¿Somos verdaderamente discípulos de Jesucristo?

A veces, en medio del ruido cotidiano, uno se sienta con una taza de café y deja que las preguntas importantes aparezcan sin hacer ruido. No las preguntas rápidas, sino esas que incomodan un poco porque obligan a mirarnos por dentro.

Hoy quiero proponerte una de esas preguntas que no se responden a la ligera:
¿Somos realmente discípulos de Jesucristo… o simplemente creyentes?

Puede parecer una diferencia mínima, casi una cuestión de palabras, pero en realidad hay una distancia profunda entre ambas cosas.

El mandato que no admite atajos

Cuando leemos lo que conocemos como la Gran Comisión, encontramos palabras muy claras. Jesús declara que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, y desde esa autoridad nos deja un encargo concreto:

“Id y haced discípulos a todas las naciones”.
No dijo “hagan simpatizantes”.
No dijo “hagan creyentes ocasionales”.
Mucho menos dijo: «Hagan gente que de su diezmo».
Dijo discípulos.

Y ese mandato no se queda solo en una confesión de fe. Incluye bautizar, sí, pero sobre todo enseñar a guardar todo lo que Él mandó. No partes sueltas, no lo que nos acomoda, no solo lo que suena bonito.

La promesa que acompaña este mandato —“yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”— no parece ser decorativa. Está profundamente ligada a esta misión.

La pregunta es inevitable:
¿Estamos viviendo bajo esa promesa… o solo citándola?

El arrepentimiento: el paso que evitamos

En muchas partes del mundo, a los nuevos creyentes se les llama simplemente los arrepentidos. No por desprecio, sino porque el punto de partida es claro: reconocer que el camino anterior necesita un cambio real.

Hoy, muchas veces, la llamada “oración del pecador” se vuelve mecánica, rápida, casi automática. Se repite una frase, pero no siempre se revisa la vida.

Y entonces surge otra pregunta incómoda:
Si no importa lo que hice ayer, ¿cómo sabré qué debo cambiar mañana?

Sin arrepentimiento genuino no hay transformación. Y sin transformación, es difícil hablar de discipulado. Porque seguir a Jesús no es añadir algo espiritual a nuestra agenda; es cambiar de dirección.

Discipular es reproducirse

Ser discípulo implica seguir, aprender y luego enseñar a otros. Es un proceso de reproducción espiritual, no de acumulación de información.

Pablo lo entendió bien. Por eso llamaba a Timoteo y a Tito hijos en la fe. No los formó para que dependieran de él, sino para que continuaran la obra donde él no podía estar.

Jesús hizo lo mismo. Dedicó tres años y medio a formar a doce personas. No priorizó multitudes, priorizó vidas. Cada camino recorrido, cada conversación y cada confrontación fueron lecciones.

Vale la pena preguntarnos:
¿Estamos formando discípulos… o solo llenando espacios?

El sistema que nos absorbe

¿Por qué vemos tan pocos “Timoteos” hoy?
A veces es miedo, otras veces falta de preparación. Pero hay algo más profundo: el sistema.

En muchos de nuestros países de origen, la dependencia de Dios es total porque no hay red de seguridad. Sin embargo, cuando llegamos a contextos más estables, el impulso espiritual se diluye. El trabajo, las cuentas, el “progresar”, empiezan a ocupar el lugar que debería tener la formación interior.

Así, sin darnos cuenta, pasamos de ser discípulos en proceso a asistentes de reuniones. Vamos, escuchamos y nos vamos… pero no convivimos con la enseñanza.

Reconocer la voz del Maestro

Ser discípulo implica convertirse en estudiante de la Palabra. No basta con abrir la Biblia los domingos o cuando la vida aprieta.

Escudriñar las Escrituras nos permite:
• discernir entre buenos y falsos maestros,
• no tragarnos todo lo que aparece en pantallas y redes,
• reconocer la voz del Pastor entre tantas voces.

Jesús lo dijo con claridad:
“Mis ovejas oyen mi voz… y me siguen”.

Si no conocemos Su Palabra, cualquiera puede hablarnos bonito y desviarnos del camino.

Un solo rebaño, un solo Pastor

La Iglesia no es un conjunto de islas separadas. Es un solo rebaño con un solo Pastor.

A veces levantamos murallas donde deberían existir puentes. Olvidamos que todos compartimos el mismo cielo y la misma gracia.

Hay una imagen que siempre vuelve: la del faro restaurado, limpio, elegante… y el que ya no quiere recibir náufragos para no ensuciar la alfombra. Olvida que él mismo estuvo perdido alguna vez.

Fuimos alcanzados para alcanzar a otros, no para aislarnos en la comodidad espiritual.

Dejar semillas

El discipulado es una tarea lenta, paciente y silenciosa. Como maestros, guías o simples caminantes junto a otros, nuestra labor es dejar semillas. El crecimiento no nos pertenece; eso lo da Dios.

Al final, no se nos preguntará por lo que acumulamos, sino por lo que multiplicamos:

¿Formaste discípulos?

No te conformes con migajas espirituales.
Estudia, prepárate, busca a Dios por quien Él es, no solo por lo que puede darte.

El discipulado se parece a un árbol que no vive solo para crecer alto, sino para dejar semillas que algún día formen un bosque. Quizás tú no veas ese bosque, pero alguien descansará bajo su sombra.

Y ahora te dejo la pregunta, con el café ya casi frío:
¿Dónde estás hoy: entre la multitud que escucha… o entre los discípulos que se quedan a aprender?

Nos vemos en una semana y continuaremos Conversando con una Taza de Café.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Profeta ¿quién, tú? no me digas

Regresamos mis queridos amigos, pero es que estudiando, empezaron a hablar de los profetas y preferí darle una buena mirada, para poder escribir algo y luego subir otra alabanza de nuestro servicio de ayer domingo 22 de Julio del 2012, amigos, y luego continuar con Nehemías, y es que una de estas tardes de aplanamieto de calles en nuestro caminar diario, recordaba lo que vivimos mi familia y yo en una congregación a la que asistimos hace unos años y que estaban no solamente cegados sino admirados e idolatraban a un profeta evangelista que nos visitaba cada mes y que a pesar de las advertencias, jamás quisieron darse cuenta de que sus enseñanzas siempre estaban dirigidas a la buena ofrenda que deberían de dar para levantar Su minsterio (el de él), y una vez y otra no se daban cuenta de que la Biblia habla al respecto, pero que la ceguera espiritual era y sigue siendo tan grande que aún siguen  adorando a su Dios moldeado por manos humanas. Por ello como en la foto, debemos caminar con nuestra armadura, pero de Dios para detener los dardos del enemigo, que a veces es nuestro propio desconocimiento de la Palabra de Dios y el enemigo se sirve de eso para embaucarnos.

«Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar» (Marcos 13:22).

Ha habido falsos profetas desde principios de la historia de la humanidad (Deuteronomio 13:1-5), y siempre encuentran quienes los oigan. En su sermón del Olivar, Jesús advirtió: «Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre… y a muchos engañarán» (Mateo 24:4-5). Años después el apóstol Juan les dijo a sus lectores que «muchos engañadores han salido por el mundo» (2 Juan 7).

Los falsos profetas han disfrutado de algún grado de popularidad porque muchas personas no quieren oír la verdad. Así que Juan exhortó a todos los creyentes: «Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo» (1 Juan 4:1).

«Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16).

La característica más peligrosa de los falsos profetas es que afirman que son de Dios y que hablan en su nombre. «Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso» (Jeremías 5:31). Fíjese bien, el pueblo, nosotros, somos los que aceptamos que esto suceda y mucho es por desconocimiento o sea ignorancia de la Palabra de Dios, otras veces por intereses personales y otras por manipuladores de un pueblo que va como veleta de acuerdo a como se mueva el viento.

Tales líderes casi siempre parecen agradables y positivos. Les gusta estar con los cristianos, y saben cómo hablar y actuar como creyentes. Y sobre todo saben que con adulaciones, bendiciones, sermones y predicas que hablen de las buenas obras, del milagro, de lo que Dios tiene para todos sus seguidores, pues simplemente están felices y levantan las manos dando gracias por la persona que llegó a cubrir todas sus espectativas.

Por lo general los falsos profetas reflejan sinceridad y así engañan con más facilidad a los demás. (2 Timoteo 3:13), Pero usted puede identificar el verdadero carácter de los falsos maestros al observar de lo que no hablan mucho. Por lo general no niegan doctrinas fundamentales como la deidad de Cristo y el sacrificio expiatorio, el carácter pecaminoso de la naturaleza humana, o el que los incrédulos vayan al infierno. Sencillamente pasan por alto tales verdades «polémicas». Ponen una cara de santos y espiritualoides, que convencen a más de uno, pero exámine sus frutos y poco a poco se dará cuenta de que el león no es como se pinta.

Pero siempre que un falso profeta esté en medio de ustedes, no se puede pasar por alto su presencia ni los efectos perjudiciales de su enseñanza herética. Sobre todo luego de irse y el pastor o líder que se queda debe absorver todo lo perjudicial que dejó nuestro adorado invitado.

Por lo tanto hermanos y amigos, tened cuidado, porque hoy en día, abundan en las congregaciones, y encima recorren las iglesias dando su mensaje (porque no es el menasje de Dios) y recogiendo su ofrenda, por ello una vez más repito hasta la saciedad, compare todo lo que se diga con la Biblia, vea los frutos de los tales y los conoceréis, para acabar, les dejo una alabanza de nuestra iglesia Manantial de vida, levante sus manos y solamente alabe.

Bueno nos seguimos viendo y comunicando, pero por favor, tenga su Biblia a la mano si además puede contar con una hojas y un lápicero para notas mucho mejor, cuidese y bendiciones.

¿El propósito de la iglesia? En Tu presencia

Seguimos mis queridos amigos, hermanos y visitantes asiduos, les traigo aquí otro pensamiento, y un nuevo video de adoración, lea detenidamente y escuche con atención, le aseguro que en ambos usted encontrará motivos para ponerse a pensar y tomar una de dos opciones, seguimos igual creyendo que nuestro cristianismo ya nos compró el boleto para el tren que va al cielo, o el otro en donde iremos a ubicarnos sobre nuestras rodillas para buscar la presencia del Señor, gritando en el silencio de la humillación «perdón porque soy un pecador», no se aleje, seguimos aún por aquí.

«A él sea gloria en la iglesia» (Efesios 3:21)

Si se fuera a entrevistar a un grupo de personas y pedirles que mencionen el propósito fundamental de la iglesia, es probable que se obtengan muchas respuestas diferentes.

Algunas pudieran sugerir que la iglesia es un lugar para hacer amistades con personas espirituales. Es donde los creyentes se fortalecen los unos a los otros en la fe y donde se cultiva y expresa el amor.

Otros pudieran sugerir que la misión de la iglesia es enseñar la Palabra, preparar a los creyentes para diversas responsabilidades e instruir a los niños y a los jóvenes con el propósito de ayudarlos a crecer en Cristo.

Aun otras pudieran decir otro propósito de la iglesia es alabar a Dios, La iglesia es una comunidad de alabanza que exalta a Dios por lo que es y por lo que ha hecho. Algunas personas sugerirían que como la alabanza es la actividad principal del cielo, debe ser la responsabilidad primordial de los que están en la tierra.

Pero tan importante como son la comunión, la enseñanza y la alabanza, el motivo principal de la iglesia es glorificar a Dios. El apóstol Pablo describió la salvación como «para alabanza de la gloria de su gracia» (Efesios 1:6)

Bueno mis amigos, quizás alguno se molesto, porque no puse de que la iglesia es donde se va a recoger todos los milagros que tiene Dios para nosotros, pero sabe como pudo usted leer, la iglesia es un lugar totalmente diferente, en donde darle la gloria a Dios es su propósito fundamental, en donde Dios es el centro de todo. Bueno les dejo una canción de adoración y nos seguimos comunicando, no se aleje mucho regresamos en un rato, bendiciones.

Como siempre digo no se aleje mucho, volvemos en unos minutos.