Episodio 17: El sentido de la Historia (¿Es el tiempo un círculo o un poema?)

Serie: Agustín para el Siglo XXI

Hoy vengo saturado. He cometido el error de leer las noticias antes de venir. A veces tengo la sensación de que la historia humana es un perro persiguiéndose la cola. Cambiamos las espadas por drones y los pergaminos por pantallas, pero los errores son los mismos: ambición, odio, caos. Me siento como si estuviéramos en un barco sin timón, dando vueltas en el mismo remolino de siempre. ¿Realmente Agustín, que vio cómo el Imperio Romano —que parecía eterno— se desmoronaba ante sus ojos, tenía alguna teoría para no volverse loco con este sinsentido?

Es una pregunta difícil, porque toca uno de los puntos donde Agustín literalmente cambió el ADN de la civilización occidental. Alfonso Ropero explica en la introducción que Agustín es, en muchos sentidos, el padre de la filosofía de la historia. Verás, antes de él, la mentalidad dominante (la griega y la pagana) veía el tiempo como algo circular. Todo nace, crece, muere y vuelve a empezar en un ciclo infinito. Era el mito del «eterno retorno». Para un griego, la historia no «iba» a ninguna parte; solo daba vueltas.

Al menos los griegos tenían una excusa para el pesimismo. Pero hoy, en teoría, creemos en el «progreso». Aunque, viendo el panorama, no sé si el progreso es solo una línea recta hacia un precipicio más sofisticado.

Ahí es donde entra la revolución agustiniana. Agustín rompe el círculo y traza una línea. Él sostiene que la historia tiene un inicio (la Creación), un centro (Cristo) y un final (el Juicio y la Vida Eterna). Ropero destaca que los griegos ni siquiera tenían una palabra para «la historia» en el sentido de un proceso con un propósito global. Agustín nos enseñó que el tiempo no es un accidente, sino un proyecto. Es un ser proyectivo, igual que la persona humana.

Me gusta la idea de que vamos hacia algún sitio. Pero, ¿hacia dónde? Porque a veces parece que vamos directos al desastre. Agustín escribe sobre esto en La verdadera religión, ¿no? He visto que menciona la «hermosura y el orden de la Providencia».

Y usa una metáfora que es oro puro para alguien que se siente perdido en el caos de las noticias. Compara la historia con un poema o un verso. Dice que si solo escuchas una sílaba aislada, te parecerá un ruido sin sentido. Para entender la belleza de la sílaba, tienes que esperar a que el verso termine y ver cómo encaja en el conjunto de la composición. Lo que tú y yo vemos en Twitter o en la televisión son solo «sílabas» sueltas de un poema inmenso que Dios está escribiendo. Un hombre inteligente elige creer en la Providencia no porque entienda cada desgracia, sino porque confía en que el Poeta sabe lo que hace, incluso cuando introduce silencios o rimas oscuras.

Es una imagen potente. Pero ese «poema» parece tener dos hilos narrativos que no dejan de pelearse. Ropero menciona que toda la historia para Agustín se resume en la lucha entre dos ciudades.

Ese es el eje de su obra más famosa, La Ciudad de Dios, pero las semillas están aquí mismo, en este Tomo I. Agustín dice que la historia es el campo de batalla de dos amores. El amor a uno mismo hasta el desprecio de Dios construye la «ciudad del mundo»; el amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo construye la «Ciudad de Dios». Lo que vemos en las noticias es el choque constante de estos dos amores. La historia es el proceso mediante el cual Dios va separando el trigo de la paja.

Entonces, según Agustín, ¿el caos que yo veo es en realidad un proceso de selección?

Más bien un proceso de purificación. Agustín explica que incluso los males y las guerras sirven para algo: a los buenos los ejercitan y a los malos los castigan o los invitan al arrepentimiento. Nada sucede fuera de la voluntad del Omnipotente, que es tan poderoso que sabe sacar bienes incluso de nuestras malas voluntades. Para un escéptico actual, esto suena a consuelo barato, pero para Agustín era la única forma racional de no caer en la desesperación absoluta cuando las hordas de Genserico estaban a las puertas de su propia ciudad.

Me llama la atención cómo conecta esto con la biografía personal. Ropero dice que el estudio del hombre se une al estudio de Dios. Entonces, ¿mi propia vida también es un «poema»?

Totalmente. Agustín divide la historia de la humanidad en edades, igual que la vida de un hombre. Estamos en un proceso de «evolución histórica» del hombre viejo al hombre nuevo. Tu inquietud, es el motor de ese movimiento. El sentido de la historia no es ganar guerras o acumular tecnología, sino que el mayor número posible de personas pase de ser «hijos de la ira» a ser «hijos de la paz».

Me quedo con la idea del poema. Quizá la próxima vez que vea una noticia terrible, en lugar de pensar que el mundo se acaba, pensaré que solo estoy escuchando una sílaba muy estridente de un verso que todavía no ha terminado de sonar.

Esa es la mirada del hombre sabio, según Agustín. No juzgar la obra por un fragmento. La historia tiene un puerto, y aunque el mar esté picado, el Capitán no se ha quedado dormido.

Pues esperemos que el puerto tenga buen café. Pronto terminamos la serie, ¿verdad? Y tenemos una reflexión final sobre el «corazón inquieto».

En el siguiente episodio cerramos el círculo… o mejor dicho, llegamos al final de la línea. Otro café, convaleciente.

Hasta la próxima, en un nuevo episodio.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino