El capote, los libros… y el miedo a quedarnos solos

Esta noche el café está más cargado que de costumbre.
Tal vez porque el día fue largo.
O tal vez porque hoy quiero hablar de algo que, aunque parece pequeño, pesa.

Hace un tiempo me quedé pensando en una escena que casi pasa desapercibida en la Biblia. No es un milagro. No es una multitud. No es una conversión espectacular.

Es una cárcel.
Y un hombre viejo.
Pablo.

En una prisión romana, frío, solo, escribiendo lo que sería prácticamente su despedida. Y en medio de ese contexto, deja un pedido extraño, casi doméstico:

“Cuando vengas, trae el capote que dejé… y los libros, mayormente los pergaminos.”
Nada heroico.
Nada triunfal.
Un abrigo… y unos libros.

Y ahí, con la taza en la mano, me hice una pregunta incómoda:
¿qué pide un hombre cuando ya no tiene nada que demostrar?

Pablo lo había tenido todo. Educación, prestigio, posición. Después lo dejó todo. Y al final de su vida no estaba rodeado de multitudes, sino de silencio. Muchos lo habían abandonado. En su defensa, nadie estuvo con él.

Eso duele.
Y no es solo una historia antigua. Es humana.

Vivimos en una época donde podemos hablarle al mundo entero desde una pantalla. Llegar a cien personas donde antes llegaban diez. Publicar, compartir, transmitir, grabar. Y al principio hay entusiasmo. Hay comentarios. Hay “me gusta”.

Pero luego me pregunto —y te lo pregunto a ti también—:

¿qué pasará cuando el entusiasmo baje?
¿Seguiremos?
¿O volveremos cómodamente a lo pequeño y conocido?

Porque comunicar no es una emoción momentánea. Es constancia.

Pablo, en prisión, no pidió reconocimiento. No pidió libertad. Pidió su capote… y sus libros.
El capote era abrigo físico.
Los libros, abrigo mental y espiritual.
Y eso me confronta.

Si Pablo, después de décadas de ministerio, todavía quería estudiar, ¿qué nos hace pensar que ya sabemos suficiente? A veces queremos enseñar sin haber leído. Guiar sin haber reflexionado. Hablar sin haber callado primero.

Hay un pasaje donde los discípulos están “remendando sus redes”. No estaban pescando. Estaban preparándose.
Y nosotros, ¿qué hacemos cuando la vida nos da una pausa?
¿Nos quejamos?
¿O remendamos nuestras redes?
Las pausas no siempre son pérdida. A veces son taller.

Pero la parte que más me golpea no es la de los libros. Es la del capote.
Porque Pablo tenía frío.
Y eso me recuerda que detrás de todo discurso espiritual hay un cuerpo, una necesidad, una soledad posible.

A veces hablamos mucho de fe, de milagros, de poder. Pero olvidamos algo básico: hay gente cerca nuestro que tiene frío.
Frío emocional.
Frío de abandono.
Frío de sentirse invisible.

¿Sabemos realmente cómo están los que nos rodean?
¿O damos por hecho que todos están bien porque sonríen?
Quizá tú puedas ser el capote de alguien.
No el predicador brillante.
No el teólogo profundo.

Solo el abrigo.
Un mensaje.
Una llamada.
Un “¿cómo estás, de verdad?”.

Y aquí viene la parte más difícil: también aprender a pedir el capote cuando nosotros tenemos frío.

El orgullo es una prisión más cruel que la romana.
Mientras termino este café, pienso que el equilibrio es este:
Prepararnos como si todo dependiera de nuestro estudio.
Y amar como si todo dependiera de nuestra humanidad.

Los pergaminos nos forman.
El capote nos recuerda que seguimos siendo humanos.
Ambos son necesarios.

Porque nadie puede lanzarse al mar con las redes rotas y esperar una gran pesca.
Y nadie debería atravesar el invierno solo, fingiendo que no tiene frío.
Esta noche, si alguien te viene a la mente, no lo ignores.
Tal vez seas su abrigo.
Y si eres tú quien tiene frío…
no tengas miedo de decirlo.

Nos vemos en unos días.
Con otra taza. Y quizá, con menos orgullo.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Poeta, ¿qué es el amor?

Una tarde cualquiera, un joven aprendiz de poeta —aquel que por primera vez intentaba escribir con lápiz y papel— quiso hacerlo sobre el amor.
Pero no sabía por dónde empezar.
Buscó entre amigos, leyó algunos libros, pero nada lo inspiraba. Hasta que se enteró de que un viejo amigo poeta estaba en un café-bar.
Sin pensarlo dos veces, se fue directo allí.

El poeta estaba sentado, meditando en silencio. Tenía una mirada triste, palabras toscas y un rostro endurecido por la soledad.
Frente a él, un cappuccino frío, tan helado como el tiempo que llevaba esperando una nueva ilusión.
El joven se acercó, tímido, casi impertinente con la frescura de los años.
Después de una breve presentación, preguntó:

Poeta, dime… ¿cómo puedo escribir sobre el amor?

El poeta lo miró sorprendido, y con tono cansado respondió:

—Querido e inexperto amigo, si quieres escribir sobre el amor… ya llegaste tarde.
Todo se ha escrito. Todo se ha cantado.
Poemas, canciones, novelas… incluso en otros idiomas.
Mejor escribe sobre los árboles, los animales, la naturaleza.
Pero sobre el amor… ¿para qué perder el tiempo?

El joven bajó la mirada. Sintió que el peso de las palabras del poeta le caía sobre los hombros.
Se levantó, triste, derrotado.
Pero al llegar a la puerta, se detuvo, respiró profundo y volvió sobre sus pasos.

—Es cierto, poeta… casi todo se ha escrito sobre el amor.

Pero la mañana sería más triste si no hablara del mío.
El mediodía no tendría sentido si no lo escribiera.
Y la noche que cae no sería nada si no la compartiera con lo que siento.
Sé que tú amaste, que tú cantaste y escribiste.

Pero déjame hablarte de mi amor.

Ese amor que creí imposible.
Ese que guardé por años, que vivía solo en mis sueños.
Ese que me hacía sonreír en secreto y sufrir en silencio.
Ese que observé de lejos, como si fuera parte de una historia que no me pertenecía.
Te hablaré de esa mujer que caminaba como bailarina, con pasos suaves y ojos de luz.

De su voz que sonaba a melodía, de su cabello que danzaba con el viento,
de su risa que al fin volvió, después de tanto dolor.
Poeta, hoy mi amor me ha mirado.
Ha posado en mí sus ojos.

Y su sonrisa, que antes era apenas una mueca, ha vuelto a tener luz.
Me ha dicho que me ama.
Me ha dicho que piensa en mí.

¿Y cómo no voy a escribir sobre el amor si hoy lo estoy viviendo?

Tú escribiste poemas.
Yo los estoy viviendo.
Tú cantaste canciones.
Yo las estoy entonando para ella.
Tú contaste historias.

Yo las estoy escribiendo junto a la mujer que amo.

Por eso, poeta, te digo: vuelve a amar.
Encuentra esa musa que te devuelva el fuego.
Porque mientras el amor viva en algún rincón del alma…
los poemas no se terminan.

Las canciones no envejecen.
Y las historias no mueren.
El poeta, con lágrimas contenidas, se levantó.

Abrazó al joven.
Y entre susurros le dijo:

—Gracias, amigo. Hoy aprendí una lección que había olvidado.

El amor existe.
No importa cuántas veces se haya escrito sobre él…
siempre habrá una historia nueva que contar.

Porque amar es eso:
vivir con el corazón despierto.
Llorar, reír, y entregarse por completo.
Un abrazo fue poco.
Una amistad para siempre.
Un poema, una canción, una historia.

Todo, por una sola palabra: amor.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
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Mijaíl Shólojov (1905-1984)

En una de mis caminatas, entre librerías y calles oscuras, encontré un nuevo escritor, por lo que comenzamos a averiguar algo más de:

Mijaíl Shólojov fue un escritor ruso ganador del Premio Nobel de Literatura en 1965. Nació el 24 de mayo de 1905 en el pueblo de Kruzhilín, en la región de Rostov, Rusia, en una familia de campesinos cosacos. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por la pobreza y la lucha por la supervivencia, lo que más tarde influiría en su obra literaria.

Shólojov se unió al Partido Comunista en 1932 y se convirtió en uno de los escritores más destacados de la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó como corresponsal de guerra y escribió artículos y ensayos sobre la lucha contra el nazismo. Su experiencia en la guerra y su compromiso con la ideología comunista se reflejan en su obra, que a menudo explora temas como la lucha de clases, la revolución y la construcción del socialismo.

A lo largo de su carrera, Shólojov recibió numerosos premios y reconocimientos, incluyendo el Premio Nobel de Literatura en 1965, el Premio Lenin en 1960 y el Premio Stalin en 1941. Murió el 21 de febrero de 1984 en Vióshenskaya, Rusia, a los 78 años.

Reseña de «El Don apacible»

«El Don apacible» es una novela monumental que te sumerge en la vida de los cosacos del Don durante la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. La novela sigue la vida de Grigori Mélejov, un cosaco que se ve envuelto en la turbulencia de la guerra y la revolución. A través de la historia de Grigori, Shólojov explora temas como la lealtad, el amor, la guerra y la búsqueda de la identidad.

La prosa de Shólojov es poderosa y emotiva, y su descripción de la vida en el Don es vívida y auténtica. La novela es un fresco de la vida rural rusa, con sus tradiciones, costumbres y paisajes. Shólojov describe la vida de los cosacos con un realismo crudo y sin sentimentalismo, lo que da a la novela una sensación de autenticidad y veracidad.

La estructura de la novela es épica, con una narrativa que abarca varios años y sigue a Grigori a través de la guerra, la revolución y la lucha por la supervivencia. La novela es un viaje emocional y psicológico, que explora las complejidades de la naturaleza humana y la lucha por encontrar sentido en un mundo en caos.

Uno de los aspectos más destacados de la novela es la caracterización de Grigori Mélejov, un personaje complejo y multifacético que se debate entre la lealtad a su familia y su tierra, y su deseo de encontrar su propio camino en el mundo. Grigori es un personaje con defectos y virtudes, que comete errores y aprende de ellos, lo que lo hace creíble y humano.

«El Don apacible» es una novela que te deja con una sensación de asombro y admiración por la habilidad de Shólojov para crear un mundo tan vívido y real. Es una obra maestra de la literatura rusa, que explora temas universales como la guerra, la paz, el amor y la búsqueda de la identidad.

Su obra es una ventana a la historia y la cultura rusa, y «El Don apacible» es una de las novelas más importantes del siglo XX. Te recomiendo explorar más de su obra, como «Campos roturados» o «Siete cuentos del Don».

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
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Nuestra propia Guerra Cultural

Te cuento, estamos en unos tiempos decisivos en nuestro país, las elecciones se aproximan y dentro de cada voto, existe una nueva opción para el futuro, por lo que observa con detenimiento, no podemos continuar con lo mismo, no podemos dejar que el socialismo tome el poder, debemos desarrollar:

La guerra cultural a nivel personal que implica influir en tu entorno cercano y en la sociedad en general a través de acciones y decisiones que reflejen tus valores y creencias. Aquí hay algunas formas de librar esta batalla cultural desde tu perspectiva personal:

– Defiende tus valores: Expresa tus opiniones y creencias de manera respetuosa pero firme, especialmente en entornos donde se discuten temas polémicos.

– Educación y conciencia: Comparte información y recursos sobre temas que te importan, como derechos humanos, igualdad y justicia social, para crear conciencia y fomentar el debate constructivo.

– Participa en tu comunidad: Únete a grupos o iniciativas locales que trabajen en causas que apoyas, lo que te permitirá conectarte con personas afines y generar impacto en tu entorno.

– Influencia en redes sociales: Utiliza plataformas digitales para compartir contenido que refleje tus valores y promueva la reflexión y el diálogo sobre temas culturales y sociales.

– Modela comportamientos: Actúa de acuerdo con tus creencias y valores, demostrando en tu vida diaria lo que consideras importante, lo que puede inspirar a otros a hacer lo mismo.

– Diálogo respetuoso: Mantén conversaciones abiertas y respetuosas con personas que tengan opiniones diferentes, buscando entender sus perspectivas y encontrar puntos en común.

– Apoya a creadores de contenido afín: Consume y promueve el trabajo de artistas, escritores y pensadores cuyas obras reflejen tus valores y contribuyan al discurso cultural que apoyas.

– Vota y participa en procesos democráticos: Ejercer tu derecho al voto y participar en procesos políticos es fundamental para influir en la dirección cultural y social de tu país.

Recuerda que la guerra cultural se trata de influir en la narrativa y los valores de la sociedad, por lo que cada acción cuenta.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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Reseña de «Las legiones malditas» de Santiago Posteguillo

Las legiones malditas (2008), segunda entrega de la trilogía de Escipión el Africano de Santiago Posteguillo, es una novela histórica que te sumerge de cabeza en el torbellino de la Segunda Guerra Púnica (209-206 a.C.), donde Roma y Cartago libran una lucha a muerte por la supremacía del Mediterráneo. Si buscas una obra que combine épica, intriga política, personajes inolvidables y un rigor histórico que hace palpable el polvo de las batallas, esta novela te atrapará desde la primera página y te hará correr a tu librería o biblioteca más cercana.

La premisa: un héroe contra el destino

En Las legiones malditas, Publio Cornelio Escipión, el joven general romano que ya destacó en Africanus: El hijo del cónsul, enfrenta su mayor desafío. Roma está al borde del colapso tras las devastadoras victorias de Aníbal, el genio militar cartaginés, que ha arrasado ejércitos romanos en batallas como Cannas. Escipión, con apenas 26 años, recibe el mando de las “legiones malditas”, los restos de los ejércitos derrotados, exiliados a Sicilia como castigo por su fracaso. Su misión imposible: llevar la guerra al corazón de Hispania, territorio controlado por Cartago, y derrotar a tres ejércitos enemigos liderados por los hermanos de Aníbal. Pero no solo lucha contra ejércitos: en Roma, los senadores envidiosos y las intrigas políticas amenazan con sabotear su campaña. ¿Podrá un hombre tan joven, con un ejército desprestigiado, cambiar el rumbo de la historia?

Por qué te enganchará

Posteguillo teje una narrativa que es un torrente de emociones y acción, pero con una profundidad que eleva la novela por encima del entretenimiento puro. Aquí van las razones por las que no podrás soltar Las legiones malditas:

1. Un héroe carismático y humano: Escipión no es un héroe de mármol; es un líder brillante pero vulnerable, acosado por dudas, la presión de su legado familiar y la hostilidad de sus rivales en el Senado. Posteguillo lo retrata con una mezcla de audacia y humanidad que te hace admirarlo y temer por él. Su evolución de joven idealista a estratega implacable es fascinante, y sus discursos (inspirados en fuentes históricas como Polibio y Livio) te erizarán la piel.

2. Batallas que te hacen sudar: Las escenas de combate, como el asedio de Carthago Nova o la batalla de Ilipa, son de una intensidad cinematográfica. Posteguillo describe las tácticas militares con un detalle que te hace sentir en el campo de batalla: el clangor de las espadas, el polvo asfixiante, las formaciones romanas contra las falanges cartaginesas. Pero no es solo acción; cada batalla revela la mente estratégica de Escipión, que innova con maniobras que aún se estudian en academias militares.

3. Intriga política que corta como un gladius: Roma no es solo un escenario de gloria; es un nido de víboras. Posteguillo recrea el Senado como un campo de batalla tan peligroso como Hispania, con figuras como Fabio Máximo conspirando contra Escipión. Las traiciones y alianzas te mantienen en vilo, preguntándote si el héroe sobrevivirá a sus propios compatriotas.

4. Personajes secundarios que brillan: Desde Emilia, la esposa de Escipión, cuya inteligencia y lealtad sostienen a la familia, hasta el fiel Cayo Lelio, su lugarteniente, cada personaje aporta matices. Incluso Aníbal, aunque menos presente, es un antagonista formidable, cuya sombra planea sobre cada decisión. Posteguillo da voz a mujeres, soldados rasos y enemigos, creando un tapiz humano que enriquece la historia.

5. Un viaje a la Hispania antigua: La novela te lleva a la Iberia del siglo III a.C., con sus tribus celtas, ciudades fortificadas y paisajes salvajes. Posteguillo revive lugares como Tarraco (Tarragona) o Carthago Nova (Cartagena) con un realismo que te hace oler el mar y sentir el calor del sol mediterráneo.

6. Rigor histórico que no abruma: Posteguillo, doctor en filología, basa su relato en fuentes clásicas, pero su prosa es accesible y vibrante. Los detalles históricos (armas, costumbres, política romana) están tejidos en la narrativa sin sentirte en una clase magistral. Incluye un glosario y mapas que ayudan a seguir la acción, pero la historia fluye como un río.

Momentos que te dejarán sin aliento

Sin spoilers, hay escenas que te marcarán: un discurso de Escipión que galvaniza a sus tropas desmoralizadas; un asedio donde la estrategia y el coraje se enfrentan a lo imposible; y un enfrentamiento personal que revela el costo humano de la guerra. Posteguillo sabe dosificar la tensión, alternando batallas épicas con momentos de introspección que te hacen conectar con los personajes.

Por qué leerla ahora

Las legiones malditas es perfecta si buscas una novela que combine la grandiosidad de Gladiator con la intriga de Juego de Tronos, pero anclada en hechos reales. Es el corazón de la trilogía de Escipión, donde el protagonista alcanza su apogeo como estratega y líder, y la narrativa de Posteguillo brilla por su ritmo y profundidad. A sus 860 páginas, es una inversión (unas 25-30 horas de lectura), pero cada capítulo te empuja al siguiente. Además, al ser la segunda parte, puedes empezar con Africanus: El hijo del cónsul para conocer a Escipión, pero Las legiones malditas es autoconclusiva en su arco y aún más emocionante.

Un último empujón

Imagina liderar un ejército de desterrados contra un enemigo invencible, mientras tus aliados en Roma afilan puñales a tus espaldas. Las legiones malditas no es solo una novela; es una experiencia que te hace vibrar con cada victoria y sufrir con cada revés. Posteguillo te lleva al corazón de una Roma que lucha por sobrevivir, con un héroe que no solo combate a Cartago, sino al destino mismo. Si quieres una historia que te mantenga despierto hasta la madrugada, esta es tu novela. ¡Corre a empezarla, porque Escipión y sus legiones te están esperando!

El vuelo de la paloma

Primera historia de la Serie: Historias Desesperadas.

Esta no es la historia de una paloma cualquiera.
Es la historia de lo que sucede cuando alguien quiere poseer, en lugar de amar.
De cómo la libertad puede sobrevivir incluso en el encierro.
Y cómo, a veces, un hogar no se construye con barrotes… sino con pan duro, café caliente y un poco de ternura.

Hubo una vez un hombre que viajó a un lugar lejano y compró una jaula. No era cualquier jaula: era hermosa, de altas paredes, con barrotes de oro y marfil, puertas y ventanas talladas en madera fuerte, diseñada para resistir el tiempo, los golpes… y la libertad.

También compró una cadena de oro macizo, para colgarla en lo más alto de su palacio, a la vista de todos, como símbolo de su orgullo. Y entonces, al verla vacía, buscó por varios lugares hasta encontrarla: una palomita pequeña, de lindos colores, que cantaba como un ruiseñor entre flores de néctar dulce.

La paloma, al principio, se sintió feliz. Aunque fue comprada sin saberlo y llevada en una caja sin entender, pensó que tendría un hogar. Creyó en los cantos del hombre que la había elegido, creyó que sería admirada, querida, libre dentro del amor.

Pero no fue así.

Cuando llegaron al palacio, el hombre la encerró.
La puso en su jaula de oro y marfil.
Y le ordenó que cantara.
Solo para él.
Solo cuando él quisiera.
Solo cuando él la mirara.

Con el tiempo, su canto se volvió triste, hueco, sombrío.
El amor se convirtió en rencor.
El orgullo, en jaula.
Y la belleza, en cárcel.

Mal alimentada con las sobras del afecto, obligada a repetir la misma melodía, la paloma se marchitó. Ya no cantaba, apenas sobrevivía. Golpeó los barrotes una y otra vez, hiriéndose las alas, su plumaje, su cuerpo… y su esperanza.

Un día, sin saber cómo, sin un motivo claro, la puerta de la jaula quedó abierta.
Y la paloma voló.
Voló lejos. No buscando cielo, ni gloria. Solo quería paz.
Voló hasta el cansancio.

Y en el camino, encontró a un hombre viejo.
El viejo caminaba lento.
Cargaba una mochila al hombro, llena de sueños gastados.

Y colgando de su lado, llevaba una jaulita vieja, oxidada, de alambres torcidos y color deslavado.
Dentro de ella, una casita hecha de cartón, de restos de vasos, de cajas rotas, de basura, de ilusión.

El anciano vio a la paloma débil, herida, y la recogió con sus manos temblorosas, como quien levanta un pedazo de cielo. La acarició. La alimentó. Curó sus alas. La colocó en su jaulita.

La paloma lloró.
Lloró desconsolada.
Creyó que todo se repetiría.
Que el encierro volvía, que su vuelo había sido en vano.

Pero entonces, el viejo le habló con una ternura que dolía:
—Perdóname por tenerte en esta jaula —le dijo—. No tengo un lugar mejor. Sé que está vieja, oxidada, a punto de caerse. Pero he caminado tanto por la vida que ya no me queda fuerza para construir otra.

Mi jaula no tiene puerta. Jamás se la puse.
Si quieres irte, solo tienes que volar.
Pero si decides quedarte…
Te prometo que aquí solo estarás si quieres.
Te daré pan duro, agua de lluvia y café con leche por las mañanas.
Pero también te daré todo mi amor.
Te cuidaré.
Te escucharé cantar, solo si tú quieres.
Y no por obligación, sino por alegría.

La paloma, con el tiempo, comprendió que no estaba atrapada.
Que era libre.
Y que ese hombre no quería tenerla, sino merecerla.
Volvió a cantar.
Volvió a volar.
Volvió a amar.

Y eligió quedarse.
Hoy, la jaula sigue siendo de alambre viejo y cartón remendado.
Pero está hecha con ramas de amor y hojas de esperanza.
La paloma, que fue diosa oculta y flor maltratada, ahora es feliz.
Porque ha encontrado al hombre que la ve.

Al que no compra ni encierra.
Al que cuida.
Al que dice “te amo” y lo demuestra con pan duro y café caliente.
Al que le construyó, no una jaula… sino un hogar.
Porque, como dijo el poeta:

“Te encontré detrás de tanto sufrimiento, te encontré tan lejos en la vida… pero al fin te encontré.”

Vick, el que aprendió que hay jaulas que no encierran, y manos que liberan.
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.
MiVivencia.com.

¿Alguna vez fuiste una paloma encerrada en una jaula ajena?
¿O quizás conociste a alguien que solo quiso verte volar?
Cuéntame tu historia. Te leo en los comentarios.

Reseñas de la Colección «Patrología» de Johannes Quasten – Tomo I.

«TOMO I: HASTA EL CONCILIO DE NICEA (325)»

Enseñanzas Fundamentales:

Este período establece los «fundamentos doctrinales del cristianismo» y desarrolla el lenguaje teológico básico. Las principales contribuciones incluyen:

– Definición de la autoridad apostólica y el canon bíblico
– Desarrollo de la liturgia primitiva y los sacramentos
– Primeras formulaciones trinitarias y cristológicas
– Establecimiento del episcopado como estructura jerárquica
– Defensa apologética contra el paganismo y las herejías gnósticas

Figuras Destacadas:

Los Padres Apostólicos:

– Clemente de Roma (†99): Primer Papa después de Pedro, autor de la «Epístola a los Corintios», establece principios de autoridad eclesiástica y orden litúrgico

– Ignacio de Antioquía (†107): Mártir que acuñó el término «Iglesia Católica», desarrolló la teología del episcopado monárquico y la presencia real eucarística

– Policarpo de Esmirna (†155): Discípulo directo de Juan Evangelista, representa la continuidad apostólica directa

Los Apologistas:

– Justino Mártir (†165): Primer gran filósofo cristiano, desarrolló la teoría del «logos spermatikos» (semillas del Verbo en la filosofía pagana), estableciendo el diálogo fe-razón.

Escuela de Alejandría:

– Clemente de Alejandría (†215): «Fundador de la filosofía cristiana», demostró que fe y filosofía son complementarias. Desarrolló el concepto de «gnosis cristiana» como conocimiento superior de la fe.

– Orígenes (†254): Genio teológico que sistematizó la doctrina cristiana, desarrolló el método alegórico de interpretación bíblica y estableció los primeros principios de teología sistemática

Escuela Africana:

– Tertuliano (†220): «Padre de la teología latina», acuñó terminología trinitaria fundamental (*tres personae, una substantia*), formuló principios cristológicos contra las herejías.

– Cipriano de Cartago (†258): Desarrolló la eclesiología episcopal, la teología del martirio y los principios sacramentales

Reseña de: «Africanus: el hijo del Cónsul»

“Africanus: el hijo del cónsul” es la primera entrega de la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión, escrita por Santiago Posteguillo, y constituye un destacado ejemplo de novela histórica contemporánea en lengua española. Publicada en 2006, la obra nos traslada al turbulento siglo III a.C., cuando Roma y Cartago se disputaban la hegemonía del Mediterráneo durante la Segunda Guerra Púnica.

Posteguillo inicia la narración con el nacimiento y los primeros años de Publio Cornelio Escipión, más tarde conocido como “Africanus”, en el seno de una de las familias más influyentes de la República romana. A través de una prosa ágil y detallada, el autor recrea con minuciosidad la vida política, social y militar de la Roma republicana, mostrando tanto su grandeza como sus miserias. El núcleo de la novela gira en torno al ascenso de Escipión, pero el autor no se limita a retratarlo como un héroe sin fisuras; explora su carácter, sus dudas, sus motivaciones y la compleja relación con su padre y su hermano, así como el peso de la responsabilidad y la amenaza constante de sus enemigos, tanto cartagineses como romanos.

Uno de los grandes méritos de la novela es la construcción de los personajes. Posteguillo logra dar vida no solo a Escipión, sino también a figuras históricas como Aníbal Barca —el formidable general cartaginés—, Fabio Máximo o Tito Livio, dotándolos de profundidad y matices. El autor equilibra la fidelidad histórica con la ficción novelada, combinando hechos documentados con diálogos y situaciones plausibles que humanizan a los protagonistas.

El ritmo de la narración es otro de sus puntos fuertes: alternando escenas bélicas, intrigas políticas y momentos íntimos, logra mantener el interés del lector en todo momento. Las descripciones de las batallas, las estrategias militares y el ambiente romano son detalladas pero nunca pesadas, propiciando una inmersión total en la época.

La novela narra el proceso de formación y madurez de Publio Cornelio Escipión, mostrando cómo las circunstancias históricas, las tragedias familiares y la educación romana forjan su carácter y lo preparan para convertirse en uno de los más grandes líderes militares de la antigüedad.

La Segunda Guerra Púnica, con el enfrentamiento entre Roma y Cartago, es el telón de fondo de la novela. Posteguillo refleja no solo las estrategias militares y las batallas, sino también el sufrimiento, la destrucción y las pérdidas humanas que conlleva la guerra.

La novela explora en profundidad las intrigas políticas del Senado romano, las alianzas, traiciones y rivalidades internas. Roma es presentada como una sociedad donde la ambición y la lucha por el poder pueden ser tan peligrosas como el enemigo externo.

La relación de Escipión con su padre, su hermano y otros miembros de su familia es central en la novela. El sentido del deber familiar, la lealtad y la tradición romana son motores fundamentales de las acciones de los personajes.

El peso del destino y la responsabilidad personal aparecen constantemente. Escipión se enfrenta al reto de estar a la altura de su linaje y de sus propias expectativas, sintiendo la presión de ser “el hijo del cónsul”.

La figura de Aníbal Barca como antagonista añade complejidad al relato. La novela muestra la rivalidad, pero también el respeto mutuo entre los grandes generales, evidenciando que la guerra no es solo odio, sino también admiración por el valor y la inteligencia del adversario.

Valores como el honor, el coraje, la disciplina, la virtud (virtus) y la fidelidad a Roma son recurrentes, pero también se cuestionan y se ven confrontados con la corrupción, el miedo y la traición.

En suma, “Africanus” es mucho más que una biografía novelada; es una epopeya sobre el coraje, la ambición y el sacrificio, pero también una reflexión sobre el poder, la lealtad y el coste de la guerra. Santiago Posteguillo convierte la historia en literatura viva, acercando al lector no solo a los hechos, sino a las emociones y dilemas de quienes los protagonizaron. Una obra imprescindible para los amantes de la novela histórica y para quienes deseen comprender los orígenes de la grandeza —y las contradicciones— de Roma.

Conversando con una Taza de Cafe.
-Vick-yoopino.