Los dones y los ministerios

Equipados para servir

Cuando conversamos sobre la vida cristiana, hay un tema que suele despertar curiosidad, confusión e incluso rivalidades: los dones y los ministerios. Sin embargo, la Biblia los presenta con una claridad que muchas veces pasamos por alto.

En la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, el apóstol Pablo nos recuerda algo esencial: hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversidad de operaciones, pero es Dios quien hace todas las cosas en todos.

Esta distinción no es menor. El Espíritu Santo reparte los dones, el Señor establece los ministerios, y Dios opera el resultado. Nada nace del capricho humano ni del deseo de destacar. Todo tiene un origen, un propósito y un orden.

Los dones: capacidades para servir

La Escritura menciona distintos dones que el Espíritu otorga según su voluntad. No como trofeos espirituales, sino como herramientas para edificar.

La palabra de sabiduría es la capacidad de aconsejar y dirigir con discernimiento. No todos los líderes saben cuándo hablar y cuándo callar; la sabiduría enseña ambas cosas.

La palabra de ciencia está relacionada con la comprensión profunda de la revelación ya escrita. No es información nueva, sino entendimiento de lo que Dios ya dijo.

El don de fe no es la fe cotidiana que todos ejercemos, sino una confianza extraordinaria en que Dios tiene el control incluso cuando todo parece ir en contra.

Las sanidades y los milagros existen y son reales, pero siempre deben ser examinados con cuidado, sin caer en el sensacionalismo ni en la exageración.

La profecía, según la Palabra, no es espectáculo ni adivinación; su propósito es edificar, exhortar y consolar a la iglesia.

El discernimiento de espíritus se vuelve imprescindible en tiempos donde abundan voces, títulos y “revelaciones”. Este don permite distinguir lo verdadero de lo falso.

Y sobre los dones de lenguas y su interpretación, mucho se habla del primero y muy poco del segundo. Un lenguaje sin interpretación no edifica. Repetir frases sin entendimiento, muchas veces por presión o temor, no cumple el propósito bíblico.

El verdadero propósito: servir, no exhibirse

Los dones no fueron dados para uso personal ni para alimentar el ego espiritual. Fueron entregados para servir al cuerpo. La sabiduría ayuda a resolver conflictos. La enseñanza forma a otros. La fe impulsa a confiar cuando ya no hay fuerzas.

Tener un don no nos hace superiores; nos hace responsables. El don no es una medalla, es una carga de servicio. Cantar, enseñar, predicar o liderar no es motivo de jactancia, sino de entrega. Cuando el don se convierte en motivo de orgullo, deja de edificar.

Los ministerios: un llamado, no un título

En Efesios 4, Pablo nos recuerda que fue Jesucristo mismo quien constituyó a unos como apóstoles, a otros como profetas, evangelistas, pastores y maestros. El objetivo no es jerarquía ni prestigio, sino uno muy claro: perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.

Hoy vemos con preocupación cómo se ofrecen cursos exprés para “graduarse” de apóstol o profeta, previo pago y certificado incluido. Pero los ministerios no se compran ni se aceleran. Ni siquiera porque fuiste al Instituto. Son un llamado de Dios y un caminar diario con Cristo.

El evangelista anuncia las buenas nuevas a quienes no conocen a Dios. Y como hispanos, tenemos un campo enorme entre nuestra propia gente.

El pastor necesita carácter, paciencia y amor genuino. Su tarea no es dominar al rebaño, sino cuidarlo, sanarlo y alimentarlo con la Palabra.

El maestro debe ser un estudiante incansable. No se conforma con lo básico; lee, estudia, compara, profundiza. Enseña no desde la improvisación, sino desde la preparación.

Perfeccionar a los santos

La función de estos ministerios es llevar a la iglesia a la madurez. No a una fe infantil sostenida solo con emociones, sino a una fe firme, con fundamento.

No se trata de métodos humanos que prometen crecimiento rápido sin raíz. La estrategia sigue siendo la misma que Dios estableció desde el principio: predicar la verdad, y el Señor se encarga de añadir a los que han de ser salvos.

Una imagen para recordar

Podemos imaginar a la iglesia como un equipo de rescate. Cada miembro lleva una herramienta distinta: uno la linterna, otro la cuerda, otro los primeros auxilios. Ninguno guarda su herramienta para admirarla; la lleva para usarla cuando la vida de otro lo necesita.

Así son los dones y los ministerios: no para exhibirse, sino para salvar, edificar y servir.

Para terminar

Necesitamos recuperar el lugar de la iglesia como espacio de sana doctrina y servicio genuino. La unidad de la fe se construye cuando todos buscamos conocer al Hijo de Dios, no para beneficio personal, sino para reflejar Su amor en un mundo que lo necesita urgentemente.

La pregunta queda abierta, como siempre, mientras el café se enfría un poco:

¿estamos usando lo que Dios nos dio… o solo nos estamos mostrando?

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.

¿Somos realmente discípulos?

Una reflexión sobre nuestro llamado

Buenas noches.

Como cada miércoles, nos sentamos a conversar con una taza de café en la mano, sin prisa y sin ruido, dejando que las preguntas importantes aparezcan solas.

La de hoy no es nueva, pero sigue siendo incómoda:
¿somos realmente discípulos de Jesucristo?
Usamos con facilidad palabras como cristianos o creyentes, pero el mandato bíblico va más allá de un nombre o una afiliación. Jesús nunca habló de formar simpatizantes ni asistentes ocasionales. Habló de discípulos.

El mandato que no admite atajos

En el Evangelio de Mateo, Jesús comienza con una declaración contundente:
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”
Desde esa autoridad, da una orden clara:
“Id y haced discípulos a todas las naciones.”

No dijo “haced creyentes”, ni “llenad lugares”, ni “sumad seguidores”. Dijo haced discípulos: personas bautizadas, instruidas y dispuestas a guardar todo lo que Él mandó.
Y junto a ese mandato hay una promesa que solemos repetir mucho:
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Pero pocas veces recordamos que esta promesa camina junto a la obediencia. Dios está con nosotros en la medida en que asumimos la tarea de enseñar, aprender y vivir Su Palabra. No como espectadores, sino como participantes.

El arrepentimiento: un paso que hemos debilitado

En algunos lugares del mundo, a los nuevos creyentes se les llama simplemente los arrepentidos. No como un título menor, sino como una descripción profunda. Porque antes de seguir, primero reconocen que algo debe cambiar.

En cambio, en muchas iglesias occidentales, el énfasis se ha reducido a una oración rápida, sin proceso ni transformación. Y surge una pregunta honesta:
Si no hay un quiebre con el ayer, ¿cómo sabremos hacia dónde caminar mañana?
El arrepentimiento no es culpa constante, es cambio de dirección. Sin ese punto de partida, es difícil que alguien se convierta en discípulo, alguien que aprende, camina y se deja formar por el Maestro.

El discipulado siempre se reproduce

Un discípulo no es solo quien aprende, sino quien reproduce lo aprendido. Jesús invirtió tres años y medio formando a doce hombres. No concentró Su esfuerzo en las multitudes, sino en aquellos que se quedarían cuando Él ya no estuviera.
Ese mismo patrón lo vemos en Pablo con Timoteo y Tito, a quienes llamó hijos en la fe. Pablo se reprodujo en ellos para que la obra continuara.
Y aquí la pregunta vuelve a nosotros, sin acusar:

¿A quién estamos formando hoy?

¿Estamos levantando “Timoteos”, o estamos guardando todo por temor, comodidad o falta de preparación?

El sistema que nos absorbe

En muchos contextos de necesidad, la dependencia de Dios es diaria y real. Pero cuando el sistema se vuelve más estable, el trabajo, las metas y el deseo de “tener más” comienzan a ocupar todo el espacio.
El discipulado queda relegado a un servicio dominical breve. Pero el discipulado no se construye en treinta minutos. Se construye en convivencia, en tiempo compartido, en observar cómo vive el otro.
Los discípulos de Jesús no le pidieron aprender a hacer milagros. Le dijeron algo más profundo:

“Enséñanos a orar.”

Entendieron que ahí estaba la raíz.

Discernir la voz del Maestro

Ser discípulo implica conocer la Palabra. No leerla por compromiso, sino amarla, estudiarla y dejarse confrontar por ella.
Jesús dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
Si no conocemos la Escritura, seguiremos cualquier voz fuerte, cualquier discurso bien armado, cualquier “iluminado” que aparezca. El conocimiento no es orgullo; es protección.

Un solo rebaño, un solo Pastor

No existen rebaños fragmentados por denominaciones o nombres humanos. Existe un solo rebaño y un solo Pastor: Jesucristo.
A veces levantamos muros por orgullo o miedo, olvidando que todos fuimos rescatados alguna vez. Hay una vieja historia de náufragos que, tras ser salvados, construyeron un faro hermoso. Con el tiempo, no querían dejar entrar a otros para no ensuciarlo. Olvidaron que ellos también estuvieron perdidos.
El discipulado no crea clubes exclusivos; crea familia.

Nuestra responsabilidad

Un día rendiremos cuentas. No por lo que poseímos, sino por lo que sembramos. No por los bienes acumulados, sino por las vidas que tocamos.
Por eso vale la pena prepararse, estudiar, leer, profundizar en la Biblia y buscar a alguien a quien enseñar lo aprendido. No para exhibirse, sino para servir.
El discipulado no es una opción para unos pocos.
Es el llamado de todo aquel que decide seguir a Cristo.
Y mientras el café se termina, queda la invitación, sencilla y directa:

¿estamos solo creyendo…
o estamos aprendiendo a ser discípulos?

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Sentándose, vinieron a Él

La diferencia entre la multitud y el discípulo

En nuestro caminar espiritual, tarde o temprano aparece una pregunta incómoda. No surge en medio del ruido, sino cuando uno se sienta, cuando el café ya no quema y el silencio empieza a decir cosas. Es una pregunta sencilla, pero profunda:

¿Hasta dónde llega realmente nuestra fe?

El tema de hoy podría resumirse así: “Sentándose, vinieron a Él”. Una frase breve que encierra una gran diferencia. No todos los que siguen a Jesús lo hacen por las mismas razones. Y quizá ahí encontremos la respuesta a otra pregunta que muchos se hacen, pero pocos se atreven a sostener.

¿Por qué no suceden cosas mayores?

En el Evangelio de Juan, Jesús dice algo que siempre nos confronta:
“De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” (Juan 14:12)
Leemos esto y, casi sin querer, nos preguntamos:

¿Por qué no vemos hoy esas obras mayores como Él las describió?

No se trata de negar que Dios siga obrando. Vemos sanidades, respuestas, pequeños milagros cotidianos. Pero si somos honestos, muchas veces parecen lejanos a lo que Jesús hacía cuando caminaba entre la gente. Y la pregunta no apunta a la capacidad de Dios, sino a algo más cercano: nuestra disposición.

La multitud frente a los discípulos

Para entenderlo, basta mirar un detalle que a veces pasamos por alto. En los evangelios se repite una escena: Jesús sana, libera, responde, y la multitud lo sigue. Pero hay un momento clave que marca una separación.

Mateo lo describe así:

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a Él sus discípulos.”
La multitud estaba allí. Los milagros también. Pero cuando Jesús se sienta para enseñar, no todos se acercan. Solo lo hacen los discípulos.

La multitud busca el pan, el pescado, la solución inmediata. El discípulo busca al Maestro. La multitud quiere el resultado; el discípulo quiere la relación. Por eso Jesús se aparta, sube al monte y se sienta. No para alejarse, sino para enseñar a quienes realmente desean aprender.

Hoy ocurre algo parecido. Las iglesias se llenan cuando se promete un milagro, una prosperidad rápida, una respuesta urgente. Pero cuando se trata de sentarse a escuchar, estudiar y aprender, el lugar se vacía un poco. Y ahí aparece la diferencia.

Pobres de espíritu: una puerta estrecha

La primera bienaventuranza no es casual:
“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.”
Ser pobre de espíritu no es falsa humildad. Es reconocer que, sin Dios, no sabemos entrar ni salir. Que necesitamos dirección, corrección y enseñanza.
Salomón entendió esto cuando Dios le ofreció pedir lo que quisiera. No pidió riquezas ni larga vida. Dijo algo que revela su corazón:

“Soy joven, no sé cómo gobernar… dame sabiduría.”

Se reconoció siervo. Y esa actitud agradó a Dios. No solo recibió sabiduría, sino también aquello que no había pedido. Porque cuando el orden es correcto, lo demás viene por añadidura.

El costo de ser discípulo

Quizá no vemos obras mayores porque preferimos ser multitud antes que discípulos. Ser discípulo implica cosas que no siempre gustan:

– Humillarse y reconocer que dependemos totalmente de Dios.
– Guardar Sus caminos y no los nuestros.
– Sentarse a aprender, aunque la Palabra confronte.
– Aceptar que no somos dueños del mensaje, sino siervos de Él.

La Palabra no admite añadiduras nacidas del orgullo. No se adapta al gusto personal. Se recibe, se estudia y se vive.

Una pregunta que queda abierta

El reino de los cielos pertenece a quienes saben que se pierden sin el Maestro. A quienes dejan de buscar solo el milagro y se acercan a Sus pies para aprender.

Ser discípulo no es fácil. Exige renunciar a intereses propios y aceptar un camino que no siempre es cómodo. Pero es el único que lleva a una fe madura, profunda y verdadera.

Y mientras termino este café, la pregunta queda flotando, sin prisa, sin respuesta inmediata:

¿Soy parte de la multitud que busca el milagro…
o un discípulo que se sienta a aprender?

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

¿Simpatizantes o discípulos?

A veces, mientras converso con una taza de café, me hago una pregunta que no incomoda al principio, pero que no se va fácil después:

¿Por qué sigo a Jesús?

No es una pregunta teológica.
Es personal.
Vivimos tiempos en los que desde muchos púlpitos se repite lo mismo: que Dios tiene el control, que Dios va a bendecir, que Dios va a proveer, que Dios nos va a sacar adelante. Y sí, todo eso es cierto. Lo sabemos. Lo hemos escuchado una y otra vez.

Pero el café se enfría cuando la pregunta es otra:

¿Lo seguimos por eso… o por quien Él es?

Porque seguir a alguien solo mientras todo resulta cómodo no es seguir; es acompañar de lejos. Y cuando el seguimiento empieza a pedir algo más —tiempo, estudio, compromiso, renuncia— muchos descubren que no estaban tan interesados como pensaban.

En el Evangelio de Juan hay una escena que siempre me deja pensando. Después de escuchar palabras difíciles, no dirigidas a la multitud sino a quienes ya caminaban con Él, el texto dice algo seco, sin adornos:

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con Él.”
No se fueron extraños.
Se fueron discípulos.
Dijeron, sin decirlo: “Esto se complicó. Yo pensé que esto era solo bendición tras bendición.”
Y se retiraron en silencio, como quien no quiere que lo noten.

Eso me obliga a preguntarme:

¿Qué esperaba yo cuando decidí seguirlo?

Hay gente que ama escuchar testimonios, pero casi todos suenan igual: que me sanó, que me dio trabajo, que me protegió, que me permitió comprar mi casa, mi iPhone. No digo que eso esté mal. Pero cuando la relación se reduce a pedir, deja de ser relación.

Si la única razón para arrodillarnos es cubrir necesidades, quizás no estamos buscando a Jesús, sino una versión espiritual de la lámpara maravillosa.

En Marcos se hace una distinción que suele pasarnos desapercibida. El texto habla de Jesús, de sus discípulos y de una gran multitud. No los mezcla. Los separa. Porque no todos los que caminan cerca son discípulos. Algunos solo están ahí por lo que pueden recibir.

La multitud busca resultados.
El discípulo busca relación.
Y esa diferencia se nota cuando el pan se acaba.

En Juan 6, después del milagro de los panes y los peces, la gente cruza el mar buscando a Jesús. No por las señales, sino porque habían comido y se habían saciado. Y Jesús, sin rodeos, les dice la verdad: “Me buscáis no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan.”

Eso duele, porque nos incluye.
¿Cuántas veces lo buscamos solo cuando necesitamos algo?
¿Cuántas veces dejamos de buscarlo cuando la Palabra empieza a confrontar y no a consentir?

Seguir a Jesús por lo que da, es fácil.

Seguirlo por lo que es, no tanto.

La relación pide tiempo. Pide estudio. Pide permanecer incluso cuando no hay milagro inmediato. Pide sentarse a escuchar cuando la Palabra no acaricia, sino que corrige.

Buscar primero el Reino no es una frase bonita. Es una decisión diaria. Significa que lo material deja de ser el centro. Que la prioridad no es el carro, la casa o el éxito, sino la relación. Y curiosamente, cuando eso se ordena, muchas cosas encuentran su lugar.

He visto personas con cheques pequeños, con semanas difíciles, dar gracias antes de saber cómo terminarían el mes. No porque fueran ingenuas, sino porque habían decidido una prioridad. Y esa prioridad sostuvo todo lo demás.

Podemos llenar iglesias, auditorios y estadios. Pero llenar un lugar no significa formar discípulos. El discípulo no es el que aplaude más fuerte, ni que salta ni brinca, sino el que está dispuesto a aprender, a ir, a levantarse cuando cae, a decir “heme aquí” sin garantías.

La Palabra no siempre es fácil. A veces es dura. A veces incomoda. Pero también es un gozo cuando uno decide no quedarse en la superficie.
Por eso la pregunta vuelve, tranquila pero insistente, mientras el café se termina:

¿Soy discípulo… o solo simpatizante?

¿Busco a Jesús por quien Él es, o solo por lo que puede darme?
No es una pregunta para responder en público.
Es una pregunta para responder a solas.

Y quizás ahí, en esa honestidad silenciosa, empiece de verdad el discipulado.

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
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La gratitud que no se aprende a la fuerza

Dicen que a la fuerza ni los zapatos entran.

Y con la gratitud pasa algo parecido: no se puede imponer, no se puede fingir, no se puede fabricar por obligación. La gratitud nace… o no nace.

Y justamente por eso vale la pena hablar de ella.
O, más bien, de su ausencia.

Porque si algo nos caracteriza como seres humanos —y también como cristianos— es que somos profundamente olvidadizos. Olvidamos rápido. Sobre todo las cosas difíciles. Las deudas, esas sí las recordamos todos los días. Pero los favores, las misericordias, las veces que Dios nos sostuvo sin que nos diéramos cuenta… esas se nos borran con facilidad.

La Biblia está llena de ejemplos de este olvido constante. El pueblo recordaba el pasado solo para culpar a alguien más, o para idealizarlo, o para escapar de su responsabilidad presente. Y nosotros no somos tan distintos.

Diez sanados, uno agradecido

Quiero que vayamos al Evangelio de Lucas, capítulo 17. Es un pasaje conocido, pero que siempre nos confronta. Jesús iba camino a Jerusalén y pasaba entre Samaria y Galilea. Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos. Se pararon de lejos y gritaron:

“Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros”.

La lepra, en esos tiempos, no era solo una enfermedad. Era una sentencia social. Los leprosos eran expulsados de la ciudad, vivían aislados y, por ley, debían gritar “¡Inmundo!” cuando alguien se acercaba, para advertir del peligro. Pero estos diez hombres hicieron algo distinto. No gritaron “inmundo”. Gritaron “Jesús, Maestro”. Sabían quién era. Sabían de sus milagros. Sabían que, si había una mínima esperanza, estaba en Él.

Jesús no los tocó. No oró por ellos. No les dijo: “ya están sanos”.

Solo les dijo:

“Id y mostraos a los sacerdotes”.

Para obedecer esa orden, tenían que creer. Porque cuando comenzaron a caminar, todavía estaban enfermos. Sin embargo, fueron. Y mientras iban, fueron limpiados. Aquí aparece el detalle que duele.

Uno de ellos, al darse cuenta de que había sido sanado, volvió. Glorificó a Dios en alta voz, se postró a los pies de Jesús y le dio gracias. Y Lucas se encarga de subrayarlo: era samaritano.

El que regresó fue el despreciado.
El extranjero.
El que no conocía la Ley como los demás.

Los otros nueve —judíos, conocedores de la Escritura— siguieron su camino. Tal vez hicieron lo correcto según la norma. Tal vez llegaron al sacerdote. Pero no regresaron a dar gracias.
Y Jesús hace una pregunta que sigue resonando hoy:

“¿No eran diez los que fueron limpiados? ¿Dónde están los otros nueve?”

La gratitud como memoria espiritual

Ser agradecido no es solo decir “gracias”.
Es recordar.
Por eso el salmista escribe en el Salmo 103:

“Bendice, alma mía, a Jehová… y no olvides ninguno de sus beneficios”.

No olvides.

Solo hoy, abriste los ojos. Respiraste. Caminaste. Tuviste alimento. Tuviste un lugar donde estar. Y quizás ni siquiera lo notaste.

Él perdona nuestras faltas.
Sana nuestras dolencias.
Rescata nuestra vida del hoyo.
Nos corona de misericordia.
Nos da trabajo, sustento, protección.

¿Cuántas veces Dios nos libró de algo que ni siquiera llegamos a ver? Pequeños detalles que pudieron cambiar nuestra historia, pero no lo hicieron porque su mano estuvo ahí.

No olvidar… ni dejar de enseñar

En Deuteronomio 4, Dios es claro:

“Guárdate… para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto… y las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos”.
Olvidar no es inocente.
Olvidar debilita la fe.

Hemos visto milagros. En nuestras congregaciones, en nuestras familias, en personas cercanas. Sanidades, provisión, protección. Y también hemos visto dolor, enfermedad, necesidad. Por eso mismo no podemos permitirnos olvidar.

Más adelante, el mismo pasaje dice:
“Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios”.
Dios no se ha olvidado de nosotros.
Nunca lo ha hecho.

Jesús fue claro:

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin”.

Una gratitud que se practica

Si somos maestros, debemos prepararnos.
Si servimos, debemos crecer.
Si nuestra familia está bien, demos gracias.
Y si alguien está pasando por un mal momento, no miremos a otro lado: oremos, acompañemos, sostengamos.

La gratitud se cultiva orando, leyendo, estudiando, recordando.
No es un sentimiento pasajero.
Es una disciplina del alma.

Y quizá, en este tiempo de Navidad, más que pedir cosas nuevas, nos toque hacer algo más difícil: recordar todo lo que ya hemos recibido.

Vick
Conversando con una taza de café
-Vick-yoopino
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Poniendo mesa en el desierto

La fe cuando las cosas no van bien

Todos tenemos fe… sobre todo cuando todo marcha bien.

Cuando hay trabajo, cuando la salud acompaña, cuando el bolsillo no aprieta. En esos momentos, la fe parece firme, casi natural. Pero no todos están pasando por ahí. Mientras algunos siguen su rutina normal, otros están atravesando momentos difíciles. Y es justamente ahí donde la fe se pone a prueba.

Creemos que Dios está cuando todo va bien, pero olvidamos que Dios sigue estando cuando las cosas van mal. Paradójicamente, cuando más lo necesitamos, es cuando más fácil es olvidarlo.

Cuando hay salud, alegría y dinero, muchos no se acuerdan de Dios.
Pero cuando la situación se vuelve crítica, la rodilla comienza a doblarse… y también a quejarse.
Entonces surgen las preguntas:

“¿Dónde está Dios?”
“¿Por qué me pasa esto a mí?”
“¿No he sido fiel?”

Y muchas veces olvidamos lo que ayer Dios ya hizo por nosotros.

Un pueblo que olvidó los milagros

Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, no salió en silencio ni por casualidad. Salió con milagros evidentes: el mar dividido, la nube que los guiaba de día, el fuego que los acompañaba de noche. Todo eso lo vieron con sus propios ojos.

Y, sin embargo, cuando tuvieron hambre, lo olvidaron todo.
Si no recibimos, nos quejamos.
Si recibimos, siempre falta algo.
Parece que nunca es suficiente.
Un pueblo que vio el mar abrirse comenzó a dudar cuando el estómago rugía.

“¿Podrá Dios poner mesa en el desierto?”

El Salmo 78:19 lo dice sin rodeos:
“Hablaron contra Dios, diciendo:

¿Podrá Dios poner mesa en el desierto?”

Es una pregunta cargada de duda, pero también de memoria corta.
Como diciendo: “Sabemos lo que hiciste ayer, pero hoy no estamos seguros”.
En el versículo siguiente recuerdan el milagro del agua brotando de la peña… y aun así preguntan si Dios también podrá dar pan y carne.

¿Cuántas veces hacemos lo mismo?

Reconocemos lo que Dios hizo, pero dudamos de lo que puede hacer ahora, en este desierto, en esta situación concreta.

Pedro y la fe práctica

En Mateo 17, Pedro enfrenta una situación simple pero incómoda: el pago del impuesto. Jesús le dice algo que desafía toda lógica humana:

Ve al mar.
Echa el anzuelo.
El primer pez que saques tendrá la moneda necesaria.
Pedro era pescador. Sabía cómo funcionaban las cosas. Pero obedeció.
Eso es fe: hacer lo que Dios dice, aunque no tenga sentido inmediato.

La pregunta sigue vigente:
¿Creemos que Dios puede poner mesa en nuestro desierto?
A veces, Dios lo hace directamente.
Otras veces, nos usa a nosotros como la mano que llena la mesa de alguien más.

Una historia sencilla, una fe real

Decimos que vivimos por fe, pero también tenemos un sueldo, un horario y cierta seguridad. Sin embargo, recuerdo una historia sencilla que nunca olvidé.

Un maestro llegó un viernes a clase visiblemente preocupado. Sacó su cheque: 45 dólares por dos semanas de trabajo. Faltaban días para terminar el mes y el trabajo estaba muy escaso.

Aun así, dijo algo claro:
“Yo sé que Dios va a hacer algo. No sé qué, pero confío en que no me va a abandonar”.
La semana siguiente trabajó todos los días. Incluso el sábado. Su cheque cubrió todo y más.
No porque fuera especial.
Sino porque confió.

Dijo: “Señor, Tú tienes el control. Tú eres quien pone mesa en el desierto”.

Dios cumple lo que promete

El Salmo 78:23–25 nos recuerda algo fundamental:
Dios abrió los cielos y envió maná, aun cuando el pueblo reclamó y dudó.
La promesa se cumplió.
Dios sigue poniendo comida en la mesa, incluso en medio del desierto.

La pregunta es:

¿cuál será nuestra respuesta?

No solo orar, sino actuar.
Tal vez tú eres la mano que Dios quiere usar.
Tal vez tienes algo pequeño que puede llenar el estómago de alguien más.
La fe viene por el oír la Palabra de Dios, pero crece cuando esa Palabra se vive.
Si no la leemos, si no la escudriñamos, no crecemos.
Dios puede poner mesa en el desierto.

Y a veces, tú y yo somos parte de esa mesa.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
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El problema del mal y el sufrimiento: ¿Por qué permite Dios el dolor? (1ra. Parte).

“Si Dios es bueno, ¿por qué permite el sufrimiento? Esta pregunta ha atormentado a creyentes y escépticos por siglos. Desde el sufrimiento de Job en el Antiguo Testamento hasta las tragedias del mundo moderno, la cuestión del mal sigue siendo una de las mayores pruebas de fe. ¿Es el dolor parte de un plan divino, un resultado del libre albedrío o una prueba de que Dios no existe?”

Preguntas iniciales:

• ¿El mal es causado por Dios, por la humanidad o por fuerzas externas?

• ¿Cómo han respondido la Biblia y la teología cristiana a esta cuestión?

• ¿El sufrimiento tiene un propósito o es simplemente un error en la creación?

1. La pregunta del mal en la Biblia

“Desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento, la Biblia presenta múltiples perspectivas sobre el mal y el sufrimiento. Pero, ¿nos da una respuesta clara?”

La pregunta del mal en la Biblia se refiere al problema teológico y filosófico de cómo reconciliar la existencia de un Dios bueno y todopoderoso con la presencia del mal y el sufrimiento en el mundo. Esta cuestión ha sido debatida por siglos y tiene diversas respuestas dentro de la tradición cristiana.

Perspectivas bíblicas sobre el mal:

1. El mal como consecuencia del pecado humano: En Génesis, el pecado de Adán y Eva introduce el sufrimiento y la muerte en el mundo (Génesis 3).

2. El mal como prueba o propósito divino: El libro de Job muestra a un hombre justo que sufre, pero cuya fe es probada.

3. El mal y el libre albedrío: En el Nuevo Testamento, se enfatiza que el ser humano es libre para elegir el bien o el mal (Deuteronomio 30:19).

4. El triunfo final sobre el mal: La Biblia promete que el mal será vencido en el juicio final y la creación será restaurada (Apocalipsis 21:4).

Antiguo Testamento: El libro de Job y la justicia divina

• Job, un hombre justo, sufre sin motivo aparente.

• Sus amigos creen que su sufrimiento es castigo por pecado, pero Dios no da una respuesta clara.

• Dios responde con preguntas: ”¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38:4).

Nuevo Testamento: La visión de Jesús sobre el sufrimiento

Juan 9:1-3 → “¿Quién pecó, este hombre o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús responde: “Ni él pecó, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.

• La teología de la cruz: Jesús sufre y muere inocentemente, lo que muestra que el sufrimiento puede tener un propósito redentor.

Reflexión final

El problema del mal sigue siendo una cuestión central en la teología y la fe. La pregunta clave es: ¿Es el mal una prueba, una consecuencia o parte de un plan divino más grande?

Pregunta crítica:

• ¿Dios permite el mal para probar nuestra fe o es simplemente parte de la vida en un mundo caído?

(Continuará). Dejános un comentario sobre tus pensamientos al respecto.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino.

Reseñas de la Colección «Patrología» de Johannes Quasten – Tomo I.

«TOMO I: HASTA EL CONCILIO DE NICEA (325)»

Enseñanzas Fundamentales:

Este período establece los «fundamentos doctrinales del cristianismo» y desarrolla el lenguaje teológico básico. Las principales contribuciones incluyen:

– Definición de la autoridad apostólica y el canon bíblico
– Desarrollo de la liturgia primitiva y los sacramentos
– Primeras formulaciones trinitarias y cristológicas
– Establecimiento del episcopado como estructura jerárquica
– Defensa apologética contra el paganismo y las herejías gnósticas

Figuras Destacadas:

Los Padres Apostólicos:

– Clemente de Roma (†99): Primer Papa después de Pedro, autor de la «Epístola a los Corintios», establece principios de autoridad eclesiástica y orden litúrgico

– Ignacio de Antioquía (†107): Mártir que acuñó el término «Iglesia Católica», desarrolló la teología del episcopado monárquico y la presencia real eucarística

– Policarpo de Esmirna (†155): Discípulo directo de Juan Evangelista, representa la continuidad apostólica directa

Los Apologistas:

– Justino Mártir (†165): Primer gran filósofo cristiano, desarrolló la teoría del «logos spermatikos» (semillas del Verbo en la filosofía pagana), estableciendo el diálogo fe-razón.

Escuela de Alejandría:

– Clemente de Alejandría (†215): «Fundador de la filosofía cristiana», demostró que fe y filosofía son complementarias. Desarrolló el concepto de «gnosis cristiana» como conocimiento superior de la fe.

– Orígenes (†254): Genio teológico que sistematizó la doctrina cristiana, desarrolló el método alegórico de interpretación bíblica y estableció los primeros principios de teología sistemática

Escuela Africana:

– Tertuliano (†220): «Padre de la teología latina», acuñó terminología trinitaria fundamental (*tres personae, una substantia*), formuló principios cristológicos contra las herejías.

– Cipriano de Cartago (†258): Desarrolló la eclesiología episcopal, la teología del martirio y los principios sacramentales

No la estudie, ni la enseñe, total, Dios me habla.

IMG_0199Mis queridos amigos, nos volvemos a juntar por estos lares que ya caminamos con la calor que es un contento, solo por las noches caminamos por nuestro cappuccino Starbucks pero en el día la pasamos con nuestro Jamba Juice o Coca Cola para atenuar la calor, ahora mi querido amigo, no sé si esta caluroso o friolento, lo único que sé es que eliminaron a España del Mundial de Brazoil 2014 y eso es causa de duelo, he declarado tres días de duelo y la bandera a media hasta por un mes, pero debemos de seguir por lo que corra por su Biblia, como alguien me dijo que estaba en su cabecera, bueno deje de utilizarla de almohada y empiece a leerla, porque debemos tomar un tiempo para estudiarla.

Sabe tengo una amiga con la cual hemos venido conversando, algunas veces discutiendo y otras veces callados con respecto a lo que significa la salvación, seguir a Cristo y sobre la Biblia, y tratar de discernir algo que allí está escrito u oculto a los ojos de los neofitos, y un sin número de temas más, y en sus primeros comentarios, dijo algo que hizo saltar todas las alarmas, y empezar a emprender una cruzada para saber ¿qué es lo que la llevo a creer así? a lo cual en próximos post conversaremos, pero todo este tiempo de conversaciones me ha dejado en claro una cosa, necesitamos conversar sobre la Biblia y lo que dice, porque muchas ideas, experiencias, pensamientos, creencias, nos llevan al error, casi textualmente dijo lo siguiente «lacristianos-300x200 Biblia, ni es estudia ni se enseña, ni se memoriza, se ora a Dios para que nos dé el tema del cual hablar» bueno mis queridos hermanos, luego les explico lo que hay aquí, pero como a mi me saltaron las alarmas, quice hacer una encuesta entre algunos hermanos y hermanas, amigos católicos y uno que otro Testigo de Jehová, y los resultados fueron excelentes, la gran mayoría dijeron «Amén, tremenda verdad, apoyo a esa hermana, y es la pura verdad porque la Biblia no se estudia, solo Dios nos revela las verdades de lo que necesita la gente para crecer en el conocimiento de Cristo» WOW, otros dijeron «no eso no es cierto, porqué ¿cómo conoces a Cristo, si no es con la Biblia, que es la Palabra de Dios», otro WOW, algunos cristianos y cristianas, dijeron «necesitamos estudiar la Biblia porque es en donde se encuentra toda la enseñanza de y sobre Dios», otros «la Biblia nos fue dada para saber su voluntad para nosotros» WOW, otros dijeron «no necesitamos estudiarla, porque si estamos llenos de Cristo, es suficiente» entonces mis hermanos, ¿qué cree usted que es la verdad de esta afirmación «la Biblia ni se estudia ni se enseña, ni se memoriza, se ora para que Dios nos de el tema del cual hablar».

Toda esta expresión asi suelta, suena bien, parece cierta y espiritual, como le digo hasta cristianos contestaron a un solo grito «Amén». De otras religiones, lo acepto, porque solo unos pocos, son las personas que hacen de la lectura de la Biblia una razón diaria para conocer al Señor y Su Palabra, pero de cristianos que supuestamente tienen años en el evangelio, como woman_9que me preocupa, algo camina mal por allí o sus maestros no tocan los puntos necesarios para llevarlos a un conocimiento verdadero de la Biblia, o como cristianos somos simplemente asistentes domingueros de congregaciones en donde la Palabra escasea como en tiempo de Samuel. Pero continuemos, ¿qué dice la Biblia a respecto? no crea lo que yo le digo, mucho menos cierre los ojos y grite Amén, sino compare lo que aquí decimos con su Biblia, yo utilizó la Reina Valera 1960, me parece la más confiable traducción, no es el libro de Petete ni la novela de la Chilindrina, ni siquiera el último comic de Spiderman que aún no lo he comprado, es la Biblia que como usted y yo sabemos es la Palabra de Dios ¿estamos de acuerdo? sigamos.

Para empezar debemos de tener la certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mateo 5:18). Entonces mis amados amigos y de los otros, las Escrituras, son la regla a la cual someteremos toda supuesta verdad, toda palabra que se nos ocurra, toda cosa que dicen por allí debemos compararla con la Biblia para poder decir si es verdad o no, si se contradice, ni hablar, pero como podemos hacer eso, si no conocemos la Biblia, si no la estudiamos y sabemos qué dice. A menos mi querido amigo, de que este pensamiento domine su vida, no podremos adoptar una visión cristiana del mundo. Ahora si usted y yo tenemos una visión correcta de lo que representa la Biblia para el cristiano, la Biblia debe establecer lo que creemos de principio a fin, pero mi amigo, si no conocemos lo que está escrito en la Biblia cómo podemos decir que allí está escrito la voluntad de Dios para nuestra vida, si lo único que escucha de ella es lo que se lee los domingos en las congregaciones o lo que alguien lee en algún estudio bíblico.

Hoy mi amigo, estamos cambiando, muchas personas, líderes, iluminados de los que nunca falta, vienen diciendo de que necesitamos nuestras experiencias, de esa frase celebre «Dios me habló», o «Yo creo que es así», muchas veces predicar 001necesitamos algo más que la Biblia, que por si misma no nos puede dar y entramos en nuevas filosofías, teorías científicas, métodos del mundo de los negocios para hacer ver a la iglesia su poder, (sino mire algunas congregaciones en donde lo último que se estudia es la Biblia y prefieren libros que suenan bien, pero que son de la inteligencia humana, solo que es más fácil leer un libro que entender la Biblia, sobre todo si el Espíritu Santo no camina por nuestros lares) En los últimos tiempos ha cambiado la expression de «creer para ver por la de ver para creer», mi amiga me cuenta de que tiene una amiga que tiene un pequeño negocio que no andaba muy bien y ella oró por el negocio y se convirtió, acepto al Señor, y le preguntaba ¿qué hubiese pasado, si con su negocio, nada hubiese sucedido, hubiese creido?, me dio mil vueltas, trescientas medias vueltas y diciendo al final «es que ya estaba preparada para recibir al Señor», usted ¿qué cree?, mucha gente ha visto milagros espectaculares y le voy a contar uno que fue tremendo, dice así la historia: «Y al entrar en la aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos, y alzaron la voz diciendo: !Jesús, Maestro, evangelismo 01ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios en gran voz… Jesús, dijo: ¿no son diez los que fueron limpiados? Y los nueve ¿dónde están?.. Y le dijo, tu fe te ha salvado» (Lucas 17:12-19). (Tome su Biblia y por favor lea todos los versículos). Mis amigos los diez recibieron el milagro de la sanidad, pero uno solo fue salvo, porque reconoció quien era el que lo sanó, era Dios y regreso dando Gloria a Dios. Hoy hay milagros y son muchos los que lo reciben, pero muy pocos dan Gloria a Dios, ¿porqué? porque no lo conocen, a quién glorificar si para ellos es un milagrero, no importa como se llame, tan solo vienen por el milagro, los domingos en las congregaciones se llenan de necesitados, pero muy pocos vienen por aquel que murio en la cruz por el perdón de nuestros pecados, vienen simplemente con ese deseo de recibir algo, simplemente porque no lo conocen, porque muchas veces creemos que no necesitamos conocerlo, porque como me decía mi amiga, «la Palabra de Dios no se estudia ni se enseña» entonces cómo podemos saber de Dios, cómo podemos entender de que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gracia de Dios, de que no hay justo ni uno, de que el pago del pecado es la muerte, de que arrepentios porque el reino de Dios se ha acercado, si simplemente creemos que Dios nos habla, de que Dios nos bendice, de que Dios nos quiere prosperos, sanos, millonarios, con carro, cuentas corrientes, de que la puerta estrecha es más grande que el arco iris y que todos podemos pasarla, cómo podemos hablar de Dios, si no lo conocemos, a pesar de decir a los cuatro vientos y aledaños, que 2351117543_6d7c29222e«Dios me dijo», «Dios me hablo» o como un hermanito me dijo alguna vez «yo tengo el llamado de pastor» pero sabe Dios que jamás a podido terminar de leer un capítulo de la Biblia, y mucho menos entenderla y que ya todos sabemos su testimonio de memoria porque es lo que siempre termina contando cuando dá un estudio bíblico.

Entonces mis queridos hermanos y aquellos que contestaron la encuesta, la Biblia, sino la conoces, es que no sabes de Dios, sino la lees y estudias no puedes saber la voluntad de Dios para tu vida, y no llegaras a comprender lo que es bueno y lo que es malo a los ojos de Dios, de lo que es un pastor llamado por Dios, de un pastor llamado por un grupo de amigos, y que tu puerta será siempre ancha, porque miras alrededor y todos actúan parecido a tí, sin comprender porqué la Biblia habla de la puerta es estrecha y díficil de hallar y como mi amiga creer que todo se van al cielo simplemente por decir que el Señor es tu Señor, de que no importa nada si uno de la familia es salva, todos por contagio son salvos, acepten seguir al Señor o no, sin darte cuenta de que si tu vida no ha cambiado, si no te arrepientes, si no has dejado tus pecados y rebeliones, si no comprendes la magnitud de la palabra «creer», ese señor a quien le dices señor, es el que disfrazado de ángel de luz solo está para engañar y mentir y busca a quien devorar. Entonces mi amigo y hermano, si aún sigues creyendo que la Biblia ni se estudia ni se enseña, sigue tu camino, el cielo no es un lugar que te llegue a gustar. Bendiciones y pronto seguimos, mi amiga me ha dado pie para hablar de muchas cosas, desde la salvación, pasando por quién es Jesús, quién es salvo, por la santidad, etc, y el porqué debemos estudiar y aprender la Biblia y hacer la voluntad de Dios, amigos aquí hay mucha tela que cortar. Amén.

 

 

 

Algo viene caminando mal.

edible_cookie_cup_by_enrique_luis_sardiQue tal mis queridos amigos, hermanos, conocidos o simples visitantes que por aquí cayeron buscando la oferta de la semana, nos volvemos a encontrar con algunos luego de tomar un no merecido descanso, ya que tenía pensado escribir más continuamente, pero bueno estube más escribiendo en Facebook otras dos páginas que hemos creado por allá, que descuidamos un poco este blog, pero bueno ya estamos entrando en calor, viene los tiempos de verano y vamos a tener que dejar nuestro cappuccino del medio día por un Jamba Juice, pero a estas horas que son aproximadamente las 11:00 de la noche se amerita un cappuccino con su pan con queso derretido, bueno ya con ello, por favor busquese uno, y logicamente su Biblia, no nos venga a decir que aún no se compra una o la que perdio el domingo pasado aún no la ha podido encontrar debajo del asiento de carro, bueno tiene unos minutos para correr por ella y sentarse en un sillón comodo y empezar nuestra tertulia.

Sabe en los últimos tiempos han aparecido una serie de nuevas visiones dentro de las Iglesias o congregaciones cristianas, si de por si, tanto pentecostales como carísmaticos ya tenemosevangelismo 01 problemas con todo lo que los nombrecitos conllevan y todo ese movimiento de ver para creer y de que debes ser prospero, millonario y sano que han traído a las congregaciones, que más nos alejan que acercan al reino de Dios, pero hace un tiempo aparecio otra vision la de «Somos Reyes y Sacerdotes» y por dicho motivo, pues podemos decretar, cancelar, abrir y cerrar todo aquello que nuestra Gadareda gana se nos ocurra, y le han buscado sustento bíblico, así como logicamente pastores y maestros, pasando por evangelistas, apóstoles y profetas, vienen sirviendose en plato hondo con esta nueva visión, que unida a la visión de los 12 nada tiene que envidiar una a la otra,

Pero por allí hay algo nuevo en el horizonte, me cuentan, solo lo sé de oídas, que hay otra corriente, una en que nadie es algo en la congregación, o sea no hay pastores, no hay maestros, no hay apostoles, ni evangelistas, mucho menos profetas, sino todos hacen de todo, entonces mis amigos 1 Timoteo 3:1-7 es algo que nos tiramos a la espalda, porque hablar de irreprensible, no dado al vino, no un neofito, es simplemente letra muerta, dicen por el hecho de que los pastores cobran y se creen dueños de la iglesia, ¿interesante? !Wow!, cuentan de que la persona, una vez convertida, pasa por asistir a las reuniones, leen y comparten y de buenas a primera esta compartiendo lo que Dios le pone en su corazón para cada situación, que la Biblia no se estudia, ni se memoriza, ni se enseña, se ora para entender lo que el Señor nos dice. Dios mío ahora si que nos agarren confesados y en estado de bebe recien talqueadito, (en olor de santídad), porque se nos viene el mundo encima, ¿de dónde salio este nuevo movimiento?, no lo sé, decir que bueno se lee la Biblia, pero no necesitamos de ella, que ya no es necesario leerla, mucho menos estudiarla, ni enseñarla, ya se olvidaron o no leyeron donde dice 2 Timoteo 3:16-17 «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» pero la idea que tienen y ponen por obra, es casi como ir en contra de la Biblia misma, es como decir que la Biblia no es la Palabra de Dios, por el solo hecho de decir que no necesitamos estudiarla es ir contra lo que el mismo Dios del cielo y de la tierra nos ha encomendado, como querer decir que toda la vida de hombres y mujeres, que toda la historia de las genealogías de hombres y mujeres de Dios no valen nada, y mis amigos aquí debemos de tener mucho cuidado, ¿cómo podemos decir eso?, aquí hay dos pensamientos, (eso creo yo) primero, es la comodidad más grande, nos sentamos, leemos algunos versículos, y cada uno (como no necesitamos maestros) le da su propia interpretación, simplemente de acuerdo a nuestra situación, necesidad, o a lo que nosotros queremos, y decimos «Dios lo puso en mi boca», así interpretamos o creemos, ya no interesa lo que dice Dios, sino como se acomoda a nuestras propias necesidades o caprichos, y A_-predicadores que nadie es nadie, no interesa la verdad de Dios, solo la comodidad de nosotros, (!hay mamá!), Segundo: debemos recordar urgentemente 2 Timoteo 3:1-5 «que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos… que tendrán apariencia de piedad, pero negaran la eficacia de ella; a éstos evita» y diganles que no es así, que nos comen vivos, porque como todo eso es aparte de fácil de creer, pues saquelos de su error, pero sé que oran para pedir dirección, pero mis hermanos, oramos a quién y sobre qué, si es que leemos, pero no conocemos, creemos que Jesús murió para que nosotros no suframos, para que podamos obtener todo lo que pedimos en oración, para dejar de sufrir, ¿qué Biblia venimos leyendo? por el amor de Dios.

Entonces logicamente porque el ser humano es así, todo aquello en que estemos de acuerdo, pues será bueno y será permitido, o sea entramos sin darnos cuenta y sin entenderlo en un pragmatismo porque como es una conversación entre amigos y decimos que Dios es amor, pues ni hablar ya la hicimos y si encima creemos que porque creemos y oramos Dios nos tiene que responder, si, a todo lo que pidamos, como que 2351117543_6d7c29222esuena a algo que debemos seguirlo, porque nos rasca el oído y todos felices, !eso es lo que me gusta, eso es lo que necesitaba oir!, todos derechito al cielo. Nos dice a la letra «se ora para que nos guíe el tema que se va a dar», 2 Timoteo 4:2 «que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» la oración esta muy bien, pero que puede predicar o hablar si no estuadiamos la Palabra de Dios, y que podemos hablar si no conocemos,  «Me dí cuenta que al Señor hay que experimentarlo» ¿cómo? o sea que Dios es un Dios de experiencias, recuerda usted Génesis 3:6 «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió…» «vio» experiencia, no que era seguirlo por creer y por fe, ahora hemos cambiado las pautas para seguir a Dios, todo es por experiencia, «convivir con el Señor», pero ¿cómo lo haces?. como convieves con alguien al que no conoces, crees conocerlo, pero si la Biblia no es tu manual del fabricante, como puede conocerse a alguien que solo sabes de oídas. «Vendíamos libros para nuestro sustento, libros buenos, espirituales, que ofrecíamos a los pastores y ellos gustaban mucho y nos hacían pedidos». Pero viene una pregunta, si se camina bajo los pensamientos de que la Biblia no se estudia ¿cómo y sobre qué serán esos libros?, y es que al creer que no son necesarios ni el pastor, ni maestros, vamos por mal camino, ¿cómo dejo yo vender libros en mi congregación, que yo no sé lo que dice?, ¿cómo puedo aceptar que se haga en la congregación cosas que nada tiene que ver con la Biblia?, como pastor soy responsable del alimento que le doy a las ovejas y sobre las personas que vienen a compartir debo enterarme de lo que van a hablar o el testimonio que van a exponer, (creo yo).

Luego me cuenta de que: «Así conocí las diferentes iglesias, todas hablan de Cristo, todas leen la Biblia, todas tienen la verdad, y todas dicen que las otras no tienen la verdad. Y para diferenciarse cada una ha creado sus reglas, su forma demuerte vestir, de orar, sus jerarquías, me he topado con mucha gente sin opinión, antes de leer un libro debe leerlo el pastor para ver si se debe leer, antes de casarse deben preguntar al pastor si es la pareja adecuada, y el pastor es dueño de las ovejas y reemplazó al Pastor». Aquí si le doy toda la razón, en muchas congregaciones los pastores se han elegido como los infalibles, los que siempre tienen la razón, aquellos ungidos, que Dios y ellos son uno, aquí si estamos de acuerdo, pero debemos examinarlo todo, primero ¿qué dice la Biblia? que instituyó, pastores, maestros apostoles, evangelistas» pero todos con una sola finalidad, preparar a los santos para la obra del ministerio ¿estamos en lo cierto?, entonces necesitamos los pastores, porque el mismo Jesús lo dijo, «mi pueblo esta como oveja sin pastor» o sea abandonada a su suerte, imáginese como estara el pueblo, cuando todos y ninguno son maestros, todos y ninguno son pastores, hablan, estudian, oran, y claro todo en el nombre de Cristo ¿sera?, probablemente crean que sí, pero ¿será, verdaderamente en Su nombre?, yo lo dudo, y si no hay quien de las pautas para seguir, quien diga cuál es el camino, quién pueda corregir, cristianos-300x200quién pueda dirigir, ¿qué hacemos? lo que se nos pegue nuestra Garadera gana, la ley se escribió justamente porque todos hacían lo que les daba la gana y nadie era culpable de nada porque nadie decía que esta mal o bien y entonces entraba el caos, porque ¿qué podemos enseñar si no conocemos?, que podemos orar si no sabemos la voluntad del Señor, y como podemos evangelizar si nosotros aún no sabemos lo que es ser verdaderamente cristiano. Nos oponemos a las formas actuales que se llevan las congregaciones, pero luchamos de la forma más fácil, en contra de las normas, no importa quién las dá, yo me opongo, pero no nos damos cuenta que lo dicho en La Biblia es la Palabra de Dios y ella es la que hay que seguir, 1 Timoteo 1:3 «Como te rogue que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina», los hombres nos equivocamos, a sabiendas o por ignorancia. y cambiamos las normas escritas por Dios, pero para ello debemos conocerla, escudriñarla y buscar la verdadera dirección del Señor, no simplemente la iglesia camina mal, voy a hacer todo lo que «yo creo» que debe de ser, y erramos aún más el camino porque inclusive le estamos diciendo a Dios que se equivoco al escribir la Biblia ya que creemos o queremos creer que lo que dice en un libro, lo rectifica en otro, por lo que seguimos mal, no conocemos, no sabemos y mucho menos, queremos conocer, simplemente estamos contentos con la forma en que lo hacemos y seguimos y nos gusta estar así. Todo lo creemos por las experiencias que pasamos, ahora ojo, espero pensar huellasque sea solo buena voluntad, y se hace porque creemos que es asi, pero la Biblia dice algo muy diferente, pero al no estudiarla creemos que es simplemente un libro y seguimos casi textualmente lo que dice siempre y cuando lo leído concuerde con nuestro pensar y creer y querer, porque no quiero un pastor, para no tener a alguien por encima mio, no nos damos cuenta de que Jesús mismo instituyo pastores para que velen por nuestras almas, pero no aceptamos eso y decimos que no los necesitamos, entonces ¿quién va a llevar a las ovejas a los pastos verdes?, Efesios 4:12 «a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» amigos, debemos de rectificar, es cierto de que muchos pastores y maestros caminan equivocadamente, pero no por ello nosotros vamos a sacar un método que va justamente terminando peor que lo que se empezó, no es que la Biblia esté equivocada, somos nosotros los que por intereses o ignorancia hemos alterado las normas escritas por Dios, entonces debemos volver a las bases, volver a la Biblia, empezar por conocer verdaderamente a Jesús, y seguirlo, ¿dispuesto? o simplemente deseas hacer lo que más te gusta, entonces mi amiga, tengo que darte una mala noticia, el cielo no será tu hogar porque te estas poniendo por encima del mismo Dios, escribiendo tu propio manual.