Para sacar la plata de Potosí a Lima, usaban recuas de mulas. Miles de animales reventados en el camino de 40 días. Llegaban con la lengua afuera, cargando metal que no era para ellas.
Para que te llegue el chifa en 30 min, usan recuas de motos. Miles de chicos reventados en la Javier Prado. Llegan con la lengua afuera, cargando comida que no es para ellos.
Potosí se hizo rico. Lima comió. La mula murió. El app se hace rico. Lima come. El rider se accidenta.
El virreinato decía “es el progreso”. Tú dices “es la modernidad”. Ambos miran a otro lado cuando pasa la mula cojeando.
El buen samaritano paró su mula por un herido. No le tomó foto. No le dio like. Paró, se ensució, pagó. Eso es progreso.
Hoy, si te trae el pedido un chico con lluvia, no le digas “apúrate”. Dile “gracias”. Dale propina. Mira si tiene casco. A ver si por una vez la mula llega viva.
Nos leemos cuando pare la lluvia. Eso si pide tu café que te llegue rápido o no pagas.
Tu compatriota
Vick Conversando con una taza de Café -Vick-yoopino
El virrey Amat trajo los balcones de cajón. Madera tallada, celosías, misterio. Las limeñas miraban la calle sin ser vistas. El balcón era para asomarse al mundo guardando el alma.
Tú también tienes balcón. Se llama Instagram. Subes la foto del café, del ceviche, del atardecer en la Costa Verde. Miras la vida de todos sin que vean la tuya. El story dura 24 horas y luego eres cascarón vacío otra vez.
El balcón virreinal duró 300 años porque era de cedro. Tu story no dura ni un día porque es de ansiedad.
Las tapadas usaban el balcón para coquetear sin consecuencia. Tú usas el story para existir sin compromiso. Ambos tienen miedo a que toquen la puerta.
David danzó sin balcón delante del Arca. Ridículo, sudado, real. Su esposa lo despreció desde la ventana. A veces hay que bajar del balcón para que te vean bailar y te juzguen. Es el precio de estar vivo.
Hoy, cierra la app y abre tu ventana real. A ver qué Lima te devuelve la mirada cuando no hay filtro.
Nos leemos sin celosías, acompañados por con café.
Tu compatriota.
Vick Conversando con una Taza de Café -Vick-yoopino
Tema: Virreinal → Actual. Crisis, memoria y fragilidad
Peruano sin tiempo,
28 de octubre de 1746, 10:30 pm. Lima se cayó. El Callao se lo tragó el mar. De 60,000 personas, quedaron 1,200. El virrey Manso de Velasco durmió en la plaza porque no quedaban paredes.
21 de abril de 2026, 10:30 pm. Sedapal corta el agua en San Juan de Lurigancho por “mantenimiento”. 1.2 millones juntan baldes. Duermes sin bañarte y puteas en Twitter.
280 años después y Lima sigue sin saber qué hacer cuando la tierra o la tubería se mueve. Somos expertos en reconstruir fachadas. No en hacer cimientos.
Después de 1746 nació el Señor de los Milagros como lo conoces. Del barro y del miedo, Lima sacó fe. ¿Qué vamos a sacar nosotros del corte de agua? ¿Otro meme? ¿Otra queja?
El peruano sin tiempo cree que la crisis es una interrupción de su vida. Mentira. La crisis ES tu vida. El virrey lo entendió y gobernó desde una carpa. Tú todavía crees que el país empieza cuando llegue el agua.
Junta agua hoy, aunque no la hayan cortado. No por miedo. Por memoria. Porque el próximo terremoto no avisa por comunicado de Sedapal.
Nos leemos con el balde lleno, y no te olvides de guardar agua para el acfé.
Tu compatriota
Vick Conversando con una Taza de Café -Vick-yoopino -MiVivencia.com
Serie: «Café con Historia: El ADN de la Corrupción en el Perú»
Qué bueno que viniste. Sírvete otro café, y esta vez más cargado, que hoy el tema es largo y necesitamos tiempo para procesarlo. Si en la charla pasada vimos el costo general de la corrupción en el Perú, hoy vamos a viajar a 1735 para conocer a los primeros «espías» que destaparon la olla de grillos del Virreinato.
Imagina a dos jóvenes tenientes de navío españoles: Antonio de Ulloa, de solo diecinueve años, y Jorge Juan, de veintidós. El Rey los mandó a una misión científica con sabios franceses para medir el arco del meridiano, pero secretamente tenían otra tarea: observar cómo funcionaba realmente la administración en el Perú. Lo que vieron fue tan brutal que su informe, el «Discurso y reflexiones políticas sobre el estado presente de los reinos del Perú», se guardó bajo siete llaves por casi ochenta años para no avergonzar al Imperio. Recién en 1826 se publicó en Londres como las «Noticias secretas de América».
¿Qué encontraron? Para empezar, una justicia que era una mercancía más. Pero lo que más les dolió, y lo que Quiroz resalta, fue el abuso sistemático contra la población indígena. Los corregidores, que debían protegerlos, eran en realidad sus mayores verdugos. Usaban una técnica que hoy llamaríamos «doble contabilidad»: cobraban tributo a todos los indios posibles, incluso a los niños o ancianos exentos por ley, pero ante la Caja Real declaraban un número menor de contribuyentes y se guardaban la diferencia. A eso súmale el infame «reparto», una venta forzosa de mercancías inútiles a precios inflados que dejaba a las comunidades en la miseria absoluta. Ulloa y Juan decían que los indios sufrían más que los esclavos porque nadie velaba por ellos.
Pero espera, que la cosa se pone más cínica. Existían los «juicios de residencia», supuestas investigaciones al final del mandato de un funcionario para ver si se había portado bien. ¿Sabes qué pasaba? Los jueces simplemente eran sobornados por el investigado o formaban parte del mismo círculo de patronazgo. Las sentencias eran meros tecnicismos para absolver a los amigos. Por eso Ulloa soltó esa frase lapidaria que resume siglos de historia: «Empieza el abuso del Perú desde aquellos que debieran corregirlo».
Quiroz nos explica que este sistema se basaba en la venalidad, es decir, la venta de cargos públicos. Desde mediados del siglo XVII, la Corona española, siempre necesitada de dinero para sus guerras en Europa, empezó a vender los puestos de oidor, corregidor y hasta oficiales de hacienda al mejor postor. Imagínate el incentivo: si alguien compraba un cargo, llegaba al Perú no para servir, sino para recuperar su inversión y ganar utilidades. Incluso hubo virreyes que compraron sus puestos mediante contratos privados con el Rey.
Antes de Ulloa, otros ya habían gritado. Quiroz menciona a Mariano Machado de Chaves, un limeño que en 1747 denunció que el Virreinato era un cuerpo enfermo por la «inmensa distancia» que lo separaba del Rey, lo que permitía que los virreyes se comportaran como príncipes absolutos. Machado decía que los virreyes llegaban con un séquito hambriento de riqueza —parientes, criados y clientes— que se repartían los beneficios y protegían los abusos de los funcionarios menores. Era una red de patronazgo que lo cubría todo, como una neblina espesa.
Lo más triste de este episodio es darnos cuenta de que la corrupción no era un error del sistema, era el sistema. Ulloa y Juan propusieron reformas valientes: pagar salarios dignos a los corregidores, prohibirles el comercio privado y convertir a los indios en trabajadores libres. Pero ellos mismos sabían que «todo el mundo gritaría en el Perú» contra tales medidas porque afectaban intereses muy profundos.
Así que, amigo, cuando escuches que la corrupción nació con la República, recuerda a estos dos jóvenes marinos que, hace casi tres siglos, ya nos advirtieron que los cimientos estaban podridos. En la próxima taza de café te contaré qué pasó cuando Ulloa intentó pasar de la denuncia a la acción en las minas de mercurio. ¡Prepárate porque ese fue su verdadero purgatorio!
Nos vemos en el próximo episodio, y no te preocupes por el café, nosotros no lo cobramos.
Vick Conversando con una Taza de Café -Vick-yoopino -MiVivencia.com