El quizás

A veces la vida nos devuelve aquello que creíamos perdido, pero no igual… sino distinto, más callado, más consciente, como si el tiempo lo hubiese pulido con lágrimas, silencios y ausencias.

Ayer hemos vuelto a hablar.

Entre las palabras, tímidas al principio, se coló un suspiro, una sonrisa, y esa sensación que no se puede explicar del todo: la del quizás.

Y quise decirte —aunque el corazón hablaba más que la voz— que tus lágrimas de aquella despedida, frente a la reja blanca, aún no se han borrado.

Cada vez que las recuerdo, vuelvo a sentir el peso de ese adiós, el sonido del portón cerrándose, y la distancia creciendo entre nosotros.

Aquellas lágrimas, sin saberlo, se quedaron sembradas en la memoria… y una vez más al reencontrarnos, florecieron en este quizás.

Quizás no sea como antes, ni falta que hace.
Quizás esta vez caminemos más despacio, con menos promesas y más verdad.
Quizás el miedo no sea un enemigo, sino un recordatorio de que lo que sentimos vale la pena intentar.

Hay algo en el “quizás” que late distinto.

No es certeza ni despedida.

Es un puente hecho de esperanza, construido con cuidado, palabra a palabra, como quien enciende una vela en medio de la noche sin saber si habrá viento.

Quizás venga.

Quizás el destino vuelva a cruzar nuestras vidas.

Y quizás, solo quizás… esta vez sea para quedarse.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Cerrando tras de sí la puerta

Era una mañana cualquiera. Salió de casa como quien no quiere decir adónde va, con su vieja mochila al hombro. Dentro, lo de siempre: la laptop, los audífonos, algo de música… y esta vez también llevaba algo más pesado: las ilusiones, los nervios, el miedo, la esperanza. Esa mezcla inexplicable que lo había mantenido despierto toda la noche.

Ese día no hubo café en Starbucks, ni croissant con queso crema. Nada de rutinas. Iba con el corazón latiendo más fuerte de lo habitual, como si supiera que el encuentro que se avecinaba no era uno cualquiera. Parecía que el tráfico conspiraba contra él. Todo iba más lento. Pero no importaba. Él avanzaba igual, impulsado por algo más fuerte que la costumbre.

Ya rondaba los cincuenta, pero algo en él se sentía joven otra vez. ¿Era amor? ¿Ilusión? ¿Un último intento por creer? No lo sabía. Solo sabía que llevaba demasiado tiempo acompañado por una fiel y silenciosa compañera: la soledad. A veces la comprendía, otras no. Pero siempre estaba allí, sentada frente a él en cada café, mirándolo mientras escribía historias de desamor y de esperanza. Soledad que hoy, por primera vez en años, parecía desvanecerse.

No recordaba exactamente cuándo empezó todo. Solo sabía que un día ella dejó de ser solo una amiga. Al principio, sus conversaciones eran largas, intensas, llenas de ideas. Ella hablaba de teorías, de invenciones, de mañanas frías y tardes soleadas. Él la escuchaba fascinado. Y su corazón, sin pedir permiso, empezó a moverse. Pero calló. Porque era una dama. Porque tenía pareja. Porque él también tenía un hogar al que regresaba cada noche, aunque no con muchas ganas.

Así pasó el tiempo. Semanas, meses. La miraba en silencio, deseando que sus ojos pudieran decirle todo. Pero no. El miedo a perder lo poco que tenía lo hacía mudo. Entonces, enterró sus sentimientos. O al menos, eso creyó. Pero cada vez que la veía, su amor volvía, indomable, intacto.

Hasta que un día, ella también empezó a escribir. Al principio con timidez. Después, con emoción. Entre miedos y mensajes borrados, los textos comenzaron a decir lo que los labios no podían. Y cuando él recibió ese primer mensaje, algo explotó en su pecho. El viejo amor que creía olvidado se encendió de nuevo. Y esta vez, parecía que era correspondido.

Ella tenía miedo. Él también. Pero empezaron a quererse. A reconocerse. A imaginar que, quizás, aún quedaba tiempo. Que la vida aún podía ofrecer algo más que rutina y resignación.

Hoy, él va camino a verla. A encontrarse con ella a solas por primera vez en mucho tiempo. La emoción lo desborda. Lo invade una tristeza dulce, una alegría contenida, una esperanza nueva. Sabe que es complicado. Que hay heridos en el camino. Que hay reglas no escritas que están a punto de romper. Pero también sabe que esta vez no quiere callar más.

Estaciona. Ella le pregunta por mensaje dónde está. Él responde: “En la esquina, ya llegué”. Ella baja, camina unos pasos delante de él sin decir palabra. Suben al ascensor como dos desconocidos. Cuando llegan, ella abre la puerta, entra… y la deja entreabierta.

Él se queda quieto un instante. Toma aire. Guarda el teléfono como si acabara de escribir el mensaje más importante de su vida. Y entonces cruza el umbral, temblando de emoción, de miedo, de amor.

La ve, la abraza…
y cerrando tras de sí la puerta, empieza una nueva historia.

Vick
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino

Caminante, camina y espera

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, dice el poema.

Y así, paso a paso, me dejé llevar en un paseo sin rumbo, tomado de la mano del aire, acompañado de fantasmas que vagan en noches tachonadas de estrellas. El frío, implacable, me obligaba a buscar refugio donde el calor de una cocina devolviera la tibieza de un abrazo perdido en alguna tarde lejana de otoño.

En nuestra caminata atravesamos el barrio japonés y descubrimos un pequeño restaurante. Era sencillo, tranquilo y lleno de esa cortesía que caracteriza a los japoneses: una amabilidad que a veces roza lo excesivo, pero que siempre reconforta. Nos sentamos y pedimos lo que más nos gusta: chow mein —o, como decimos en Perú, tallarín saltado—. El plato tenía algo curioso: aunque era japonés, llevaba consigo un aire familiar, casi peruano. Lo confirmé al verlo llegar: bastaba una mirada a las fotos para sentir ese mestizaje en el sabor.

Mientras esperaba el plato, me vino a la memoria una historia que alguna vez escuché: la vida suele aparecer al doblar una esquina, entre calles destinadas al olvido y siluetas que se confunden con las sombras. Está en los pasos que sortean obstáculos, en los amores tiernos que se ocultan en callejas dolientes, en trenes que parten y estaciones que esperan, en parejas que juran eternidad bajo la fragilidad del tiempo.

Entonces comprendí algo: lo imposible no me pertenece. No me llamo Imposible, ni me apellido No Puedo. Al contrario, me senté en esa mesa como quien decide desafiar al tiempo. Con una servilleta extendida y una pluma en la mano, pensé en lo que alguna vez escuché en una película: “aunque tarde mil años y sucedan diez mil vidas, seguiré aquí esperando”.

Esperando en el mismo rincón, en la misma mesa, el mismo cuaderno, y la certeza de que en cualquier momento, la vida puede volver a doblar la esquina.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Efesios, y nuestra época

Queridos amigos y hermanos que nos visitan y que juntos hoy, vamos a entrar a hacer una introducción al libro de los Efesios, sabe los grandes esfuerzos que se han hecho para mejorar la condición de maldad que se vivía en tiempo en que Pablo escribió en Libro a los Efesios no ha cambiado, todo ha sido en vano. La humanidad se hallaba «sin esperanza». Esa misma perversidad a más del pesimismo es la que prevalece en nuestro siglo. Hoy día también, se multiplican los esfuerzos para erradicar el crimen y para mejorar el medio ambiente del hombre. Entre los medios seleccionados para este fin hallamos los siguientes: eliminación de los barrios bajos, mejores viviendas, ampliación de parques y lugares de recreo, escala de sueldo mínimo más alta, reentrenamiento de obreros, rehabilitación de los educables que hayan abandonado sus estudios, ayuda psiquiátrica para los que tienen problemas de autoaceptación. Hay quienes demandan mejor legislación. Otros enfatizan la necesidad de medidas más energicas para hacer cumplir las leyes o bien establece normas para no favorecer más a los criminales a expensasn de la sociedad. Otro es el falso concepto acerca de la necesidad básica del hombre. Tal necesidad es nada menos que la remoción de la culpa por la cual él, siendo por naturales un hijo de ira, se halla angustiado. Lo que necesita es algo más que la rehabilitación laboral. Su necesidad es la reconciliación con Dios. Efesios anuncia que tan bendición ha sido provista para todos los creyentes verdaderos por medio de la muerte expiatoria del mismo Hijo de Dios. La motivación de este supremo sacrificio fue «su gran amor».

Otra de las falacias que está implicada en el modo de afrontar el problema de cómo aliviar al hombre de su miseria es la noción de que la felicidad puede conseguirse por medios que operan de afuera hacia adentro. Se dice, «mejórese el medio ambiente y será mejorada la condición interna del hombre. Pero la condición interna del hombre es tal que no ofrece esperanza alguna para el éxito de este método. Esta muerto a causa de sus trangresiones y pecados. Fuera de Cristo vive «en las concupiscencias de la carne y de sus razonamientos». Para salvarles en necesario un acto de Dios. La remoción de la culpa de su pecado no es suficiente. El pecado mismo, el impulso de hacer lo que es contrario a la santa ley de Dios, es lo que tiene que ser eliminado. Dentro del corazón del hombre ha de tener lugar una obra poderosa, para que, como resultado, el hombre, habiendo sido renovado básicamente y gradualmente transformado por el Espíritu Santo, pueda ahora, en consecuencia, comenzar desde adentro hacía afuera sobre su medio ambiente, exigiendo que todo funcione para el Rey. Esta obra regeneradora y transformadora del Espíritu Santo, obtenida por la muerte de Cristo, se halla maravillosamente descrita en Efesios. Aquellos que por naturaleza se hallan muertos.

Ahora bien, nada de esto anula en forma alguna la responsabilidad humana. Al contrario, más bien aumenta el sentido de la obligación del hombre hacía su benefactor para dedicarle su vida. El creyente, objeto del amor soberano de Dios se siente en deuda con su Salvador y Señor. Ama en respuesta al amor recibido. Además, es lógico que, siendo atraído hacía Dios, quien sea objeto de la gracia divina sea por este mismo proceso atraído hacia sus hermanos y hermanas en el Señor. Es así como judíos y gentiles, reconciliados con Dios, se reconcilian también entre si. Habiendo amanecido un nuevo día sobre los que se han rendido a Cristo y a la influencia de su Espíritu, sigue como consecuencia que estos hijos de luz dan a conocer por medio de sus vidas los frutos de la luz: bondad, justicia, verdad. La virtud nacida del Espíritu, expulsa toda clase de vicios, según se habla en Efesios entre el capítulo 5 y 6. He aquí entonces la verdadera solución contra la repugnante maldad que caracterizó tanto a la época de Pablo como también a nuestro siglo. Es Dios mismo que «en Cristo» ha provisto este camino para salir de las tinieblas y del pesimismo. Es tarea de la iglesia «hacer que todos los hombres vean» que está es la única siolución. La iglesia canta la verdad en amor. Su vida diaria es de hecho un andar en amor, por cuanto imita al Dios de amor. Así, férreamente unida, presenta un desafio a Satanás y todas sus huestes, y con este propósito hace uso de las armas provistas por Dios mismo.

La obra de la iglesia jamás es en vano, por cuanto no es producto de la mente del hombre sino de la soberana gracia de Dios. Pablo expone algunos detalles sobre su fundamento eterno, propósito universal, elevado ideal, unidad, y crecimiento orgánicos, gloriosa renovación, y armadura eficaz. Es una iglesia que existe con el fin de servir como agente para la salvación de los hombres para la gloia del Dios trino, uniéndose en alabanza las potestades y autoriades en los lugares celestiales,  mientras observan, la sabiduría de Dios reflejada en su obra maestra, la iglesia. Tomado del Comentario Bíblico de «William Hendriksen, Efesios».

Hermano si le das una leída a Efesios, encontraras, que todo lo escrito aquí, viene de ese libro, seguiremos luego versículo a versículo desarrollando los estudios, pero no se aparte de su Biblia y empiece a leerla, Efesios, Romanos, Mateo y algunos pensamientos que nunca faltaran, usted seguirá encontrandolos en este su blog, invite, pase la voz, si se congrega en alguna iglesia, invitélos a visitarnos, se lo agradeceremos, bendiciones y seguimos en contacto, aún no hay respuesta (ni creó que la abrá, pero soy terco y esperanzado) de aquellos que quieren estudiar la Biblia, en especial, líderes de nuestra iglesia.