Como te rogué…

Pasa, siéntate. Hoy el café está en su punto, de esos que no se toman apurados. Porque lo que quiero comentarte no es para decirlo rápido ni para entenderlo de pasada.

Hay una frase que me ha estado rondando la cabeza estos días: “te rogué…”. No es lo mismo que pedir. Rogar implica insistencia, urgencia, preocupación real. Es alguien hablándole a otro porque ve algo que el otro quizá no está viendo. Y me hizo pensar… ¿cuántas veces alguien nos ha hablado así y no lo entendimos en el momento?

Mira, vivimos en una época donde todo va demasiado rápido. Lo sabes. Si un video dura más de unos minutos, lo adelantamos. Si un texto es largo, lo dejamos para después… o no volvemos. Y sin darnos cuenta, esa forma de vivir se nos metió también en la fe. Queremos respuestas rápidas, mensajes cortos, algo que nos anime y nos deje tranquilos. Pero lo profundo no entra así, no se deja consumir como si fuera un resumen.

Hace mucho tiempo alguien dijo algo con cierta ironía: para muchos, un sermón da igual si es verdad o no, mientras sea corto. Y uno pensaría que eso ya quedó atrás… pero no. Hoy seguimos igual, solo que con mejor tecnología. Escuchamos algo que suena bien, que emociona, que tiene lógica… y lo aceptamos. Pero rara vez nos detenemos a preguntarnos si eso es realmente verdad o solo nos hizo sentir cómodos por un momento.

Y ahí es donde empieza el problema. Porque cuando dejamos de cuestionar, dejamos de crecer. Empezamos a depender de lo que otros dicen, de lo que otros interpretan, de lo que otros sienten. Y poco a poco perdemos algo importante: la capacidad de discernir.

También hay algo más delicado. El peso de quien habla. Siempre han existido personas que hablan en nombre de Dios, pero no necesariamente reflejan lo que dicen. No es algo nuevo. Ya pasaba antes, y sigue pasando ahora. Promesas que suenan bien pero no se cumplen, palabras que emocionan pero no sostienen. Y cuando eso se cae, lo que queda es confusión… y a veces, desilusión.

Por eso me parece peligroso cuando se instala esa idea de que no se puede cuestionar. Que no se puede preguntar. Que hay cosas que simplemente se aceptan. Porque si no puedes preguntar, tampoco puedes corregir. Y si no puedes corregir, el error se queda. Y con el tiempo, se normaliza.

Ahora, ojo, no se trata de cuestionar desde el orgullo. Se trata de buscar la verdad con honestidad. De no conformarse con lo primero que suena bien. De ir un poco más allá.

Y en medio de todo esto, hay algo que también se ha distorsionado: la forma en la que hablamos con Dios. Hoy se escucha mucho eso de “declaro”, “decreto”, “ordeno”. Suena fuerte, suena seguro. Pero si uno mira con calma, no es así como se acercaban a Dios. No desde la imposición, sino desde la humildad. Desde el “ten misericordia”, desde el “si es tu voluntad”.

Y claro, eso cuesta más. Porque implica soltar el control. Y seamos honestos, a ninguno de nosotros le gusta soltar el control. Preferimos sentir que manejamos las cosas, que tenemos cierto poder sobre lo que pasa. Pero la fe no va por ahí. La fe no es lograr que todo salga como queremos. La fe es confiar incluso cuando no sale así.

Y ahí es donde la fe deja de ser cómoda… y se vuelve real.

Hay otra cosa que también me preocupa. La cantidad de discusiones que vemos hoy. Opiniones, debates, teorías, interpretaciones. Mucho ruido. Y al final, poco cambio real. Gente que quiere saber más, pero no necesariamente vivir mejor. Que quiere tener la razón, pero no transformarse.

Y eso nos lleva a un punto delicado. Uno puede estudiar, aprender, defender lo que cree… y aun así perder algo fundamental: el amor. Porque es posible tener la razón y al mismo tiempo volverse frío, crítico, distante. Y una fe sin amor termina siendo dura, poco humana.

Por eso creo que todo vuelve a lo básico. No a hacer más cosas, sino a hacerlas mejor. A leer con intención. A pensar. A preguntar. A no conformarse con lo superficial. No para saber más que otros, sino para no ser llevado de un lado a otro por cualquier idea.

Al final, la pregunta no es cuánto sabes. Es qué tan firme estás cuando las cosas no salen como esperabas. Qué tan real es tu fe cuando no hay emoción, cuando no hay respuestas inmediatas.

Y te dejo con esto, sin apuro: ¿estás buscando la verdad… o solo algo que te haga sentir bien? ¿Podrías explicar lo que crees… o solo repetirlo? ¿Y cuándo fue la última vez que alguien te habló con urgencia, porque veía algo que tú no veías?

Quizá eso también es una forma de cuidado.

Gracias por quedarte este rato. De verdad.

Nos vemos en la próxima taza de café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Te ato, te encadeno y te arrojo al lago profundo, ¿Si, quién, tú?

Queridos amigos, venimos de nuevo, nos fuimos a tomar un buen café Starbucks, un pastelito de manzana y sobre todo un tiempo de buena lectura, paz y tranquilidad, pero seguimos estudiando y escribiendo. Como le comentaba en otro post, en estos tiempos cuando en el mundo cristiano se nos ha inculcado tanto el «tener éxito», «tomar las naciones», «atar a los demonios», «ser prospero», «gritar recíbelo», «decláralo», «visualízalo», «obtener lo que tu corazón desea», etc… y cuando las modas en unciones y revelaciones abundan y siguen aumentando, te tumban al suelo cuando oran por ti, te levantan y de nuevo al suelo, como si fueras un yo-yo, cosa que por cierto, nos hace vivir afligidos como esperando que algo de lo mencionado anteriormente nos haga realmente felices y la verdad es que hasta se nos hace raro vivir así, cuidándonos de que el diablo no nos haga nada, que tenemos la autoridad para que las puertas se nos abran, de que vivamos sanos y prosperos, de que el diablo nada puede hacer contra nosotros porque lo «atamos» (que dicho sea de paso, y lo digo en primero para mi mismo:  Dios tiene más poder para cuidarnos y guardarnos, que el diablo para atacarnos), vivimos con miedo, afanados, preguntándonos dónde está el «yugo fácil» que Cristo prometió, o esa vida de bendiciones que nos prometieron cuando nos convertimos. Nos han enseñado que todo cristiano debe vivir siempre sano, siempre próspero, siempre exitoso, siempre victorioso y sobre todo recibiendo todas las bendiciones que son nuestras y que debemos reclamar; y que si no es así, es porque hemos pecado, desobedecido, caído de la gracia, o porque tenemos en la repisa un muñeco de Mickey Mouse, y ni que decir si tenemos al osito Pooh en nuestro escritorio, y mi amigo si usted tiene un conejito, (con sus patitas de la buena suerte) debe amputarle las patitas y tirarlas al fuego porque son de Satanás (pobre conejito manco y cojo, ahora explicale a tu hijo, porque hiciste eso). Nos cuidamos a cada paso, NO de caminar en santidad, sino de que a lo mejor una bruja verrugosa esparció un hechizo a mis pies y tengo que contrarrestarlo con ese maravilloso amuleto que es «la sangre de Cristo» (en ningún momento creo lo anterior ni quiero parecer ofensivo, pero es que a veces nuestro cristianismo se vuelve tan fantasioso, que algunas veces tenemos tantos amuletos cristianos que solo nos falta el rosario y nuestras estampitas contra el mal de ojo). Pero hemanito, llega un momento que todos son demonios, todo está trayendo algo oculto, hay que mirar de reojo, porque todo esta mal y en cualquier esquina hay un demonio escondido, acechándonos dispuesto a atacarnos en cualquier momento si nos descuidamos, y nos volvemos medio paranoicos que todo es vivir, a la defensiva, nunca en paz, porque nos han dicho desde el pulpito que un demonio hay a cada paso, y caminamos como pisando huevos para no despertar a ninguno, en vez de llenarnos de Cristo, «resistid al diablo y él huirá de vosotros», pero tanto nos hablan desde el pulpito de los demonios que a quien hay que hacerle liberación es al del pulpito.

Satanás siempre ha querido hasta la fecha la atención para él, y aunque usted no lo crea, lo está logrando, especialmente entre el pueblo de Dios. él ya no puede estar más vencido de lo que ya está por Cristo. Pero sí puede robar tu atención.  Pablo dijo: «No ignoramos sus maquinaciones», pero le cuento mi hermanito o hermanita, al diablo ni siquiera le importa tanto que lo eches fuera o no, o que lo ates o no, o que lo mandes al lago de fuego o no, siempre y cuando tus ojos y tus cinco sentidos estén sobre él y no sobre el autor y consumador de tu fe, o sea Cristo.

Creo en echar fuera demonios, sanar enfermos y creo en un Dios sobrenatural y milagroso. Lo que no creo y es algo que ha desgastado a la iglesia en general es precisamente poner nuestra atención en los dones o mucho peor, en Satanás mismo, y no en el Creador de todo. Él ganó el derecho de nuestra sanidad, prosperidad y muchas cosas más, pero por favor leálo con detenimiento, los dones son buenos y hermozo regalo de Jesús, pero no es lo más importante, lo más importante es lo de Romanos. 8:28 en adelante, nuestro máximo propósito: ser hechos a la imagen y semejanza de su Hijo, y si para eso nos tiene que quitar la economía, lo hará (no necesariamente es disciplina por pecado), si tiene que humillarnos con una enfermedad, lo hará, porque su propósito es mucho más trascendente que nuestros pensares, debemos seguir en el conocimiento de Dios hasta llegar a la altura del varón perfecto, sin quitar nuestros ojos del amado.

Le voy a contar otra historia, pero en una iglesia a la cual asistía hace un tiempo, el pastor tenía la convicción de acabar el servicio a una hora exacta, por lo tanto a unos 15 minutos antes de que se le acabara el tiempo, contínuamente estaba mirando el reloj colgado en la pared del templo, tal fue su fijación mental que ya casi toda la congregación, justamente con el pastor, volteaban a ver la hora, un día hable con él y le dije, pastor usted sabe que una de las ideas de Satanás es: si no puede destruirnos, por lo menos es sacarnos de lo que se viene haciendo y que glorifica a Dios, y sabe, faltando unos 15 minutos para que usted termine el servicio, nadie ya presta atención, todos juntamente con usted paran viendo el reloj, ¿de qué habló? ¿cuál fue el tema de la predica?, ya no interesa, muy sutilmente, muy fácilmente, casi todos se salieron de lo que veníamos haciendo y eso es obra del enemigo, que en forma suave, sin gritos, ni saltos, nos olvidamos del motivo de nuestra reunión, y hasta se hacen apuestas si acaba a tiempo o se pasa o acaba antes, el domingo siguiente, sacamos el reloj, el pastor terminó cuando terminó, y santo remedio, y usted cree que saltando o dando de brincos, se alejaría, no tened disernimiento de espíritus, sin darse cuenta, el mismo pastor sacó a casi todos de la comunión con el creador.

Hermanos Jehová nos sigue amando y más siendo sus hijos (cosa con la que no tuviste nada qué ver: Él te engendró) Dios ama al pecador arrepentido. Todo lo que pasa en tu vida, todo, está bajo su soberanía, y es con el fin de que Cristo que vive en ti, se cumplirá todo aquello para lo cual fuiste formado. Terminamos como empezamos, con bendiciones y con nuestra Biblia en la mano, aprendiendo un poquito más cada día. Nos vemos pronto.