Y la muerte me tiene ganas – Recuperación (Parte 2)

Recuperación, verdades a medias y una mochila para el otro barrio

Me ordenaron vestirme. Recogí mis cosas. Yo, que ya lo tenía todo ordenadito, cargadores conectados, el iPad con batería, y estaba por ver el partido de fútbol… ¡no! Me dijeron que no me quedaba. Que me iba a casa. Por ahora.

Salí como entré, salvo por unas cajas de medicinas. Luego tuve que pasar por otra farmacia para que me prepararan otras. Y de allí, directo a la iglesia. Había que ponerme a cuentas… por si en el camino el pantalón me quedaba corto al estirar la pata.

Hice testamento. Dejé encargado a mi perro. Acomodé mis shorts. Mi patita de conejo. Un peluche todo viejo de Snoopy. Incluso pensé: ¿quién querrá lavar mi ropa para que me la pongan en la mochila si me voy? No sé si en el otro barrio hace frío o calor… así que llevo ropa para ambos climas.

Me encontré con mi yoyo, mi bolero, un par de rompecabezas de 5000 piezas que nunca pude armar. Pensé: ahora sí tendré tiempo. Guardé todo, y un helado para el camino. Mochila lista, y me fui rumbo a la church.

Solo le conté a una persona. Y a nadie más. Porque después empiezan con los encargos:
—¿Le puedes llevar esto a mi tía?
—¿Y esto a mi abuelita?

Y terminas con una maleta llena, como si fueras delivery celestial. Y si no quieres, se enojan, te quitan el habla… y hasta te bloquean en Facebook. Como si en el otro barrio uno tuviera tiempo para andar entregando encargos. No hay Uber espiritual, señores.

Pero bueno… estamos en recuperación. Aunque eso significa que el vecino se llevó mi mesa y ahora tengo que recuperarla (larga historia). Y ahora vienen las órdenes: comer verduras, tomar agua, menos carne, más vegetales, nada de azúcar, ejercicio. A estos extremos… ¡estar vivo va a ser más difícil que estar muerto!

Menos mal que tengo a Kiba, mi perro. Él sí me va a extrañar.

Al final, ya en la noche —tipo diez— me senté en mi carro. Tenía 32 pastillas. Un vasito de agua. Me las tomé. Una por una. Me di una buena movida para que se disuelvan. Y pensé:
¿Y si me tomo todos los frascos de un tirón… me sano más rápido?

No pude. Eran demasiadas.
Y la última, la más amarga, la pasé con un sorbo de resignación.

Luego salí caminando. Fui por mi Starbucks, mi croissant, mi iPod, mi cámara, un cuaderno, un lapicero. Me senté como al principio. Entré al cuarto más chico del Starbucks… y me puse a silbar la misma canción que alguna vez te dediqué.

  • Epilogo: Esta historia fue real. Aunque contada con humor.

A veces, cuando uno está más cerca del silencio, es cuando más escucha su propia voz.

Gracias por leer. Si alguna vez pasaste por algo parecido, o simplemente quieres compartir una risa nerviosa conmigo, te leo en los comentarios.

Conversando con una Taza de Cafe.
– Vick-yoopino.

Silencio, el camino ya lo he empezado

Me senté, en el mismo Starbucks de siempre, y me quedé a esperarte.

No llegaste.

Pedí el cappuccino de cada día.

Se llegó a enfriar de tanto mirar por la ventana,

en una tarde-noche que llovía.



Imprimí pasos a mi camino
 y recorrí la senda que lleva a tu ventana,
 ocupada por la luz del camino que olvidaste,
 recordada por momentos que tú, aún hoy,
 prefieres olvidar.



Pasan las horas.
 Y de regreso miro la luna,
 esa que revela cuerpos,
 que enseña figuras aún escondidas, 
aún indefinidas, con caras conocidas 
en medio de la oscuridad.



Palabras escritas y dichas en medio de secretos,
 queriendo tapar voces y miradas,
 ocultas por el silencio,
 como las estatuas de gárgolas
 que miran sin ver
 y escuchan sin oír.



Sin entender que las paredes hablan
 y el viento observa,
 con siluetas hechas una,
 de dos que se abrazan, 
formadas por la luz de una farola
 en aquella esquina.



Paso de largo.
 Olvido el recuerdo.
 Entierro las penas.
 Sigo mi sendero.



Silencio: que llega la noche.

Silencio: que vamos de ida.



Truenos en el cielo que destapan verdades.
 Caminos de ida, sin retorno aparente.
 Tiempo de retiros.



Los sonidos de tambores apagan la guerra.
 Vuelan las hojas de flores marchitas,
 hojas de otoño que suenan en el suelo,
 al ser pisoteadas por pies de aquella
 que llamaba princesa,
 que esconde su caminar en la tarde,
 su correr en la noche,
 como vuelo de paloma que se dirige al cielo…
o a aquel lugar en donde mirar atrás
 sea solo un recuerdo.



Porque mirar,
 es quizás simplemente levantar los ojos
 que ya moviste de lugar.
 Que ya no miran los míos.



Por ello, el silencio.
 El camino es simplemente volver
a donde me encontraste.
 Sin saber reír.
 Solamente vivir.



Silencio.

El camino ya lo he empezado, 
intentando regresar en el tiempo.

Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino.

Esto no es una clase

Hay algo que me gusta dejar en claro desde el principio:
Esto no es una clase.
No es una disertación.
Es una conversación entre amigos.

No vengo con verdades absolutas ni respuestas cerradas.
Vengo con una taza de café en la mano, con ideas, preguntas, textos, experiencias… y sobre todo, con ganas de compartir.

Aquí no se trata de enseñar.
Se trata de conversar.
De pensar juntos.
De buscar.

Cada entrada, cada serie, cada historia que comparto nace de una inquietud real.
Una duda, una lectura, una vivencia.
Y no siempre tengo la respuesta. A veces ni siquiera tengo la pregunta bien formulada. Pero avanzo. Y en ese andar, sé que no estoy solo.

Por eso este espacio existe.

Porque sé que al otro lado hay alguien como tú, que quizás también se ha preguntado lo mismo.
Que ha tenido dudas, que ha creído y ha dejado de creer, que ha vuelto a empezar.
Alguien que no quiere fórmulas, sino una conversación honesta.

Te invito a dejar tus ideas en los comentarios.
Tus experiencias.
Tus preguntas.

Este blog no busca cerrar temas.
Busca abrirlos.
Porque hay algo que he aprendido con los años:
a veces, entre todos, damos un paso más hacia la verdad.

Y si no llegamos a ella, al menos sabremos que lo intentamos con honestidad.
Con respeto.
Y con una taza de café en la mano.

Nos seguimos leyendo.
Nos seguimos escuchando.
Y sobre todo, seguimos conversando.

Vick-yoopino

Crónicas de un bloguero invisible (antes del retorno)

Durante años escribí, grabé, edité, compartí… como si alguien estuviera allí.
Publicaba 200 posts, con cientos de fotos de eventos.
Subía 70 videos.
Ponía todo mi empeño, como un náufrago lanzando botellas al mar digital.

¿Resultado?
10 likes. 120 vistas.
Y silencio. Mucho silencio.

Mientras tanto, alguien subía dos videos y alcanzaba 500 likes y 10,000 vistas.
No es envidia.
Bueno, sí un poco. Pero sobre todo, frustración.

Y aun así, seguí.
Con esta cara (ver foto)…
Escribiendo como un ermitaño moderno, esperando que algún día… alguien leyera.

Hoy las cosas están cambiando. Estoy regresando. Y esta vez, espero que no sea para seguir siendo invisible.
Porque lo que tengo que contar… merece ser escuchado.
Y si tú estás leyendo esto: gracias. Ya no soy del todo invisible.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.

Aquí toy: Regreso a MiVivencia.com después de tres años.

Julio de 2021. Ese fue mi último post. Lo recuerdo como se recuerda una despedida sin despedida: sin saber que era la última vez que escribiría aquí… hasta hoy.

Y es que uno no se despide de un lugar como este, aunque lo abandone. Un blog es como una habitación cerrada con las ventanas abiertas: siempre vuelve el polvo, pero también la luz. MiVivenci.com nació en mayo del 2010, cuando todavía creía que escribir era un acto solitario. Hoy, después de todo lo vivido, sé que escribir es también un acto de regreso.

Intenté entrar estos días, y como suele ocurrir con las viejas casas digitales, el WordPress se puso rebelde. Me bloqueó, me ignoró, me puso a prueba. Pero aquí toy. Volví. Más terco que antes y con muchas historias que no me caben en los videos que hago, ni en los mensajes que dejo sueltos en redes. Este espacio merece algo más íntimo. Más directo. Más mío.

Desde el último post han pasado tres años… y treinta vidas. Cambié de país, cambié de casa, volví a convivir con el pasado (literalmente), y de pronto todo se llenó de series, cámaras, guiones, demonios, cristianos, brujas, cafés y preguntas sin respuestas.

Así que este no es solo un regreso. Es una declaración. MiVivencia.com está de vuelta. Y ahora sí, con ganas, con ritmo y con todo lo que no se puede decir en voz alta… pero se puede escribir.

Si alguna vez leíste algo aquí, gracias. Si es tu primera vez, bienvenido. No prometo orden ni frecuencia, pero sí historias reales, absurdas, inquietantes y a veces incómodamente verdaderas.

Porque eso somos, al fin y al cabo: una suma de vivencias. Y aquí toy, otra vez.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.

Y la muerte me tiene ganas – El diagnóstico (Parte1)

El diagnóstico que llego silvando.

Una historia real entre la sala de emergencias, el absurdo y la risa nerviosa.

Bueno, les voy a contar una historia verídica. Los nombres han sido cambiados, porque de lo contrario me van a pedir derechos de imagen, y como que si con las justas me alcanza para un té de manzanilla… imagínense tener que pagar por nombrarlos. Pero empecemos.

Era uno de esos días en que, desde que uno se levanta, todo sale chueco. No encuentras los calcetines, y el único que aparece tiene un hueco del tamaño de un huevo en el talón. Pero bueno, medio que uno disimula con un pantalón largo y nadie lo nota.

Después, te das cuenta de que olvidaste cargar la cámara, pero igual te paseas media hora con ella al hombro, para que nadie diga que no la usas. Te tomas tu agüita en dedal, para que vean que eres saludable, y luego pasas por tu Coca-Cola, para que la tienda no quiebre.

El día pintaba caluroso, así que me puse mi polito, desafiando ese mal moderno de sudar la gota gorda… que en mi caso es una gota flaca, porque para engordar tampoco me da.

Pasé la tarde en un evento de panderos. Viendo lo visto, parecía más una actuación de un drama donde todo el monte era orégano, hasta que vinieron las espinas y, sin saber cómo, terminamos en tragedia. Luego, ya entrada la noche, fuimos a cenar al Denny’s. Quizás fue eso. Cené allí el viernes, y para gustos, repetí el sábado. Éramos varios amigos, disfrutando de un buen steak y mucha conversación.

A eso de la medianoche, antes de que saliera la Llorona a reclamarme por no ser su hijo —porque ya con las panderistas tenía suficiente— nos despedimos. Como había tomado agua como camello, pasé al baño. Lugar pequeño, donde no sé por qué, pero la gente o silba o canta. No voy a decir qué silbaba, porque me excomulgan.

Y ahí… empezó lo raro.

La tarde se me empezó a vestir de rojo. Dije: ¡Ay mamá! Aquí la cosa no pinta bien. El color no bajaba, al contrario, subía hasta llegar a un bermellón que ya lo hubiese querido Dalí para su Tauromaquia. Pensé: o muero en casa, o me voy al hospital.

Entonces hice lo básico: darle de comer a mi perro, limpiar mi cuarto por si deben sacar ropa, ordenar mis libros, esconder el dinero para que no lo encuentren, y meter lo necesario en mi mochila porque esto iba para largo. Antes de que me saquen de cuerpo entero, escondí mi chanchito dentro de la ropa sucia (allí nadie busca, aviso). Ya lo saqué, ahora está detrás del televisor, y nadie lo va a encontrar.

Guardé lo más importante: mi cámara, un trípode chico y otro grande —uno nunca sabe si en el otro barrio hay que seguir grabando—, mis cargadores, el reloj, el teléfono, el iPad, el iPod para matar el aburrimiento, cuadernos, lapiceros, dos calzoncillos y mi patita de conejo para la buena suerte. Y raudo, me fui al hospital.

Llegué a emergencia. Estaba vacío. Pensé: ¿o todos ya se fueron con el Señor o aquí hay fiesta y no dejaron encargado a nadie? Pero no, simplemente no había nadie.

Me atendieron rápido en recepción. Era la 1:00 am. Dije: “¡Qué rápido!” …pero después pasé a la sala de espera.

Y esperé.

Las 3:00… nada.
Las 4:00… nada.
Las 5:00… me llamaron para pesarme, sacarme sangre, orina, 20 dólares —porque había que hacer la coperacha para el café de la mañana— y si que me sacaron sangre. Pensé: ¿Drácula está de visita? Porque con lo que me sacaron, vino hasta con su familia.

Otra vez a esperar. Me preguntaron: ¿qué le duele? ¿dónde? ¿desde cuándo? ¿cómo fue? ¿y qué comió? ¿y estaba bueno? Y nos pusimos a conversar sobre qué Denny’s era mejor. Me enseñaron fotos de sus hijos, yo les mostré la de mi perro, y me mandaron de nuevo por un tubo a la sala de espera.

A las 9:00 me preguntan: ¿esa señora viene con usted?

Yo: “Ni la conozco.”
—Ah, porque pidió ADN por si el que va a never es suyo…
Otro grito: “¡Rayos!”
Yo, con cara de idiota: ¿Dónde? ¿Qué rayos?
No, que vas a pasar por rayos X y un scan.
(El “scan” resultó ser un scanner Epson… para escanear mi ID).

Luego, más preguntas. Como la enfermera cambió de turno, la nueva (que ya tenía sus años) me volvió a hacer TODO el interrogatorio. Casi me pide el carnet de Boy Scout.

Más preguntas. Más dudas. Más sueño. Más hambre.
Quisieron sacarme más sangre. Les dije que ya la Llorona me había quitado todo, y que lo único que iban a encontrar ahora era café.

Recién llegó la doctora. Hasta ese momento, solo enfermeras y practicantes, y vaya que practicaron.

Le conté mi historia, saqué la lengua, respiré profundo, dije “33”, exhalé, cerré un ojo, no respiré. Me dejó así un rato largo, hasta que me puse morado. Luego dijo: “Ya puede respirar.”

Y luego me dio el veredicto:

—Usted no tiene nada. Ya puede regresar a su trabajo.
—¿Perdón?
—¿Le duele?
—Solo cuando me río.
—Ah, entonces no es nada.
—¿Y la sangre?
—Nah… cambio de aceite.
—¿No serán los riñones?
(se ríe) —Búsquelos en casa, porque en la radiografía no los encontramos.

Allí sí me molesté. Le dije: “¡Yo creo que se los agarraron aquí, junto con mi billetera!”

Me dijo:
—Todo le funciona.

Silencio sepulcral. Se escuchaba el viento. Pero al 50%.
Dije: “Mejor, estoy ahorrando energía. Si funcionara al 100% ya estaría muerto.”
Se rió.
—¿Usted es profeta?
—De cuando en cuando.
—Pues ahora yo creo que le atinó.

Yo ya no sabía si echar a correr o llorar. Pero lo primero no pude, porque se dieron cuenta de que me quería ir sin pagar. Me amarraron a la cama y me pusieron el termómetro en la boca. Y me advirtieron:
—Si te mueves… te lo ponemos…
Me asustaron.
…en la axila.

Ya tranquilo, me dieron pastillas como para empedrar mi patio. Una tras otra, con agua y movimiento. Me dijeron: “En una semana con su médico.”
—No tengo.
—No se preocupe, no creo que lo necesite. Si llega al jueves, siéntase suertudo.

Eso me consoló.

Me dijo que tenía esto, aquello, y lo otro también. Lo único que no tenía… era cabello. Lo demás, todo ok.

Luego llegó la que cobraba. Me hizo firmar tantos papeles que hasta uno decía “certificado de defunción”.

—¿Y esto?
—Una formalidad. Después se mueren y no hay cómo hacerlos firmar.

Me tranquilizó.
Pero luego me mostró la factura… y me quitó el habla. Con eso parecía que iban a construir otra ala en el hospital.

—No se preocupe —dijo— esto es solo para darle el alta. Ya el bill definitivo se lo enviaremos a su casa. (continuará).

Esta historia en su primera parte fue real. Aunque contada con humor.

A veces, cuando uno esta más cerca del silencio, es cuando más escucha su propia voz.

Gracias por leer. Si alguna vez pasaste algo parecido, o simplemente quieres compartir una risa nerviosa conmigo, te leo en los comentarios.

—Conversando con una Taza de Cafe.
Vick-yoopino

El Retorno

Anoche, sentado en una mesa con un café en la mano, bajo la penumbra de una luz tenue, me mire al espejo.
Me ví
Cansado.
Con la nieve en las sienes y preguntas en los ojos.
Como esa vieja acción: ojeroso, cansado y sin ilusiones.

Y pregunte en voz baja:
-¿Vale la pena tanto esfuerzo? ¿Tanto trabajo?

Al principio solo respondió el silencio.
Pero no era un silencio vacío.
Era un silencio que conoce todos mis cuadernos, mis madrugadas, mis historias, hasta aquellos secretos que se guardan celosamente.
Un silencio que susurro:
«Aquí estamos. Siempre estuvimos. Ahora lo ves.»

En esa soledad tibia, entre el vapor del café y el reflejo que me observaba, escuche algo más:
«No importa cuan largo sea el camino, si la compañía es verdadera. Aquí seguimos, con una taza de café en la mano, y la historia latiendo en silencio.»

-¿Y si ordeno mis ideas, mis vivencias, mis secretos?
-pregunté-
¿Serían dignos de escribirse?
¿Alguien querría verlos?
¿Leerlos?

El silencio respondió sin palabras, como un viejo amigo que no necesita explicarse:
«A veces uno camina lejos, cruza silencios, calla gritos, quema tulipanes… y llega a donde jamás pensó que llegaría. Y aunque las manos estén vacías, el alma recuerda por quién se atrevió a andar.»

Tomé otro sorbo de café.
Volví a preguntar:
-¿Me acompañas, partner? ¿Hasta el final… o aunque sea hasta hacer tamales?

Y el reflejo, ese viejo cómplice que también soy yo, respondió:
«Te acompaño. Siempre te he acompañado.
¿Quieres que sigamos?

Y seguimos.

Los guiones volaron
La miniaturas se generaron.
Las series crecieron.
Mas de seis proyectos. Mas de setenta videos por grabar.
Y otras cinco historias en camino.

Volví a mirar al espejo.
Quise preguntar:
«Espejito espejito…»
Pero no lo hice.
Solo sonreí.
Me levanté.

Lo curioso es que mi reflejo no se movió.
Siguió allí. Sentado.
Solo esbozó una leve sonrisa.

Hoy escribo este texto porque he vuelto.
He vuelto a este blog. A este rincón.
A este lugar donde las palabras no se gritan, se conversan.
Donde una taza de café puede ser mas profunda que una conferencia.
Donde el silencio también escribe.

Desde aquí seguiremos compartiendo historias.
Las de las series.
Las de mi madre.
Las de la historia cristiana.
Las de la ciudad.
Las de mis secretos.
Y también las mías. Las tuyas. Las de cualquiera que aún cree que vale la pena escribir.

Porque detenerse es para cobardes.
Y eso es algo que nunca aprendí de mi padre.

Gracias por volver.
Gracias por leer.
Gracias por estar.

Nos seguimos encontrando,
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino

Conversando con una taza de Cafe – Preparándonos para la cosecha

Hoy comapartiremos un video sobre «La Parábola del Sembrador» le invito a verla, tomamos aqui desde otro punto de vista esta parábola, Lucas 8:5, porque usted mi amigo, durante este tiempo de pandemia, ¿qué hizo?, ¿se preparó?, que sucedio en este casi año y medio de pandemia.

Bueno queridos amigos, es tiempo de preguntarnos ¿qué hicimos? ¿qué haremos, de hoy en más? se lo dejo de tarea. Nos vemos pronto.

Preparándonos para la cosecha

La Parábola del sembrador

Bueno queridos amigos, empezamos a partir de la fecha una serie de escritos, referente a interrogantes que nos hacemos y que entre conversaciones, amistades, hermanos, hemos tenido una serie de respuestas y en algunos casos, mas preguntas, por lo que empecemos con nuestra primera conversación. Por lo que tome su Biblia, y trataremos de que tengamos un buen tiempo, y sobre todo intentaremos todos aprender de nuestras propias preguntas.

Hablaremos esta tarde sobre “La Parábola del sembrador” pero la vamos a ver es de otro punto de vista, tome su Biblia y demos una lectura Lucas 8:5; «El sembrador salíó a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron»…. Mucho se a hablado sobre la segunda parte sobre la semilla y del proceso de que paso la semilla, pero esta vez queremos hablar sobre el sembrador.

Un día el Señor de la mies, abre la puerta porque ya se acabo la pandemia, y que sucede, le voy a hacer pensar, se abre la puerta y sale un Victor cualquiera, con su cafe en la mano y en la otra su croissant y dice “ y ¿qué tal? ¿Vamos por otro cafe?, y el Señor de la mies lo mira y en eso se abre la puerta del vecino, este caballero, botas, sombrero contra el sol, una barreta para hacer huecos en la tierra, aparte de una bolsa con semillas y un bidón de agua, ambos hermanos han pasado la pandemia, ya se acabo la cuarentena y deben salir a sembrar.

Pero podemos ver a un Victor, que aparte de haber perdido el trabajo y vivir del desempleo, paraba con su cafe, su croissant y viendo Netflix, pero su vecino hizo algo totalmente diferente, se empezó a preparar, y estar listo, con todo lo necesario para plantar la semilla, o sea escudriño la Palabra De Dios, estuvo en oración, preocupado por aquellos que en estos tiempos difíciles, estaban pasándola mal y daba una mano para ayudar, con apoyo moral y con comida, con visitas, con buscar a todos aquellos que alrededor suyo están. En pocas palabras, se preocupó por aquellos que en tiempos de necesidad, estaban pasando por serios problemas, Puede verse en ese grupo, pero ¿cuál de los dos?

En eso nuestro vecino mira al Señor de la mies y este le indica que debe ir a sembrar, y empieza, expandiendo la semilla en todo el campo indicado, regresa y aun tiene semilla, aun tiene agua para regar, y el Señor de la mies, le entrega también el campo que estaba destinado para Victor, recordara la parábo la de los talentos y al pasar delante de Victor, se le cae unas cuantas semillas y sigue su camino, luego de lo cual, empieza a cuidar los campos en donde sembró, y hasta la semilla que cayo a los pies de Victor comienza a germinar, nuestro vecino, cuida sus campos, agua, lucha contra las bacterias, contra el zancudo y los gusanos, desea ayudar a Victor para que no pierda las cuatro o cinco ramitas que tiene, pero Victor en su egoísmo no deja que toquen nada, y se encierra como aquellos pastores que no quieren que sus discípulos se junten con otros que son su cuerpo de Cristo y poco a poco los dos campos lucen sus flores y su fruto y nuestro amigo empieza a cosechar. Pero el de Victor crecio raquitico, sin flores y parte se perdio.

Que significa todo esto, bueno durante año y medio Victor no hizo nada y como él, muchos hermanos que hasta son maestros, lideres y pastores, que debieron prepararse para que al acabar la pandemia, salir a los campos para entregar la semilla que es la Palabra De Dios, pero no, simplemente se quedaron en sus casas, y muchos gritamos que se cerraron los templos pero se abrió una iglesia en cada hogar, pero muchos fueron como Victor, su única preocupación fue vivir, sobrevivir y de la mejor manera posible, los servicios de oración desaparecieron, las reuniones se convirtieron en minutos de leer la Biblia, y la preocupación por esa palabra de «amaos los unos a los otros», se convirtió en simplemente un saludo a la bandera que no produce nada, en todo este tiempo, muchos hermanos y hermanas, jamas fueron ni visitados para saber si estaban bien, mucho menos para saber si pasaban o no por necesidad, muchos simplemente hasta en el desempleo se les pedía su diezmo y ofrenda.

close up of christian group are reading and study bible together in Sunday school class room

Que nos a pasado, y estamos volviendo a los templos, pero los servicios siguen minimizados, recuerdo que antes el promedio era dos horas, alabanza, oración por la ofrenda y predica, ahora pasados los 40 minutos ya vamos de salida, y mas preocupados estamos en los diezmos, y como escucho siempre “Dios ama al dador alegre” pero si no das el diezmo no puedes ser miembro de la Iglesia, parece que es mas fácil que tu nombre este escrito en el libro de la vida eterna, que ser miembro de alguna iglesia que se dice seguir a Jesucristo.

Pero no hemos discipulado hermanos en este año y medio, hemos estádo encerrados en casa, lo que significa que no hay mas personas que se hayan preparado para sembrar la semilla de la Palabra De Dios, ¿dónde están los llamados maestros? sino que en algunas ocasiones debemos mas bien recuperar a los perdidos y extraviados por errores nuestros, porque se han alejado, porque han visto el desanimo y la falta de ayuda de sus correligionarios. Y algunos hasta se han sentido abandonados por sus propios pastores.

Es necesario que volvamos a estudiar la Palabra De Dios, de lo contrario las razones por las cuales se cerraron los templos y se abrieron iglesias en las casas, será tan solo una frase sin contenido, y sera solo otra excusa para no hacer discípulos y dar a entender de que mas nos preocupa los diezmos que la Palabra De Dios.

Entonces dígame ahora, usted que es un cristiano responsable y seguidor de la fiel Palabra del Señor, ¿qué hizo todo este tiempo?, ¿se preparo? ¿Estudio y escudriñó la Palabra De Dios?, usted que es maestro o líder o pastor de la Iglesia de Jesucristo, está listo para ir a sembrar la semilla de la Palabra De Dios a toda criatura o simplemente volverá a ser asistente dominical y con suerte otro día más y es todo lo que será?, y volverá a poner por palabra en su boca esa frase celebre: “Mi casa y yo serviremos a Jehova” después de…. De mi trabajo, mi familia, mi necesidad, entonces ¿qué haremos?

Se lo dejo de tarea, nos vemos, en unos días, me voy al Starbucks, el cafe y un croissant, me vendrían de perlas, pero si me llevare mi Biblia en mi iPhone, porque soy de la secreta.