Después serás una anécdota

El día que te vayas, aunque ahora cueste creerlo, la vida de los demás seguirá igual.
Habrá un funeral. Algunos rostros serios.
Palabras que se repiten como fórmulas gastadas.
Abrazos torpes. Silencios que no saben qué decir.

Unos días después, todo se acomoda. El trabajo continúa.
Las conversaciones vuelven a lo trivial.
El mundo no se detiene por nadie.
Poco a poco, tu nombre aparecerá solo de vez en cuando.
Alguien recordará algo que dijiste. Alguna torpeza tuya hará reír a la mesa.
Luego, quizá, un reproche. Un recuerdo incómodo.

Y después… nada.
Una lápida.
Una urna.
Un objeto que nadie sabe dónde poner.

Tus cosas se repartirán o se amontonarán en algún rincón. Fotos que ya nadie mira con atención.
Ropa que deja de oler a ti. Papeles que ya no importan.

El tiempo hace su trabajo sin pedir permiso.
Y tú quedas reducido a un par de imágenes borrosas
y a una historia contada cada vez peor.
La vida sigue.

Y entonces aparece la pregunta, esa que no te deja dormir, cuando el ruido se apaga y solo quedas tú con tus pensamientos.
Tú, que aún caminas en esta procesión inevitable hacia el campo santo,
¿vas a vivir para quienes, una semana después, ya no te recuerden?

¿O vas a vivir haciendo aquello que, al menos, te hace sentir vivo?

Porque la verdad es incómoda, pero clara:
los recuerdos familiares duran menos que nuestro primer coito.

Se diluyen. Se deforman. Se olvidan. Después serás una anécdota.
Nada más.

Así que vive.
No pidas permiso.
No postergues por miedo.
No negocies tu alegría para encajar.

Vive.
Haz lo que te haga feliz.
Porque cuando ya no estés,
nadie vendrá a reclamarte
lo que no hiciste.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vcik-yoopino
-MiVivencia.com

Lucho contra la muerte y le ganó

Parte 2: El regreso al castillo

Al día siguiente se levantó.
Dolorido. Con el cuerpo roto y el alma agotada. Pero de pie. Caminó hacia su pequeño castillo. Porque un caballero jamás muestra dolor. Ni cansancio. Mucho menos angustia. Arrastraba la lanza. Se apoyaba con dificultad. Cada paso era una batalla. Hasta el aire dolía. Y sin embargo, avanzaba.

Envuelto en sus pertrechos. Acompañado por su fiel Kiba. El único que había estado en todas las batallas. El único que no juzga. Ni habla. Ni abandona.

Se sentó. Tarareó una vieja canción:

“Estuve sentado en el puente,
de la barca que lleva a la muerte.
Vino ella, le jugué mi vida…
y le gané.”

Una y otra vez. Sonreía entre dolores. Entre cicatrices que ardían al recordarse. Y así… día tras día, se fue levantando de las heridas. Como un ave fénix que no solo sobrevive: vuelve con más fuego.

Quiso presentarse como caballero ante la princesa. Rendirle honores. Mostrarle que había vencido. Pero ella no llegó. Entonces, comprendió. Tomó su pluma como espada. Su mochila como casco. Y entre sus libros encontró el escudo que lo había protegido en mil batallas. Cerró su iPad. Ese que guardaba sus razones para luchar. Se quitó el reloj. Ya no necesitaba saber qué hora era en el pasado. Regresó a sus aposentos.

Dejó que sus cicatrices sanaran solas. Sin prisa. Como testigos mudos de las trampas, las razones, y las heridas mal alineadas. Abrió su cuaderno de historias. Rasgó las últimas páginas en blanco. No quería escribir nada más allí. No en esa historia.

Fue a la chimenea. La misma donde una vez veló sus armas. Y empezó a quemarlas. No por odio. Sino por libertad. Ya no habría más batallas. Ni más recuerdos de Don Quijote ni Dulcinea. Los molinos ya habían caído uno a uno. Para el final dejó su bandera. Esa máscara de tinieblas que alguna vez lo protegió. La dobló con ternura. Y la dejó caer en medio de la leña. La vio hacerse cenizas.

Miró alrededor. Tomó una copa de café. Sonrió a la mañana que clareaba. Agarra su cámara. Se pone los lentes. Sus pertrechos de siempre. Y sin batallas en el horizonte, salió en busca de su compañera eterna: esa que olvida derrotas y espera en silencio el próximo encuentro.

Porque ya no habrá lucha. Ni desafío. Solo caminará hasta el puente. Y guiará la barca… hasta el palacio donde habita la muerte. Y gritará desde la puerta:

“No tienes que venir por mí: aquí estoy.”

Y en la noche oscura,
su fiel Kiba aulló.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino

Lucho contra la muerte y le ganó (Parte 1)

Parte 1: La última batalla

Hay historias que se escriben con tinta. Otros con sangre. Y algunas… con café caliente, cicatrices mal cosidas y un perro fiel al costado.

Esta no es una metáfora. Es mi historia. O mejor dicho, la del caballero que fui el día que enfrente mi última batalla. Una operación vida o muerte, una decisión silenciosa, una salida prohibida del hospital para volver a casa a alimentar a mi perro, y un epílogo que jamás pensé compartir… hasta hoy.

Esta crónica viene en dos partes. Ambas son ciertas. Ambas fueron escritas desde el alma. Y hoy las comparto contigo, que alguna vez también luchaste en silencio.

Bienvenidos a mi historia.
Soy Vick. Y esta es… Mi Vivencia

Una historia de la vida real.

Durante años luchó en silencio. Mil batallas. Perdía algunas, otras las empezaba sin terminar, pero jamás salió corriendo ni se dio en retirada. Volvía a la carga, y a veces las volvía a perder… para pelear de nuevo y ganarlas entre gallos y medianoche. Mes tras mes, año tras año.

Llevaba en su cuerpo las marcas: espadas que cortaron pecho y hombro, cuchilladas a destajo entre brazo y cintura. Heridas que no escondía. Las peleaba todas como si cada una fuera la última. Porque sí… pudo ser cualquiera.

Y muchas veces, solo. Entre noches oscuras, lluvias sordas y silencios largos, lloró. Pero en voz baja.

Los caballeros de rancia armadura no lloran en voz alta. Se curan las heridas con su propia saliva. Escupen sobre la carne abierta, y la sangre… la sangre solo sirve para endurecer el cuero y dejar al caballero curtido. El dolor se va quedando atrás.

Y junto a su perro —ese fiel compañero de silencios—, limpiaba su espada y remendaba su escudo. Maltrecho en la vuelta. Deshecho en el retorno. Pero jamás recibió un golpe en la espalda.

Salvo las palabras.

Esas, que son cuchillos lanzados por los que piensan diferente. Por los que no luchan, pero agachan la cabeza ante el amo.
Aun así… ni eso le quitaba el sueño. Porque todas las heridas verdaderas —las que marcan— las recibió de frente. En el pecho. En el casco. En el alma.

Su bandera, alguna vez, flameó como emblema entre luchas. Luego volvía hecha trapo, envuelta en su cuerpo, como si fuera vendaje untado con ungüento milagroso.

Pero el día había de llegar. La batalla final. Y llegó. Sonrió. Miró al cielo. Veló toda la noche sus armas. Sacó filo a su espada. Se armó de valor. Noche fría. Neblina. Amenaza de lluvia triste.

Levantó su copa de café caliente en señal de tributo… a todos aquellos que, ante el infortunio, perdieron su última batalla. Se enfrentó solo. Sin sirviente. Sin escudero. Sin padrino. Un duelo entre dos. Una lucha sin cuartel. Uno quedaría.
Y del otro… solo quedaría el recuerdo.

Bajo luces de neón, con un robot quirúrgico como enemigo y un equipo de desconocidos como aliados, se inició el combate.

Muchos le gritaban:
—¡Es una pelea sin sentido! ¡No vale la pena!
—¡Ni siquiera peleas por un sueño!

Pero él, dentro de su casco, los miraba con desprecio. Como quien sabe quién es. Como quien ya no necesita justificarse. Las horas pasaron. La herida quedó abierta. El cuerpo, adolorido. Pero jamás herido por la espalda. Y tras más de seis horas…

…despertó. Los que lo vieron sonrieron.
—Ganaste la batalla —le dijeron—. Es tuya la victoria.

Le preguntaron cómo se sentía. Cómo se encontraba. Y el caballero, aún adolorido, pidió su café. Y un steak. Y papitas fritas.

—Si no morí en la lucha —dijo—, entonces soy inmortal.
Y se quedó dormido otra vez…
con una sonrisa rota…
pero intacto.

Continuará Parte 2 – El regreso al Castillo.

Y la muerte me tiene ganas – Recuperación (Parte 2)

Recuperación, verdades a medias y una mochila para el otro barrio

Me ordenaron vestirme. Recogí mis cosas. Yo, que ya lo tenía todo ordenadito, cargadores conectados, el iPad con batería, y estaba por ver el partido de fútbol… ¡no! Me dijeron que no me quedaba. Que me iba a casa. Por ahora.

Salí como entré, salvo por unas cajas de medicinas. Luego tuve que pasar por otra farmacia para que me prepararan otras. Y de allí, directo a la iglesia. Había que ponerme a cuentas… por si en el camino el pantalón me quedaba corto al estirar la pata.

Hice testamento. Dejé encargado a mi perro. Acomodé mis shorts. Mi patita de conejo. Un peluche todo viejo de Snoopy. Incluso pensé: ¿quién querrá lavar mi ropa para que me la pongan en la mochila si me voy? No sé si en el otro barrio hace frío o calor… así que llevo ropa para ambos climas.

Me encontré con mi yoyo, mi bolero, un par de rompecabezas de 5000 piezas que nunca pude armar. Pensé: ahora sí tendré tiempo. Guardé todo, y un helado para el camino. Mochila lista, y me fui rumbo a la church.

Solo le conté a una persona. Y a nadie más. Porque después empiezan con los encargos:
—¿Le puedes llevar esto a mi tía?
—¿Y esto a mi abuelita?

Y terminas con una maleta llena, como si fueras delivery celestial. Y si no quieres, se enojan, te quitan el habla… y hasta te bloquean en Facebook. Como si en el otro barrio uno tuviera tiempo para andar entregando encargos. No hay Uber espiritual, señores.

Pero bueno… estamos en recuperación. Aunque eso significa que el vecino se llevó mi mesa y ahora tengo que recuperarla (larga historia). Y ahora vienen las órdenes: comer verduras, tomar agua, menos carne, más vegetales, nada de azúcar, ejercicio. A estos extremos… ¡estar vivo va a ser más difícil que estar muerto!

Menos mal que tengo a Kiba, mi perro. Él sí me va a extrañar.

Al final, ya en la noche —tipo diez— me senté en mi carro. Tenía 32 pastillas. Un vasito de agua. Me las tomé. Una por una. Me di una buena movida para que se disuelvan. Y pensé:
¿Y si me tomo todos los frascos de un tirón… me sano más rápido?

No pude. Eran demasiadas.
Y la última, la más amarga, la pasé con un sorbo de resignación.

Luego salí caminando. Fui por mi Starbucks, mi croissant, mi iPod, mi cámara, un cuaderno, un lapicero. Me senté como al principio. Entré al cuarto más chico del Starbucks… y me puse a silbar la misma canción que alguna vez te dediqué.

  • Epilogo: Esta historia fue real. Aunque contada con humor.

A veces, cuando uno está más cerca del silencio, es cuando más escucha su propia voz.

Gracias por leer. Si alguna vez pasaste por algo parecido, o simplemente quieres compartir una risa nerviosa conmigo, te leo en los comentarios.

Conversando con una Taza de Cafe.
– Vick-yoopino.

Y la muerte me tiene ganas – El diagnóstico (Parte1)

El diagnóstico que llego silvando.

Una historia real entre la sala de emergencias, el absurdo y la risa nerviosa.

Bueno, les voy a contar una historia verídica. Los nombres han sido cambiados, porque de lo contrario me van a pedir derechos de imagen, y como que si con las justas me alcanza para un té de manzanilla… imagínense tener que pagar por nombrarlos. Pero empecemos.

Era uno de esos días en que, desde que uno se levanta, todo sale chueco. No encuentras los calcetines, y el único que aparece tiene un hueco del tamaño de un huevo en el talón. Pero bueno, medio que uno disimula con un pantalón largo y nadie lo nota.

Después, te das cuenta de que olvidaste cargar la cámara, pero igual te paseas media hora con ella al hombro, para que nadie diga que no la usas. Te tomas tu agüita en dedal, para que vean que eres saludable, y luego pasas por tu Coca-Cola, para que la tienda no quiebre.

El día pintaba caluroso, así que me puse mi polito, desafiando ese mal moderno de sudar la gota gorda… que en mi caso es una gota flaca, porque para engordar tampoco me da.

Pasé la tarde en un evento de panderos. Viendo lo visto, parecía más una actuación de un drama donde todo el monte era orégano, hasta que vinieron las espinas y, sin saber cómo, terminamos en tragedia. Luego, ya entrada la noche, fuimos a cenar al Denny’s. Quizás fue eso. Cené allí el viernes, y para gustos, repetí el sábado. Éramos varios amigos, disfrutando de un buen steak y mucha conversación.

A eso de la medianoche, antes de que saliera la Llorona a reclamarme por no ser su hijo —porque ya con las panderistas tenía suficiente— nos despedimos. Como había tomado agua como camello, pasé al baño. Lugar pequeño, donde no sé por qué, pero la gente o silba o canta. No voy a decir qué silbaba, porque me excomulgan.

Y ahí… empezó lo raro.

La tarde se me empezó a vestir de rojo. Dije: ¡Ay mamá! Aquí la cosa no pinta bien. El color no bajaba, al contrario, subía hasta llegar a un bermellón que ya lo hubiese querido Dalí para su Tauromaquia. Pensé: o muero en casa, o me voy al hospital.

Entonces hice lo básico: darle de comer a mi perro, limpiar mi cuarto por si deben sacar ropa, ordenar mis libros, esconder el dinero para que no lo encuentren, y meter lo necesario en mi mochila porque esto iba para largo. Antes de que me saquen de cuerpo entero, escondí mi chanchito dentro de la ropa sucia (allí nadie busca, aviso). Ya lo saqué, ahora está detrás del televisor, y nadie lo va a encontrar.

Guardé lo más importante: mi cámara, un trípode chico y otro grande —uno nunca sabe si en el otro barrio hay que seguir grabando—, mis cargadores, el reloj, el teléfono, el iPad, el iPod para matar el aburrimiento, cuadernos, lapiceros, dos calzoncillos y mi patita de conejo para la buena suerte. Y raudo, me fui al hospital.

Llegué a emergencia. Estaba vacío. Pensé: ¿o todos ya se fueron con el Señor o aquí hay fiesta y no dejaron encargado a nadie? Pero no, simplemente no había nadie.

Me atendieron rápido en recepción. Era la 1:00 am. Dije: “¡Qué rápido!” …pero después pasé a la sala de espera.

Y esperé.

Las 3:00… nada.
Las 4:00… nada.
Las 5:00… me llamaron para pesarme, sacarme sangre, orina, 20 dólares —porque había que hacer la coperacha para el café de la mañana— y si que me sacaron sangre. Pensé: ¿Drácula está de visita? Porque con lo que me sacaron, vino hasta con su familia.

Otra vez a esperar. Me preguntaron: ¿qué le duele? ¿dónde? ¿desde cuándo? ¿cómo fue? ¿y qué comió? ¿y estaba bueno? Y nos pusimos a conversar sobre qué Denny’s era mejor. Me enseñaron fotos de sus hijos, yo les mostré la de mi perro, y me mandaron de nuevo por un tubo a la sala de espera.

A las 9:00 me preguntan: ¿esa señora viene con usted?

Yo: “Ni la conozco.”
—Ah, porque pidió ADN por si el que va a never es suyo…
Otro grito: “¡Rayos!”
Yo, con cara de idiota: ¿Dónde? ¿Qué rayos?
No, que vas a pasar por rayos X y un scan.
(El “scan” resultó ser un scanner Epson… para escanear mi ID).

Luego, más preguntas. Como la enfermera cambió de turno, la nueva (que ya tenía sus años) me volvió a hacer TODO el interrogatorio. Casi me pide el carnet de Boy Scout.

Más preguntas. Más dudas. Más sueño. Más hambre.
Quisieron sacarme más sangre. Les dije que ya la Llorona me había quitado todo, y que lo único que iban a encontrar ahora era café.

Recién llegó la doctora. Hasta ese momento, solo enfermeras y practicantes, y vaya que practicaron.

Le conté mi historia, saqué la lengua, respiré profundo, dije “33”, exhalé, cerré un ojo, no respiré. Me dejó así un rato largo, hasta que me puse morado. Luego dijo: “Ya puede respirar.”

Y luego me dio el veredicto:

—Usted no tiene nada. Ya puede regresar a su trabajo.
—¿Perdón?
—¿Le duele?
—Solo cuando me río.
—Ah, entonces no es nada.
—¿Y la sangre?
—Nah… cambio de aceite.
—¿No serán los riñones?
(se ríe) —Búsquelos en casa, porque en la radiografía no los encontramos.

Allí sí me molesté. Le dije: “¡Yo creo que se los agarraron aquí, junto con mi billetera!”

Me dijo:
—Todo le funciona.

Silencio sepulcral. Se escuchaba el viento. Pero al 50%.
Dije: “Mejor, estoy ahorrando energía. Si funcionara al 100% ya estaría muerto.”
Se rió.
—¿Usted es profeta?
—De cuando en cuando.
—Pues ahora yo creo que le atinó.

Yo ya no sabía si echar a correr o llorar. Pero lo primero no pude, porque se dieron cuenta de que me quería ir sin pagar. Me amarraron a la cama y me pusieron el termómetro en la boca. Y me advirtieron:
—Si te mueves… te lo ponemos…
Me asustaron.
…en la axila.

Ya tranquilo, me dieron pastillas como para empedrar mi patio. Una tras otra, con agua y movimiento. Me dijeron: “En una semana con su médico.”
—No tengo.
—No se preocupe, no creo que lo necesite. Si llega al jueves, siéntase suertudo.

Eso me consoló.

Me dijo que tenía esto, aquello, y lo otro también. Lo único que no tenía… era cabello. Lo demás, todo ok.

Luego llegó la que cobraba. Me hizo firmar tantos papeles que hasta uno decía “certificado de defunción”.

—¿Y esto?
—Una formalidad. Después se mueren y no hay cómo hacerlos firmar.

Me tranquilizó.
Pero luego me mostró la factura… y me quitó el habla. Con eso parecía que iban a construir otra ala en el hospital.

—No se preocupe —dijo— esto es solo para darle el alta. Ya el bill definitivo se lo enviaremos a su casa. (continuará).

Esta historia en su primera parte fue real. Aunque contada con humor.

A veces, cuando uno esta más cerca del silencio, es cuando más escucha su propia voz.

Gracias por leer. Si alguna vez pasaste algo parecido, o simplemente quieres compartir una risa nerviosa conmigo, te leo en los comentarios.

—Conversando con una Taza de Cafe.
Vick-yoopino

Jesús la luz en medio de las tinieblas

Capuchino 002Que tal queridos amigos, visitantes, uno que otro desesperado y quizás algún equivocado, bienvenidos todos, bueno después de unas vacaciones, ya se nos paso la navidad, Papá Noel se fue por la chimenea al Polo Norte, a preparar más regalos para el próximo Diciembre, sus duendes ya empezaron a ver si terminan el iPhone6, o el nuevo iPad5, o quizás el PS4, mi laptop, no me olvido que algunos quieren su carro, casa, novia, la American Express, en fin de todo y para todos los gustos y luego los pone en la tienda de Apple para poder nosotros llegar a envolverlo en papel de regalo y ponerlo a los pies del arbolito, en fin también se nos fue el día de los Reyes Magos, que vinieron con su Rosca de Reyes bajo el brazo y que con chocolatito caliente juntos en armonía, la pasamos con amigos, y encima nos tocaron dos muñequitos en la Rosca y debemos hacer la comida con otros amigos para principios de febrero, no sabemos nada de tamales, por lo cual lo cambiamos por comida china, pero ya todo vuelve a la normalidad de siempre, se nos acabaron los villancicos, el amor fraternal, el ven a mi casa esta navidad, empiezan los tiempos de propósitos, luego de las 12 campanadas, comiendo las doce uvas, o las doce naranjas, ciruelas o peras, hacemos la formal promesa de ir al gimnasio a diario, empezar un regimen alimenticio exitoso, tomar agua, o como alguien dijo por allí, empezar a escudriñar las Escrituras, haciendo el compromiso de aprender más de nuestro creador, lo único de malo es que viendo el pasado, mirando el presenteespejo nos vemos y profetizando el futuro, todos esos propósitos terminarán de la misma manera que empezaron, como buenos propósitos, pero la falta de desición, de convicción, y la falta de voluntad, nos van a hacer dejarlo en la primera de vastos, y ya para fines de enero, principios de febrero, estaremos pensando en el día de San Valentín (santo cristiano) o el día del amor y la amistad, en ¿qué cocinaremos? y de los propósitos de año nuevo, bueno fueron buenos deseos y hasta allí, por eso les decía, volvemos a nuestra vida normal de pasividad, cuando estamos en aprietos, lloramos, cuando todo vuelve a la calma, ya nos olvidamos, por ello mi amigo, vamonos al Starbucks, un capuchino venti, pasemos por un emparedado de steack y regresemos por nuestra Biblia, sentándonos en nuestro sillón favorito y empecemos esta tertulia entre amigos.

Si usted mira a su alrededor, se va a dar cuenta de que vivimos en un mundo lleno de injusticias, hombres que violan y matan a mujeres, hombres que sin explicación ingresan a un colegio de niños y asesinan sin piedad, un mundo lleno de privaciones, separación, deshonestidad, falta de integridad, envidias, odios, rencores, enfermedad y muerte entre otras cosas que vienen destruyendo a la humanidad. Existe mi querido amigo una oscuridad y una perdida de valores morales tan grande que han cegado a hombres y mujeres, y viven hoy solo para sus apetitos y pasiones, mucha gente aún se pregunta ¿por qué?, «Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Corintios 4:3-4). Encuentra aquí una razón para que mucha gente que aún con la Biblia en las manos no pueda entender verdaderamente lo que nos dice la Palabra de Dios, sabe lo que está escrito hasta de memoria, pero no lo entiende, porque sus ojos están cegados y se encuentran en completa oscuridad y se dejan guiar por otros ciegos que viven en sus propias concupiscencias. Si muchas veces dentro de las congregaciones que se dicen seguir a Jesús viven cegados por sus propias doctrinas, póngase a cristianos-300x200pensar como estarán aquellos que no conocen a Dios, muchos dicen conocerlo, el domingo en la comunión, el día del rosario o la procesión, el día que cantan las mañanitas y lloran por sentimentalismos que terminan cuando empiezan los festejos, cuando de rodillas caminan millas enteras por una promesa, pero que al levantarse y curarse las rodillas, siguen en sus propios pecados, dicen conocerlo, pero ¿cuándo han tenido un encuentro con él?, lo conocen por lo que alguién leyó la Biblia el domingo en el servicio o un día en el estudio bíblico, pero no hay un conocimiento personal, un encuentro cara a cara con el creador, porque caeríamos fulminados al darnos cuenta de lo pecadores que somos, pero, como a mi me gustan las historias les cuento una: Dice que estaba un borrachito en una esquina, caminando de un lado para el otro como veleta que se la lleva el viento de tan borracho que estaba, de pronto en la calle de enfrente aparece un hombre de traje con su Biblia bajo el brazo, el borrachito a voz en cuello comienza a gritar !predicador! !predicador!, el hombre un poco avergonzado, trataba de pasar desapercibido por los demás, pero el borracho gritaba mas fuerte y se acercaba al supuesto predicador, y cuando se puso delante de él, le dijo: «pastor, pastor, yo a usted lo conozco, yo asistía  a sus reuniones y en una de ellas usted me convirtio, si Seños, Amén, usted me convirtio, ya soy salvo», el predicador, un poco con verguenza le responció «si mi amigo, yo lo convertí, porque si hubiese sido Dios, usted no estaría así», y eso es lo que nos sucede, pensamos que porque vamos a la iglesia, repartimos folletos, tomamos la comunión, hacemos mandas, damos ofrenda y diezmo, entregamos sanguchitos a los pobres, inclusive pertenecemos a algún ministerio dentro de la iglesia, repetimos una oración, ya nos convertimos, ya somos hijos de Dios, ya somos salvos, no nos damos cuenta de que ser discípulo de Cristo es mucho más, y empezamos a pedir, sin darnos cuenta de que para pedir, primero debemos ser sus hijos.

Pero si usted que dice llamarse cristiano, es que Dios le ha abierto los ojos a la luz «Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en llanto 01nuestros corazones de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo» (2 Coritntios 4:6). Me imágino que usted recuerda que Jesús mismo dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12). Muchos son los seguidores, podríamos contarlos por millones, pero ¿cuántos de ellos van solamente detrás de los milagros? ¿cuántos de ellos van detras de un Dios que perdona todo sin cambiarnos nada? ¿cuántos siguen a un dios que no nos pide un compromiso ni un alejamiento del pecado? miles, millones, pero en el versículo escrito nos dice «el que me sigue» eso significa dejar todo, y que lo más importante es «El», ¿dispuesto?

Bueno en un rato nos vemos, cortito para que usted no se canse de leer, pero que se ponga a pensar ¿soy hijo, por qué?, bendiciones pero no me responda «por fe», busque en la Biblia y al comparar lo que está escrito allí a lo que es usted, ¿qué se responde?, bendiciones.

La historia se repite en la iglesia

Hermanos y amigos aparte de los visitantes y personas inscritas en nuestro blog, regresamos, mucho más rápido de lo que pensabamos, pero estaba leyendo algunos libros, y recordé este texto que leeremos en unas líneas más abajo, pero quiero que usted mi amigo, primero se transporte mentalmente a poco más de 100 años atrás, cuando en Inglaterra un hombre llamado Charles Spurgeon predicaba en el Tabernáculo y que por sus creencias, por las cosas que veía en las congregaciones y hacía donde estaban caminando los líderes de esas iglesias, y hacía donde se dirigía toda la congregación, que prefirio dejarlo todo, se cansó de luchar, pero jamás claudico en lo que creía, porque no podía seguir remando contra la corriente de mundanalidad que estaba ingresando en la iglesia de Jesucristo, por ello y una vez más como siempre digo, si usted grita la verdad, se levantarán cientos contra usted que proclama las verdades de Dios, pero muchas veces lo señalan por ignorancia y otras muchas por intereses personales, prefieren aceptar lo que más les conviene por encima de lo que verdaderamente dice Dios, por ellos hoy aquí exponemos algo que vuelve a repetirse, pero que vuestra ceguera espiritual no les deja ver con claridad hacía donde están llevando al cuerpo de Cristo, por ello mi amigo, preste atención, y si usted sigue leyendo, compare lo que lee con lo que sucede en su congregación, con aquello que le vienen enseñando y sobre todo que la Palabra de Dios guie su caminar y el Espíritu Santo le revela la verdad del evangelio de Jesucristo.

Debemos reconocer que la historia ha demostrado la validez de las advertencias de Spurgeon sobre el declive espiritual y teológico de la iglesia. En la primera parte del siglo veinte, la “doctrina falsa y mundanalidad” en la forma de liberalismo teológico y modernismo que se difundieron por el mundo, devastaron el cristianismo denominacional en todas partes. La mayoría de las principales denominaciones quedaron alteradas por estas influencias de manera violenta si acaso no fatal. El resultado en la propia Inglaterra de Spurgeon fue una gran desolación. Cien años después que Spurgeon hizo sonar la alarma, gran parte de la educación teológica en Inglaterra es del todo liberal y secular. La concurrencia eclesiástica es apenas una fracción de lo había sido entonces. Los evangélicos son la escasa minoría, la predicación bíblica verdadera está en desuso hasta en las iglesias donde se supone que se cree en la Biblia, y el movimiento evangélico ha sido susceptible casi que a todas las modas teológicas nocivas que se exportan desde los Estados Unidos. En pocas palabras, la iglesia evangélica en Inglaterra nunca se recuperó del ataque modernista y liberal que empezó un siglo atrás.

Cien años más tarde estamos viendo cómo la historia se repite a sí misma. La iglesia evangélica se ha vuelto mundana, y no solo mundana por negligencia sino con deliberado propósito. Se están levantando todo el tiempo vientos de indulgencia doctrinal. “Doctrina falsa y mundanalidad”, las mismas dos influencias atacadas por Spurgeon, siempre van de la mano pero la mundanalidad va un paso adelante. Los cristianos tienden a olvidar hoy día que el modernismo no fue al principio una innovación teológica sino una metodológica. Los primeros modernistas no intentaban destruir la fe bíblica sino tan solo hacer el cristianismo más apetecible al gusto de un mundo lleno de cinismo.

Ese mismo espíritu está presente en la iglesia actual. Estoy convencido de que la mayoría de quienes vienen detrás de usted no tienen la intención deliberada de menoscabar el cristianismo bíblico. No obstante, han introducido en la iglesia una filosofía de pragmatismo y un espíritu de mundanalidad que si no son controlados, tarde o temprano traerán la misma cosecha amarga que trajo consigo el modernismo un siglo atrás.

Esta es parte de la historia que vuelve a repetirse, mi querido hermano, el mundo ha ingresado a la iglesia y nosotros los líderes lo hemos dejado entrar, y se lo puedo probar, en una iglesia, que se autoproclama de la Familia, para tener contentos a los jovenes, preparaban los miembros de la congregación américana, la reunión de los jóvenes para festejar «La noche de brujas» con calaveritas, unos cuantos demonios, y fiesta de disfraces, es que tenían que tener contentos a los jóvenes para que no se fueran a las discotecas, pues le ponian una en la propia iglesia, y el pastor hispano, decía «usted sabe como son» ¿y? o sea porque son mundanos, lo tenemos que aceptar, o como cuando el pastor pedía mediante una encuesta las canciones y de qué quería que se les predique !Dios mio, perdónanos!, o sea iglesias a gusto del cliente, usted decide lo que se va a dar desde el pulpito, por eso algunos levantamos nuestra mano y decimos !NO! no es así, ahora mi hermano, y usted ¿qué opina? ¿qué diferencia hay entre lo que el mundo tiene a lo que tenemos nosotros? desde el pastor que entra disfrazado de Matrix, o el líder de alabanza que se cree Luis Miguel, y todos gritan Amén, aleluya, Gloria a Dios, porque nada tenemos que envidiar al mundo. No mis hermanos, ya se metio el mundo, hay que sacarlo, Dios es lo más importante no tú, ni mucho menos, tu trabajo, tu casa, tu dinero, tu carro, creemos que Dios es nuestro banquero que debe pagar nuestros cheques, en vez de vivir nosotros una vida de servidumbre y esclavitud, porque él pagó por nosotros con su sangre y nosotros aceptamos ser simplemente siervos y los que debemos hacer su voluntad, pero nos hemos convertido en los amos y le contamos a Dios para que nos haga el milagro que exigimos, porque es promesa, NO y dos veces no, si eres esclavo de Cristo por amor a él, olvidate de ti, niegate a ti mismo y carga tu cruz, pero hoy justamente escuchaba: declara que es tuyo y lo tendrás, ordená tu milagro y que se haga realidad, ordena tu sanidad, declara un trabajo mejor y más remunerado, amigos, no es así, busque en su Biblia, «si haces todo esto, vendra sobre ti todas estas bendiciones», o sea primero si eres siervo y haces TODO lo que te dice que hagas TU SEÑOR, entonces y solo entonces, se te hará, bendiciones y nos vemos luego.

Tres pasos a seguir para ser creyente

Cualquiera que quiera seguir a Jesús al reino de Dios, es decir, cualquiera que quiera ser creyente, tiene que enfrentarse a tres mandameintos: 1) negarse a sí mismo, 2) tomar su cruz cada día, y 3) seguirlo. Cuesta creer estas palabras. No son agradables para el consumidor ni razonables para el que busca. El cristianismo ligero no se halla en ninguna parte. Pero este no es un pasaje oscuro, ni diferente de las demás enseñanzas de Jesús. Son principios que enseño firme y repetidamente en todo su ministerio, vez tras vez en todas las diferentes ocasiones.

La idea es que si uno quiere ser discípulo de Cristo y recibir perdón y vida eterna, debe rehusar asociarse !con la persona que uno mismo es! Usted está hastiado de su ego pecaminoso y ya no quiere tener nada que ver con esa condición caída. Y tal vez no solo consigo mismo sino también con su familia.

No es una invitación amistosa, es una advertencia: Si vienes a Cristo, tal vez las cosas en tu familia serán peores, no mejores. Puede producir una división en tu familia, como nunca antes la has experimentado. Si le das tu vida a Jesucristo, habrá un golfo impasable entre tú y las personas que no entregan su vida a El.

Recuerda usted cuando Jesús dijo: «Una cosa te falta: anda vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz». Jesús hizo que saliera a relucir la justicia propia del hombre y luego dejó al descubierto su amor al dinero. El joven quería que Jesús le enseñara cómo tener la vida eterna, pero Jesús le dijo que el precio era abandonar su ilusión de justificación propia y más bien reconocer que era un pecador indigno y miserable. Tenía que estar dispuesto a someterse al Señor Jesús, aun si ello significara dejar todas sus posesiones terrenales. Tal vez Jesús no lo pida, pero el requisito para la vida eterna es estar dispuesto a dejarlo todo si El así lo pide.

Seguir a Jesús no es un asunto que dependa de usted o de mí. Ser creyente no es cuestión de nosotros, no es custión de estima propia. Mas bien es cuestión de estar hastiados de nuestro pecado y de nuestra desesperación por el perdón. Es cuestión de ver a Cristo como el invaluable Salvador del pecado, la muerte y el infierno, para que voluntariamente dejemos a un lado lo que sea necesario, aun si nos cuesta nuestra familia, nuestro matrimonio y lo que sea que atesoremos y poseemos. No puede ser más claro que esto: Si usted trata de aferrarse a sí mismo, a su plan, a su agenda, a su triunfo, a su autoestima, pierde el perdón y el cielo.

Si quiere seguir a Cristo hasta el cielo, este es el mensaje: Niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígalo. ¿Oye esto en el evangelio contemporáneo? ¿Alguna vez oye esto en el mensaje que da algún predicador por televisión o algún evangelista? ¿Oye alguna vez que alguien se levanta de entre la multitud y dice lo siguiente?: «Si quiere usted convertirse en creyente, !renuncie a la vida! Rehúse asociarse con usted mismo, rechace todas las cosas que su ego anhela, quiere y espera. Esté dispuesto a morir por amor a Cristo, si es necesario, y mientras vive como un esclavo, sométase en obediencia a Jesucristo» !Eso no vende! No es un brillante mercadeo, pero es la verdad que usted escuchara en este blog.

Nos quedamos aquí, vuelvalo a leer, detenidamente y sobre todo preguntándose, ¿en dónde estoy yo, y a qué estoy dispuesto por llegar al reino de Dios?

Bendiciones y seguimos.

Antes de irme por el momento les dejo una alabanza para que pueda adorar al creador, es de la congregación «Nueva Generación en Cristo» si desea ver más, busquenos en YouTube, con el nombre de nuestra iglesia, y disfrute alabando y adorando a Jehová, nos vemos.

Así, no quiero ser cristiano

Si mis amigos, y esto lo digo con tristeza, con dolor, yo sé que todos somos pecadores, que nos arrepentimos y probablemente volvemos a pecar, pero la cuestión, es que en nuestro interior existe la envidia, amargura, contienda, escuche a una amiga, «si los cristianos son asi, prefiero quedarme como soy» y es cierto, porque muchas veces por creernos cristianos, pensamos que nos merecemos todo, como somos hijos del Rey, tenemos derecho a todo, incluyendo mentir, engañar, hablar mal, pero sobre todo levantar falsos e inventar mentiras, con el único fin de perjudicar, pero mis amigos, esto es una verdadera mentira, lo más probable es que no sea hijo ni hija, hasta entenadas, pero nada más, hace unos días, me comentaban la forma en que los cristianos se comportan, tratando de engañar a la gente, de coaccionar con respecto a lo que otras personas deben de ser, pensar y comprar, las palabras, actitud que tienen, demuestran que de cristianos dejan mucho que desear, y eso es lo más triste, primero porque la gente es lo que primero mira, si, a personas que tienen otra religion, son las que estan bajo la mira, y la lupa, el más pequeño detalle, será para que te pongan en el cadalzo y bueno allí si tratan de señalar a otros que cometen un error, como me decia una señora (es un decir), que era una cabrona, que no asistía a la iglesia, pero que yo no era nadie para hablar y enseñar de religión, como contestarle, si como yo siempre pienso, cuando inteligentemente no podemos exponer lo que pensamos o creemos, porque no existen argumentos en nuestro vivir que puedan demostrar que mis afirmaciones son valederas, empezamos a gritar, cuando las ideas, creencias, se demuestran con el testimonio diario de nuestras propias vidas, pero si no puedes, cuando no hay argumentos, es cuando demuestras lo pobre que es tu creencia y lo imposible que es tu demostración, y lo pequeño que es tu Dios, es cuando los 10 mandamientos es para que lo hagan los demás, pero yo no que soy muy cabrona, en vez de callarse, agachar la cabeza, sentir verguenza de que a pesar de que han pasado muchos años de vivir, no hemos logrado salir de la mediocridad cultural en que vivimos, y aprender, lo malo es que este es el diario vivir de mucha gente, y el común denominador de aquel que por que cree que nació en un lugar en donde existía una creencia (que aún no entiende, mucho menos conoce, llegando a creer que Charlos Heston es Moises y hasta la fecha le da las gracias por haberlos sacado de Egipto) (bueno es broma, pero de que las hay, las hay, sino empiece a preguntar y se dará cuenta), entonces, yo tengo un dicho que lo aprendi en mi caminar diario: «porque usted se mete en un garage ¿se convierte en carro?» NO, bueno porque dice que es católico, ¿el cielo es su próxima casa? igualmente NO.

Pero continuemos, estabamos hablando de aquellos que se dicen cristianos, pero se comportan peor que el más recalcitrante pecador, es que en los últimos tiempos, casi 2,000 años se ha venido infiltrando en la iglesia una serie de enseñanzas que han venido cambiando el verdadero pensamiento de Dios, ¿Cómo así? si tiene tiempo, un café, deseos de saber, bueno sientese porque parado se nos puede caer y este listo y abiertos sus ojos, asi como su entendimiento, quizás y solo quizás, lo haga pensar. «Pide y se os dará, tocad y se os abrirá» y pedimos como buenos porque nos dicen que debemos pedir que Dios nos escucha, que debemos de tocar las puertas que todas deben de estar abiertas porque Dios proteje y cuida y bendice y sobreabunda a sus hijos, wow, wow, y otro wow, y nosotros incautos (y no es un inca con auto) nos la creemos y luego de tener una vida de mentiras, engaños, y demás, queremos que se nos de lo que pedimos, y se nos abra las puertas de lo cielos, no solo las ventanas y recibamos a manos llenas las bendiciones, y si son en metalico o papel verde moneda especialmente los de 100, es mejor y allí aparecen los pastores, evangelistas, maestros y otros que nos dicen hay un impío juntando dinero para ti que eres un hijos del Rey, bueno será hijo de… alguien, pero del Rey nunca, pero engañamos y nosotros nos la creemos, porque nos conviene y empezamos a comportarnos tan cretinamente, que como entre bueyes no hay cornadas, entre cretinos no nos damos cuenta de lo que verdaderamente somos.

Conozco una señora, que dice tener una religión y discute, afirma, sale los sabados y fiestas de guardar, a evangelizar, la conoci una vez que me invitaron a su templo, bueno no celebra cumpleaños, porque no son de Dios, pero si se va de parranda de vez en cuando porque si es de Dios, que sigue los mandamientos, pero creo que los sigue a KMart o al mercado, porque miente como ella sola, maldice como las buenas, acuchilla por la espalda que es un contento, como por ejemplo hace unos días le preguntaron sobre el comportamiento de otra señora y mi amiga, se explayo en decir lo bueno que era, lo acomedida, lo servicial, lo humana, lo humilde, yo entre mi pensaba, ¿de quién esta hablando? esa persona no es asi, entonces la mentira, los engaños, las tramas, y los dramas, nos decimos que seguimos a Dios, que somos hijos del Rey, que vivimos una vida de humildad haciendo el bien sin mirar a quien. Mentiras.

Por eso dice la gente «Si son asi, yo no quiero ser cristiano», Si usted quiere serlo, le mando a mi amiga, pero si desea saber más, encontrar la verdad, y ser un hombre o mujer verdaderos, consigase una Biblia y haga lo que dice allí, lo demás, es lo de menos.

Punto final y antes de acabar, No se si usted vio la pelicula «Buscando al soldado Ryan» Eran tres soldados (ojo tres soldados, no tres cerditos, ese es otro cuento) bueno eran tres hermanos en la segunda guerra mundial, dos de ellos murieron en el fragor de la guerra, y el Comando decidio, sacar al tercer hermano, y mandaron a un pelotón a buscar donde estaba, pasaron de todo hasta que lo encontraron, pero todos murieron en el intento de encontrarlo y llevarlo fuera de la guerra. Al final de la película, el soldado Ryan se acerca a una tumba de uno de los hombres que lo encontro y lo devolvio a su madre, ya anciano, de caminar pausado, el hombre se dirige a la tumba y temblando, llorando, lleno de dudas, le pregunta a su mujer: «¿he sido un buen hombre, para que la muerte de estos hombres haya valido la pena?», ahora yo le hago esta pregunta «¿valio la pena, de que Jesus muriera por usted, asi como es usted, un cristiano?, respuestas, solo entre usted y el creador, pero ojo, su familia si lo sabe, mirelos a los ojos y pregunteles ¿soy un buen hombre?, ¿soy una buena mujer?, se sorprendera. Nos vemos.