Episodio 10: La Avalancha de Obras Públicas. Henry Meiggs y los «cuadernos verdes» de la corrupción

Serie: «Café con Historia: El ADN de la Corrupción en el Perú»

Siéntate cómodo, porque este capítulo parece sacado de una novela de suspenso financiero. Estamos en la década de 1870. El Perú, bajo el gobierno de José Balta y su ministro Nicolás de Piérola, decidió que la solución a todos los males era construir ferrocarriles a cualquier costo. Fue aquí donde entró en escena un personaje legendario: Henry Meiggs, un especulador estadounidense a quien llamaban el «Pizarro yanqui».

¿Cómo logró Meiggs que el Estado peruano le entregara contratos por más de 120 millones de soles en apenas cuatro años?. Quiroz nos cuenta el «secreto» que el propio Meiggs le confesó a un acreedor británico: él simplemente permitía que las más altas autoridades peruanas se vendieran y fijaran su propio precio. Una vez que el funcionario aceptaba la coima, Meiggs simplemente añadía ese monto al presupuesto total de la obra. Es decir, el pueblo peruano terminaba pagando el soborno de sus propios gobernantes con el dinero de los préstamos.

Lo más increíble es que Meiggs era un hombre ordenado. Llevaba unos «cuadernos verdes o rojos» donde anotaba meticulosamente cada soborno. Se calcula que repartió más de once millones de soles en coimas, lo que representaba casi el 10% del costo total de sus ferrocarriles. Gracias a este sistema, las prácticas de soborno peruanas se volvieron proverbiales incluso en el resto de Sudamérica.

¿Y en qué se fue ese dinero? En ferrocarriles que los críticos llamaban «hacia la luna», porque cruzaban los Andes a un costo altísimo sin que hubiera carga o pasajeros suficientes para que fueran rentables. Para celebrar la colocación de la primera piedra del ferrocarril Lima-La Oroya, Meiggs organizó un banquete para 800 personas que costó casi 50,000 soles. Mientras tanto, el país se hundía en un déficit crónico.

Quiroz resalta algo que nos debe hacer pensar: en este periodo, el Perú dejó de ser una nación de ciudadanos para convertirse en una «sociedad de mercaderes» donde la corrupción se infiltró en todos los poros. Hasta los abogados más respetables, como Francisco García Calderón, terminaron trabajando como asesores legales para Meiggs, envueltos en lo que hoy llamaríamos conflictos de interés.

Al final, este festín de obras públicas inútiles y deudas infladas nos llevó directamente a la bancarrota de 1876. Todo ese dinero del guano, que debió servir para construir una base sólida para el país, se quedó en las cuentas de unos pocos intermediarios y en las páginas de los cuadernos de Meiggs. Y lo peor estaba por venir, porque un país quebrado no puede comprar cañones ni blindados.

Por tanto nos encontramos en el próximo episodio, un café doble, porque si te sorprende lo que hasta hoy conversamos, lo que viene te dejara caliente y no solo por el café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Episodio 9: El Infame Contrato Dreyfus. El salto al vacío de Piérola 

Serie: «Café con Historia: El ADN de la Corrupción en el Perú»

Toma otro sorbo de café, porque ahora vamos a 1869. El guano sigue siendo el motor, pero el gasto militar y las obras públicas tienen al país al borde del abismo. Aquí aparece en escena un joven de 30 años, inteligente y muy ambicioso: Nicolás de Piérola. El presidente José Balta lo nombra ministro de Hacienda por recomendación de —adivina quién— el mismísimo Echenique.

Piérola decidió que la única forma de salvar al fisco era quitarles el negocio del guano a los «consignatarios nacionales» (la élite limeña) y dárselo a un solo postor extranjero que nos diera dinero rápido para pagar deudas y construir ferrocarriles. Así nació el Contrato Dreyfus con la casa francesa Dreyfus Frères et Cie.

Quiroz nos revela que la licitación fue una farsa total. Piérola ya estaba negociando con Auguste Dreyfus meses antes de abrir el concurso público. Para asegurar que nadie se opusiera, Dreyfus hizo algo «maestro»: repartió acciones del negocio entre gente influyente en Lima y París. Periodistas, abogados como Fernando Casós, diplomáticos como Francisco de Rivero y hasta el hijo de Echenique recibieron participaciones. Era una red de intereses que hacía que, si criticabas el contrato, estabas yendo contra el bolsillo de media Lima «respetable».

Lo que siguió fue un frenesí de préstamos. Dreyfus nos prestó millones, pero a cambio de comisiones leoninas y el control total de nuestra riqueza. Con ese dinero, Balta y Piérola se lanzaron a la «avalancha de obras públicas». Entró en escena Henry Meiggs, el «Pizarro yanqui», quien construyó ferrocarriles «hacia la luna», vías carísimas que cruzaban los Andes pero que no tenían ni carga ni pasajeros suficientes para ser rentables.

¿Cómo lograba Meiggs que le aprobaran todo? Quiroz cuenta que Meiggs tenía unos «cuadernos verdes» donde anotaba los sobornos. Gastó más de 11 millones de soles en coimas, que representaban el 10% del costo de las obras. Simplemente añadía el soborno al presupuesto final y el Estado peruano terminaba pagando el pato.

La Corte Suprema y el Congreso intentaron declarar ilegal el contrato Dreyfus. Dijeron que Piérola se había saltado todas las reglas. Pero el Ejecutivo simplemente los ignoró y usó el dinero de Dreyfus para comprar voluntades. Fue el inicio de una «sociedad de mercaderes» donde todo tenía precio.

Al final, este festín nos llevó a la bancarrota de 1876. Cuando se acabó el crédito, el Perú se quedó sin dinero, con deudas impagables y una defensa militar debilitada porque todo el dinero del guano se había ido en corrupción y obras inútiles. Quiroz es enfático: la década de 1870 tuvo los costos de corrupción más altos de todo el siglo XIX. Y lo peor es que esa debilidad fue la que nos dejó expuestos y desarmados cuando Chile nos declaró la guerra en 1879.

¿Te das cuenta de la tragedia? Tuvimos la riqueza para ser una potencia, pero preferimos el festín de los vales y los cuadernos de Meiggs. La próxima vez hablaremos de cómo, después de la guerra, tuvimos que hipotecar lo poco que nos quedaba para volver a empezar. ¡Nos vemos en el próximo café!

Vick
Conversando con una Taza de café
-Vick-yoopino