Reflexiones sobre la espera, la fe y la fidelidad
A veces, en medio del ruido cotidiano, hace falta detenerse un momento, servirnos una taza de café y pensar con calma. Pensar no solo en lo que vivimos hoy, sino en aquello que siempre ha inquietado al ser humano: el futuro, el mañana, lo que vendrá.
En el caminar cristiano, esta inquietud no es nueva. Desde los tiempos de Jesús, sus propios discípulos se le acercaban con preguntas muy concretas:
“¿Cuándo serán estas cosas?”
“¿Cuál será la señal?”
Querían saber fechas, momentos, certezas. Querían, en el fondo, tener control.
Y quizá no somos tan distintos hoy.
La tentación de poner fechas
A lo largo de la historia, el pueblo de Dios ha vivido momentos de opresión, crisis y miedo. En esos contextos, siempre surge el deseo de un libertador inmediato, visible, contundente. En tiempos de Jesús, muchos esperaban un Mesías guerrero, político, que resolviera el problema de Roma de una vez por todas.
Pero Jesús no llegó como esperaban.
Y eso decepcionó a más de uno.
Hoy ocurre algo parecido, aunque con otros nombres y otros discursos. Nos movemos entre dos extremos peligrosos:
Por un lado, están quienes afirman que todo ya ocurrió, que la segunda venida ya pasó, que no hay nada más por esperar. Se acomodan a interpretaciones forzadas, olvidando promesas claras como cielos nuevos, tierra nueva y la esperanza futura que atraviesa toda la Escritura.
Por otro lado, están los que viven del sensacionalismo: fechas, cálculos, números, gráficos, videos virales. Cada cierto tiempo aparece alguien que dice haber “descifrado” el Apocalipsis. Cuando la fecha falla —porque siempre falla— no solo queda en ridículo la persona, sino que se debilita la confianza de muchos en la fe y en la Biblia.
Y aquí surge una pregunta incómoda:
¿Estamos preparando a las personas para vivir… o solo para tener miedo?
El misterio que no nos pertenece
Jesús fue claro. Demasiado claro como para ignorarlo.
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.” (Marcos 13:32)
Incluso el Hijo, en su condición humana, se sometió a ese límite. No lo sabía. No lo reveló. No lo explicó.
Entonces, ¿por qué insistimos en saber lo que Dios decidió guardar para sí?
El tiempo de Dios no funciona con nuestros relojes. Su “pronto” no se mide en horas ni calendarios humanos. Insistir en poner fechas no es fe; muchas veces es ansiedad disfrazada de espiritualidad.
¿Qué hacemos mientras esperamos?
Aquí está el punto central.
Si supiéramos que el Señor vuelve este domingo, ¿qué cambiaría realmente?
¿Nos arrepentiríamos por amor… o por miedo?
La Biblia no nos llama a vivir pendientes de una fecha, sino a vivir preparados todos los días. Por eso la instrucción es sencilla y exigente a la vez: velad y orad.
Eso implica varias cosas muy concretas:
Escudriñar la Palabra con seriedad.
No vivir de frases sueltas ni de interpretaciones bonitas pero vacías. Ni de la predica del domingo. Conocer la Escritura completa nos protege del engaño y nos da discernimiento.
Ejercer un liderazgo que sirve.
El liderazgo bíblico no se mide por títulos, plataformas o seguidores, sino por cercanía, por escuchar, por acompañar heridas reales con palabras verdaderas.
Cumplir la Gran Comisión.
Hacer discípulos, enseñar, caminar con otros. No distraernos con teorías interminables mientras descuidamos lo esencial.
Ser fieles en lo cotidiano
No nos corresponde descifrar misterios que el Padre no quiso revelar.
Lo que sí nos corresponde es ser fieles.
Fieles con nuestras dudas.
Fieles a pesar de nuestros errores.
Fieles en el estudio, en el servicio, en la vida diaria.
Buscar a Dios no por miedo al día final, sino por amor a Aquel que ya nos llamó hijos.
Para pensar antes de terminar
Esperar la venida de Cristo se parece mucho a la vida de un estudiante.
El estudiante mediocre vive obsesionado con la fecha del examen. Adivina, calcula, se estresa… y estudia solo la noche anterior.
El estudiante diligente, en cambio, estudia todos los días. Para él, la fecha no importa, porque está preparado.
La pregunta no es cuándo viene el Señor.
La pregunta es: ¿cómo estamos viviendo hoy?
Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com













