregunta es:

¿qué tanto de lo que lees se queda en ti? ¿qué tanto transforma tu vida?
Antes de dormir, vale la pena preguntarnos:

¿quién me discípula? ¿a quién discípulo?

Si una de esas dos cosas falta, algo debemos corregir.
Y si no tienes un discípulo, comienza a buscar un Timoteo.
Alguien que, cuando tú no estés, pueda continuar la obra sin torcerla.

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Buscando la unidad: la clave olvidada de la Iglesia

Antes de comenzar, quiero hacer una pausa. No una pausa técnica ni de cámara, sino una pausa interior. Porque hablar de la unidad dentro de la Iglesia no es un tema menor ni cómodo. Es, probablemente, uno de los desafíos más grandes del cristianismo actual.

La unidad no es un concepto bonito para colgar en la pared. Es una condición espiritual.

El desafío real de la unidad

Vamos a la iglesia, nos reunimos, conversamos, compartimos momentos agradables. Incluso podemos llamarnos amigos. Sin embargo, muchas veces, aun dentro de la Iglesia de Jesucristo, cada persona camina con sus propios intereses, sus propias prioridades y su propia agenda espiritual.

La Biblia nos plantea algo mucho más profundo.

En Hechos 1:14 leemos:

“Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego”.

Perseverar es insistir, mantenerse firmes. Pero la palabra clave aquí es unánimes. No significa simplemente estar juntos en un mismo lugar, sino pensar lo mismo, desear lo mismo, buscar lo mismo.

Eso fue lo que me llevó a investigar, a leer, a escuchar testimonios fuera de nuestro contexto habitual. Especialmente en lugares donde ser cristiano no es socialmente aceptado ni culturalmente cómodo: Rusia, Corea del Norte, zonas donde la fe cuesta, donde creer tiene consecuencias reales.

Ahí descubrí algo que me sacudió.

En muchos de esos lugares, a la conversión no se le llama “hacerse cristiano”. Se le llama arrepentimiento. Antes de aceptar a Cristo, la persona debe reconocer y abandonar una vida pasada. Algunos ni siquiera dicen “soy cristiano”, dicen: “soy un arrepentido”.

Y eso cambia todo.

En gran parte de América y Sudamérica hemos puesto el énfasis en “aceptar al Señor”. Repite la oración, firma la lista, y listo. El arrepentimiento queda como algo secundario, para después.

Pero arrepentirse primero y decidirse después es mucho más difícil… y mucho más profundo.

Tal vez, si habláramos menos de “aceptar” y más de “arrepentirse”, no estaríamos buscando una unidad superficial, sino la unidad de los arrepentidos.

La base bíblica de la unidad

La Biblia insiste en esto una y otra vez.

En Hechos 2:1 se nos dice que cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes. No estaban dispersos, no estaban distraídos, no estaban cada uno en su mundo. Estaban en el mismo canal espiritual.
Y entonces ocurrió el derramamiento del Espíritu Santo.

La pregunta es inevitable:
¿qué nos falta hoy para que ese derramamiento alcance a todos?

Muchas veces pedimos que el Espíritu descienda, pero no estamos unánimes. Perseveraban unánimes en oración y ruego. El ruego no es una oración liviana; es clamor, es profundidad, es carga compartida.

¿Clamamos juntos por una misma causa?
¿O cada uno ora solo por sus propios problemas?

La Escritura dice que cuando dos o más se ponen de acuerdo, Dios responde. Pero el acuerdo no es automático. Se construye perseverando unánimes.
En Hechos 2:42 se nos muestra cómo vivía la iglesia primitiva:
perseveraban en la doctrina, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones.
No era un cumplimiento mecánico. No era leer por leer. Era vivir lo que leían.

Y más adelante dice algo aún más radical:

“Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas”.
No había “esto es mío, no lo toques”. Se compartía según la necesidad. Se vivía la fe con sencillez, con alegría, con coherencia.
Por eso el texto concluye con algo contundente:

“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.
La comunión no es solo comer juntos. Es pensar juntos. Caminar juntos. Perseverar en lo mismo.

Los obstáculos que nos dividen

El problema es que la unidad cuesta. Y como cuesta, muchas veces inventamos métodos para hacer crecer las iglesias. Y sí, crecen. Pero crecen sin comunión y sin perseverancia.

Algo no está bien ahí.

Nehemías entendió esto profundamente. Antes de reconstruir los muros, lloró. Oró. Sintió el dolor como propio. Reconoció el problema antes de actuar.
Cuando comenzó la obra, surgió la oposición, como siempre ocurre. Pero Nehemías fue claro:

“El Dios de los cielos, él nos prosperará”.

Y entonces sucede algo clave: el sumo sacerdote y sus hermanos comienzan a edificar. El liderazgo se involucra. El cuerpo empieza a reconstruirse desde adentro.

El capítulo 3 de Nehemías repite una frase una y otra vez:

“junto a ellos”, “junto a él”, “junto a ellos”.
Unidad. Trabajo compartido. Por eso terminaron en tiempo récord.

Hoy, muchas veces ni siquiera vemos al hermano que se sienta delante nuestro. ¿Cómo vamos a estar unánimes si no nos miramos, si no nos conocemos, si no nos cuidamos?
Buscamos motivos para oponernos: cómo se viste alguien, cómo habla, cómo predica. Siempre hay algo que criticar. Y mientras buscamos oposición, la unidad se vuelve imposible.

¿Cuál es mi parte?

Jesús oró en Juan 17:
“Para que todos sean uno”.
Lo dijo: “para que todos tengan razón”. Dijo: para que sean uno.
La unidad no se impone. Se construye. Y comienza con una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Cuál es mi parte en esta falta de unidad?

Si no tenemos la confianza para pedir ayuda, algo no está bien.
Si no podemos hablar con honestidad, algo está roto.
La única salida es volver a la Palabra, escudriñarla hasta que nos confronte, hasta que nos avive.

Perseverar no es opcional. La unidad no es decorativa. Es urgente.

Demos gracias al Señor porque estamos vivos, porque seguimos en pie, porque aún podemos perseverar. Y sobre todo, porque todavía estamos a tiempo de buscar la unidad verdadera de su Iglesia.

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Me senté y lloré

Ya es de noche. Como tantas veces, nos reunimos aquí —amigos, hermanos, conocidos y quien quiera acompañarnos— en esta sección que muchos ya identifican: Conversando con una Taza de Café. Un espacio para detenernos un momento y conversar sobre lo que estamos viviendo, aunque a veces preferiríamos olvidarlo.

Vamos empezando.

Siempre me ha gustado iniciar estas charlas recordando a un viejo amigo llamado Nehemías, un hombre que, de alguna forma, se parece un poco a mí. Si usted es lector de la Biblia, recordará lo que le dijeron en Nehemías 1:3: “El remanente… está en gran mal y afrenta.”

Le contaron que su pueblo estaba en problemas. Problemas serios. Y su ayuda era necesaria.

Hoy pasa lo mismo. Tenemos los problemas dentro de casa, dentro de la iglesia, dentro de nuestra propia comunidad. Y mucha gente la está pasando muy mal. La pregunta es: ¿qué está pasando con nosotros?

Te cuento algo que me marcó.

Aquel día me tocó hacer las compras: carne, pollo, verduras (pocas, porque no como muchas). Era la una de la tarde y quería llevar algo a casa para comer, cuando veo a un hermano de la iglesia haciendo cola frente a un lugar católico donde reparten comida.

Crucé para saludarlo. Se puso nervioso, como quien no quiere ser visto. Le dije que fuéramos a comer algo, pero él me contó que ya había pasado por su iglesia:

—Oraron por mí. Me dijeron: “Dios tiene el control. Dios va a suplir.” Y después de la oración, me enviaron a casa… y vino a hacer fila para pedir comida. Porque no tenía nada en casa. En ese instante recordé el versículo que sigue:

“Cuando oí estas palabras, me senté y lloré.”

No sé si alguna vez has recibido una noticia que te golpea tan fuerte que el cuerpo simplemente se rinde. Este hermano estaba haciendo fila para comer; y su iglesia, en vez de suplir su necesidad, le dio una oración y un “Dios te va a ayudar”.

Algo no estaba bien. Algo no encajaba.

Predicamos: “¿Cuándo te dimos de comer? ¿Cuándo te dimos de beber?” Pero ya casi no hablamos de eso. Ahora todo es: “Dios tiene el control.” Sí, Dios tiene el control… pero nosotros somos sus manos.

Muchos han perdido su trabajo. Otros apenas sobreviven. Mientras tanto, hay quienes vivimos el día a día sin grandes problemas. Pero al lado de nuestras casas hay necesidad. Real. Dolorosa. Silenciosa.

Recordé esa frase que tantas veces repetimos sin sentirla: “Me senté y lloré.” Y la convertí en una pregunta: ¿Nosotros… qué sentimos?. Muchas veces, simplemente: nada.

Predicamos del buen samaritano, del que curó heridas y pagó para que el herido fuera cuidado. Pero hoy deberíamos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo nosotros?. No podemos ayudar a todos, pero sí podemos ayudar a uno.. Y si cada uno ayudara a uno… serían muchos.

Una vez escuché a alguien decir: “Si vas a freír dos piezas de pollo… fríe tres. Siempre hay alguien cerca que no tiene qué comer.” Tenía razón.

Es bueno orar por quienes están pasando necesidad. Pero también es bueno ayudar, si podemos. Una señora decía cuando cocinaba frijoles:

“Échale más agua. Que alcance para alguien más.”

Pero nosotros seguimos diciendo: “Dios va a suplir.” Cuando la verdad es que Dios quería suplir… a través de ti. Durante la pandemia gritamos que la casa es la iglesia.

Bien. Entonces pregunto: ¿Qué está haciendo la iglesia desde su casa? ¿Estamos preparando nuestro corazón para cuando llegue la cosecha?

Si eres maestro: ¿estás estudiando? ¿estás leyendo? ¿qué estás preparando para la gente que vendrá?

Porque ese hermano por el que oraron… ¿volverá a su iglesia?. Es bueno orar. Es necesario. Pero también es necesario actuar. Hay gente sin trabajo. Hay gente trabajando y prosperando. Este es el momento de edificar a la iglesia, de servir, de enseñar, de formar discípulos.

Después de llorar, Nehemías oró. Y después de orar, actuó. “Si tienes frijoles… si tienes pollo… si tienes pan… compártelo.” No esperes a Navidad para callar la conciencia regalando un poco de ropa. La necesidad no espera. Especialmente la de los niños.

Y te digo algo que me dolió profundamente: Cuando ese hermano llegó a su casa, estaba su esposa esperándolo. Y su niño. Una familia que tenía hambre.

¿Qué le vamos a decir?

“Dios tiene control de tu hambre” ¿Eso le vamos a decir? Ese día, cuando vi eso, cuando entendí lo que estaba pasando, me senté… y lloré.

Porque en todas partes hay necesidad. Y no solo necesidad de comida: necesidad de Jesús, de compañía, de esperanza, de manos que ayuden.

La iglesia debe prepararse desde las casas. Para servir las mesas. Para ayudar. Para amar.

Somos llamados a servir, no a servirnos. Y hoy, más que nunca, es el tiempo. No mañana. No “cuando todo pase”. Hoy.

Regresaremos con otras reflexiones. Quizás algo cambie. Quizás cambiemos nosotros. Pero puedes dejarnos un comentario.

Vick
Conversando con una Taza de Café
Vick-yoopino
MiVivencia.com

Reseña de la Colección «Patrología» de Johannes Quasten – Tomo IV.

TOMO IV: DEL CONCILIO DE CALCEDONIA (451) A BEDA (735)

Enseñanzas Fundamentales:

Este período se caracteriza por la «consolidación y transmisión» del legado patrístico:

– Síntesis y sistematización del patrimonio doctrinal anterior
– Adaptación del cristianismo a las nuevas realidades político-culturales
– Desarrollo de la literatura en lenguas vernáculas
– Establecimiento de tradiciones litúrgicas locales
– Preservación y transmisión de la cultura clásica

Figuras Destacadas:

Grandes Sistematizadores:

– León Magno (†461): Papa que definió la cristología en Calcedonia, desarrolló la primacía papal, defended la unidad de la Iglesia frente a las invasiones bárbaras

– Gregorio Magno (†604): «Último Padre de la Iglesia», organizador de la liturgia romana, misionero de los pueblos germánicos, autor de obras pastorales fundamentales

Transmisores Culturales:

– Boecio (†524): «Último romano, primer escolástico», traductor de Aristóteles, autor de «La Consolación de la Filosofía»

– Casiodoro (†580): Fundador de bibliotecas monásticas, preservador de manuscritos clásicos

– Isidoro de Sevilla (†636): Enciclopedista, autor de las «Etimologías», sistematizador del saber de la antigüedad tardía

– Beda el Venerable (†735): «Padre de la historia inglesa», cronista y exegeta, representa la culminación de la cultura cristiana anglo-sajona.

Reseña de «Para leer Los Padres De la Iglesia»

«Para leer a los Padres de la Iglesia» – Adalbert-G. Hamman.

«Introducción y contexto»

El libro «Para leer a los Padres de la Iglesia» del franciscano y patrólogo Adalbert-G. Hamman es una obra fundamental para quienes desean adentrarse en el estudio de los Padres de la Iglesia, aquellos teólogos y pastores de los primeros siglos del cristianismo que, con su vida y escritos, contribuyeron a definir la doctrina, la espiritualidad y la identidad de la Iglesia. Hamman, reconocido por sus traducciones y estudios patrísticos, logra condensar en esta obra un panorama claro y accesible sin perder profundidad.

Estructura y contenido:

El libro está organizado de manera cronológica y temática, abarcando desde los «Padres Apostólicos» (como Clemente de Roma e Ignacio de Antioquía) hasta figuras culminantes como «Agustín de Hipona» y «Jerónimo de Estridón». Hamman no solo presenta un resumen biográfico de cada autor, sino que también analiza sus obras más importantes, destacando su contribución teológica, pastoral y espiritual.

Además, el autor sitúa a los Padres en su contexto histórico, mostrando cómo respondieron a los desafíos de su tiempo: las persecuciones, las herejías (como el arrianismo y el gnosticismo), y la progresiva institucionalización de la Iglesia. También explora temas clave como la interpretación bíblica, la liturgia, la moral y el desarrollo de conceptos teológicos como la Trinidad y la Cristología.

Aportaciones y estilo:

Uno de los mayores aciertos de Hamman es su capacidad para hacer accesible un material que, en otras obras, puede resultar denso. Su prosa es clara y didáctica, ideal tanto para estudiantes de teología como para lectores no especializados que buscan una primera aproximación a la patrística.

Otra virtud del libro es que no se limita a una exposición teórica, sino que muestra la «actualidad de los Padres», invitando al lector a descubrir cómo sus enseñanzas siguen siendo relevantes para la espiritualidad y el pensamiento cristiano contemporáneo.

Comparación con otras obras:

A diferencia de introducciones más técnicas (como las de Johannes Quasten o Hubertus R. Drobner), el libro de Hamman destaca por su enfoque divulgativo, aunque sin caer en simplificaciones. Es un excelente complemento a obras como «Los Padres de la Iglesia» de Claudio Moreschini o «El cristianismo en sus textos» de varios autores.

Conclusión:

«Para leer a los Padres de la Iglesia» es una puerta de entrada indispensable al mundo de la patrística. Combina erudición, claridad y una visión pastoral que hace que estos gigantes de la fe no sean solo objeto de estudio, sino maestros y guías espirituales. Recomendado para seminaristas, estudiantes de teología, historiadores y cualquier cristiano que desee profundizar en las raíces de su fe.

Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

Principio de un liderazgo pastoral: humildad

mug-mr-taza3Mis queridos amigos, nuevamente nos volvemos a encontrar por estos lares, han pasado unos días tremendos, aparte del frio que esta haciendo, que hemos llegado casi a los 0 grados centígrados o sea uno 33 grados Farenheit, y encima soy friolento, por lo que vengo pasado terrible, al salir por la mañana a dejar a mi hijo al colegio a eso de las 7:00 am, los dos encontramos el carro cubierto de hielo y tenemos que hecharle agua a manguerasos para poder sacarle todo el hielo y poder subir e irlo a dejar al colegio, sale sol, pero seguimos teniendo frio, por lo menos un tiempo más, ya ni el Starbucks nos calienta, encima que salir de casa por un café como que lo pienso dos veces, pero bueno por un capuchino, un tiramizu y un nan, pues a sufrir un poco y regresamos para seguir escribiendo o irnos al trabajo. En fin mis queridos amigos, seguimos aquí.

Vamos a darle una miradita a 1 Pedro 5:1-3, aquí expresa los principios fundamentales de un liderazgo pastoral; sed humildes y haced la obra de apacentar el rebaño, Juan el Bautista y Pablo fueron dos buenos ejemplos de humildad en el Nuevo Testamento. Las claves para Biblia 33ser humilde incluyen confianza en el poder de Dios, compromiso con la verdad de Dios, una comisión por la voluntad de Dios, una coacción por la omnisciencia de Dios y una pasión que consume por la gloria de Dios. El objetivo primordial de un pastor es alimentar. Además de esto, un pastor debe vigilar el rebaño y proveerles una vida ejemplar a la que puedan mirar. No puede hacer su trabajo con un espíritu indispuesto, tampoco puede hacerlo por ganancias monetarias. Más aún, debe obedecer los mandatos de las Escrituras a ser fiel a la verdad bíblica, intrépido en exponer y refutar el error, ejemplar en piedad, diligente en el ministerio y estar dispuesto a sufrir en su servicio.

Hoy mis amigos, usted entra a una libreria cristiana y encuentra libros por cientos sobre liderazgo, desde «Sea positivo», «Saque adelante el líder que hay en usted» «Manual del perfecto pastor» y un sin número de títulos al cual más comercializable, lógicamnete dentro de todas esa maraña de títulos y autores, hay algunos que verdaderamente sirven de ayuda al líder o pastor, pero usted podría pasarse años enteros absorbiéndo tanta información y no le digo nada de lo que puede encontrar en Internet, que le quedaría muy poco tiempo para el ministerio real, para lo cual lo llamó Dios. Entonces a medida que pasa el tiempo, algunos pastores tratan de ir a seminarios, formar grupos de estudios del método cual o tal, de ver el iglecrecimiento, correr tras la última moda y llenarse de cassettes, videos, de tal o cual pastor o evangelista para ver si de esa manera puede aprender a hacer la obra que Dios le encomendo, inclusive viajamos a tal o cual ciudad e inclusive a tal país en busca de unción, de métodos entre los cuales honestamente (recuerdelo) podamos hacer la obra de Dios, igualmente y parodiando, si la iglesia tal presentó un millonario-dinerocongreso de «cualquier cosa» corremos, compramos el método y lo tratamos de repetirlo en nuestras congregaciones, si aparece el libro unjido de algún iluminado, lo enseñamos para que cambie la vida de nuestros feligreces y así un día tras otro buscamos algo para tener entretenida a nuestra congregación, intentando hacerla crecer en número y creyendo que hacemos la voluntad de Dios.

Pero sabe mi hermano, la pregunta debe de ser: ¿Cómo puede un pastor escudriñar dentro de este mar de infomación y luego poder discernir lo que verdaderamente es importante en el ministerio? ¿Se podría resumir lo que un pastor debe ser y hacer en unos cuántos principios básicos? Y es que a medida que avanzamos en este mundo globalizado, intentamos buscar lo último en tecnología o conocimiento para tratar de hacer la obra de Dios, sin darnos cuenta de que debemos volver al principio, si usted es un asiduo lector de la Biblia se abra dado cuenta de que Pedro, no leyó libros, ni tenía internet, no asistió ni al seminario del último ungido del Jordán, ni tenía su iPod con las últimas predicas del ungido del valle, Pedro, sabe mi hermano entendio en dos sencillas palabras todo sobre el pastorado: «sé humilde y haz la obra de apacentar el rebaño», para ello busque en su Biblia 1 Pedro 5:1-3, o mejor leamoslo juntos para que usted me crea que está escrito y lo que está escrito, escrito está. «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos,… Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorio sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey».

Aquí mi amigo está el meollo del asunto y la respuesta a nuestras interrogantes: Pedro era himilde y de allí debemos aprender, de la forma en que los hombres tomen el pastorado y ahuellas las personas que Dios ponga en nuestras congregaciones. Lo que Dios requiere para poder dirigir su rebaño son pastores humildes, y no como usted puede ver hoy a hombres que se enseñorean de la grey y que están por intereses personales por ego y ganancias deshonestas, por ello mi amigo un pastor debe de ser un hombre humilde, aunque eso se ha venido perdiendo poco a poco en los últimos tiempos. Mire a los alrededores, lea algunos diarios, mire los noticieros, e inclusive vea algo de las tarado novelas de la TV, la gente trabaja duro para ser famosa, popularidad, fama y fortuna, y sabe mi amigo o hermano, esto se ha introducido en la iglesia, ahora hay reuniones a la personalidad porque los pastores y líderes cristianos se esfuerzan por ser celebres, buscan ser reconocidos, admirados, y tratados como los representantes de Jesús, exigen hotles 5 estrellas, inclusive hasta la marca de agua que beben, y entregan su tarifa por entregar toda su unción en un servicio de sanidad, profesía, o alabanza, si usted viera los miles de dolares que cobran por dar un conciertos «dizque» para alabar a Dios, sino preguntése ¿porqué esos famosos, pastores, evangelistas o cantantes, jamás llegan a pequeñas congregaciones que verdaderamente alaban a Dios día a día?, primero porque no tendrían para pagar lo que piden y segundo porque no llegarían a vender ni media docena de CDs.

FAMILIA ORANDOPero sabe mi amigo, el verdadro hombre de Dios, busca en todo la aprobación de Dios, en vez de la adulación temporaria de todo el mundo, es así como la humildad se convierte en el punto central de referencia de cualquier siervo de Dios útil, cada lider o pastor debe recordar siempre «Somos siervos de Cristo, no señores sobre su heredad. Los ministros son para las iglesias y no las iglesias para los ministros. Cuida no exaltarte desmedidamente, para que no llegues a ser nada».

Mi amigo, lo dejo, creo que hablamos un poco, pero nos deja mucho para pensar, tiene usted todo el día y parte de la noche, ¿qué viene pastoreando, cómo, cuándo? es tiempo de pensarlo, sabe, hay buenos líderes, seguidores de la voluntad de Dios, pero hay también algunos equivocados que creyendo en doctrinas falsas se han desviado, pero pueden volver a su primer amor, pero hay otros que a sabiendas creen que el ministerio es para hacerse grandes porque «son hijos del rey» (pero del rey de vastos), estos ya tienen su pago, piénselo, usted líder, ya tiene su tarea, bendiciones y nos vemos pronto.

Conociendo a Jesús, ¿lo conocemos?

Mis amigos, conocidos y aquellos que siempre están por aquí, bienvenidos, nos volvemos a encontrar en un día importante, aunque para los pavos, no, porque aquí en USA celebramos el día del pavo: Thanskgiving, nosotros que somos caseros por naturaleza, pues la pasaremos aquí, nos compramos un pavo de 20 libras, una lucha a muerte para cocinarlo, hasta que mi esposa me dijo que había que matarlo primero, y bueno con razón no quería entrar al horno, bueno en fin empezamos el lunes pasado, descongelandolo, martes preparando su carne para que no este dura, ni seca, miercoles, condimentarlo con la receta secreta de mi madre, y  hoy a las 10:00 am lo metí al horno, esperando que para las 6 ya este a punto de pavo para meterle diente, vamos a cocinar las papas para el puré, luego la salsa del pavo con sus propios jugos y por último lo que queda de un panetón que compré ayer, chocolate y todos juntitos junto a la chimenea, planeando las navidades, aquí algunos se me enojan, ¿celebran la navidad los cristianos? y otra mil preguntas, a lo cual yo le digo, Jesús nació, en diciembre o en enero o en abril, pero lo importante es que nació, entonces si nació, mi amigo: celebraló, canta, grita, danza, Jesús, aquel que perdona los pecados del mundo ha nacido y vamos a celebrarlo, pero bueno, antes de empezar a trabajar en nuestro arbolito de Charlie Brown, y a empaquetar los regalos, volvamos a lo nuestro, sabe hace unos días para ser más exacto el domingo, nos predicaron sobre «Conociendo a Jesús», por el título me pareció interesante, y de eso vamos a hablar, por lo que acomodése, agarre su Biblia, preparese un café de pasada dele una mirada al horno para que el pavo no se le queme y empecemos, nada de mordidas al pavo, aún está crudo.

Bueno mis amigos, como les contaba, «Conociendo a Jesús» es un tema interesantísimo, si todos pudieramos conocerlo como él quiere que lo conozcan, otra sería la historia de la iglesia cristiana y de los cristianos que pululan por allí, me quede sentado, esperando un milagro, de que por primera vez hablemos de cosas serias, pero no paso nada extraordinario, queríamos conocer a Jesús para saber como orar y que todo lo que pidieramos al Padre nos sea dado, trabajo, liderazgo, salud, esposa o esposo, un carro, bueno o sea para que cumpla nuestros tres deseos, hasta recordaba la canción aquella de los tres deseos, (buena musica y muy alegre), o sea !NO! era el conocerlo porque es Dios, sino conocerlo para que biblicamente hablando, nos conceda todo lo que nuestro corazón desea.

Entonces mis queridos amigos (si me aquedan aún) hemos hablado anteriormente de la verdadera conversión, del aceptar y seguir verdaderamente a Jesús, pero seguimos haciendo cosas para las graderías, se pidio si alguien quería conocer a Jesús, que pasara al frente que orarían y Jesús se le revelaría, como si fuese un acto de magia, y el conejito en ¿dónde lo ponemos? o sea oramos y ya conoces a Jesús, pero como nadie pasó, ahora seguimos ¿quién quiere recibir al Señor? ¿quién quiere reavivar su relación con Cristo?, pasó una señora, y todos especialmente el predicador dijo !Ufffff! y oraron y todos contentos, pero seguimos en lo mismo, si yo oro por alguien, puede recibir el conocimiento o revelación, de ¿quién es Jesús?.

Pero mis amigos esto no es algo aislado que podríamos decir, «bueno fue está enseñanza y listo», no, hay congregaciones completas que quizás inconcientemente, quizás sin saberlo, dicen que la conversión a Cristo no implica ninguna clase de compromiso espiritual, total estoy sirviendo en la iglesia, por lo tanto soy cristiano, muchos enseñan (sino recuerde y compare) «soy cristiano y soy lo que la Biblia dice que soy, y tengo lo que la Biblia dice que tengo, por lo tanto si la Biblia promete salvación para todos aquellos que crean en hechos acerca de Cristo y presupone la vida eterna. no es necesario el arrepentimiento de los pecados, ni cambio de modo de vida, ni dedicación y ni siquiera el deseo de rendirse al señorío de Cristo. Yo lo declaro y lo visualizo.

Mi amigo, Jesús hizo esta seria advertencia: «No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán aquel día: Señor Señor ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no hechamos fuera demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas? Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido Apartaos de mi, hacedores de maldad» (Mateo 7:21-23). A todo esto yo quiero agregar una cuantas preguntas ¿Pero Señor en tu nombre, yo no ore por el trabajo de fulanita? ¿Señor yo no profetice sobre el matrimonio de la hermanita? ¿Pero yo les enseñé, Señor de que  pasando al frente te recibían? ¿Señor, yo les dije que todo lo que decía tu Biblia, de lo que serían, eso serían y les profetizaba? (aunque nunca lo obtuvieran), ¿Pero Señor yo les profetizaba que lo que decía la Biblia que tendrían, por eso oraba? ¿entonces, ¿qué pasó?, no nos cumpliste, y sabe ¿porqué?, porque queremos conocer a Jesús para saber ¿cómo?, podemos obtener todos los beneficios que la Biblia dice que son nuestros.

Si usted nuevamente vuelve a leer, debemos tener en cuenta lo siguiente, a quienes les estaba hablando no eran seguidores domingueros, ni siquiera asistian solamente a los estudios bíblicos de los jueves, no, eran dizque discípulos, hombres preparados por el propio Jesús que fueron enviados a predicar las buenas nuvbas, (busque en su Biblia) inclusive podríamos decir lideres de alguna congregación, y sabe ¿porqué? (está pegunta me persigue desde chiquito) ¿por qué?, porque multitudes que ahora calientan los bancos de las congregaciones, sea los domingos, y algunos días de semana, inclusive, son líderes o tienen algún ministerio y para ir mas lejos, hasta dirigen iglesias, mi amigo y hermano, están entre los rechazados, «Apartaos de mí hacedores de maldad» porque simplemente, no hacen la voluntad del Padre, simple, y ¿cuál es la voluntad?, esa es una pregunta a la que todos tenemos respuesta, y cada uno de nosotros nos justificamos, y buscamos argumentos bíblicos para hacerlo, buscamos la justificación de creer por haber repetido la oración, firmado el papel de membresía, haberse puesto de pie o pasado al frente, o inclusive haber según algunos hablado en lenguas, o haber tenido alguna experiencia, como caerse cuando oraron por uno, o ver estrellitas, inclusive tener un ministerio, en fin cualquier cosa que se nos puede ocurrir para hacer más creíble nuestra experiencia, sin darnos cuenta de que no es por vista, es por fe, ¿aún está allí?, bueno seguimos. Hacer la voluntad de Dios es hacer lo que viene escrito en la Biblia, ni mas ni menos, pero ojo, !TODO!, creemos que porque traemos nuestra ofrenda o diezmo, ya podemos pedir de todo, y hasta le debemos exigir a Dios que cumpla sus promesas y nos bendiga, no, sabe ¿porqué? porque si usted es un pequeño pecador, un tranza, un bigamo o bigama, si esta en pecado, inclusive si usted trae su dinero para que Dios se lo multiplique, ¿Dios tiene la obligación de bendecirlo?, ¿seguro?, mi amigo la Biblia no es un libro de versículos separados, es un todo, puede usted servir en un ministerio, pero si no esta haciendo la voluntad de Dios, olvidese del asunto, llegará a creer lo que usted quiera, pero jamás hará lo que Dios le ha dicho que haga. En pocas palabras estará haciendo su voluntad (la suya) pero jamás la voluntad de Dios, y yo creo que hay diferencia ¿usted no?.

Mire mi hermano, hoy, mañana y siempre la Biblia nos dice que debemos examinarnos a nosotros mismos para determinar si estamos en la fe (2 Corintios 13:5). Pedro escribió: «procurad aun con mayor empeño hacer firme vuestro llamamiento y elección» (2 Pedro 1:10), los que profesan ser cristianos y carecen por completo de frutos de verdadera justicia no encontrarán base bíblica para estar seguras de que son salvos (1 Juan 2:4).

La auténtica salvación no es sólo justificación. No puede separarse de la regeneración, la santificación y finalmente la glorificación. La salvación es un proceso continuo. Es la obra de Dios por la que nos va haciendo «conforme a la imagen de su Hijo» La seguridad surge de ver la obra transformadora del Espíritu Santo en la propia vida, no de aferrarse al recuerdo de una experiencia pasada, o vuelta a hacer el siguiente domingo, vez tras vez y que nuestra vida siga como siempre, allí si somos lo que nuestra Biblia dice que somos, «pecadores» camino al infierno.

Bueno amigos, nos vemos, voy a ver mi pavo, creo que ya esta, hare el pure y celebraremos todo en familia, pero primero no solo daré gracias a Dios por el perdón de mis pecados, sino entrare a mi lugar secreto y a solas con el creador, hare un recuento de mi vida una vez más y sé que me volvera a dar verguenza el haber pecado, y veré que cosas aún debo de cambiar, dejar y hacer para poder decir que estoy haciendo la voluntad de Dios, bendiciones, felices fiestas, disfruten del pavo, pero recuerden si siguen en sus propias concupiscencias, lo único que lograra es seguir por el camino ancho y ya sabe a donde llega. Bueno nos vemos, espero mañana, quizás les cuente algo más del domingo en mi congregación y de otra que me invitaron a llevar un estudio, hable sobre los que seguían a Jesús, le sorprendera, se lo aseguro, hay muchos como yo y como usted, dentro de ese grupo.

Empezando por el principio

Mis queridos amigos, volvemos a encontrarnos en este su blog, hoy vengo a empezar una serie de estudios que seguramente traeran cola, ¿la razón? es que dentro de un par de semanas en nuestra congregación tendremos una reunión para según cuentan los pastores, nos reuniremos todos los miembros, invitados y visitantes, para enterarnos de ¿cómo se encuentra la iglesia?, ¿hacía donde vamos?, ¿cuál es su situacion actual?, ya que se le cambio el nombre luego de la unión de dos congregaciones, luego ¿cuales son los planes para seguir caminando? y ¿qué es lo que se viene?, suena interesante, por ello, y para ello, es necesario tocar diferentes temas al respecto, por lo cual, y luego de un tiempo de silencio y oración es necesario saber, ¿qué es lo que dice Dios al respecto?, ¿qué es lo que dice la Biblia sobre la iglesia?, ¿cuál es el mandato de Dios para su iglesia?, y por último ¿cuáles son los pasos ordenados por Dios para que camine la iglesia, o mejor dicho SU iglesia? asi como ¿cuál es la volutad de Dios para cada uno de los miembros de la iglesia que dicen que es de Jesucriso?, por eso, mis queridos hermanos y amigos, necesitamos un par de manos para que juntas se pongan en oración para poder pedir al creador que ponga en el corazón de los pastores y líderes de la iglesia, su verdadera voluntad, que se encuentra en las Palabras escritas en nuestra Biblia, iluminarlos para que todos podamos verdaderamente hacer la voluntad del creador. Que les dé la sabiduría suficiente para poder separar lo bueno de lo malo, lo que es de Dios, de lo que es del hombre y poder caminar siguiendo los pasos de aquel que murió por cada uno de sus discípulos.

Pero para empezar como siempre le digo, corra por su Biblia, una buena silla y una mesa en donde poder ponerse a escudrinar la Palabra de Dios, un Starbucks para que no se nos duerma y empecemos, sabe mi querido amigo, todo, absolutamente todo debe empezar por la oración, Lloyd escribio: «La oración es sin lugar a dudas la actividad suprema del alma del ser humano. El hombre llega a lo máximo cuando de rodillas se encuentra frente a frente con Dios». El único problema hoy en día es que nos han enseñado de que la oración es para ponerse en contacto con Dios y que después de hacer un acto de constricción, o sea reconocer que somos pecadores arrepentidos, como si pudieramos engañar a Dios, para luego entregarle, declararle, contarle hasta tres de que tenemos una lista de pedidos y que esperamos prontito que nos la cumpla, ya no es un tiempo de relación sino como en las huelgas, es una lista de reclamos, que está Dios obligado a cumplirnos, porque desde los pulpitos nos dijerón que Dios nos ama y que viene dispuesto a darnos lo que nuestro corazón desea. (Recuerdo a una dizque pastora que dijó: oraremos persistentemente hasta que Dios nos dé lo que le estamos pidiendo» o sea es si o si, aquí no entra a discusión la voluntad de Dios, oramos para que nos haga el milagro y punto, tremendos pastores de que junto a diez y no hago uno, que no se dan cuenta de quién es Dios, ya no oramos para que la voluntad de Dios se haga realidad en nuestras vidas, sino le ordenamos lo que tiene que hacer, perdónanos Señor, pero espero poder contarme entre aquellos que luchamos por buscarte y encontrarte). Ya se acerca navidad y aparece papa Noel, en donde como niños caprichosos le damos nuestra lista y de que si no nos la cumple, hacemos nuestro berrinche y nos vamos de la iglesia, y Dios debe cumplir hasta nuestro más mínimo deseo por temor a que nos vayamos, amigos, Dios es Dios y nosotros criaturas de su creación y que el seguirlo significa convertirnos en esclavos, siervos sin derecho a nada, solamente debemos de hacer su voluntad.

Oswald Sanders escribio tambien: «No hay ejercicio personal que sea tal mezcla de complejidad y simpleza. Es la forma mas sencilla de hablar que los labios de un bebe pueden emitir, pero es el esfuerzo mas sublime que llega al Majestuoso en los cielos. Es la exclamación de un momento y la actitud de toda una vida. Es la expresión del resto de la fe y de la lucha de la misma fe. Es una agonía y un extásis. Es sumiso y sin embargo insistente. En un momento se aferra a Dios y ata al diablo. Se puede enfocar en un solo objetivo y puede deambular por todo el mundo. Puede ser una vil confesión y una absorta adoración. Inviste al hombre insignificante con una especie de omnipotencia.

Mi amigo, muchos de los cristianos aún no sabemos nada de la oración aunque hemos vivido en las iglesias por décadas, seguimos creyendo de que es tan solo hablar con Dios para pedirle este o aquel milagro. Sin darnos cuenta de que la esencia de la oración es simplemente hablar con Dios como usted lo puede hacer con un amigo intimo, sin pretenciones ni ligerezas, sin decirle que es lo que tiene y debe de hacer para que usted este conteno. Por ello muchos creyentes tienen problemas con esta actitud hacia la oración. Debido a que la comunión con Dios es tan vital y la oración tan efectiva para el cumplimiento de plan de Dios (ojo el de Dios no el nuestro), el enemigo intenta constantemente introducir errores en nuestro entendimiento y compromiso con la oración (por ello vemos hoy de que la mayoria de oraciones esta destinada a que Dios cumpla nuestros mas mínimos deseos, de que nos de trabajo, casa, dinero, propiedades, esposa o esposo, hijos dignos de ser imitados, sin darnos cuenta de que nos venimos equivocando en nuestra manera de pedir porque pedimos mal, tan solo para nuestros deleites). Cada generación se enfrenta a la necesidad de volver a dar prioridad y purificar una percepción corrupta o confusa de la oración. Para muchos, la oración ha sido reemplazada por simplemente una acción, ¿usted no se ha dado cuenta de que la oración por los alimentos se ha convertido en algo repetitivo muchas veces, sin entender verdaderamente la razón por la cual oramos y damos gracias?. La función anula la comunión con Dios; los ajetreos desplazan la comunicación. Para otros, la oración carece de admiración y respeto. Sus esfuerzos son superficiales, irrespetuosos e irreverentes. Luego estan aquellos (le suena familiar) que creen que la oración se diseño para exigir y reclamar a Dios. Ellos intentan forzarlo a que haga lo que creen que el deberia de hacer por ellos (recuerde: ¿qué oró? hace unos momentos o el domingo o miercoles en la congregación?). Finalmente para otros la oración no es nada mas que un rito.

Usted puede que considere a la oración con el mayor respeto, pero se da cuenta de que su propia práctica carece de proposito y vitalidad, asi que no pasa tiempo con Dios como sabe que deberia de hacerlo. Aunque hay muchas razones por las cuales los cristianos batallan con la oración, mire lo que dice Martyn Lloyd-Jones: «Es la actividad más sublime del alma humana, y por lo tanto es al mismo tiempo la prueba maxima de la verdadera condición espiriual del hombre. No hay nada que diga tanto la verdad sobre nosotros como cristianos que nuestra vida de oración. En ultima instancia, por lo tanto, el hombre descubre la condición real de su vida espiritual cuando se examina en privado, cuando esta a solas con Dios. Y no sabemos todos lo que es descubrir que, de algún modo, tenemos menos que decirle a Dios cuando estamos solos que cuando estamos en la presencia de los demas?. No debería ser asi; pero lo es a menudo. Asi que cuando dejamos la esfera de las actividades y tratos externos con otras personas, y estamos a solas con Dios, es que realmente sabemos donde nos encontramos en el sentido espiritual». Ahora viene la pregunta por el millón: ¿Cuándo fue la última vez, en la que verdaderamente estubimos a solas con Dios, escuchándolo? No el estar diciendole lo que queremos escuchar, ni estar creyendo esa frase celebre que utilizamos tanto: «Dios me dijo», sino el estar sentado a sus pies, buscando su presencia.

Ahora mi amigo, por el momento aqui nos quedamos, si usted quiere verdaderamente saber orar y tener una relación con el Señor, le ruego que preste oídos al Padrenuestro, seguiremos escudriñando las Escrituras para que cuando hablemos sobre el futuro de la iglesia de Jesucristo en nuestra congregación podamos juntos dirigirnos al Padre con las palabras correctas, con la relación exacta y en una estrecha unidad para poder entender su voluntad y saber la verdadera direccion que debe de tomar su iglesia, volvemos en unos momentos  y estudiaremos un poco más, porque si no hay relación no puede existir entendimiento y si no hay entendimiento de la voluntad de Dios para nosotros, pues simplemente no podemos llamarnos sus discipulos.

Bendiciones y regresamos más rápido de lo que usted se demora en su oración.