Episodio 1: El mito en la mesa: Desmontando la versión oficial de julio

—Pide otro café, hermano, que hoy no tenemos prisa. ¿Te has fijado en las calles? Ya es Julio y todo es rojo y blanco. Las escarapelas, los desfiles escolares, esa sensación de que, porque es julio, todos somos «más peruanos». Pero, ¿sabes? He estado releyendo un texto que el Instituto de Estudios Peruanos publicó hace tiempo, uno que sacudió los cimientos de nuestra historia oficial: «La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos». Y mientras veía las banderas por la ventana, no podía dejar de pensar en lo mucho que nos han mentido, o mejor dicho, en lo mucho que nos han «contado el cuento»,.

—Es que la historia que nos enseñaron en el colegio, esa que repetimos cada 28 de julio, es casi una hagiografía, una vida de santos patriotas. La historiografía tradicional, tanto la de antes como la de ahora, insiste en que nuestra independencia fue el resultado de un deseo unánime, de un enfrentamiento heroico del «pueblo peruano» contra una España opresora. Nos venden esa línea de tiempo perfecta: desde la rebelión de Túpac Amaru hasta la llegada de San Martín, como si hubiera una «toma de conciencia nacional» que iba creciendo en el corazón de cada criollo e indio. Pero Bonilla y Matos Mar nos dicen algo que duele: esa versión es un mito montado sobre bases muy débiles.

—Fíjate bien en la profundidad de la crítica. Ellos argumentan que este relato oficial tiene una función ideológica. No está ahí para decirnos la verdad, sino para legitimar el presente, para inventar una «nacionalidad» que en ese momento no existía y para ocultar que, en realidad, los intereses de las clases sociales en el Perú eran totalmente antagónicos,. Nos dicen que la independencia no fue un triunfo de la «peruanidad», sino una consecuencia de las guerras en Europa, una pugna entre metrópolis que se peleaban el dominio del mundo,.

—¿Y qué pasa con nuestros héroes? Pues que, según los hechos, la independencia en el Perú fue «concedida» antes que conquistada,. Fue traída desde afuera por los ejércitos de San Martín y de Bolívar. Y esto no es un insulto a la patria, es un dato histórico: las grandes mayorías de este territorio —los indios, los negros, los mestizos— estuvieron ausentes del proceso o, peor aún, lucharon indistintamente en ambos bandos, en el patriota y en el realista. No había una «unión nacional». Lo que había era una sociedad profundamente estratificada donde el criterio de raza, economía y leyes nos separaba de manera brutal.

—Es irónico, ¿no? Celebramos la «libertad» en un mes donde la mayoría de los peruanos de 1821 ni siquiera sabían que estaban siendo «liberados» o, si lo sabían, no sentían que esa libertad fuera para ellos. Los autores sugieren que para entender lo que realmente pasó, tenemos que dejar de mirar solo los bustos de bronce y empezar a mirar el contexto universal y los intereses concretos de los grupos locales. San Martín y Bolívar no vinieron por un amor romántico al Perú; vinieron porque el Perú era el bastión colonial más sólido, y si no caía el virreinato peruano, la independencia de Argentina o Colombia nunca estaría segura. Fue una necesidad estratégica de otros países la que terminó decidiendo nuestro destino.

—Así que aquí estamos, tomando café en julio, rodeados de una retórica que, según el libro, solo sirve para impedir que analicemos críticamente las raíces de nuestra situación actual. Nos quedamos en las «palabras» y olvidamos los «hechos». Y los hechos nos dicen que el 28 de julio de 1821 se rompió el lazo político con España, sí, pero el orden económico y social colonial se quedó sentado en la mesa con nosotros, y parece que todavía no se ha ido.

Nos encontraremos nuevamente en un par de días, y que nos encuentre conversando con una Taza de Café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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