Cualquiera que oye

¿Sobre qué estás construyendo tu vida? Una charla entre café y cimientos

¡Buenas tardes, amigos! Qué gusto que nos acompañen hoy. Tomen asiento, preparen su café y pongámonos cómodos, porque hoy la introducción a nuestro tema me parece especialmente necesaria.

A veces, entre el ajetreo diario de los días calurosos y las mil cosas que pasan a nuestro alrededor, olvidamos detenernos a pensar si lo que estamos logrando es realmente lo mejor que podemos alcanzar.

Hoy quiero que hablemos de algo que es, literalmente, la base de todo: nuestros cimientos.

Entre leyes humanas y decretos divinos

Hace poco recordaba la historia de Daniel y el rey Darío. En aquellos tiempos bíblicos, se promulgó un decreto: nadie podía elevar una petición a ningún dios ni hombre durante treinta días, excepto al rey. Si lo hacías, el foso de los leones te esperaba. Daniel, sabiendo esto, no cambió su rutina. Fue a su casa, abrió sus ventanas hacia Jerusalén y oró tres veces al día, como siempre lo había hecho.

Esto me hace pensar: ¿cómo respondemos nosotros hoy ante las presiones del mundo? A veces nos quejamos de las leyes, de los impuestos o de las normas de tránsito. Pero, ¿realmente esas cosas atentan contra nuestra fe? Daniel se mantuvo firme porque su compromiso no dependía de una ley externa, sino de un fundamento interno. Hoy en día, tenemos la libertad de leer la Biblia, de conversar con nuestros hermanos y de cantar a Dios sin que nadie nos lo prohíba. La pregunta real es: ¿lo estamos haciendo?

La ingeniería del alma: ¿Roca o Arena?

Si nos vamos al Evangelio de Mateo, capítulo 7, encontramos la famosa parábola de los dos constructores. Jesús dice que cualquiera que oye sus palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Vinieron lluvias, ríos y vientos, pero la casa no cayó. Por el contrario, el que oye y no hace es como el insensato que edificó sobre la arena; y cuando vino la tormenta, su ruina fue grande.

Viviendo en lugares como California, donde los terremotos están a la orden del día, entendemos muy bien esto. Los ingenieros diseñan métodos constructivos y cimientos profundos para que las estructuras soporten el movimiento sísmico. En tiempos de Jesús no había estudios de suelo ni ingenieros con títulos universitarios, pero el concepto era claro: «Muchachos, busquen la roca y empiecen a construir ahí».

Sin embargo, a veces somos muy parecidos a los dueños de casa modernos. Cuando planeamos una construcción, pensamos en la piscina, en el color de la cocina o en los acabados bonitos. Nadie se detiene a presumir los cimientos, porque el cimiento es invisible. Tú puedes ver una fachada hermosa, pero no sabes qué hay debajo hasta que la tierra tiembla.

La apariencia vs. la realidad del cimiento

Aquí es donde la reflexión se vuelve un poco incómoda, pero necesaria. En nuestras comunidades y congregaciones, todos parecemos iguales por fuera. Todos oramos, damos nuestros diezmos, participamos en las actividades y cantamos con entusiasmo. Si alguien nos preguntara: «¿Están construyendo sobre la roca?», todos levantaríamos la mano.

Pero la diferencia entre el prudente y el insensato no se nota cuando hay sol. Se nota cuando llega la tormenta. Es en los momentos de crisis personal, de problemas económicos o de rupturas familiares cuando descubrimos si nuestra fe era un «activismo» superficial o si realmente estábamos anclados en Cristo.

A veces nos desgarramos las vestiduras por cosas externas, pero cuando estamos en el «desierto» de nuestra vida cotidiana, es cuando sale a la luz la verdad. ¿Nuestra alabanza depende de estar rodeados de gente o nace de un corazón agradecido cada mañana, simplemente por estar vivos?.

Una construcción que nunca termina

Podríamos pensar que una vez que aceptamos la fe, el cimiento ya está listo. Pero la realidad es que el cimiento espiritual se construye día a día. No es como un edificio físico que terminas y te olvidas. Si perdemos la humildad y creemos que ya lo tenemos todo construido, es precisamente cuando más nos falta.

Todos los días necesitamos volver a la cruz. Todos los días necesitamos recordar de dónde nos sacó el Señor, como aquel hombre que fue sanado y cargó su camilla para no olvidar su milagro. Construir sobre la roca significa que, aunque vengan vientos y problemas, estamos lo suficientemente parados en Cristo para no colapsar.

Conclusión: Una invitación a la honestidad

Entonces, te pregunto a ti y me pregunto a mí mismo: ¿Cuál de los dos somos?. A veces me identifico con el insensato, porque la carne nos falla y nos distraemos con lo superficial. Pero la vida cristiana es una lucha constante por la obediencia a la Palabra.

No se trata de juzgar al vecino, sino de una cuestión personal entre tú, Dios y su Palabra. ¿Estamos poniendo en práctica lo que escuchamos o solo estamos «decorando la fachada» de nuestra vida religiosa?

Sigamos adelante, intentando cada día que nuestros cimientos sean más profundos. No importa si hoy te diste cuenta de que había un poco de arena en tus bases; siempre es un buen momento para rectificar y volver a la Roca que es Cristo.

¡Gracias por acompañarme en esta charla! Nos vemos en la próxima taza de café. Bendiciones.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

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