Episodio 10 : La lealtad de Ambrosio: El peligro de seguir ciegamente a un «líder». 

Serie: «Café en la Catedral».

Tómate otro café, hermano, y pide una porción de picarones, porque este Episodio 10 es de los que dejan un nudo en la garganta y una indignación que solo se pasa con azúcar. Vamos a hablar de la lealtad de Ambrosio, pero no de esa lealtad noble de las películas, sino de esa lealtad perruna, ciega y trágica que nos enseña lo peligroso que es seguir a un «líder» —ya sea un dictador o un padre autoritario— hasta las últimas consecuencias,.

Míralo a Ambrosio. Santiago lo encuentra en la perrera municipal, envejecido, embrutecido, con unos zapatones enormes «jodidos por el tiempo». Es el hombre que pasó de manejar los autos más lujosos de la Lima de los 50 a matar perros a palos por un sueldo de miseria. Santiago lo mira y piensa que Ambrosio está «mil veces más jodido» que él. Pero, ¿por qué terminó así? Por la lealtad. Esa es la palabra maldita de este episodio.

Ambrosio es el producto de un sistema que lo animaliza. Las fuentes lo describen como un «no-sujeto», un ser instintivo y pasivo que es agente y paciente de su propio estado de derrota. Su lealtad hacia Don Fermín Zavala —el famoso «Bola de Oro»— no nace de un contrato justo, sino de una relación de poder y de un secreto sucio: esa relación homosexual clandestina que mantenían. Ambrosio ve en Don Fermín a un «gran señor», casi a un dios, a pesar de que Don Fermín solo lo ve como un instrumento.

Aquí viene la comparación ácida con nuestro Perú actual. ¿No te suena familiar esa lealtad ciega? Hoy ya no tenemos choferes que matan por sus patrones, pero tenemos cuadros políticos, asesores de confianza y «portátiles» que defienden lo indefendible en el Congreso o en la televisión. Son los «Ambrosios» modernos: gente que, por una cuota de poder o por simple servilismo, se ensucian las manos para proteger a su «líder», aunque ese líder los desprecie en privado. Es el «robo pero hace obra» o el «blindaje» por argolla. La lealtad de Ambrosio es el tatarabuelo de ese fanatismo que hoy nos impide ver que el sistema está podrido.

Lo más trágico, hermano, es el crimen de Hortensia, «La Musa». Ambrosio la mata a puñaladas para proteger el secreto de Don Fermín. No lo hace por dinero, lo hace porque ha interiorizado tanto el poder de su patrón que cree que el honor de Don Fermín es más importante que la vida de una mujer. Es la representación perfecta de lo que pasa cuando un ciudadano renuncia a su conciencia para dársela a un caudillo. Ambrosio se vuelve un asesino por «lealtad», y Don Fermín, con un cinismo espantoso, luego lo niega todo, llamándolo «pobre negro» incapaz de matar a una mosca.

¿Qué pasaría si esto se repitiera hoy? Bueno, amigo, ya se repite en cada escándalo de corrupción donde el hilo se rompe por lo más delgado. Si despertáramos hoy en el Perú de la novela, veríamos a los Ambrosios modernos en las redes sociales, haciendo el trabajo sucio de demoler reputaciones para proteger a un jefe que, en cuanto las papas quemen, los va a lanzar a la «perrera» de la historia sin asco. Seguir ciegamente a un líder en el Perú es comprar un boleto directo a la derrota personal, tal como le pasó a este chofer de Chincha.

Ambrosio nos enseña que el poder corrompe hasta la lealtad. Él cree que está siendo fiel, pero en realidad está siendo un «trapo», como le dice Queta con asco: «tienes miedo porque eres un servil… porque él es blanco y tú no, porque él es rico y tú no». Es una radiografía dolorosa de nuestro racismo y clasismo estructural que sigue ahí, vivito y coleando, setenta años después.

Santiago Zavala termina su charla dándose cuenta de que Ambrosio es el reflejo de un país que se dejó «joder» por no tener la fuerza de ser auténtico. Ambrosio es el Perú que obedece sin preguntar, el Perú que se conforma con las sobras de la mesa del poder mientras otros —los Don Fermín o los Cayo Bermúdez— se reparten la torta.

¿Vamos por otra ronda? Porque en el próximo episodio hablaremos de la corrupción en las venas. Vamos a ver si se nace corrupto o si el sistema peruano es el que te bautiza con agua sucia apenas abres los ojos.

¿Todavía tienes espacio para otro picarón o ya te amargaste con la historia de Ambrosio?, o seguimos con otro café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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