La puerta estrecha y las voces que susurran

Esta noche el café tiene un sabor más serio.
No sé si es por el tema… o porque hay palabras que no se pueden decir con ligereza.

El Sermón del Monte comienza hermoso.
Las Bienaventuranzas suenan casi poéticas: los pobres de espíritu, los que lloran, los pacificadores… el Reino prometido a los que parecen perder.
Pero luego el tono cambia.
Después de hablarnos de generosidad discreta, de oración sin espectáculo, de ayuno sin trompetas, de confiar sin ansiedad… el Señor nos coloca frente a una decisión.

Dos puertas.
Una ancha.
Una estrecha.

Y no es metáfora decorativa. Es advertencia.
La puerta ancha es cómoda.
No exige mucho.
No pide renuncias profundas.
Muchos entran por allí porque el camino parece lógico, razonable, incluso exitoso.

La puerta estrecha… es distinta.
Es pequeña.
Y para cruzarla hay que soltar cosas.
Orgullo.
Vanidad.
La necesidad constante de aprobación.
Incluso ciertas seguridades que creemos indispensables.

Y justo cuando uno empieza a pensar seriamente en cuál puerta tomar… aparece otra advertencia.

“Guardaos de los falsos profetas.”
Y aquí el café se enfría un poco.
Porque los falsos profetas no se presentan con cartel de advertencia.
Vienen vestidos de oveja. Hablan bonito. Prometen grandeza. Endulzan los oídos.
El camino ancho lo pintan con colores brillantes: éxito garantizado, prosperidad sin proceso, espiritualidad sin cruz.

Y a veces el problema no es que ellos hablen… sino que nosotros queremos escucharlos.
Nos gusta que nos digan que todo será fácil.
Que no hace falta cambiar tanto.
Que podemos seguir igual y aun así atravesar la puerta estrecha.

Pero la puerta estrecha no se ensancha para acomodarnos.
Y eso incomoda.
El Señor fue aún más fuerte: habrá quienes dirán “profetizamos en tu nombre”, “hicimos milagros”… y aun así oirán que no fueron conocidos.

No se trata de espectáculo espiritual.
Se trata de relación real.
Entonces surge la pregunta inevitable:
¿Cómo no perdernos?

La respuesta no es complicada… pero sí exige disciplina: madurez en la Palabra.
No podemos vivir de frases sueltas.
No podemos depender solo de lo que otros dicen.
Escudriñar no es opcional. Es protección.

La salvación es un regalo.
Pero el crecimiento requiere decisión.
A veces pienso que atravesar la puerta estrecha es como intentar pasar por una abertura muy angosta con una maleta pesada. No es que la puerta esté cerrada. Es que nosotros insistimos en cruzar con todo el equipaje.

Y no se puede.
Hay que soltar.
Y soltar duele.

Mientras termino esta taza, me queda una convicción sencilla: la fe auténtica no siempre es popular. No siempre es cómoda. Pero es segura.

El camino angosto no es el más transitado…
pero es el que conduce a vida.
Y las voces que te susurran atajos siempre estarán ahí.

La pregunta es:
¿a quién estás escuchando?

Nos vemos en la próxima conversación.
Con menos equipaje… y más claridad.

Vick
Convernsado con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com