Isaías 53

¿Alguna vez te has detenido a pensar si lo que crees sobre Dios es realmente lo que Él ha revelado de sí mismo, o si es simplemente una versión que te resulta cómoda? Hoy quiero invitarte a un viaje por uno de los pasajes más asombrosos de toda la Biblia: Isaías 53. A menudo se le llama el «Quinto Evangelio», y por una buena razón. Aunque fue escrito unos 700 años antes de que Jesús caminara sobre la tierra, describe su vida, muerte y resurrección con una precisión que parece haber sido redactada al pie de la Cruz del Gólgota.

Si te consideras una persona de fe, o incluso si estás explorando qué significa el cristianismo, este texto es el corazón de todo. Pero te advierto: no es un estudio ligero. Vamos a poner a prueba nuestra capacidad de procesar información, nuestros «gigabytes» espirituales, porque para entender la riqueza de este capítulo, necesitamos mirar su cimiento y su estructura.

El Contexto: Esperanza en la Oscuridad

Para valorar la luz, primero hay que entender la oscuridad. Isaías escribió esta profecía en un momento de crisis total para Israel. El libro se divide en dos grandes secciones: los primeros 39 capítulos hablan de juicio y cautividad debido al pecado del pueblo, mientras que los últimos 27 (del 40 al 66) se centran en la gracia y la salvación.

Lo fascinante es que Isaías escribió la segunda parte, la de la esperanza, durante el reinado de Manasés, uno de los reyes más viles e impíos de la historia de Judá. Manasés fue tan malvado que guió al pueblo a hacer más mal que las naciones paganas que Dios había expulsado de la tierra. Fue en este periodo oscuro, cuando el templo estaba a punto de ser destruido y el pueblo iba camino a la cautividad en Babilonia, que Dios decidió dar la revelación más gloriosa del Mesías.

Aquí va la primera pregunta para tu reflexión: ¿Buscas a Dios solo cuando las cosas van bien, o eres capaz de ver su gracia incluso cuando parece que todo a tu alrededor se desmorona y el juicio parece inevitable?

El Siervo Sorprendente

En esta sección de Isaías, el protagonista es alguien llamado el «Siervo de Jehová». En hebreo, la palabra es ebed, que significa esclavo o siervo. A lo largo de la historia, los judíos esperaban a un Rey Justo, un descendiente de David que los librara de sus enemigos y trajera paz política. Querían un héroe, alguien como Saúl, David o Salomón, pero en una versión perfecta.

Sin embargo, Dios presentó algo que nadie esperaba: un Siervo que sufriría. No solo sería un Rey que reinaría, sino un Esclavo que moriría por la maldad de otros. Este Siervo no moriría por sus propios pecados —porque sería justo—, sino que sufriría de manera vicaria, es decir, en lugar de otros.

Este es el punto donde muchos se pierden. ¿Por qué un Rey tendría que sufrir? ¿Por qué la gloria vendría solo después del dolor?.

La Pregunta de Todas las Preguntas

El estudio de Isaías 53 nos lleva a la pregunta más fundamental, necesaria y, a menudo, más evitada de la existencia humana: ¿Cómo puede un pecador estar bien con Dios para escapar del infierno y entrar al cielo?.

A veces nos distraemos con preguntas sobre salud, éxito, política o moralidad social, pero ninguna de esas cosas tiene peso eterno comparada con esta. El apóstol Pablo dedicó todo el libro de Romanos a responderla, e Isaías 53 es, en esencia, el «Romanos del Antiguo Testamento». Ambos libros dan la misma respuesta: un pecador solo puede estar bien con Dios porque el Siervo de Jehová se convirtió en su sustituto y sufrió el juicio que el pecador merecía.

Cuestiona tu fe por un momento: Si hoy tuvieras que presentarte ante un Dios perfectamente santo, ¿en qué basarías tu defensa? ¿En tus buenas obras, en tu religión, o en el hecho de que alguien más pagó tu deuda?

¿Por qué necesitamos un Salvador?

Uno de los mayores obstáculos para entender Isaías 53 es nuestra propia percepción de «bondad». Históricamente, muchos judíos (y muchas personas hoy en día) no sentían que necesitaban un Salvador que muriera por sus pecados. Ellos creían que, por su herencia, su religiosidad o sus esfuerzos por obedecer la ley, ya tenían el favor de Dios ganado.

Pero el diagnóstico que Dios hace en Isaías es devastador. Él describe al pueblo como una «gente pecadora, cargada de maldad», donde «toda cabeza está enferma y todo corazón doliente». Dice que desde la planta del pie hasta la cabeza no hay nada sano, sino «podrida llaga». Incluso sus ceremonias religiosas y sacrificios eran una abominación para Dios porque sus corazones estaban lejos de Él.

Aquí radica la diferencia fundamental entre una religión basada en el esfuerzo humano y el verdadero cristianismo:

  • El judaísmo (y cualquier sistema legalista) es una religión que magnifica el esfuerzo humano y, por lo tanto, no siente la necesidad de un Salvador vicario; solo quieren un rey que los ayude con sus circunstancias externas.
  • El cristianismo es una religión que reconoce la incapacidad humana y necesita desesperadamente a un Salvador que cargue con sus transgresiones personales.

Reflexiona en esto: ¿Ves tu pecado como una «podrida llaga» que requiere una intervención divina, o lo ves simplemente como errores menores que puedes compensar siendo «buena persona»?

El Corazón del Mensaje: Sustitución

Si abres tu Biblia y miras el capítulo 53, el versículo central de toda esta sección es el versículo 5: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados».

Todo se enfoca en la perforación o el traspaso sustitutivo del Siervo. Dios derramó su ira contra el pecado sobre este Sustituto. Es un mensaje de una lógica asombrosa: Dios es justo y debe castigar el pecado, pero Dios es amor y provee al Cordero que toma ese castigo.

Este texto es tan claro que incluso los antiguos rabinos lo interpretaban como mesiánico, aunque les costaba aceptar la idea de un Mesías sufriente. Algunos intentaron decir que el «siervo sufriente» era la nación de Israel, pero esa interpretación falla porque Israel no es un siervo sin pecado que sufre voluntariamente por los demás. Solo Jesucristo encaja perfectamente en cada detalle: su silencio ante sus acusadores, su muerte con los impíos y su sepultura con los ricos.

Un Encuentro Personal

Para terminar, quiero recordarte la historia de Felipe y el eunuco etíope en el libro de Hechos. El eunuco estaba leyendo precisamente a Isaías, el pasaje que dice: «Como oveja a la muerte fue llevado…». Él no entendía de quién hablaba el profeta. Felipe, comenzando desde esa misma escritura, le anunció el Evangelio de Jesús.

Ese mismo Evangelio es el que hoy llega a ti. Isaías 53 no es solo una curiosidad histórica o una pieza de literatura antigua. Es un espejo que nos muestra nuestra necesidad y un faro que nos muestra a nuestro Salvador.

Preguntas finales para llevar a tu oración y reflexión:

  1. ¿Necesitas personalmente un Salvador? No un ejemplo a seguir, ni un maestro moral, sino alguien que tome tu lugar bajo el juicio de Dios.
  2. ¿Es Jesús tu «Siervo» o tu «Señor»? A menudo queremos que Dios nos sirva resolviendo nuestros problemas, pero Isaías nos muestra a un Dios que nos sirve dándonos lo que más necesitamos: perdón de pecados.
  3. ¿Cómo responderás a este sacrificio? Martín Lutero decía que todo cristiano debería saberse este pasaje de memoria. Si el Rey del universo se humilló hasta la muerte por ti, ¿qué lugar ocupa Él en tu vida diaria?

Isaías 53 nos recuerda que la salvación no es algo que logramos, sino algo que recibimos gracias a la obra de Aquel que fue «menospreciado y desechado entre los hombres» para que nosotros pudiéramos ser aceptados por Dios. No dejes pasar este mensaje como una simple lectura de blog. Cuestiona tu fe, examina tu corazón y mira al Siervo asombroso de Jehová.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vcik-yoopino
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Verdadero hijo en la fe

Un llamado urgente al discipulado

Esta tarde quiero detenerme en una expresión que no es común, ni ligera, ni fácil de asumir: “verdadero hijo en la fe”.
La encontramos en la carta de Pablo a Timoteo, y desde que la leí con atención me dejó pensando.
Porque no cualquiera recibe ese nombre.
Ni Pablo se lo dio a muchos.

La pregunta es inevitable:
¿cuántos de nosotros podríamos ser llamados verdaderos hijos en la fe? ¿Estamos siendo discipulados por alguien? ¿Estamos discipulando a alguien?
No es un título sencillo. Tampoco es automático.

Un saludo que dice más de lo que parece

En 1 Timoteo 1:1–2 leemos:

“Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza. A Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz…”

Detengámonos un momento ahí.

Pablo no dice simplemente “a Timoteo”.
Dice: “verdadero hijo en la fe”.
Eso implica una relación profunda, un proceso, una formación real. No una simpatía, no una cercanía ocasional, no un saludo protocolar.

¿De dónde salen tantos apóstoles?

Pablo se presenta como apóstol por mandato de Dios.
Y eso abre otra pregunta incómoda para nuestros tiempos:

¿de dónde salen hoy tantos apóstoles?

La definición bíblica de apóstol es clara: alguien enviado para proclamar la doctrina de Cristo, su obra redentora, su vida, su muerte, su resurrección y toda la Palabra de Dios. Un propagador del evangelio, no un título honorífico.

Sin embargo, hoy parece que “evangelista” queda chico para muchos. El título de apóstol o profeta suena más rimbombante, más llamativo. Hay alfombras rojas, presentaciones, nombres grandes… pero cada vez menos formación.

Efesios 4 nos recuerda que Dios mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, evangelistas, pastores y maestros. No se autoproclaman, no se compran, no se improvisan. Algo no está encajando bien cuando hay tantos títulos y tan pocos discípulos.

Timoteo: el fruto de una relación

Timoteo no apareció de la nada. Pasó cerca de quince años caminando con Pablo. Aprendió, acompañó, observó, fue corregido, enviado, probado. Pablo confió en él lo suficiente como para enviarlo a iglesias con problemas reales. Eso no se hace con alguien formado a medias.

Por eso lo llama verdadero hijo en la fe. La gracia no está en asistir a la iglesia. Eso es apenas el comienzo. La pregunta clave es otra:

¿Alguien te está formando? El discípulo no se hace en una hora dominical. Se forma caminando la vida junto a otro, día tras día.

Pablo solo llamó verdaderos hijos en la fe a dos personas: Tito y Timoteo. Dos, entre cientos de convertidos. Eso nos dice algo muy claro: formar discípulos es difícil, lento y exigente.

El ruego de Pablo: corregir lo que está mal

En 1 Timoteo 1:3, Pablo le ruega a Timoteo que se quede en Éfeso para corregir falsas doctrinas. No lo envía usando frases grandilocuentes ni manipulaciones espirituales. Le dice, con honestidad: “te ruego”.

Había cosas que se estaban enseñando mal.
Hoy, muchas veces, la respuesta ante el error es el silencio.
“No toques al ungido”, se dice.
Pero Pablo no actuó así. Dijo: anda y corrige.
No por opinión personal, sino porque así está escrito.

Para hacer eso, Timoteo tenía que estar formado. No podía decir “yo creo que…”. Tenía que decir: la Escritura dice.

Manda y enseña

Pablo le da una orden clara:
“Esto manda y enseña”.

Y le recuerda que nadie menosprecie su juventud, pero también le exige ejemplo: en palabra, conducta, amor, fe y pureza.
Aun siendo un discípulo avanzado, le dice: ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.

El llamado no es solo a aprender, sino a transmitir. A corregir cuando sea necesario. A enseñar con responsabilidad.

La pregunta vuelve a aparecer, inevitable:
¿alguien te está enseñando? ¿y tú estás enseñando a alguien?

“Haced discípulos”

En 1 Corintios 4:17, Pablo dice que envía a Timoteo porque es su hijo amado y fiel en el Señor. Y entonces recordamos las palabras de Jesús en Mateo 28:19–20:

“Id y haced discípulos…”

No dijo: hagan creyentes. No dijo: hagan asistentes. Dijo: haced discípulos.
Personas que estudian la Palabra, que la viven, que la guardan, que la transmiten.
Eso es personal. Eso es profundo. Eso es exigente.

Una reflexión final

Martín Lutero dijo algo que sigue siendo actual:
“Las buenas obras no hacen a un hombre bueno;
pero un hombre bueno hace buenas obras”.

Fuimos llamados a hacer buenas obras, y una de las principales es esta: hacer discípulos.
Convertirnos, quizás algún día, en verdaderos hijos en la fe… o formar a uno.
La Palabra de Dios no vuelve vacía, pero la pregunta es:

¿qué tanto de lo que lees se queda en ti? ¿qué tanto transforma tu vida?
Antes de dormir, vale la pena preguntarnos:

¿quién me discípula? ¿a quién discípulo?

Si una de esas dos cosas falta, algo debemos corregir.
Y si no tienes un discípulo, comienza a buscar un Timoteo.
Alguien que, cuando tú no estés, pueda continuar la obra sin torcerla.

Vick
Conversando con una taza de café
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Volviendo a retomar un buen libro

IMG_5991Mis queridos amigos, hermanos, visitantes, y como siempre  digo algún extraviado que buscando un Starbuck, llego por aquí, a todos bienvenidos, bueno hoy ha sido un día de reflexión, volvi a retomar un libro que de acuerdo a muchos pastores, de hace algunas décadas, era aquel que mostraba, los aciertos y errores de la forma en que estaban llevando el ministerio los pastores y líderes de congregaciones y por ende, este libro «El pastor renovado» de Richard Baxter, era y es una ayuda para hacer lo correcto en nuestro ministerio, hoy tomaremos algunos parrafos. Este libro fue publicado por primera vez en 1829, y hasta el día de hoy mucha gente viene leyendo con avidez, y en especial deben leerlo los pastores y líderes de iglesias para despertar ese celo espiritual que debe de haber en cada uno de nosotros por hacer la obra a la que fuimos llamados. Para dejarles como introducción solamente transcribiremos lo que dijo Baxter «Si Dios reformara a los pastores y les hicera fieles y celosos al desempeñar su deber, el pueblo de Dios también se reformaría. Toda congregación se mantiene o se cae junto con su pastor -no es cuestión de riquezas ni magnificencia mundana- sino en conocimiento, celo y capacidad para la obra».

Muchas veces tomamos y leemos libros que luego utilizamos en la enseñanza de nuestras congregaciones, pero muchos de esos librosllanto 01 tan solo mueven las emociones, pero no nos damos cuenta de que nuestro quebrantamiento es emocional y no da frutos, lo triste es que como la higuera si no das frutos, simplemente serás hechado al fuego, por ello sigo volviendo a leer este libro, donde me indica lo que debe de ser un buen ministro de Jesucristo, por lo tanto mis amigos, como esta semana o estos días prefiero hacer una simple reflexión o una conversación entre amigos, hoy si, aún no es muy tarde, vayamos por un Starbucks (creó que voy a cobrarle regalias por toda la propaganda que le hago) luego un Tiramizú, o bueno un par de Nan con queso o cajeta (dulce de leche) o solo, como usted quiera, tome su Biblia y sentemonos a conversar.

Ayer viernes 21 que dicho sea de paso como comentaban por allí «Disculpen pero se cancelo el fin del mundo, por mal tiempo», bueno nos juntamos la red de varones de Manantial de vida para celebrar la comida tradicional de Navidad, fue interesante, entre la espera, el hambre de algunos, la paciencia de otros y toda la confraternidad que existió entre los hermanos, nos conocimos, sabemos quienes somos, que hacemos y a dónde queremos llegar, se habló de IMG_0927todo, pero una cosa interesante es que debe de ser un punto de partida para lo que he repetido hasta la saciedad aquí en este blog, si las predicas o las enseñanzas o los estudios bíblicos, solo siguen moviendo las emociones, algo camina mal, debemos dar respuesta a lo que aprendemos, no porque saltamos y brincamos o gritamos !Amén! !Aleluya! Gloria a Dios! es suficiente, si somos cristianos que buscamos la puerta estrecha y verdaderamente la Palabra de Dios toca nuestros corazones, debe de haber una respuesta por parte de nosotros, de lo contrario asistir a las reuniones, ver una telenovela o ir al futbol, será lo mismo, lloraremos, gritaremos, levantaremos los brazos, pero al final de todo, cada uno regresará a casa igual y aquí no ha pasado nada, entonces, como dijo el pastor, debemos este 2013 dar frutos, hacer la obra para la cual fuimos llamados, creo que esa es la consigna, de lo contrario seguiremos siendo patos, (los que fueron a la comida me entienden), pero no patos que pueden volar. Y que nuestra relación con Jesús se haga por ser quién es, no para darle nuestra lista de pedidos como a Papá Noel, como mis hijos que han pedido juguetes para que les dure hasta las próximas navidades, sino buscando primero el Reino de Dios y su justicia, con todo lo que esto implica.

He leído algunos libros, muchos hasta me han críticado, hace unos meses, me apareci con mi tablet y un hermanito me pregunto si tenía la Biblia allí, le conteste, que la Biblia prefiero leerla en papel, pero que en el tablet tenía una buena cantidad de libros de consulta que leo constantemente, me miro medio raro y me dijo «para mi la Biblia es suficiente» le conteste «en horabuena, uno más que no le gusta leer» y es que muchas veces nos escudamos en que solo la Biblia, para no dejar ver nuestra falta de deseo de leer y aprender, mi padre hace ipad 4001muchas décadas me dijo algo que siempre tengo grabada en mi mente «lo que lees con detenimiento se queda grabado en tu cerebro y nadie te lo podrá arrebatar, caminara contigo y utilizaras sus enseñanzas para enseñar a otros» es cierto que en la Biblia esta todo lo necesario para nuestro diario caminar hasta llegar a la presencia del creador, pero hay hombres de Dios que escriben sobre la Biblia, las revelaciones que les da y nos llegan a nosotros para poder conocer más el corazón de Dios. Por eso leo, para aprender y luego enseñar, ya que la revelación no es de domino personal ni privado sino para ser entregado a otros para que sigan el camino de la enseñanza. Pero hay de libros a libros, y hay que saber distinguir ¿cuáles son aquellos que nos enseñan y cuales son aquellos que mueven solo nuestros sentimientos?, por muy cristianos que estos parezcan o se autollamen, es díficil, hay poco discernimiento entre el pueblo de Dios, empezando por el liderazgo y es porque no hay un conocimiento de la Palabra, y como dijo un pastor: falta conocimiento de Jesús, si no te llenas de la Palabra no podrás diferenciar que algo viene de lo alto, de otro que viene de la carne, por eso este tiempo de reflexión, ponte comodo, vuelve a leer lo que hasta el momento llevas leído y ponte a preguntarte a tí mismo ¿con cuánto detenimeinto leo mi Biblia? y luego ¿de todo lo que vengo leyendo de mi Biblia, cuánto lo entiendo?, luego que te respondas, ponte a orar y vuelve a leer tu Biblia, y recuerda siempre: «La Biblia es un buen libro de historia, pero solo es un libro en medio de las manos de cualquier persona, pero se torna vida cuando un hombre con el Espíritu de Dios lo empieza a leer, y te dá la revelación que buscas para tu necesidad espiritual», entonces hoy te recuerdo una frase: «tu y yo leemos la Biblia de tarde y mañana, más tu lees lo que dice, más yo leó lo que calla», interpreta la frase y seguimos, ya tienes tarea para la siguiente semana.

Pero sigamos, voy a transcribir unos párrafos: Asegúrate de que la obra de la gracia salvadora sea completa en tu propia alma. Cuídate, no vayas a carecer de aquella gracia salvadora de Dios que ofreces a los demás, desconociendo la obra eficaz del evangelio que predicas; y no sea que mientras proclamas al mundo la necesidad del Salvador, tu propio corazón lo desconozca y pierdas tu parte en él y en los beneficios de su salvación. Cuídate de morir mientras avisas a los demás contra el peligro de muerte, y de morir de hambre mientras baxterpreparas su comida. Aunque existe la promesa a efectos de que «los que enseñan la justicia a la multitud» brillarán como las estrellas, esto presupone que ellos mismos la han aprendido primero. En términos sencillos, su propia sinceridad de fe es la condición de esta gloria, aunque su gran labor pastoral pueda ser condición de la promesa de mayor gloria. Muchos han exhortado a los demás a no caer en el Infierno a la vez que ellos corrían allá; más de un predicador que clamó muchas veces a sus oyentes para que escaparan de la condenación, está ahora en el Infierno. ¿Acaso resulta razonable imaginar que Dios le salvara a uno por ofrecer la salvación a los demás mientras él mismo la rechazaba; o por contar aquellas verdades a los demás que él mismo dejo de lado o de las cuales abusaba? Más de un sastre que hace trajes caros para los demás anda vestido con harapos; y más de un cocinero apenas se lame los dedos cuando prepara platos suculentos para otros. Créanme, hermanos míos; Dios nunca salvó a nadie por ser predicador, por muy capacityado que fuera, sino por ser justificado y santifícado, y, por consiguiente, fiel en la obra de su Maestro. Por tanto exámina primero tu propia vida, asegúrate de que eres lo que incitas a tus oyentes ser, y crees lo que persuades a creer, y acoges bien al Salvador que ofreces a los demás. Aquel que te mandó amar a tu prójimo como a ti mismo quiso decir que te amaras a ti mismo, y no que te odiaras y destuyeras a ti mismo y a ellos. Es terrible profesar la fe sin ser santificado, pero peor es el estado del predicador sin santificar.»

¿Seguimos, o aquí lo dejamos por el momento?, hermano, no se usted, pero a mi se me han parado los pelos o los pocos pelos que me quedan,Cruz 115 volvamos a leerlo, ambos, sabe mi amigo, debemos entender lo que Baxter nos quiso decir, como le decía al principio, está es una conversación de amigos, pero al final nos trae una tremenda responsabilidad, ya la Biblia nos dice, exáminate a tí mismo, bueno es tiempo de hacerlo, que si tenemos la responsabilidad de ser líder dentro de alguna congregación, que si tienes un llamado, tu y yo primero debemos ser discípulos de Jesucristo con todo lo que trae.

Bueno mis amigos y hermanos los dejo, pasen una buena noche o un buen domingo, yo por mi parte, seguire leyendo y estudiando, Biblia en mano para poder traerles nuevas enseñanzas, pero primero seguire predicandome a mi, para no errar, bendiciones, mañana domingo hay servicio, grabaremos, hablaremos y sobre todo seguiremos el camino, nos vemos.