En una de mis caminatas, entre librerías y calles oscuras, encontré un nuevo escritor, por lo que comenzamos a averiguar algo más de:
Mijaíl Shólojov fue un escritor ruso ganador del Premio Nobel de Literatura en 1965. Nació el 24 de mayo de 1905 en el pueblo de Kruzhilín, en la región de Rostov, Rusia, en una familia de campesinos cosacos. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por la pobreza y la lucha por la supervivencia, lo que más tarde influiría en su obra literaria.
Shólojov se unió al Partido Comunista en 1932 y se convirtió en uno de los escritores más destacados de la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó como corresponsal de guerra y escribió artículos y ensayos sobre la lucha contra el nazismo. Su experiencia en la guerra y su compromiso con la ideología comunista se reflejan en su obra, que a menudo explora temas como la lucha de clases, la revolución y la construcción del socialismo.
A lo largo de su carrera, Shólojov recibió numerosos premios y reconocimientos, incluyendo el Premio Nobel de Literatura en 1965, el Premio Lenin en 1960 y el Premio Stalin en 1941. Murió el 21 de febrero de 1984 en Vióshenskaya, Rusia, a los 78 años.
Reseña de «El Don apacible»
«El Don apacible» es una novela monumental que te sumerge en la vida de los cosacos del Don durante la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. La novela sigue la vida de Grigori Mélejov, un cosaco que se ve envuelto en la turbulencia de la guerra y la revolución. A través de la historia de Grigori, Shólojov explora temas como la lealtad, el amor, la guerra y la búsqueda de la identidad.
La prosa de Shólojov es poderosa y emotiva, y su descripción de la vida en el Don es vívida y auténtica. La novela es un fresco de la vida rural rusa, con sus tradiciones, costumbres y paisajes. Shólojov describe la vida de los cosacos con un realismo crudo y sin sentimentalismo, lo que da a la novela una sensación de autenticidad y veracidad.
La estructura de la novela es épica, con una narrativa que abarca varios años y sigue a Grigori a través de la guerra, la revolución y la lucha por la supervivencia. La novela es un viaje emocional y psicológico, que explora las complejidades de la naturaleza humana y la lucha por encontrar sentido en un mundo en caos.
Uno de los aspectos más destacados de la novela es la caracterización de Grigori Mélejov, un personaje complejo y multifacético que se debate entre la lealtad a su familia y su tierra, y su deseo de encontrar su propio camino en el mundo. Grigori es un personaje con defectos y virtudes, que comete errores y aprende de ellos, lo que lo hace creíble y humano.
«El Don apacible» es una novela que te deja con una sensación de asombro y admiración por la habilidad de Shólojov para crear un mundo tan vívido y real. Es una obra maestra de la literatura rusa, que explora temas universales como la guerra, la paz, el amor y la búsqueda de la identidad.
Su obra es una ventana a la historia y la cultura rusa, y «El Don apacible» es una de las novelas más importantes del siglo XX. Te recomiendo explorar más de su obra, como «Campos roturados» o «Siete cuentos del Don».
Vick Conversando con una Taza de Café -Vick-yoopino -MiVivencia.com
Este va a ser un tiempo interesante, por lo menos para mí es interesante. Me gustaría que vaya a lo que es Lucas 8, vamos a ver un pedacito del versículo 5, nada más, que dice Lucas 8, versículo 5: «El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino y fue hallada y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre piedras. Otra parte cayó sobre buena tierra». Pero mucho se ha hablado de la segunda parte.
Se hablaba justamente de la semilla que caía en diferentes tipos de tierra, pero yo quiero hablar un ratito en qué pasó con el sembrador. Nadie habla del sembrador. El mismo Señor solamente habla en la Palabra de todos los procesos que pasó la semilla en los diferentes lugares o tipos de tierra que cayó, pero yo quiero dedicarme a una persona, y esa persona es el sembrador. Y para esto les voy a contar una historia. Esta historia, yo me divertí cuando la hice, espero que ustedes la pasen bien.
La Historia de Víctor y el Vecino
Volvamos por unos instantes a los tiempos de la pandemia y a esos meses en que nadie salía a la calle. Va a llegar un momento en que más tiempo pase, y en un determinado día van a decir: «Bueno, las puertas van a estar abiertas, vamos a salir». Yo leí esto como el Señor de la Mies, es el que abre las puertas y un día abre la puerta. Y hay un Víctor, café en mano, su sombrerito, mochila al hombro y su canasta. El Señor de la Mies le dice: «¿Qué estás haciendo, Vítor?». Vi a otra persona, con su gorro, con su sombrero. Está preparado con sus botas, su ropa de trabajo. Tiene una barra, así como esas de metal como para hacer huecos en el piso, tienen las bolsas y tienen unos tanques o galones de agua, una cosa de esas. Entonces se dirige este señor, este vecino, que supuestamente es el hombre que salió también igual que Víctor, a la calle.
Y le decía el Señor de la Mies: «Ahora, ¿dónde vas a sembrar?». Y el Señor de la Mies le dice: «En su campo voy a sembrar». Entonces este [vecino] agarra lo que en mi país creo que se llama una barreta, hace un hueco, mete semilla, otro hueco, mete semilla y así va sembrando todo el campo. Cuando termina el campo viene donde el Señor de la Mies. Y el Señor de la Mies le dice: «Mira, aquí entró terreno que era de este [Víctor], pero [Víctor] está con su café, con su croissant, su mochila y no tiene absolutamente nada para sembrar».
Entonces este amigo, en el momento que está pasando, deja caer tres o cuatro semillas a los pies de Víctor, y Víctor las pisa como es su costumbre. Y [el vecino] sigue sembrando y empieza a sembrar, y siembra todo el campo que supuestamente era para Víctor, que realmente a Víctor lo único que hizo fue salir con su café. Pasa el tiempo y comenzaban a germinar esas plantitas, inclusive la que se cayeron al lado de Víctor también empiezan a germinar. Entonces este señor, el vecino nuestro, sale con una manguera y empieza a fumigar. Pasa por mi costado y me dice: «Oye, este [campo] tiene plaga, y la langosta…». Yo le digo: «No me toques, no me toques a mis cuatro plantitas, déjamelas tranquilas ahí donde están. Están bien». Este señor se va y empieza a fumigar en su campo, en el otro campo que tenía. Porque en el momento que va creciendo, si empieza a crecer como les dé la gana, no hay que cuidarlas. Pero como buen Víctor, dice: «No, no, esto va a crecer así, porque crece».
El Llamado y la Necesidad de Preparación
¿Y qué tiene que ver esto con lo que estamos hablando, con lo que estamos viviendo? Algo bien simple. Usted, en la posición que esté dentro de su iglesia, tiene un llamado. Y su mayor llamado es servir a Dios. Pero si usted se acordara, en Efesios 4:11 dice: «Y Él mismo constituyó profetas, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros». Ahora le voy a hacer una pregunta: Las personas tienen dos opciones, o responden, sí, o responden con ese llamado. Después de eso, ¿qué se hace? Si responde que sí, tiene que prepararse.
Normalmente es un trabajo. Si hablamos de Nehemías, Nehemías tuvo ese trabajo, fue llamado por Dios para hacer un trabajo. Jonás, a pesar de todos los problemas que hizo, fue comisionado para hacer un trabajo. Pablo, con todo lo que [hizo], hizo un trabajo. Después de que uno sabe que ha sido llamado debe dar una respuesta, y esa respuesta es prepararse.
Ahora, algunos dicen: «No, yo no necesito más que mi Biblia, y de aquí saco todo». Pero otros van al instituto, a la escuela bíblica o a la universidad, o compra buenos libros. Pero quiero decirles una cosa, y eso sí, aquí quiero que me comprendan: el instituto o la universidad da conocimiento, pero no da el llamado. No porque usted o yo vayamos al instituto, somos pastores, o somos profetas, o lo que sea.
Somos, muchos, creo que seremos siervos con un poco más de conocimiento, aprendices de siervo. Es bueno ir a un instituto. Y hay de institutos e institutos, pero es bueno porque usted va a tener cierto conocimiento. Cuando salga de él, va a saber realmente la palabra de Dios [en] sus niveles básicos, porque terminando el instituto no significa que usted aprendió todo y se olvida del asunto. Esto empieza para caminar mejor, para servir mejor.
Un líder no se hace porque se compra tres libros de «Ser líder en 10 lecciones», eso no se hace así. Es un llamado, es una gracia que le pone el Señor en su corazón y en su vida para servir. Cada persona tiene un llamado. Cada persona va a cumplir ese llamado si quiere cumplirlo definitivamente.
Póngase a pensar, si un maestro, un arquitecto, un ingeniero, un doctor, hace 10 años terminó la carrera, a este momento el mundo tecnológico ha cambiado tremendamente. Ya no se construye bajo los mismos lineamientos de hace 10 años, no se opera. La tecnología y las formas han cambiado. Y eso significa que la persona tiene que estar actualizándose constantemente. La persona que realmente en el instituto dio lo mejor de sí, aprendió mucho y salió, pero eso no significa que se acabó todo; este es el inicio.
La Oposición y la Falta de Unidad
¿Qué sucede con nuestra persona en nuestro Víctor?. Víctor estuvo [sin prepararse], mientras que la otra persona juntó semilla, probablemente la limpió para que no estuviese sembrando la semilla malograda. Consiguió material para poder sembrar. Él se tomó un tiempo de prepararse, para que cuando se abrieron las puertas, él ya tenía todo el equipo preparado.
Víctor, al contrario, estaba contento con los tres o cuatro plantitas que crecieron y ni siquiera le dio la gloria a Dios. A veces los líderes nos creemos dueños y señores de los discípulos, entre comillas. Nosotros no somos capaces de compartir con los demás, «Esto es mío, este es mi reino, este es mi pequeño castillo, no me lo va a tocar esa gente que quiere venir y ayudarme a destruir a la plaga».
Yo visito dos, tres, cuatro, cinco iglesias. Yo creo que tengo una docena de pastores muy amigos míos, y escuchen, de todos ellos aprendo un poco. Yo creo que cada lugar es un buen sitio para aprender, no sabemos todo, cada día aprenderemos algo nuevo, cada día mejoraremos en el conocimiento.
El Sembrar en Tiempos de Oportunidad
Hubo un Víctor que no se preparó en este tiempo. Víctor debe de prepararse, debe estar [preparado], ¿por qué? Porque no vamos a ir a cosechar, vamos a ir a sembrar. Así [como] en este momento hay cientos de personas que están [recibiendo] de Dios, Testigos de Jehová también, hay católicos, y de repente católicos más todavía que nosotros. Hay mormones. Cada religión, secta, está aprovechando lo mismo que nosotros en este y en cada instante, están predicando a medio mundo. La única diferencia está en que cuando nosotros salgamos y creemos que tenemos la verdad del evangelio, vamos a ir a sembrar a esa gente que todavía está un poco, como podríamos decir, indecisa y no sabe y tiene muchas veces miedo.
Nosotros tenemos que ir, entonces tenemos que prepararnos. No vamos a ir a cosechar a nadie, vamos a ir a sembrar la palabra. Para sembrar la palabra, usted tiene que prepararse. Prepararse no simplemente en el instituto. Si bajo su ministerio tiene 3, 4, 5, 10, 20 personas, enséñeles. Hay YouTube, un montón de cosas y herramientas que usted puede utilizar para enseñar a esas personas. Siempre que sea la verdad. Yo veo prédicas a cada rato los domingos, en especial. También veo clases de estudio bíblico, también veo clases de danza.
La Necesidad de la Lectura Profunda
¿Te gusta leer? ¿Gozas leyendo o es un suplicio?. Si uno agarra la Biblia y cree que está todo…. A veces nosotros no queremos leer más que todo por el hecho que no nos gusta leer, y eso no debe de ser. Lea, siempre, uno jamás deja de aprender. Pero no compre ese libro que dice: «Hazte un líder exitoso en 20 lecciones», no compre esos libros. Porque quieren [apelar a] tu ego, tu vanidad. Líderes son llamados por Dios. Lo que tiene que hacer es prepararse, porque Dios los va a apoyar y los va a sustentar. Antes de ser un líder, tiene que ser un siervo. Y siendo siervo, te vas a convertir en discípulo, y si te conviertes en discípulo, Él te va a levantar del lugar que tú tienes que estar.
No podemos esperar a que se abran las puertas. No podemos esperar que el pastor nos llame y nos diga: «Este hermano, te va a enseñar en 15 días estas cosas». Usted tiene que estar preparado. Porque si es el maestro, el maestro tiene que estar preparado 365 días al año, 24 horas al día, porque fue llamado para maestro. Si usted le dice a un [líder de] danza: «¿Sabes la rutina de tal cosa?». Pero a nosotros nos dicen: «¿Puedes llevar la clase del sábado?» y supuestamente es un maestro. Entonces algo tiene que cambiar en este tiempo.
Unidad y Cosecha
La gente va a estar dispuesta a escuchar. Pero si pasa el tiempo, la gente se acostumbra, la gente se olvida. Cuando ya las aguas vuelvan a su nivel, muchos, incluyendo nosotros, nos vamos a olvidar. Estos dos sembradores: uno que salió con su café y el otro que salió preparado para sembrar, ¿cuál quiere ser usted?. ¿El que realmente salió, se remangó las mangas y comenzó a hacer su trabajo y empezó a sembrar la semilla?. ¿O el Víctor que simplemente salió con su café?.
Si usted enseña, el crecimiento lo dará Dios. Juan 16:23 dice: «De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidieseis al Padre en Mi nombre, os lo dará«.
Si se acuerda, cuando hubo el derramamiento del Espíritu Santo, ¿cuál fue la característica principal? Que todos estaban unánimes, ¿cierto?. Yo sé que todos están juntos, pero ¿están unánimes? Es una pregunta. Todo lo que pides al Padre sea hecho, pero siempre y cuando estemos en la voluntad de Dios. Entonces, ese es algo que tenemos que lograr: que es la unidad.
Si nosotros llegamos a comprender que la iglesia es un [cuerpo de] Cristo, vamos a comenzar a trabajar en unidad. Si yo no me preparo, no puedo pedir cosechar. Se lo digo por experiencia. Si no sé sembrar, la cosecha no se da. Y si siembro tempestades, imagínense qué voy a cosechar. Piense en todo este tiempo, ¿qué ha estado haciendo para que cuando salga, pueda ir a cosechar?.
Nos vemos en unos días, con otra conversación, nos estamos viendo, comente, comparta y sobre todo prepárese.
Vick Conversando con una Taza de Café -Vick-yoopino -MiVivencia.com
No supo cuánto tiempo habían estado conversando; solo sabía que empezaron cuando el sol asomaba en el horizonte y que, mientras preparaban un café con croissant y queso crema, las horas habían pasado demasiado rápido. Ya el sol se había ocultado y la noche, oscura y fría, los sacó de aquella conversación que ninguno quería que terminara. Él hablaba un rato, ella otro, pero ambos se escuchaban y respondían. La charla era tan interesante que ni siquiera su amigo canino los distrajo: se acomodó en la almohada de siempre, junto a la cabecera, y se quedó dormido, como si intuyera lo importante de aquello.
Hablaron de historias y recuerdos de la infancia, de tiempos lejanos, de momentos tristes y otros no tanto. Ella le contó sus miedos y sus penas mientras él volvía a preparar otro café. Ella hablaba atropelladamente, queriendo decirlo todo. Volvió a encender el horno y puso los croissant a 375 grados: siete minutos de espera para que quedaran en su punto. Pasaron del comedor a la sala, disputándose los croissant calientes; hablaron de historia, de libros y textos, de juegos de niños, de tristezas de la adolescencia, de frustraciones y de lágrimas, de partidos de fútbol que terminaron en fracaso. Se contaron relatos, se sacudieron las manos con migas, sintiendo que la conversación no encontraba fin.
La tarde se fue y las luces se encendieron solo para que pudieran mirarse a los ojos y seguir intentando escribir su propia historia: frases entrecortadas por temores fundados, palabras apagadas bajo cielos estrellados, verbos y sustantivos unidos por los pronombres que contienen el tú, el yo y el nosotros; adjetivos que califican la vida. Palabras juntas formaban una nueva narración. Al llegar la noche, como suelen llegar las cosas, hubo una caminata hasta la puerta, un beso apasionado y una despedida con tristeza. Él salió tal como había llegado, con su cuaderno en la mano, donde había anotado las palabras que se dijeron durante todo el día, las mismas que habían llenado sus vidas de historias.
Ella cerró la puerta, se sentó en el sofá, dio el último sorbo al café frío y terminó el pedacito de croissant que aún quedaba en la canastilla, soñando con que, al amanecer, volverían a conversar: libreta en mano, lápices en los bolsillos, para continuar la historia que aún guardaban, llena de esperanza. Todo comenzó con cruzar palabras, un café, un croissant y el simple deseo de ser escuchada. Volverán en otro tiempo, pero con el mismo café.
— Vick Conversando con una Taza de Cafe -Vick-yoopino
Hace algunos años, durante el tiempo de la pandemia, realicé cerca de cien videos sobre la Biblia. Eran reflexiones que buscaban algo más que respuestas: buscaban preguntas.
Preguntas incómodas, necesarias. Preguntas que nos hicieran pensar si el camino que hemos seguido como creyentes, como iglesias, como cultura, era realmente el correcto.
Esa experiencia me dejó con un deseo más profundo: crear una serie que no fuera solo predicación o estudio bíblico tradicional, sino una especie de aula abierta. Un espacio de conversación, aprendizaje y reflexión sobre la historia del cristianismo —desde los apóstoles hasta el día de hoy.
Porque sí, se nos habla de fe, de amor, de salvación… pero ¿cuánto se dice sobre las persecuciones? ¿Sobre el rol de Constantino? ¿Sobre los Padres de la Iglesia y sus profundas diferencias teológicas? ¿Sobre las divisiones, las guerras, los concilios, el papado, la Reforma y todas las pequeñas y grandes grietas que convirtieron a una fe unificada en miles de denominaciones fragmentadas?
Y entonces aparece la gran paradoja:
Muchos líderes religiosos consideran que enseñar historia es innecesario. Dicen que “a los hermanos no les interesa”, o incluso preguntan “¿para qué sirve?”.
Pero el resultado está a la vista:
Nuestra gente lee poco, estudia menos, y vive encerrada en un ciclo de creencias donde la única consigna es “solo la Biblia” —sin contexto, sin historia, sin contraste. Y así, como dice el texto bíblico: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento”. Eso me llevó a abandonar la idea de enseñar en un aula. Pero no el deseo de compartir.
Así nace esta serie: La historia oculta del cristianismo.
Una serie que no pretende imponer, sino invitar. No pretende tener todas las respuestas, pero sí provocar las preguntas correctas. Una serie que incomoda, que indaga, que se atreve a decir lo que a veces desde los púlpitos se prefiere callar.
Costó más de lo previsto.
La vida, los tiempos, las circunstancias. Los vecinos que vienen taladrando hasta el infierno y mi madre que desea almorzar a media noche.
Pero aquí estamos.
Y no nos detendremos, porque ya se están trabajando nuevas series que vendrán después. Solo acompáñanos, comparte, y prepárate para mirar con otros ojos eso que creías conocer.
Vick Conversando con una Taza de Café -Vick-yoopino
Las legiones malditas (2008), segunda entrega de la trilogía de Escipión el Africano de Santiago Posteguillo, es una novela histórica que te sumerge de cabeza en el torbellino de la Segunda Guerra Púnica (209-206 a.C.), donde Roma y Cartago libran una lucha a muerte por la supremacía del Mediterráneo. Si buscas una obra que combine épica, intriga política, personajes inolvidables y un rigor histórico que hace palpable el polvo de las batallas, esta novela te atrapará desde la primera página y te hará correr a tu librería o biblioteca más cercana.
La premisa: un héroe contra el destino
En Las legiones malditas, Publio Cornelio Escipión, el joven general romano que ya destacó en Africanus: El hijo del cónsul, enfrenta su mayor desafío. Roma está al borde del colapso tras las devastadoras victorias de Aníbal, el genio militar cartaginés, que ha arrasado ejércitos romanos en batallas como Cannas. Escipión, con apenas 26 años, recibe el mando de las “legiones malditas”, los restos de los ejércitos derrotados, exiliados a Sicilia como castigo por su fracaso. Su misión imposible: llevar la guerra al corazón de Hispania, territorio controlado por Cartago, y derrotar a tres ejércitos enemigos liderados por los hermanos de Aníbal. Pero no solo lucha contra ejércitos: en Roma, los senadores envidiosos y las intrigas políticas amenazan con sabotear su campaña. ¿Podrá un hombre tan joven, con un ejército desprestigiado, cambiar el rumbo de la historia?
Por qué te enganchará
Posteguillo teje una narrativa que es un torrente de emociones y acción, pero con una profundidad que eleva la novela por encima del entretenimiento puro. Aquí van las razones por las que no podrás soltar Las legiones malditas:
1. Un héroe carismático y humano: Escipión no es un héroe de mármol; es un líder brillante pero vulnerable, acosado por dudas, la presión de su legado familiar y la hostilidad de sus rivales en el Senado. Posteguillo lo retrata con una mezcla de audacia y humanidad que te hace admirarlo y temer por él. Su evolución de joven idealista a estratega implacable es fascinante, y sus discursos (inspirados en fuentes históricas como Polibio y Livio) te erizarán la piel.
2. Batallas que te hacen sudar: Las escenas de combate, como el asedio de Carthago Nova o la batalla de Ilipa, son de una intensidad cinematográfica. Posteguillo describe las tácticas militares con un detalle que te hace sentir en el campo de batalla: el clangor de las espadas, el polvo asfixiante, las formaciones romanas contra las falanges cartaginesas. Pero no es solo acción; cada batalla revela la mente estratégica de Escipión, que innova con maniobras que aún se estudian en academias militares.
3. Intriga política que corta como un gladius: Roma no es solo un escenario de gloria; es un nido de víboras. Posteguillo recrea el Senado como un campo de batalla tan peligroso como Hispania, con figuras como Fabio Máximo conspirando contra Escipión. Las traiciones y alianzas te mantienen en vilo, preguntándote si el héroe sobrevivirá a sus propios compatriotas.
4. Personajes secundarios que brillan: Desde Emilia, la esposa de Escipión, cuya inteligencia y lealtad sostienen a la familia, hasta el fiel Cayo Lelio, su lugarteniente, cada personaje aporta matices. Incluso Aníbal, aunque menos presente, es un antagonista formidable, cuya sombra planea sobre cada decisión. Posteguillo da voz a mujeres, soldados rasos y enemigos, creando un tapiz humano que enriquece la historia.
5. Un viaje a la Hispania antigua: La novela te lleva a la Iberia del siglo III a.C., con sus tribus celtas, ciudades fortificadas y paisajes salvajes. Posteguillo revive lugares como Tarraco (Tarragona) o Carthago Nova (Cartagena) con un realismo que te hace oler el mar y sentir el calor del sol mediterráneo.
6. Rigor histórico que no abruma: Posteguillo, doctor en filología, basa su relato en fuentes clásicas, pero su prosa es accesible y vibrante. Los detalles históricos (armas, costumbres, política romana) están tejidos en la narrativa sin sentirte en una clase magistral. Incluye un glosario y mapas que ayudan a seguir la acción, pero la historia fluye como un río.
Momentos que te dejarán sin aliento
Sin spoilers, hay escenas que te marcarán: un discurso de Escipión que galvaniza a sus tropas desmoralizadas; un asedio donde la estrategia y el coraje se enfrentan a lo imposible; y un enfrentamiento personal que revela el costo humano de la guerra. Posteguillo sabe dosificar la tensión, alternando batallas épicas con momentos de introspección que te hacen conectar con los personajes.
Por qué leerla ahora
Las legiones malditas es perfecta si buscas una novela que combine la grandiosidad de Gladiator con la intriga de Juego de Tronos, pero anclada en hechos reales. Es el corazón de la trilogía de Escipión, donde el protagonista alcanza su apogeo como estratega y líder, y la narrativa de Posteguillo brilla por su ritmo y profundidad. A sus 860 páginas, es una inversión (unas 25-30 horas de lectura), pero cada capítulo te empuja al siguiente. Además, al ser la segunda parte, puedes empezar con Africanus: El hijo del cónsul para conocer a Escipión, pero Las legiones malditas es autoconclusiva en su arco y aún más emocionante.
Un último empujón
Imagina liderar un ejército de desterrados contra un enemigo invencible, mientras tus aliados en Roma afilan puñales a tus espaldas. Las legiones malditas no es solo una novela; es una experiencia que te hace vibrar con cada victoria y sufrir con cada revés. Posteguillo te lleva al corazón de una Roma que lucha por sobrevivir, con un héroe que no solo combate a Cartago, sino al destino mismo. Si quieres una historia que te mantenga despierto hasta la madrugada, esta es tu novela. ¡Corre a empezarla, porque Escipión y sus legiones te están esperando!
Hay historias que se escriben con tinta. Otros con sangre. Y algunas… con café caliente, cicatrices mal cosidas y un perro fiel al costado.
Esta no es una metáfora. Es mi historia. O mejor dicho, la del caballero que fui el día que enfrente mi última batalla. Una operación vida o muerte, una decisión silenciosa, una salida prohibida del hospital para volver a casa a alimentar a mi perro, y un epílogo que jamás pensé compartir… hasta hoy.
Esta crónica viene en dos partes. Ambas son ciertas. Ambas fueron escritas desde el alma. Y hoy las comparto contigo, que alguna vez también luchaste en silencio.
Bienvenidos a mi historia. Soy Vick. Y esta es… Mi Vivencia
Una historia de la vida real.
Durante años luchó en silencio. Mil batallas. Perdía algunas, otras las empezaba sin terminar, pero jamás salió corriendo ni se dio en retirada. Volvía a la carga, y a veces las volvía a perder… para pelear de nuevo y ganarlas entre gallos y medianoche. Mes tras mes, año tras año.
Llevaba en su cuerpo las marcas: espadas que cortaron pecho y hombro, cuchilladas a destajo entre brazo y cintura. Heridas que no escondía. Las peleaba todas como si cada una fuera la última. Porque sí… pudo ser cualquiera.
Y muchas veces, solo. Entre noches oscuras, lluvias sordas y silencios largos, lloró. Pero en voz baja.
Los caballeros de rancia armadura no lloran en voz alta. Se curan las heridas con su propia saliva. Escupen sobre la carne abierta, y la sangre… la sangre solo sirve para endurecer el cuero y dejar al caballero curtido. El dolor se va quedando atrás.
Y junto a su perro —ese fiel compañero de silencios—, limpiaba su espada y remendaba su escudo. Maltrecho en la vuelta. Deshecho en el retorno. Pero jamás recibió un golpe en la espalda.
Salvo las palabras.
Esas, que son cuchillos lanzados por los que piensan diferente. Por los que no luchan, pero agachan la cabeza ante el amo. Aun así… ni eso le quitaba el sueño. Porque todas las heridas verdaderas —las que marcan— las recibió de frente. En el pecho. En el casco. En el alma.
Su bandera, alguna vez, flameó como emblema entre luchas. Luego volvía hecha trapo, envuelta en su cuerpo, como si fuera vendaje untado con ungüento milagroso.
Pero el día había de llegar. La batalla final. Y llegó. Sonrió. Miró al cielo. Veló toda la noche sus armas. Sacó filo a su espada. Se armó de valor. Noche fría. Neblina. Amenaza de lluvia triste.
Levantó su copa de café caliente en señal de tributo… a todos aquellos que, ante el infortunio, perdieron su última batalla. Se enfrentó solo. Sin sirviente. Sin escudero. Sin padrino. Un duelo entre dos. Una lucha sin cuartel. Uno quedaría. Y del otro… solo quedaría el recuerdo.
Bajo luces de neón, con un robot quirúrgico como enemigo y un equipo de desconocidos como aliados, se inició el combate.
Muchos le gritaban: —¡Es una pelea sin sentido! ¡No vale la pena! —¡Ni siquiera peleas por un sueño!
Pero él, dentro de su casco, los miraba con desprecio. Como quien sabe quién es. Como quien ya no necesita justificarse. Las horas pasaron. La herida quedó abierta. El cuerpo, adolorido. Pero jamás herido por la espalda. Y tras más de seis horas…
…despertó. Los que lo vieron sonrieron. —Ganaste la batalla —le dijeron—. Es tuya la victoria.
Le preguntaron cómo se sentía. Cómo se encontraba. Y el caballero, aún adolorido, pidió su café. Y un steak. Y papitas fritas.
—Si no morí en la lucha —dijo—, entonces soy inmortal. Y se quedó dormido otra vez… con una sonrisa rota… pero intacto.
Anoche, sentado en una mesa con un café en la mano, bajo la penumbra de una luz tenue, me mire al espejo. Me ví Cansado. Con la nieve en las sienes y preguntas en los ojos. Como esa vieja acción: ojeroso, cansado y sin ilusiones.
Y pregunte en voz baja: -¿Vale la pena tanto esfuerzo? ¿Tanto trabajo?
Al principio solo respondió el silencio. Pero no era un silencio vacío. Era un silencio que conoce todos mis cuadernos, mis madrugadas, mis historias, hasta aquellos secretos que se guardan celosamente. Un silencio que susurro: «Aquí estamos. Siempre estuvimos. Ahora lo ves.»
En esa soledad tibia, entre el vapor del café y el reflejo que me observaba, escuche algo más: «No importa cuan largo sea el camino, si la compañía es verdadera. Aquí seguimos, con una taza de café en la mano, y la historia latiendo en silencio.»
-¿Y si ordeno mis ideas, mis vivencias, mis secretos? -pregunté- ¿Serían dignos de escribirse? ¿Alguien querría verlos? ¿Leerlos?
El silencio respondió sin palabras, como un viejo amigo que no necesita explicarse: «A veces uno camina lejos, cruza silencios, calla gritos, quema tulipanes… y llega a donde jamás pensó que llegaría. Y aunque las manos estén vacías, el alma recuerda por quién se atrevió a andar.»
Tomé otro sorbo de café. Volví a preguntar: -¿Me acompañas, partner? ¿Hasta el final… o aunque sea hasta hacer tamales?
Y el reflejo, ese viejo cómplice que también soy yo, respondió: «Te acompaño. Siempre te he acompañado. ¿Quieres que sigamos?
Y seguimos.
Los guiones volaron La miniaturas se generaron. Las series crecieron. Mas de seis proyectos. Mas de setenta videos por grabar. Y otras cinco historias en camino.
Volví a mirar al espejo. Quise preguntar: «Espejito espejito…» Pero no lo hice. Solo sonreí. Me levanté.
Lo curioso es que mi reflejo no se movió. Siguió allí. Sentado. Solo esbozó una leve sonrisa.
Hoy escribo este texto porque he vuelto. He vuelto a este blog. A este rincón. A este lugar donde las palabras no se gritan, se conversan. Donde una taza de café puede ser mas profunda que una conferencia. Donde el silencio también escribe.
Desde aquí seguiremos compartiendo historias. Las de las series. Las de mi madre. Las de la historia cristiana. Las de la ciudad. Las de mis secretos. Y también las mías. Las tuyas. Las de cualquiera que aún cree que vale la pena escribir.
Porque detenerse es para cobardes. Y eso es algo que nunca aprendí de mi padre.
Gracias por volver. Gracias por leer. Gracias por estar.
Nos seguimos encontrando, Conversando con una Taza de Café. -Vick-yoopino
Queridos amigos, para que no digan que solamente yo estoy medio loco, o loco completo, que camina diciendo que las cosas van mal en la iglesia de Jesucristo, bueno aquí les dejo un sermón del pastor Charles Spurgeon, que hace mucho más de 150 años se dió cuenta de que las cosas caminaban mal en la iglesia y lo declaró, lo gritó a los cuatro vientos y como siempre fue señalado de divisionista, de equivocado, de loco, y hoy se vuelve a repetir la historia o mejor dicho la historia continúa, como si fuera una novela de terror, por lo cual, hoy más que nunca este sermón es actual, por lo que se los dejo, leánlo con atención, especialmente si usted es un líder, pastor, maestro, profeta (?), de esos que nunca faltan, que vienen haciendo las cosas al revés, pero tome asiento, un café sin azucar, porque la vida se le va a amargar cuando termine de leer todo este post y lo compare con lo que viene haciendo desde hace mucho tiempo en su congregación, por lo tanto hoy le pido que se arrepienta y busque del Señor, los dejo.
Nunca debemos esconder nuestros colores. Llegan tiempos en los que debemos pasar al frente y responder a la iniciativa de combate, cuando vemos que el honor de nuestro Capitán lo demanda. Nunca debemos sentir vergüenza ni temor. Nuestro Señor Jesús merece que nos rindamos como sacrificios voluntarios en defensa de su fe. Comodidad, reputación y hasta la vida misma deben capitular al nombre y la fe de Jesús. Si en el ardor de la batalla nuestro buen nombre o nuestra vida deben arriesgarse para ganar la victoria, digamos entonces: “En esta batalla algunos de nosotros deben caer, ¿por qué no? Estoy dispuesto a tomar parte y fortuna con mi Maestro y a soportar el vituperio por su causa”. Los soldados valientes son los únicos dignos de nuestro gran Señor. Los que se esconden en la retaguardia para estar cómodos todo el tiempo, no son dignos del reino.
Hermanos, debemos estar dispuestos a ser ridiculizados por causa de Cristo, incluso la clase peculiar de ridículo envenenado que tanto le gusta a “los cultos” verter sobre nosotros. Debemos estar dispuestos a ser considerados como grandes tontos por causa de Jesús… Por mi parte, yo estoy dispuesto a ser diez mil veces tonto por mi amado Señor y Maestro, y cuento como el honor más elevado que se me puede conceder el ser despojado de toda honra y ser cargado con todas las censuras por la causa de la antigua y gloriosa verdad que está escrita para siempre en mi corazón… Antes que yo pueda renunciar a mi fe… voy a tener que ser pulverizado, y todos los átomos que queden deberán ser transmutados.
Todos admiran a Lutero, sí, claro; pero nadie quiere que alguien más haga lo mismo el día de hoy. Los que van al jardín zoológico admiran al oso, pero, ¿le gustaría tenerlo suelto en su casa o deambulando por las calles? Algo tan “osado” le resultaría insoportable a cualquiera. De modo que admiramos a un hombre que se mantuvo firme en la fe hace unos cuatrocientos años; el pasado es para él como una especie de fosa o jaula de hierro que le mantiene asegurado tras las rejas como al oso en el zoológico: tener a un hombre así en la actualidad sería una gran molestia y todos estarían a favor de la captura y encierro de ese fanático recalcitrante y obcecado o un apelativo todavía peor que se pueda pensar. No obstante, imaginemos por un instante que en el pasado. Lutero, Zwinglio, Calvino y sus camaradas hubieran dicho: “El mundo está en desorden total, pero si tratamos de arreglarlo solo crearemos perturbación, vamos a quedar mal con la gente y caeremos en la deshonra. Mejor vamos a nuestras recámaras y nos ponemos a dormir durante los tiempos malos; quizás al despertar hayan mejorado un poco las cosas”. Tal conducta por parte de ellos nos habría dejado un legado de errores. Cada generación caería cada vez más bajo en los barrancos infernales y los fangales pestilentes del error nos habrían tragado a todos. Estos hombres amaban la fe y el nombre de Jesús en demasía y no estuvieron dispuestos a contemplar cómo eran pisoteados. Estamos obligados a reconocer lo que debemos a ellos, y pagar a nuestros hijos la deuda que tenemos con nuestros padres.
Hoy sucede lo mismo que en los días de la Reforma. Se necesita un espíritu resuelto y decidido. Ha llegado el día para el hombre; ¿dónde está el hombre para el día? Más nos vale a nosotros, a quienes el evangelio ha sido transmitido por manos de mártires, que no lo tratemos con trivialidad ni nos quedemos ahí sentados oyendo a traidores negarlo mientras aparentan amarlo cuando por dentro aborrecen todas sus palabras. La fe a la que estoy aferrado está marcada con la sangre de mis antepasados. ¿Acaso voy a negar su fe, por la cual fueron forasteros en este mundo? ¿Acaso vamos a arrojar por la borda el tesoro que nos fue entregado a través de rejas de cárceles o que llegó pasado por las llamas de Smithfield?
En lo personal, cuando mis huesos han sido torturados con reumatismo he recordado a Job Spurgeon, sin duda alguna de mi propia simiente, a quien le fue permitido en la cárcel de Clemsford tener una silla, puesto que no se podía acostar debido al intenso dolor reumático. Los sufrimientos de ese cuáquero fueron mayores que los míos, pero no lamento haber heredado su reumatismo si también poseo su fe obstinada, la cual no me dejará ceder una sola sílaba de la verdad de Dios. Al pensar en cuánto han sufrido otros por la fe. una desatención o injuria menor parece baladí y no es algo digno de mención. Una estirpe de ancestros amantes de la fe debería ser motivo suficiente para permanecer en la obediencia al Señor Dios de nuestros padres y la fe en la cual ellos vivieron. En cuanto a mí, debo aterrarme al antiguo evangelio: no puedo hacer otra cosa. Con la ayuda de Dios soportaré todas las consecuencias de lo que según los hombres es pura obstinación.
Caballeros, miren esto con cuidado: quedan generaciones por venir. Si el Señor no aparece en la nuestra, vendrá otra generación, y otra después de ella, y todas estas generaciones serán perjudicadas y dañadas si no somos fieles a Dios y a su verdad hoy mismo. Hemos llegado a un punto decisivo en el camino. Si volteamos a la derecha, puede ser que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos irán por ese camino; pero si volteamos a la izquierda, generaciones que ni siquiera han nacido maldecirán nuestros nombres por haber sido infieles a Dios y a su Palabra. Yo les encargo con solemnidad, no solo por nuestros ancestros sino también por la posteridad, que procuren ganar los elogios de su Maestro, que a pesar de vivir en medio del lugar donde mora Satanás, se aferren al nombre del Señor Jesús y no nieguen su fe. ¡Que Dios nos conceda ser fieles por causa de las almas que nos rodean! ¿Cómo se va a salvar el mundo si la iglesia es falsa con su Señor? ¿Cómo vamos a levantar a las masas si carecemos de medios para ejercer influencia? Si nuestro evangelio es incierto, solo quedan miseria y desesperanza. Manténganse firmes, amados míos, ¡en el nombre de Dios! Yo, su hermano en Cristo, les ruego que permanezcan en la verdad. Condúzcanse como hombres y sean fuertes. Que el Señor les sustente por amor de Jesús. Amén.
Bueno mis amigos, lo único que queda es orar: Señor, perdóname, pero empésare a luchar para que tu muerte por mi, no haya sido en vano, Señor, de Ti tendré las fuerzas para seguir, para caminar de frente y con la frente en alto, arrepintiendome de mis pecados, sabiendo que estoy haciendo la obra para la cual Tu me llamaste, gracias, mi Dios, hermano y amigos, permanezcamos en la verdad, pero para permanecer, hay que conocerla y para conocerla hay que estar junto a quién es el dueño de la verdad, y para ello debes convertirte en su discípulo. Nos vemos mañana, domingo, a las 9 el sevicio mañanero y luego a las 2 de la tarde continuamos en la congregación que me vengo reuniendo hasta que me inviten a seguir mis pasos, pero seguiremos desde está tribuna, en fin, bendiciones y eso si le prometo, seguimos.