Episodio 4: Cayo Bermúdez, el brazo ejecutor: El abuelo de todos los servicios de inteligencia. 

Serie: “Café en la Catedral«

Pide otra ronda, hermano, que para hablar de este personaje necesitamos que el café esté bien cargado. En este Episodio 4, nos toca meternos en el rincón más oscuro de la salita del Servicio de Inteligencia: vamos a desmenuzar a Cayo Bermúdez, el brazo ejecutor. Si Santiago Zavala es la conciencia herida del Perú, Cayo Bermúdez —o «Cayo Mierda», como él mismo se bautiza con un cinismo que asusta— es el cirujano que opera sin anestesia las vísceras del país.

Mario Vargas Llosa no se inventó a este tipo de la nada. Cayo Bermúdez es el trasunto literario de un personaje de carne, hueso y mucha sombra: Alejandro Esparza Zañartu, el todopoderoso Ministro de Gobierno de Odría. Esparza Zañartu fue el arquitecto del terror durante el Ochenio, el hombre que montó una red de delatores en universidades, sindicatos y oficinas públicas para que el General pudiera dormir tranquilo mientras otros se encargaban del «trabajo desagradable».

Fíjate en la ironía del poder, hermano. En la novela, Cayo es un «cholo» provinciano, hijo de un prestamista usurero apodado «El Buitre» en Chincha. La élite limeña, los «Don Fermín» de la vida, lo desprecian por su origen, lo llaman «empleadito» y se ríen de sus uñas sucias y su ropa mal entallada. Pero —y aquí está el veneno— lo necesitan. Lo necesitan para que «limpie» el país de apristas y comunistas, para que aplique la Ley de Seguridad Interior que suspendía todas las garantías y permitía encarcelar a cualquiera por una simple denuncia. Bermúdez es el «retrete del poder»: es ahí donde la oligarquía descarga sus desperdicios morales para poder seguir sintiéndose «gente de bien».

La comparación con el Perú de hoy es inevitable y, francamente, nos deja un sabor más amargo que este café. En los metadatos y análisis de la obra, se menciona que a Bermúdez se le recuerda hoy como el «Vladimiro Montesinos de Odría». Y es verdad. Cayo es el abuelo de todos los servicios de inteligencia peruanos que aprendieron que la información es más poderosa que el plomo. En la novela, Bermúdez se obsesiona con el «Archivo», ese lugar secreto donde guardaba las debilidades de todos: quién era homosexual, quién robaba, quién tenía una amante. Hoy, en el siglo XXI, ya no necesitamos carpetas de cartón; tenemos interceptaciones telefónicas, «chuponeo» y redes sociales donde los servicios de inteligencia modernos —o los «asesores en la sombra» que nunca faltan en Palacio— operan con la misma lógica de chantaje y control.

¿Qué pasaría si se repitiera un Cayo Bermúdez hoy? La respuesta da miedo porque ya lo vemos asomar la cabeza. Si Cayo Bermúdez regresara, no necesitaría patrullar las calles con el «rocha-bús»; le bastaría con usar el presupuesto del Estado para comprar granjas de trolls que destruyan la reputación de cualquier opositor. Si el Ochenio volviera, Cayo no tendría que llevar a los estudiantes a la isla de El Frontón; simplemente usaría el sistema judicial para «empapelar» a los líderes sociales mientras él se toma un whisky con los dueños de los grandes capitales, tal como hacía en la casa de Hortensia, «La Musa», en San Miguel.

Lo más triste de este personaje es su soledad. Cayo Bermúdez no tiene amigos, solo tiene subordinados como Ambrosio, a quien usa y luego desecha. Es un hombre que encuentra su «liberación sexual» y su energía en la humillación ajena porque él mismo es un ser acomplejado que nunca pudo ser aceptado por la aristocracia a la que servía. En el Perú actual, seguimos teniendo esos personajes: operadores políticos que no tienen ideología, solo resentimiento y hambre de control, que creen que el país es un botín que se reparte en una mesa de bar o en una sala del SIN.

Bermúdez nos enseña que en el Perú el poder no se ejerce con la Constitución, sino con el miedo. Él es la encarnación de esa «enfermedad nacional» de la que habla Vargas Llosa, donde la lealtad se compra y la traición es la moneda de cambio. Cuando Cayo cae al final de la novela, víctima de una conspiración en Arequipa orquestada por sus propios «amigos» del régimen, su consejo de despedida es lapidario: «No te fíes ni de tu madre». Es la máxima de la política peruana que parece no haber cambiado en setenta años.

Hermano, mira a tu alrededor. Los Cayo Bermúdez modernos ya no usan bigotito a lo Hitler ni huelen a tabaco viejo. Ahora usan trajes de marca, tienen maestrías en el extranjero y hablan de «estabilidad democrática», pero en el fondo, siguen buscando ese «archivo» para tenernos a todos agarrados del cuello. La «sociedad embotellada» de la que habla la fuente no se ha roto; solo le han cambiado la etiqueta.

¿Pedimos otra ronda? Porque en el próximo episodio te voy a contar sobre Zavalita y el conformismo. Vamos a hablar de por qué nos quejamos tanto de los Cayos Bermúdez de la vida, pero al final terminamos aceptando una vida gris con tal de que no nos molesten demasiado.

¿Todavía te queda azúcar o ya la amargura de Cayo te quitó el hambre?.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Episodio 10: La Avalancha de Obras Públicas. Henry Meiggs y los «cuadernos verdes» de la corrupción

Serie: «Café con Historia: El ADN de la Corrupción en el Perú»

Siéntate cómodo, porque este capítulo parece sacado de una novela de suspenso financiero. Estamos en la década de 1870. El Perú, bajo el gobierno de José Balta y su ministro Nicolás de Piérola, decidió que la solución a todos los males era construir ferrocarriles a cualquier costo. Fue aquí donde entró en escena un personaje legendario: Henry Meiggs, un especulador estadounidense a quien llamaban el «Pizarro yanqui».

¿Cómo logró Meiggs que el Estado peruano le entregara contratos por más de 120 millones de soles en apenas cuatro años?. Quiroz nos cuenta el «secreto» que el propio Meiggs le confesó a un acreedor británico: él simplemente permitía que las más altas autoridades peruanas se vendieran y fijaran su propio precio. Una vez que el funcionario aceptaba la coima, Meiggs simplemente añadía ese monto al presupuesto total de la obra. Es decir, el pueblo peruano terminaba pagando el soborno de sus propios gobernantes con el dinero de los préstamos.

Lo más increíble es que Meiggs era un hombre ordenado. Llevaba unos «cuadernos verdes o rojos» donde anotaba meticulosamente cada soborno. Se calcula que repartió más de once millones de soles en coimas, lo que representaba casi el 10% del costo total de sus ferrocarriles. Gracias a este sistema, las prácticas de soborno peruanas se volvieron proverbiales incluso en el resto de Sudamérica.

¿Y en qué se fue ese dinero? En ferrocarriles que los críticos llamaban «hacia la luna», porque cruzaban los Andes a un costo altísimo sin que hubiera carga o pasajeros suficientes para que fueran rentables. Para celebrar la colocación de la primera piedra del ferrocarril Lima-La Oroya, Meiggs organizó un banquete para 800 personas que costó casi 50,000 soles. Mientras tanto, el país se hundía en un déficit crónico.

Quiroz resalta algo que nos debe hacer pensar: en este periodo, el Perú dejó de ser una nación de ciudadanos para convertirse en una «sociedad de mercaderes» donde la corrupción se infiltró en todos los poros. Hasta los abogados más respetables, como Francisco García Calderón, terminaron trabajando como asesores legales para Meiggs, envueltos en lo que hoy llamaríamos conflictos de interés.

Al final, este festín de obras públicas inútiles y deudas infladas nos llevó directamente a la bancarrota de 1876. Todo ese dinero del guano, que debió servir para construir una base sólida para el país, se quedó en las cuentas de unos pocos intermediarios y en las páginas de los cuadernos de Meiggs. Y lo peor estaba por venir, porque un país quebrado no puede comprar cañones ni blindados.

Por tanto nos encontramos en el próximo episodio, un café doble, porque si te sorprende lo que hasta hoy conversamos, lo que viene te dejara caliente y no solo por el café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

«Tupac Yupanqui, El Resplandeciente»

Reseña de la Serie de dos libros: «Tupac Yupanqui, El Resplandeciente» de José Antonio del Busto Duthurburu

«Tupac Yupanqui, El Resplandeciente» es una obra maestra que narra la vida y hazañas de Túpac Yupanqui, uno de los incas más destacados de la historia peruana. La obra, dividida en dos tomos, «El Conquistador» y «El Gobernante», es un estudio exhaustivo y detallado de la vida y el legado de Túpac Yupanqui.

Tomo I: El Conquistador

El primer tomo, «El Conquistador», se centra en la vida de Túpac Yupanqui desde su nacimiento hasta su ascenso al trono inca. La obra describe su infancia, su educación, su participación en las campañas militares de su padre, Pachacuti, y su conquista de nuevos territorios. Del Busto Duthurburu narra con detalle la expansión del Imperio Inca bajo el liderazgo de Túpac Yupanqui, destacando su habilidad militar y su capacidad para unificar a los pueblos conquistados.

Tomo II: El Gobernante

El segundo tomo, «El Gobernante», se centra en la vida de Túpac Yupanqui como gobernante del Imperio Inca. La obra describe su política de gobierno, su administración, su economía y su relación con los pueblos conquistados. Del Busto Duthurburu analiza la personalidad de Túpac Yupanqui, destacando su sabiduría, su justicia y su capacidad para mantener la unidad del imperio.

Aspectos Destacados

– Investigación rigurosa: La obra se basa en una minuciosa selección de fuentes históricas, lo que garantiza la veracidad y precisión de los hechos narrados.

– Narrativa apasionante: Del Busto Duthurburu logra transmitir la pasión y la emoción de la conquista y la expansión del Imperio Inca.

– Análisis profundo: La obra ofrece un análisis profundo de la personalidad y el liderazgo de Túpac Yupanqui, lo que permite al lector comprender mejor su importancia en la historia peruana.

– Estilo literario: El estilo literario de Del Busto Duthurburu es claro, conciso y elegante, lo que hace que la lectura sea amena y placentera.

Recomendación

«Tupac Yupanqui, El Resplandeciente» es una obra imprescindible para cualquier persona interesada en la historia del Perú y la cultura inca. La investigación rigurosa, la narrativa apasionante y el análisis profundo hacen de esta obra una lectura obligatoria para historiadores, estudiantes y cualquier persona que desee conocer más sobre la vida y el legado de Túpac Yupanqui.

La obra es una contribución valiosa a la historiografía peruana y un ejemplo de la excelencia en la investigación y la narrativa histórica.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
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