Episodio 8: El triunfo del contrabando: Cómo Inglaterra ganó la guerra sin disparar. 

Serie: «La Independencia en el Perú: Las Palabras y los Hechos»

—Pide otra ronda de café, hermano, que hoy vamos a hablar de cómo se mueven realmente los hilos del mundo. Ya hemos desarmado varios mitos en nuestras charlas anteriores, pero lo que Pierre Chaunu plantea en este capítulo es, sencillamente, una genialidad que te vuela la cabeza. En el colegio siempre nos pintaron a Inglaterra como esa «hermana mayor» que, por puro amor a la libertad, nos mandaba legiones y barcos para ayudarnos a echar a los españoles. Pero la realidad es mucho más cínica… y fascinante. Inglaterra no ganó la guerra con fusiles; la ganó con fardos de tela y cajas de herramientas mucho antes de que sonara el primer cañonazo en Junín o Ayacucho.

—Mira, Chaunu nos suelta una verdad incómoda: el famoso «monopolio español» del que tanto nos quejamos en las actuaciones escolares era, para el siglo XVIII, poco más que un fantasma. Él dice algo muy lógico: si la Independencia hubiera sido una reacción contra los abusos del monopolio, nos habríamos rebelado en 1580, que es cuando España sí ejercía un control de hierro desde Sevilla. Pero para 1810, el sistema era tan poroso que hablar de «exclusividad» era casi una broma. Lo que había en realidad era un condominio de hecho.

—¿Qué significa eso del «condominio»? Es simple: España ponía el nombre, ponía a los virreyes y cargaba con el peso de la administración, pero las que realmente mandaban en la economía eran las potencias marítimas, sobre todo Inglaterra y Francia. Entre 1700 y 1770, América fue española solo en la superficie; por debajo, el flujo de mercancías y de capital era británico a través de una red de contrabando tan eficiente que dejaba a los galeones de Cádiz como reliquias de museo.

—Imagina la escena en el Caribe, hermano. Jamaica no era solo una isla de azúcar; era el gran almacén del contrabando británico para todo el continente. Chaunu explica cómo funcionaba la trampa del «navío de permiso» que Inglaterra consiguió con el Tratado de Utrecht. Se suponía que era un solo barco al año con 500 toneladas, pero los ingleses eran maestros del ingenio: inventaron el «navío tienda». Mientras el barco principal estaba en puerto, otros barcos más pequeños lo reabastecían de noche desde Jamaica. El navío nunca se vaciaba. Era una fuente inagotable de productos más baratos y mejores que los que traía España.

—Y aquí viene lo que te va a dejar pensando: ¿quiénes crees que eran los principales socios de este contrabando? Pues los mismos ricos capitalistas criollos, los famosos «peruleros» de Lima. Chaunu desmiente que el comercio estuviera en manos de los españoles de la península; en realidad, eran los criollos quienes manejaban el dinero y se beneficiaban de esa apertura comercial encubierta. Por eso, esa idea de que «estábamos oprimidos por el monopolio» es una construcción ideológica posterior. A los criollos les iba bastante bien con ese sistema donde España fingía que prohibía e Inglaterra fingía que no vendía.

—Entonces, ¿por qué se rompe todo? No fue por un deseo heroico de libertad, sino por un error estratégico monumental de España. Chaunu menciona la máxima que, según dicen, venía desde Felipe II: «Paz con los ingleses y guerra contra todos». España sabía que para conservar América políticamente, tenía que dejar que los ingleses se llevaran una tajada del comercio. Pero Godoy, ese ministro nefasto, rompió la regla y se alió con la Francia revolucionaria y napoleónica. Eso fue el suicidio del Imperio.

—Al declararle la guerra a Inglaterra, España perdió el mar. Trafalgar en 1805 fue el certificado de defunción del Imperio Español en América. Durante casi quince años, de 1796 a 1808, las comunicaciones entre España y sus colonias se cortaron casi por completo. América se quedó sola. Y en esa soledad, ¿quién estaba ahí para llenar el vacío? Los comerciantes británicos. Cuando llegaron las noticias de que España había sido invadida por Napoleón en 1808, América ya se había acostumbrado a vivir sin Madrid, pero no podía vivir sin las manufacturas de Manchester.

—Lo que celebramos como una gesta de independencia política fue, en términos de Chaunu, la «catastrófica independencia de España». España no perdió sus colonias porque nosotros fuéramos invencibles, sino porque ella misma colapsó en Europa y dejó de ser útil para las élites americanas. Inglaterra no tuvo que conquistar América políticamente; simplemente dejó que la estructura española se desmoronara para entrar ella con su inmensa superioridad económica.

—Pero hay un detalle final que es casi poético en su ironía. Chaunu cita documentos de un agente inglés, James Paroissien, que muestran algo increíble: al final, los comerciantes británicos terminaron decepcionados con la Independencia. Se dieron cuenta de que la América colonial, bajo ese pacto implícito con España, era más próspera y rendía más beneficios que la América independiente, que nació arruinada por las guerras civiles y fragmentada por los caudillos. Resulta que «ganar la guerra» les salió más caro que simplemente dominar el contrabando.

—Así que, hermano, mientras el resto del país aplaude las batallas de caballería, nosotros aquí, café de por medio, podemos ver que la verdadera victoria se decidió en las aduanas y en los puertos, por hombres que usaban libros contables en lugar de sables. La independencia fue ese breve episodio que nos trasladó de una potencia decadente que ya no podía mandarnos ni una carta, a una potencia industrial que nos controló sin necesidad de un solo virrey.

—¿Qué tal el sabor del café ahora? Sabe un poco más a realidad, ¿no? En el próximo episodio vamos a hablar de los que no están en los cuadros de las batallas: las masas en silencio. Pero por hoy, ya tenemos bastante con este triunfo del contrabando.

Nos encontramos en un par de días. No te olvides del café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Episodio 1: El mito en la mesa: Desmontando la versión oficial de julio

Serie: «La Independencia en el Perú: Las Palabras y los Hechos»

—Pide otro café, hermano, que hoy no tenemos prisa. ¿Te has fijado en las calles? Ya es Julio y todo es rojo y blanco. Las escarapelas, los desfiles escolares, esa sensación de que, porque es julio, todos somos «más peruanos». Pero, ¿sabes? He estado releyendo un texto que el Instituto de Estudios Peruanos publicó hace tiempo, uno que sacudió los cimientos de nuestra historia oficial: «La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos». Y mientras veía las banderas por la ventana, no podía dejar de pensar en lo mucho que nos han mentido, o mejor dicho, en lo mucho que nos han «contado el cuento»,.

—Es que la historia que nos enseñaron en el colegio, esa que repetimos cada 28 de julio, es casi una hagiografía, una vida de santos patriotas. La historiografía tradicional, tanto la de antes como la de ahora, insiste en que nuestra independencia fue el resultado de un deseo unánime, de un enfrentamiento heroico del «pueblo peruano» contra una España opresora. Nos venden esa línea de tiempo perfecta: desde la rebelión de Túpac Amaru hasta la llegada de San Martín, como si hubiera una «toma de conciencia nacional» que iba creciendo en el corazón de cada criollo e indio. Pero Bonilla y Matos Mar nos dicen algo que duele: esa versión es un mito montado sobre bases muy débiles.

—Fíjate bien en la profundidad de la crítica. Ellos argumentan que este relato oficial tiene una función ideológica. No está ahí para decirnos la verdad, sino para legitimar el presente, para inventar una «nacionalidad» que en ese momento no existía y para ocultar que, en realidad, los intereses de las clases sociales en el Perú eran totalmente antagónicos,. Nos dicen que la independencia no fue un triunfo de la «peruanidad», sino una consecuencia de las guerras en Europa, una pugna entre metrópolis que se peleaban el dominio del mundo,.

—¿Y qué pasa con nuestros héroes? Pues que, según los hechos, la independencia en el Perú fue «concedida» antes que conquistada,. Fue traída desde afuera por los ejércitos de San Martín y de Bolívar. Y esto no es un insulto a la patria, es un dato histórico: las grandes mayorías de este territorio —los indios, los negros, los mestizos— estuvieron ausentes del proceso o, peor aún, lucharon indistintamente en ambos bandos, en el patriota y en el realista. No había una «unión nacional». Lo que había era una sociedad profundamente estratificada donde el criterio de raza, economía y leyes nos separaba de manera brutal.

—Es irónico, ¿no? Celebramos la «libertad» en un mes donde la mayoría de los peruanos de 1821 ni siquiera sabían que estaban siendo «liberados» o, si lo sabían, no sentían que esa libertad fuera para ellos. Los autores sugieren que para entender lo que realmente pasó, tenemos que dejar de mirar solo los bustos de bronce y empezar a mirar el contexto universal y los intereses concretos de los grupos locales. San Martín y Bolívar no vinieron por un amor romántico al Perú; vinieron porque el Perú era el bastión colonial más sólido, y si no caía el virreinato peruano, la independencia de Argentina o Colombia nunca estaría segura. Fue una necesidad estratégica de otros países la que terminó decidiendo nuestro destino.

—Así que aquí estamos, tomando café en julio, rodeados de una retórica que, según el libro, solo sirve para impedir que analicemos críticamente las raíces de nuestra situación actual. Nos quedamos en las «palabras» y olvidamos los «hechos». Y los hechos nos dicen que el 28 de julio de 1821 se rompió el lazo político con España, sí, pero el orden económico y social colonial se quedó sentado en la mesa con nosotros, y parece que todavía no se ha ido.

Nos encontraremos nuevamente en un par de días, y que nos encuentre conversando con una Taza de Café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Mijaíl Shólojov (1905-1984)

En una de mis caminatas, entre librerías y calles oscuras, encontré un nuevo escritor, por lo que comenzamos a averiguar algo más de:

Mijaíl Shólojov fue un escritor ruso ganador del Premio Nobel de Literatura en 1965. Nació el 24 de mayo de 1905 en el pueblo de Kruzhilín, en la región de Rostov, Rusia, en una familia de campesinos cosacos. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por la pobreza y la lucha por la supervivencia, lo que más tarde influiría en su obra literaria.

Shólojov se unió al Partido Comunista en 1932 y se convirtió en uno de los escritores más destacados de la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó como corresponsal de guerra y escribió artículos y ensayos sobre la lucha contra el nazismo. Su experiencia en la guerra y su compromiso con la ideología comunista se reflejan en su obra, que a menudo explora temas como la lucha de clases, la revolución y la construcción del socialismo.

A lo largo de su carrera, Shólojov recibió numerosos premios y reconocimientos, incluyendo el Premio Nobel de Literatura en 1965, el Premio Lenin en 1960 y el Premio Stalin en 1941. Murió el 21 de febrero de 1984 en Vióshenskaya, Rusia, a los 78 años.

Reseña de «El Don apacible»

«El Don apacible» es una novela monumental que te sumerge en la vida de los cosacos del Don durante la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. La novela sigue la vida de Grigori Mélejov, un cosaco que se ve envuelto en la turbulencia de la guerra y la revolución. A través de la historia de Grigori, Shólojov explora temas como la lealtad, el amor, la guerra y la búsqueda de la identidad.

La prosa de Shólojov es poderosa y emotiva, y su descripción de la vida en el Don es vívida y auténtica. La novela es un fresco de la vida rural rusa, con sus tradiciones, costumbres y paisajes. Shólojov describe la vida de los cosacos con un realismo crudo y sin sentimentalismo, lo que da a la novela una sensación de autenticidad y veracidad.

La estructura de la novela es épica, con una narrativa que abarca varios años y sigue a Grigori a través de la guerra, la revolución y la lucha por la supervivencia. La novela es un viaje emocional y psicológico, que explora las complejidades de la naturaleza humana y la lucha por encontrar sentido en un mundo en caos.

Uno de los aspectos más destacados de la novela es la caracterización de Grigori Mélejov, un personaje complejo y multifacético que se debate entre la lealtad a su familia y su tierra, y su deseo de encontrar su propio camino en el mundo. Grigori es un personaje con defectos y virtudes, que comete errores y aprende de ellos, lo que lo hace creíble y humano.

«El Don apacible» es una novela que te deja con una sensación de asombro y admiración por la habilidad de Shólojov para crear un mundo tan vívido y real. Es una obra maestra de la literatura rusa, que explora temas universales como la guerra, la paz, el amor y la búsqueda de la identidad.

Su obra es una ventana a la historia y la cultura rusa, y «El Don apacible» es una de las novelas más importantes del siglo XX. Te recomiendo explorar más de su obra, como «Campos roturados» o «Siete cuentos del Don».

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com