Del Oriente, del Occidente, del Norte y del Sur.

¡Hola a todos! Qué alegría volver a encontrarnos en este espacio, como si estuviéramos compartiendo una taza de café para charlar sobre la vida y la fe. Hoy quiero que reflexionemos sobre algo que parece sencillo, pero que a menudo se nos escapa entre las manos: el arte de ser agradecidos.

A veces, cuando escuchamos a personas hablar sobre el éxito o el progreso, notamos un patrón curioso. Se dice mucho: «estamos logrando», «estamos cosechando», «estamos en el camino correcto». Pero, ¿qué pasa cuando las cosas se ponen difíciles? Ahí el lenguaje suele cambiar a un «ustedes necesitan buscar de Dios». ¿No les parece un poco cómico? Solemos meternos a todos en la misma bolsa para los éxitos, pero dejamos que cada quien cargue sus problemas por separado. ¿No debería ser al revés? Quizás los que estamos liderando o compartiendo somos los que más «cojeamos» y más necesitamos del apoyo de los demás.

La rutina vs. la verdadera gratitud

Pensemos por un momento en algo tan cotidiano como la oración por los alimentos. Muchos de nosotros somos «oradores constantes» en la mesa. Pero les propongo un reto: intenten recordar sus palabras de hoy, las de ayer y las de hace tres días. Si las escribieran, ¿cuántas serían repeticiones casi rituales?. A menudo caemos en el «bendice estos alimentos y a las manos que los prepararon». Se convierte en una rutina o una costumbre.

¿En qué momento dejamos de agradecer de corazón para simplemente cumplir con un guion?. La Biblia nos advierte sobre esto: personas que, conociendo a Dios, no le glorificaron como tal ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus propios razonamientos. En la actualidad, nos levantamos, vamos al baño, nos lavamos los dientes y nos preparamos para el día como autómatas. Lo mismo nos pasa con la fe; se nos hace tan común que olvidamos el asombro de estar vivos.

De ayer a hoy: El ciclo del olvido

Si miramos hacia atrás, a los tiempos del Antiguo Testamento, vemos que la actitud humana no ha cambiado mucho. El pueblo de Israel salía de Egipto viendo milagros increíbles, pero a la semana ya estaban reclamando por la falta de carne. Ganaban batallas, se olvidaban de Dios, caían en problemas, se arrodillaban pidiendo ayuda, Dios los rescataba y el ciclo volvía a empezar.

¿No somos nosotros iguales hoy en día?. Tenemos vidas que son como una montaña rusa, con subidas y bajadas. Hay días en los que nos sentimos como «Tarzán», capaces de vencer a cualquiera, y otros en los que no quisiéramos ni salir de casa porque sentimos que perdemos hasta contra el aire. En aquellos tiempos, el pueblo se perdía en desiertos físicos al regresar de cautiverios como el de Babilonia. Hoy, nuestros desiertos son internos: la soledad, el miedo a perder nuestra identidad o la angustia de no saber hacia dónde caminar.

La misericordia en los pequeños detalles

A veces esperamos un milagro espectacular para dar gracias, pero la verdadera gratitud está en lo que consideramos «normal». Por ejemplo, ¿alguna vez has agradecido por ese conductor que frenó a tiempo y evitó un accidente?. A veces contamos testimonios de cómo Dios nos salvó de un gran peligro, pero nos olvidamos de agradecer que, en primer lugar, Él permitió que nada malo sucediera en los detalles más simples de nuestro trayecto.

¿Cuántas personas hoy no pudieron abrir los ojos, mientras que tú y yo sí lo hicimos?. El Salmo 107 nos invita a alabar a Jehová porque Él es bueno y su misericordia es para siempre. No se trata de nuestros méritos, de qué tan inteligentes somos o de cuántas obras hacemos. Se trata de reconocer que, ya sea que vengamos del norte, del sur, del oriente o del occidente, todos hemos estado perdidos en algún momento y hemos necesitado ser rescatados.

Una invitación final

Caminar «derecho» es difícil porque seguimos siendo humanos. Sin embargo, la clave está en que sus misericordias son nuevas cada mañana. No importa si naciste en un hogar cristiano o si te convertiste a los 40 años; todos enfrentamos luchas y «trompicones contra la pared» que nos enseñan a valorar Su bondad.

¿Qué tal si hoy rompemos la rutina?. En lugar de una oración repetitiva, intentemos hablar con Dios con sinceridad. Agradezcamos por la familia, por el pan en la mesa y por la oportunidad de intentar ser mejores hoy de lo que fuimos ayer. Recordemos que el verdadero enemigo no es solo lo que nos pasa afuera, sino aquello que intenta alejarnos de nuestra paz espiritual.

Sigamos luchando, sigamos buscando y, sobre todo, no dejemos que la gratitud se convierta en una costumbre vacía. ¡Nos vemos en la próxima taza de café!.

Frío, tibio o caliente (2da. parte)

Regresamos mis queridos amigos para continuar con la segunda parte de este post, pero retomaremos algo de lo anterior por medio de una historia, a mi me encantan las historias, está nos la contó un pastor. «dizque en una congregación, tenían el ministerio de danza y panderos, y las jovencitas eran bastante bonitas, y que eso empezó a traer problemas, debido a que los miembros de la congregación se dedicaban a ver a las jovencitas y no prestaban atención ni a las canciones, mucho menos a alabar y adorar al creador, por lo cual para evitar males mayores y terminar con todo por lo sano, se dio por terminado el ministerio de la danza», impidiéndoles adorar con pandero y danza a Dios, luego de lo cual, yo pensé que se cometió el peor error con personas que muy probablemente en su corazón estaba adorar al creador por medio de los panderos, banderas y su danza, pero muchas veces, pastores sin discernimiento, toman desiciones no solamnte equivocadas, sino que perjudican al cuerpo de Cristo, (aunque es la respuesta más fácil, así el pastor no llega a preguntarse, ¿porqué los varones de mi congregación estan así, si algunos tienen años de estar asistiendo a la iglesia? buena pregunta, aunque quizás nunca hecha, o nunca responidida), a aquellos que verdaderamente desean tener una relación o un agradecimiento hacía Dios, ahora usted dirá o puede decir o preguntar ¿no fue la mejor desición y evitar males mayores? es la solución más rápida y quizás  diría usted que hace que todo vuelva a la normalidad, pero le hago una pregunta: ¿qué es mejor, enseñarles a los miembros de la congregación, la verdadera relación que vienen teniendo con Dios? y explicarles que aún están desnudos, o cancelar algún ministerio para tener paz en la iglesia? y sabe ¿por qué? retomemos «eres desventurado, miserable, ciego y desnudo», miren mis hermanos, antes de pecar, Adán y Eva estaban desnudos, luego del pecado, recien se dieron cuenta, sabe porqué, porque antes tenían una relación con Dios tan extrecha, que en su mente no había malicia, que recien cuando pecaron se dan cuenta de su desnudez y de su pecado, mi amigo si vivimos en el Espíritu nos hacemos inocentes, en donde la malicia, la carne, no es parte de nuestro diario vivir, pero si aún vivimos en y para la carne, significa que aún el pecado vive en nosotros, de que nos hemos alejado de Dios, de que no podemos acercarnos porque nuestras vidas no han cambiado y seguimos desnudos por nuestro pecado y ciegos a las cosas espirituales que son la vida de seguir a un Dios que nos entrega la vida eterna a quienes son sus discípulos, a aquellos que han dejado las cosas del mundo para vivir para Cristo, allí como dice la Biblia seremos como niños (que en su inocencia), no existirá ese deseo carnal de ver a toda mujer y desearla, entonces, allí empieza el trabajo del pastor, del maestro, del profeta, enseñar las verdades del evangelio, para que los verdaderos discípulos de Jesús conozcan la verdad y serán libres del pecado y aquellos que dicen y dirán «que dura es esta palabra» seguiran su camino porque son solo simpatizantes, buscadores de milagros, y nada más, pero en la verdadera iglesia de Jesucristo, empezaremos a entender que lo que se hace es para alabar a Dios y glorificar su santo nombre, pero cuando la enseñanza es superficial, tenemos miembros que no conocen la verdad y aún estamos atados a nuestros pecados.

Bueno ahora si continuemos:

«Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la verguenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amó, sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesia”. (Apocalipsis 3:18-22).

Bueno mi hermano, Dios nos muestra algo, que es lo que esta iglesia tenía que hacer para poder ser perdonada, o sea la iglesia, toda ojo por favor entiendalo bien «toda la iglesia» no estaba convertida a Dios, hacía montones de cosas, estudios bíblicos, reuniones de oración, seminarios, vigilias, etc, etc, pero jamás había aceptado a Jesús como su Señor, ojo mi hermano, hacían de todo inclusive ataban demonios, hechaban agua bendita por todas partes, tenían el aceite Mirasol para ungir, pero jamás reconocieron sus pecados ni mucho menos se arrepintieron y fueron perdonados, necesitaban algo refinado por el fuego, es el amor de Cristo, cuando por tu arrepentimiento, cuando te conviertes en discípulo, cuando caminas dentro de la voluntad de Dios, y estás haciendo su voluntad y estas construyendo tu casa sobre la roca que es Cristo, es que estas comprando oro refinado en fuego, porque nada existirá en tu vida y corazón, que te haga cambiar en tu forma de seguir al creador de la vida, muchas veces, tienes que entender, que cuando llegamos ante Dios, y ser confrontados, nos damos cuenta de que la Biblia nos muestra lo desnudos que estamos ante Cristo, podemos ver nuestros pecados, podemos darnos cuenta de que nuestra vida es vacia, esta llena de podredrumbre, y que aunque aparentamos por las obras que pudiesemos haber hecho, otra cosa, pero sabe mi hermano mientras vivamos o sigamos viviendo en el pecado, seguiremos desnudos ante Dios, por lo tanto debemos arrepentirnos para que la justicia de Cristo, nos vista de lino fino, y que la negrura de nuestro pecado al ser perdonados se transforma en vestiduras blancas que es lo que ahora debemos de tener para poder entrar a cenar con el Señor, por último Cristo nos dice que untemos nuestros ojos con colirio, porque somos ciegos, como decíamos antes, si no tenemos al Espíritu Santo, si no nos hemos convertido en discípulos de Jesucristo, no podemos encontrar la verdad que nos dá la Palabra de Dios, que no hay otro nombre bajo el cielo en donde podamos tener la salvacion, los ciegos no pueden ver el mundo espiritual, por ello, siguen viviendo en sus propias fábulas, en donde es más importante la prosperidad monetaria, la fama, el dinero, lo que yo y tu podemos hacer con la fuerza de nuestras manos, pero eres ciego a la vida espiritual que tenemos con Dios. Mi amigo y hermano, debemos de convertirnos y recibir al dador de la vida, y seguirlo, solo Jesús, mi amigo, es aquel que puede darte la salvación, no hay otro bajo los cielos, que pueda traer paz a tu vida, no hay otro que pueda llenar esa falta de amor, esa falta de paz, esa falta de alegría, esa falta de perdón, solo Jesús.

Y para terminar mi amigo, quiero que prestes mucha atención al versículoa 20, «He aquí, yo estoy a la puerta y llamó» mi amigo fijate bien, supuestamente era una iglesia que decía que se juntaban a adorar a Cristo, que enseñaban y aprendían de Cristo, que las reuniones de oración, que las vigilias, que los servicios eran para alabar, aprender, seguir a Cristo, pero mi hermano Jesús les dice: «Estoy a la puerta y llamó» o sea tenían a Jesús afuera de la congregación, no estaba adentro, estaba afuera, esperando, Dios mio que equivocados estamos a veces, creemos que tenemos a Cristo, pero nuestra realidad es que hacemos de todo, pero Jesús, al que supuestamente seguimos, lo tenemos afuera esperando, y dice «si oye mi voz y abre la puerta» entonces mi hermano es tiempo de abrir la puerta, de dejarnos de falacias y cuentos, empezar por arrepentirnos de nuestra vida, y verdaderamente empezar a seguirlo, debemos olvidar nuestras fábulas, de que seguimos orando por las cosas materiales, atamos demonios y lanzamos conjuros para alejar los malos espiritus, sin darnos cuenta que si conocemos a Dios podremos resistir al diablo y Satanás huirá de nosotros, sin necesidad de atarlo, (que hasta la fecha en medio San José atamos y los demonios el lunes de desatan, que pasó, si las cosas van peor que antes, es que las cosas suenan bien para las graderias, pero no en el mundo espiritual), mi hermano «si vencieréis», debemos y tenemos que vencer, pero para ello debemos de tener las armas del guerrero, que son espirituales, no es con fusiles, no es con piedras, ni con sogas, es con la Palabra de Dios, (pero hay que conocerla), con el apresto del evangelio, la espada de la fe, entonces mi amigo y hermano, ¿conoces y tienes las armas? si vencieréis, recien podrás sentarte con el Padre, de lo contrario estamos equivocados, el cielo no es nuestro lugar, debemos arrepentirnos y empezar a convertirnos en discípulos, ¿dispuesto? entonces te espero, vamos a empezar o continuar, depende de tí.

Bendiciones y nos vemos pronto.