Episodio 02: El precio de evitar el conflicto.

Serie: ”El Púlpito no es el Techo»

El camarero pasa por nuestro lado retirando las tazas vacías de la mesa vecina, y el crujido del piso de madera vieja nos recuerda que estamos en un lugar que ha resistido el paso de las modas. El café de hoy está fuerte, amargo, justo como el tema que tenemos que poner sobre la mesa. Sírvele un poco más de agua si lo sientes muy pesado, porque hoy vamos a escudriñar el verdadero motivo por el cual la gente prefiere callar el discernimiento: el miedo al conflicto y la comodidad del silencio.

A veces nos mentimos a nosotros mismos diciendo que no cuestionamos los abusos o las malas interpretaciones desde el púlpito por «respeto» o por «mantener la paz de la iglesia». Pero si somos brutalmente honestos en este café, la verdad es que preferimos la comodidad de asentir a todo antes que el esfuerzo y el costo social de estudiar, cuestionar y ponernos en la mira del liderazgo. Es mucho más fácil ser un espectador silencioso que un bereano activo.

Mira lo que el apóstol Pablo le confiesa con una honestidad desgarradora a los creyentes en Gálatas 1:10: «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo».

Y si miramos el Evangelio de Juan 12:42-43, el texto nos muestra una radiografía perfecta de lo que pasa en muchas bancas hoy: «Con todo eso, aun de los gobernantes muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios».

Al explicar estas palabras, el texto nos confronta directamente. Pablo nos advierte que buscar el favor de la estructura humana o tratar de agradar al liderazgo para no alterar el orden establecido es incompatible con ser un verdadero siervo de Cristo. La complacencia por temor es una forma de idolatría.

Por su parte, el pasaje de Juan es sumamente revelador. Había personas que internamente tenían el discernimiento correcto, sabían que Jesús era la verdad, pero decidieron esconder su convicción en los bolsillos. ¿Por qué? Por el miedo al exilio comunitario, al rechazo social y a ser expulsados de su círculo religioso. El texto no suaviza las cosas: dice que preferían la aprobación, el estatus y la comodidad que les daba el grupo antes que la verdad de Dios.

Si discernimos el fondo de esto en el año actual, entendemos por qué el grito de «¡No toquen al ungido!» funciona tan bien como un candado mental. Funciona porque el ser humano detesta el conflicto. Nadie quiere ser el hermano señalado, el que «está en contra de la iglesia», o el que es invitado a abandonar la congregación por hacer preguntas que el liderazgo no puede responder con la Biblia en la mano. Entonces, la congregación desarrolla un mecanismo de defensa: asumen que todo lo que dice el pastor es cierto, desactivan su capacidad crítica y se convencen a sí mismos de que dudar es un pecado contra el Espíritu Santo.

Pero déjame decirte algo mientras movemos el café: la paz que se construye sobre la base de la ceguera espiritual no es paz, es sumisión. El temor a discutirle al líder o a verificar sus palabras en la Escritura no refleja reverencia a Dios; refleja miedo a los hombres. Cuando una persona decide no confrontar el texto bíblico por no perder sus privilegios, su puesto administrativo, sus amistades o la palmadita en la espalda del pastor, está cambiando la gloria de Dios por la aprobación de un sistema humano. El discernimiento exige valentía. No para pelear con soberbia en los pasillos, sino para mantener la fidelidad a la Verdad por encima del miedo a la exclusión.

Por eso este café es tan importante. El incentivo para leer y discernir por ti mismo no es volverte un provocador de discusiones. El verdadero incentivo es que entiendas que tu lealtad final le pertenece al Autor del libro, no al que lo predica los domingos. Vencer el miedo al conflicto empieza cuando valoras más la verdad de Dios en tu habitación que la comodidad del silencio en tu banca.

Termínate el café antes de que se enfríe por completo. En nuestro próximo encuentro vamos a hablar de las herramientas del buscador. Vamos a recordar que el Espíritu Santo no es un patrimonio privado del púlpito, sino el Consolador que vive en cada creyente dispuesto a abrir la Biblia con temor y temblor.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
–MiVivencia.com

Episodio 00: El peligro de la comida premasticada

Serie: ”El Púlpito no es el Techo»

El humo que sale de la taza dibuja líneas perezosas en el aire antes de desaparecer. Afuera la tarde cae despacio, y aquí adentro el sonido de las páginas de la Biblia al pasarse tiene un eco que me da paz. Qué bueno que viniste hoy. Te serví el café cargado porque lo que encontré esta semana en el texto requiere que tengamos la mente bien despierta.

Quiero confesarte algo que me ha venido doliendo el corazón últimamente mientras miro a mi alrededor en las bancas. Me he dado cuenta de que tenemos un problema silencioso pero devastador dentro de las congregaciones: la gente lee muy poco. Y lo preocupante no es solo que no abran el libro en casa, sino que cuando lo abren, le dan exactamente la misma interpretación que recibieron el domingo desde el púlpito. El discernimiento propio se ha vuelto sumamente pobre. Nos hemos acostumbrado a consumir fe por transferencia.

Mira lo que el apóstol Pablo le escribe a una iglesia que estaba madurando, en Filipenses 1:9-10: «Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor,…».

Y si miramos el Antiguo Testamento, en Oseas 4:6, Dios lanza un lamento profundo: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento».

Al explicar estos pasajes, descubrimos que el plan de Dios jamás fue tener un ejército de seguidores ciegos que repiten consignas. Pablo no ora para que la iglesia obedezca ciegamente a los líderes; ora para que el amor de los hermanos abunde en «conocimiento y en todo discernimiento». La palabra discernimiento aquí implica la capacidad de juzgar, examinar y distinguir lo que es excelente de lo que es mediocre o falso. Por otro lado, el profeta Oseas aclara que la ruina del pueblo no vino por falta de cultos, de música o de templos; vino por falta de conocimiento propio. El pueblo se confió de lo que los sacerdotes corruptos les decían y dejaron de conocer a Dios por sí mismos.

Si discernimos el fondo de esta situación, nos damos cuenta de que asumir que todo lo que se dice desde el púlpito es cien por ciento cierto —solo por no buscar el conflicto o por temor a contradecir al «ungido»— es una negligencia espiritual grave. El púlpito es una herramienta hermosa para inspirar, guiar y enseñar, pero jamás debe ser el techo de tu conocimiento. 

Cuando delegas tu lectura bíblica al líder, estás comiendo comida premasticada. Alguien más la buscó, alguien más la masticó, alguien más la digirió por ti y tú solo tragas. El problema de esto es que si el líder se equivoca, tú te equivocas con él. Si el líder tiene una mala intención, tú te vuelves cómplice de su error por pura pereza mental.

El Espíritu Santo no tiene favoritos ni canales exclusivos. El mismo Espíritu que ilumina al predicador en su oficina es el que quiere iluminarte a ti en la mesa de tu comedor a las once de la noche. Pero para que eso pase, hay que vencer el miedo al conflicto y la comodidad del silencio. Tener dudas honestas y acudir al texto para resolverlas no te hace un mal hermano; te hace un creyente maduro.

Por eso quiero que abramos esta nueva serie de charlas. No queremos atacar a los predicadores, sino despertar a los lectores. Queremos incentivar a que cada hermano vuelva a sentir el peso y la belleza de leer por sí mismo, de dejar que la Palabra lo confronte a solas, sin intermediarios.

Termínate el café. En nuestro próximo encuentro quiero que analicemos el «analfabetismo funcional espiritual»: cómo es posible que pasemos años leyendo los mismos versículos pero sin entender realmente lo que el texto está tratando de decirnos.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
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