Me senté y lloré

Ya es de noche. Como tantas veces, nos reunimos aquí —amigos, hermanos, conocidos y quien quiera acompañarnos— en esta sección que muchos ya identifican: Conversando con una Taza de Café. Un espacio para detenernos un momento y conversar sobre lo que estamos viviendo, aunque a veces preferiríamos olvidarlo.

Vamos empezando.

Siempre me ha gustado iniciar estas charlas recordando a un viejo amigo llamado Nehemías, un hombre que, de alguna forma, se parece un poco a mí. Si usted es lector de la Biblia, recordará lo que le dijeron en Nehemías 1:3: “El remanente… está en gran mal y afrenta.”

Le contaron que su pueblo estaba en problemas. Problemas serios. Y su ayuda era necesaria.

Hoy pasa lo mismo. Tenemos los problemas dentro de casa, dentro de la iglesia, dentro de nuestra propia comunidad. Y mucha gente la está pasando muy mal. La pregunta es: ¿qué está pasando con nosotros?

Te cuento algo que me marcó.

Aquel día me tocó hacer las compras: carne, pollo, verduras (pocas, porque no como muchas). Era la una de la tarde y quería llevar algo a casa para comer, cuando veo a un hermano de la iglesia haciendo cola frente a un lugar católico donde reparten comida.

Crucé para saludarlo. Se puso nervioso, como quien no quiere ser visto. Le dije que fuéramos a comer algo, pero él me contó que ya había pasado por su iglesia:

—Oraron por mí. Me dijeron: “Dios tiene el control. Dios va a suplir.” Y después de la oración, me enviaron a casa… y vino a hacer fila para pedir comida. Porque no tenía nada en casa. En ese instante recordé el versículo que sigue:

“Cuando oí estas palabras, me senté y lloré.”

No sé si alguna vez has recibido una noticia que te golpea tan fuerte que el cuerpo simplemente se rinde. Este hermano estaba haciendo fila para comer; y su iglesia, en vez de suplir su necesidad, le dio una oración y un “Dios te va a ayudar”.

Algo no estaba bien. Algo no encajaba.

Predicamos: “¿Cuándo te dimos de comer? ¿Cuándo te dimos de beber?” Pero ya casi no hablamos de eso. Ahora todo es: “Dios tiene el control.” Sí, Dios tiene el control… pero nosotros somos sus manos.

Muchos han perdido su trabajo. Otros apenas sobreviven. Mientras tanto, hay quienes vivimos el día a día sin grandes problemas. Pero al lado de nuestras casas hay necesidad. Real. Dolorosa. Silenciosa.

Recordé esa frase que tantas veces repetimos sin sentirla: “Me senté y lloré.” Y la convertí en una pregunta: ¿Nosotros… qué sentimos?. Muchas veces, simplemente: nada.

Predicamos del buen samaritano, del que curó heridas y pagó para que el herido fuera cuidado. Pero hoy deberíamos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo nosotros?. No podemos ayudar a todos, pero sí podemos ayudar a uno.. Y si cada uno ayudara a uno… serían muchos.

Una vez escuché a alguien decir: “Si vas a freír dos piezas de pollo… fríe tres. Siempre hay alguien cerca que no tiene qué comer.” Tenía razón.

Es bueno orar por quienes están pasando necesidad. Pero también es bueno ayudar, si podemos. Una señora decía cuando cocinaba frijoles:

“Échale más agua. Que alcance para alguien más.”

Pero nosotros seguimos diciendo: “Dios va a suplir.” Cuando la verdad es que Dios quería suplir… a través de ti. Durante la pandemia gritamos que la casa es la iglesia.

Bien. Entonces pregunto: ¿Qué está haciendo la iglesia desde su casa? ¿Estamos preparando nuestro corazón para cuando llegue la cosecha?

Si eres maestro: ¿estás estudiando? ¿estás leyendo? ¿qué estás preparando para la gente que vendrá?

Porque ese hermano por el que oraron… ¿volverá a su iglesia?. Es bueno orar. Es necesario. Pero también es necesario actuar. Hay gente sin trabajo. Hay gente trabajando y prosperando. Este es el momento de edificar a la iglesia, de servir, de enseñar, de formar discípulos.

Después de llorar, Nehemías oró. Y después de orar, actuó. “Si tienes frijoles… si tienes pollo… si tienes pan… compártelo.” No esperes a Navidad para callar la conciencia regalando un poco de ropa. La necesidad no espera. Especialmente la de los niños.

Y te digo algo que me dolió profundamente: Cuando ese hermano llegó a su casa, estaba su esposa esperándolo. Y su niño. Una familia que tenía hambre.

¿Qué le vamos a decir?

“Dios tiene control de tu hambre” ¿Eso le vamos a decir? Ese día, cuando vi eso, cuando entendí lo que estaba pasando, me senté… y lloré.

Porque en todas partes hay necesidad. Y no solo necesidad de comida: necesidad de Jesús, de compañía, de esperanza, de manos que ayuden.

La iglesia debe prepararse desde las casas. Para servir las mesas. Para ayudar. Para amar.

Somos llamados a servir, no a servirnos. Y hoy, más que nunca, es el tiempo. No mañana. No “cuando todo pase”. Hoy.

Regresaremos con otras reflexiones. Quizás algo cambie. Quizás cambiemos nosotros. Pero puedes dejarnos un comentario.

Vick
Conversando con una Taza de Café
Vick-yoopino
MiVivencia.com

Dando el mensaje

Ya regresamos, ahora sientese por favor, la cosa se va a poner de candela, mire mi amigo, si usted aparte de ser cristiano, es evangelista, pero de los buenos, pastor, maestro o líder de alguna congregación y ¿quiere usted que la gente conozca a Dios? Entonces simplemente predique el mensaje verdadero. Pero deseo que tenga en cuenta lo siguiente: Si la gente rechaza las Escrituras, no se tiene nada de sabiduría. Si se cambia el mensaje bíblico por hacerlo más digerible por la gente, no se puede predicar sabiduría.

El poder de Dios por la palabra de la cruz es lo que salva a las personas. Los hombres son instrumentos para entregar ese mensaje, pero el mensaje no surge de ellos, viene de Dios. Este es absolutamente el único mensaje que tenemos. Cualquier otro mensaje es falso y absolutamente inaceptable, como Gálatas 1:8-9 declara sin disculpa ni componendas: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema». Pero el cristianismo ligero, que es tan popular hoy, ha sustituido otro mensaje que trata de eliminar la ofensa de la cruz.

No se puede ser fiel y popular; de modo que escoja. Lo que Pablo nos quiere decir en 1ra de Corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca con nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales. Hace añicos nuestras sensibilidades, nuestro pensamiento racional, nuestra tolerancia. Es difícil de creer. Desdichadamente, por esto la gente hace componendas, y cuando las hacen, se vuelven inútiles porque Dios salva por esta verdad.

El mensaje de la cruz no tiene que ver con las necesidades que se sienten. No se trata de que Jesús le ama a usted tanto que quiere tenerlo contento. Se trata de rescatarlo a usted de la condenación eterna, porque esa es la sentencia que pesa sobre la cabeza de todo ser humano.

El verdadero evangelio confronta al hombre y lo expone tal cual es. No se fija en el desencanto que se siente. No le ofrece ningún alivio de sus luchas como ser humano. Más bien, va al asunto profundo y eterno del hecho de que está condenado y desesperadamente necesita que le rescaten. Solo la muerte puede lograr el rescate, pero Dios, en su misericordia, ha provisto un Sustituto.

Cristo es el único camino al único Dios verdadero, y el cristianismo bíblico es el único camino al único Cristo verdadero. Las personas equivocadas que reconocen algún otro Dios y participan en cualquier otra religión no están adorando y sacrificando a Dios, sino a los demonios. Yo no inventé esto. Esta no es teología de mi cosecha. Esto es cristianismo elemental.

Ya para terminar quiero decirle mi hemanito o hermanita en Cristo, que al predicar la Palabra de Dios no la hablaremos con trucos, adulterando la Palabra de Dios, alterando el evangelio para hacerlo menos ofensivo, a fin de que los hombres nos elogien. Cambiar el mensaje, manipular las emociones o la voluntad es inútil, puesto que nadie puede creer a menos que Dios le conceda entendimiento.

Si la gente no oye la verdad, la música no va  a ayudar en nada. Si no ven la luz, el PowerPoint no ayudará en nada. Si no les gusta el mensaje, el drama y los videos tampoco ayudarán. Están ciegos y muertos. Nuestra tarea es seguir predicando, no predicándonos a nosotros mismos, sino predicando el arrepentimiento y la sumisión a Cristo Jesús como el Señor.

Los dejo, nos seguimos comunicando, bendiciones, y sobre todo piense en lo que está predicando y en lo que viene escuchando, busque en su Biblia, escudriñela, y pidale a Dios que se revele y le rebele en su Palabra. Hasta muy pronto.