2025 – El año en que no me rendí

Hubo un año en que no pedí aplausos ni multitudes.
No pedí que el mundo me mirara.
Solo pedí no traicionarme.


Sabía que el camino sería lento.
Que nadie vendría a decirme que iba bien.
Que habría días en que el optimismo se escondería
y el cansancio se sentaría a mi lado como un viejo conocido.

Ese año entendí algo importante:
no estaba construyendo para el ruido,
sino para la permanencia.

No medí mi avance por números,

sino por constancia.
No por victorias espectaculares,
sino por no abandonar cuando el peso era mayor.

Aprendí que terminar es más valioso que empezar,
y que cerrar bien una historia
es un acto de respeto hacia uno mismo.

Hubo semanas en que quise bajar los brazos.
Momentos en que dudé si valía la pena seguir hablando,
escribiendo, grabando, recordando.
Pero seguí.
No por fuerza, sino por fidelidad.

Seguí porque este camino habla de lo que soy.
Porque no vine a agradar,
vine a decir lo que pesa, lo que duele, lo que permanece.
Porque no todo lo valioso es rápido
ni todo lo verdadero es popular.

Al final del año, quizá pocos lo notaron.
Pero yo sí.

Pude decir, sin mentirme:
no me rendí.
no me traicioné.
no me vacié para encajar.

Y eso —aunque nadie lo celebre—
es una victoria real.

Este es el motivo por el que sigo.
No para llegar primero,
sino para llegar entero.

Vick
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Introducción – 15 historias desesperadas

Historias nacidas del silencio, del café, de la vida misma. Un adelanto del viaje que estamos por comenzar.

Hoy, mis queridos amigos, quiero compartir con ustedes este primer compendio de historias que hemos titulado “15 historias desesperadas”. Lo llamamos así porque, como verán, son quince relatos que nacen desde distintos rincones del alma: desde la esclavitud silenciosa que puede esconderse tras un banco y una rutina, hasta la soledad que nos acompaña sin pedir permiso. Historias de personas encerradas en cuatro paredes intentando amarse en la penumbra de un secreto, de esos que pocos pueden entender y muchos prefieren callar.

Estas páginas nacieron de lo vivido, de lo escuchado, de lo visto… y también de lo que algún duende travieso nos susurró en una mesa de café o en algún restaurante olvidado por el tiempo, cuando nuestros pasos nos guiaban —sin saberlo— hacia el encuentro con una historia que pedía ser escrita.

Llegamos hasta aquí cargados de ilusiones. Traemos la esperanza de que estas historias, que ahora usted lee desde una pantalla o tal vez algún día desde un libro impreso, se disfruten con la misma emoción con que fueron escritas: con la alegría que brota en la soledad, con la tristeza que a veces deja una sonrisa… en fin, con la intensidad con que se vive una buena historia. O un buen café.

Victor
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.
-MiVivencia.com.

Dedicatoria – A los que alguna vez creyeron

Dedicatoria

Una dedicatoria íntima para quienes acompañaron el nacimiento de estas historias. Gratitud, vida y palabras que encuentran su lugar, aunque sea en una esquina digital.

Todos los libros —o intentos de libro— suelen empezar con una dedicatoria, y aunque este no ha llegado aún a ser un libro, tampoco quiero que empiece diferente. Porque hay agradecimientos que merecen escribirse, aunque nadie los haya pedido.

Gracias a quienes, de una u otra forma, hicieron posible que estas historias vieran la tenue luz de una mañana cualquiera. Tal vez no lleguen a un estante, ni se impriman en papel, pero han encontrado su lugar aquí, en este rincón virtual donde las palabras también respiran.

Gracias a la musa —o a ese susurro invisible— que logró que frases sueltas se volvieran relatos, que el abecedario de la vida se uniera para contar cuentos, memorias y fábulas que, de algún modo, nacieron para ser compartidas.

Gracias a todos los que alguna vez creyeron en este aprendiz de escritor, que solo ha tenido la dicha de escribir lo que lleva dentro.

Gracias a todos.
Gracias a la vida,
porque aunque se me va escapando día a día,
aún me deja el tiempo justo para seguir escribiendo.

Victor
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.
MiVivencia.com.

El cuaderno del Caballero Narrador

Dicen que todos llevamos una historia dentro. En mi caso, no llevo una, sino muchas. Algunas me las contaron entre lágrimas o cafés, otras las viví en carne propia. Y otras, simplemente, me atravesaron como una flecha lenta, sin pedir permiso.

Este espacio —El cuaderno del caballero narrador— nace como una forma de dejar constancia de esas vivencias. No para convertirlas en leyendas ni para adornarlas de gloria, sino para darles voz. Para nombrar lo que tantas veces callamos.

Aquí no encontrarás ficción pura. Encontrarás verdad, aunque a veces esté vestida de símbolos. Encontrarás despedidas, silencios, batallas interiores, heridas, y también luz. Porque escribir, al final, es también una forma de regresar.

Gracias por leer.

Gracias por acompañarme.

Te invito a caminar conmigo, página a página.

Conversando con una Taza de Café.
—Vick, caballero narrador

No crezcas

No crezcas.
Que parezca que aún las muñecas —o los carritos— siguen poblando tus juegos.
Que el ratón de los dientes aún lo esperas… aunque tengas cincuenta.

No crezcas, porque aún Alicia quiere llevarte a su mundo, a través del espejo,
aunque el último de tus hijos ya va camino a la universidad.

Arrodíllate a jugar con tu Barbie y cámbiale de nuevo el peinado, como cuando tenías cinco años.
Quítate los zapatos para correr detrás de las palomas, en una tarde de verano.

Dile al Sombrerero Loco que tú también quieres una taza de café
y regálale el tornillo que hoy te falta.
Y al Conejo, dile que tú también vienes llegando tarde.

No crezcas.
Porque tus sueños —aún en los noventas— se pueden hacer realidad,
y sigues creyendo que Papá Noel baja por la chimenea,
aunque seas tú quien compra los regalos.

No crezcas, porque si creces…
no tendré con quién jugar cuando me haga viejo
y no recuerde dónde dejé mis canicas,
porque me escondí detrás del sofá para que me encuentres.

Y aún después de tantos años,
te seguiré esperando allí,
donde siempre me escondía.

No crezcas,
porque me quedé aquí, en la vereda,
y el helado que te compré se viene derritiendo,
y el sueño de verte sonreír se me viene perdiendo.

No crezcas, por favor.
Porque se me ha olvidado tu nombre,
y solo sé que una vez te quise.

No crezcas.
Porque se me va la vida,

y ya no sé quién soy.

«Inspirado en hechos reales.. o no. Solo Tú decides»
Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

Silencio, el camino ya lo he empezado

Me senté, en el mismo Starbucks de siempre, y me quedé a esperarte.

No llegaste.

Pedí el cappuccino de cada día.

Se llegó a enfriar de tanto mirar por la ventana,

en una tarde-noche que llovía.



Imprimí pasos a mi camino
 y recorrí la senda que lleva a tu ventana,
 ocupada por la luz del camino que olvidaste,
 recordada por momentos que tú, aún hoy,
 prefieres olvidar.



Pasan las horas.
 Y de regreso miro la luna,
 esa que revela cuerpos,
 que enseña figuras aún escondidas, 
aún indefinidas, con caras conocidas 
en medio de la oscuridad.



Palabras escritas y dichas en medio de secretos,
 queriendo tapar voces y miradas,
 ocultas por el silencio,
 como las estatuas de gárgolas
 que miran sin ver
 y escuchan sin oír.



Sin entender que las paredes hablan
 y el viento observa,
 con siluetas hechas una,
 de dos que se abrazan, 
formadas por la luz de una farola
 en aquella esquina.



Paso de largo.
 Olvido el recuerdo.
 Entierro las penas.
 Sigo mi sendero.



Silencio: que llega la noche.

Silencio: que vamos de ida.



Truenos en el cielo que destapan verdades.
 Caminos de ida, sin retorno aparente.
 Tiempo de retiros.



Los sonidos de tambores apagan la guerra.
 Vuelan las hojas de flores marchitas,
 hojas de otoño que suenan en el suelo,
 al ser pisoteadas por pies de aquella
 que llamaba princesa,
 que esconde su caminar en la tarde,
 su correr en la noche,
 como vuelo de paloma que se dirige al cielo…
o a aquel lugar en donde mirar atrás
 sea solo un recuerdo.



Porque mirar,
 es quizás simplemente levantar los ojos
 que ya moviste de lugar.
 Que ya no miran los míos.



Por ello, el silencio.
 El camino es simplemente volver
a donde me encontraste.
 Sin saber reír.
 Solamente vivir.



Silencio.

El camino ya lo he empezado, 
intentando regresar en el tiempo.

Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino.