El cuaderno del Caballero Narrador

Dicen que todos llevamos una historia dentro. En mi caso, no llevo una, sino muchas. Algunas me las contaron entre lágrimas o cafés, otras las viví en carne propia. Y otras, simplemente, me atravesaron como una flecha lenta, sin pedir permiso.

Este espacio —El cuaderno del caballero narrador— nace como una forma de dejar constancia de esas vivencias. No para convertirlas en leyendas ni para adornarlas de gloria, sino para darles voz. Para nombrar lo que tantas veces callamos.

Aquí no encontrarás ficción pura. Encontrarás verdad, aunque a veces esté vestida de símbolos. Encontrarás despedidas, silencios, batallas interiores, heridas, y también luz. Porque escribir, al final, es también una forma de regresar.

Gracias por leer.

Gracias por acompañarme.

Te invito a caminar conmigo, página a página.

Conversando con una Taza de Café.
—Vick, caballero narrador

Vuelve, payaso.

Dicen que los payasos son expertos en hacer reír.

Pero nadie pregunta qué pasa cuando se apaga la luz, cuando cae el telón, y lo que queda… es solo la soledad.

Salían carcajadas de los asistentes. Reían con cada acto, desde el principio hasta el final.

En cada representación, él entregaba todo lo que tenía.

Se vestía lentamente. Paso a paso se colocaba el maquillaje.

Pintaba su cara, sus ojos. Rojo en la nariz y los pantalones. Verde y amarillo para el cabello. Azul de cielo… azul de mar nocturno para el traje. Azul también como su soledad. Zapatos rojos y azules. Tan grandes como su tristeza.

Silencio. Empieza la función. Entraba riendo, dejando el llanto de amor en un rincón.

Ponte el disfraz y haz reír —le decía el presentador, con rostro serio.
Y salía a escena. Cantando. Saltando. Corriendo. Brincando por encima de su soledad. Hasta que termina la función.
Y en cualquier rincón, se duerme. Huye de su tristeza. Se tapa con un poco de cielo. Y se acurruca con su soledad.

Hasta que vuelva a reír… como cuando tenía diez años. Aunque hoy ya tenga ochenta. Vuelve a reír, payaso. Sigue saltando, volando entre risas y brincos. Con tu traje azul. Con tu tristeza. Con esa soledad que también te hace reír.

Hoy, das una risa y un aplauso en tu camino al cielo. Volverás un día, cuando regresen las sonrisas. Volverás del recuerdo, y sonreirás con risas del alma. La que perdiste. La que se quedó en aquel lugar donde un día aprendiste a reír.

Vuelve, payaso. Sin maquillaje. Sin zapatos de colores. Sin tu traje azul cielo. Solo con tu sonrisa. Esa que te abrirá las puertas del cielo. Donde te espera el amor que perdiste una tarde de lluvia, una noche ya olvidada. Ahora vivirán juntos, por la eternidad.

Conversando con una Taza de Cafe.
-Vick-yoopino.

Reseña de: «Africanus: el hijo del Cónsul»

“Africanus: el hijo del cónsul” es la primera entrega de la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión, escrita por Santiago Posteguillo, y constituye un destacado ejemplo de novela histórica contemporánea en lengua española. Publicada en 2006, la obra nos traslada al turbulento siglo III a.C., cuando Roma y Cartago se disputaban la hegemonía del Mediterráneo durante la Segunda Guerra Púnica.

Posteguillo inicia la narración con el nacimiento y los primeros años de Publio Cornelio Escipión, más tarde conocido como “Africanus”, en el seno de una de las familias más influyentes de la República romana. A través de una prosa ágil y detallada, el autor recrea con minuciosidad la vida política, social y militar de la Roma republicana, mostrando tanto su grandeza como sus miserias. El núcleo de la novela gira en torno al ascenso de Escipión, pero el autor no se limita a retratarlo como un héroe sin fisuras; explora su carácter, sus dudas, sus motivaciones y la compleja relación con su padre y su hermano, así como el peso de la responsabilidad y la amenaza constante de sus enemigos, tanto cartagineses como romanos.

Uno de los grandes méritos de la novela es la construcción de los personajes. Posteguillo logra dar vida no solo a Escipión, sino también a figuras históricas como Aníbal Barca —el formidable general cartaginés—, Fabio Máximo o Tito Livio, dotándolos de profundidad y matices. El autor equilibra la fidelidad histórica con la ficción novelada, combinando hechos documentados con diálogos y situaciones plausibles que humanizan a los protagonistas.

El ritmo de la narración es otro de sus puntos fuertes: alternando escenas bélicas, intrigas políticas y momentos íntimos, logra mantener el interés del lector en todo momento. Las descripciones de las batallas, las estrategias militares y el ambiente romano son detalladas pero nunca pesadas, propiciando una inmersión total en la época.

La novela narra el proceso de formación y madurez de Publio Cornelio Escipión, mostrando cómo las circunstancias históricas, las tragedias familiares y la educación romana forjan su carácter y lo preparan para convertirse en uno de los más grandes líderes militares de la antigüedad.

La Segunda Guerra Púnica, con el enfrentamiento entre Roma y Cartago, es el telón de fondo de la novela. Posteguillo refleja no solo las estrategias militares y las batallas, sino también el sufrimiento, la destrucción y las pérdidas humanas que conlleva la guerra.

La novela explora en profundidad las intrigas políticas del Senado romano, las alianzas, traiciones y rivalidades internas. Roma es presentada como una sociedad donde la ambición y la lucha por el poder pueden ser tan peligrosas como el enemigo externo.

La relación de Escipión con su padre, su hermano y otros miembros de su familia es central en la novela. El sentido del deber familiar, la lealtad y la tradición romana son motores fundamentales de las acciones de los personajes.

El peso del destino y la responsabilidad personal aparecen constantemente. Escipión se enfrenta al reto de estar a la altura de su linaje y de sus propias expectativas, sintiendo la presión de ser “el hijo del cónsul”.

La figura de Aníbal Barca como antagonista añade complejidad al relato. La novela muestra la rivalidad, pero también el respeto mutuo entre los grandes generales, evidenciando que la guerra no es solo odio, sino también admiración por el valor y la inteligencia del adversario.

Valores como el honor, el coraje, la disciplina, la virtud (virtus) y la fidelidad a Roma son recurrentes, pero también se cuestionan y se ven confrontados con la corrupción, el miedo y la traición.

En suma, “Africanus” es mucho más que una biografía novelada; es una epopeya sobre el coraje, la ambición y el sacrificio, pero también una reflexión sobre el poder, la lealtad y el coste de la guerra. Santiago Posteguillo convierte la historia en literatura viva, acercando al lector no solo a los hechos, sino a las emociones y dilemas de quienes los protagonizaron. Una obra imprescindible para los amantes de la novela histórica y para quienes deseen comprender los orígenes de la grandeza —y las contradicciones— de Roma.

Conversando con una Taza de Cafe.
-Vick-yoopino.

No crezcas

No crezcas.
Que parezca que aún las muñecas —o los carritos— siguen poblando tus juegos.
Que el ratón de los dientes aún lo esperas… aunque tengas cincuenta.

No crezcas, porque aún Alicia quiere llevarte a su mundo, a través del espejo,
aunque el último de tus hijos ya va camino a la universidad.

Arrodíllate a jugar con tu Barbie y cámbiale de nuevo el peinado, como cuando tenías cinco años.
Quítate los zapatos para correr detrás de las palomas, en una tarde de verano.

Dile al Sombrerero Loco que tú también quieres una taza de café
y regálale el tornillo que hoy te falta.
Y al Conejo, dile que tú también vienes llegando tarde.

No crezcas.
Porque tus sueños —aún en los noventas— se pueden hacer realidad,
y sigues creyendo que Papá Noel baja por la chimenea,
aunque seas tú quien compra los regalos.

No crezcas, porque si creces…
no tendré con quién jugar cuando me haga viejo
y no recuerde dónde dejé mis canicas,
porque me escondí detrás del sofá para que me encuentres.

Y aún después de tantos años,
te seguiré esperando allí,
donde siempre me escondía.

No crezcas,
porque me quedé aquí, en la vereda,
y el helado que te compré se viene derritiendo,
y el sueño de verte sonreír se me viene perdiendo.

No crezcas, por favor.
Porque se me ha olvidado tu nombre,
y solo sé que una vez te quise.

No crezcas.
Porque se me va la vida,

y ya no sé quién soy.

«Inspirado en hechos reales.. o no. Solo Tú decides»
Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

Reseña de «Para leer Los Padres De la Iglesia»

«Para leer a los Padres de la Iglesia» – Adalbert-G. Hamman.

«Introducción y contexto»

El libro «Para leer a los Padres de la Iglesia» del franciscano y patrólogo Adalbert-G. Hamman es una obra fundamental para quienes desean adentrarse en el estudio de los Padres de la Iglesia, aquellos teólogos y pastores de los primeros siglos del cristianismo que, con su vida y escritos, contribuyeron a definir la doctrina, la espiritualidad y la identidad de la Iglesia. Hamman, reconocido por sus traducciones y estudios patrísticos, logra condensar en esta obra un panorama claro y accesible sin perder profundidad.

Estructura y contenido:

El libro está organizado de manera cronológica y temática, abarcando desde los «Padres Apostólicos» (como Clemente de Roma e Ignacio de Antioquía) hasta figuras culminantes como «Agustín de Hipona» y «Jerónimo de Estridón». Hamman no solo presenta un resumen biográfico de cada autor, sino que también analiza sus obras más importantes, destacando su contribución teológica, pastoral y espiritual.

Además, el autor sitúa a los Padres en su contexto histórico, mostrando cómo respondieron a los desafíos de su tiempo: las persecuciones, las herejías (como el arrianismo y el gnosticismo), y la progresiva institucionalización de la Iglesia. También explora temas clave como la interpretación bíblica, la liturgia, la moral y el desarrollo de conceptos teológicos como la Trinidad y la Cristología.

Aportaciones y estilo:

Uno de los mayores aciertos de Hamman es su capacidad para hacer accesible un material que, en otras obras, puede resultar denso. Su prosa es clara y didáctica, ideal tanto para estudiantes de teología como para lectores no especializados que buscan una primera aproximación a la patrística.

Otra virtud del libro es que no se limita a una exposición teórica, sino que muestra la «actualidad de los Padres», invitando al lector a descubrir cómo sus enseñanzas siguen siendo relevantes para la espiritualidad y el pensamiento cristiano contemporáneo.

Comparación con otras obras:

A diferencia de introducciones más técnicas (como las de Johannes Quasten o Hubertus R. Drobner), el libro de Hamman destaca por su enfoque divulgativo, aunque sin caer en simplificaciones. Es un excelente complemento a obras como «Los Padres de la Iglesia» de Claudio Moreschini o «El cristianismo en sus textos» de varios autores.

Conclusión:

«Para leer a los Padres de la Iglesia» es una puerta de entrada indispensable al mundo de la patrística. Combina erudición, claridad y una visión pastoral que hace que estos gigantes de la fe no sean solo objeto de estudio, sino maestros y guías espirituales. Recomendado para seminaristas, estudiantes de teología, historiadores y cualquier cristiano que desee profundizar en las raíces de su fe.

Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

Y la muerte me tiene ganas – Recuperación (Parte 2)

Recuperación, verdades a medias y una mochila para el otro barrio

Me ordenaron vestirme. Recogí mis cosas. Yo, que ya lo tenía todo ordenadito, cargadores conectados, el iPad con batería, y estaba por ver el partido de fútbol… ¡no! Me dijeron que no me quedaba. Que me iba a casa. Por ahora.

Salí como entré, salvo por unas cajas de medicinas. Luego tuve que pasar por otra farmacia para que me prepararan otras. Y de allí, directo a la iglesia. Había que ponerme a cuentas… por si en el camino el pantalón me quedaba corto al estirar la pata.

Hice testamento. Dejé encargado a mi perro. Acomodé mis shorts. Mi patita de conejo. Un peluche todo viejo de Snoopy. Incluso pensé: ¿quién querrá lavar mi ropa para que me la pongan en la mochila si me voy? No sé si en el otro barrio hace frío o calor… así que llevo ropa para ambos climas.

Me encontré con mi yoyo, mi bolero, un par de rompecabezas de 5000 piezas que nunca pude armar. Pensé: ahora sí tendré tiempo. Guardé todo, y un helado para el camino. Mochila lista, y me fui rumbo a la church.

Solo le conté a una persona. Y a nadie más. Porque después empiezan con los encargos:
—¿Le puedes llevar esto a mi tía?
—¿Y esto a mi abuelita?

Y terminas con una maleta llena, como si fueras delivery celestial. Y si no quieres, se enojan, te quitan el habla… y hasta te bloquean en Facebook. Como si en el otro barrio uno tuviera tiempo para andar entregando encargos. No hay Uber espiritual, señores.

Pero bueno… estamos en recuperación. Aunque eso significa que el vecino se llevó mi mesa y ahora tengo que recuperarla (larga historia). Y ahora vienen las órdenes: comer verduras, tomar agua, menos carne, más vegetales, nada de azúcar, ejercicio. A estos extremos… ¡estar vivo va a ser más difícil que estar muerto!

Menos mal que tengo a Kiba, mi perro. Él sí me va a extrañar.

Al final, ya en la noche —tipo diez— me senté en mi carro. Tenía 32 pastillas. Un vasito de agua. Me las tomé. Una por una. Me di una buena movida para que se disuelvan. Y pensé:
¿Y si me tomo todos los frascos de un tirón… me sano más rápido?

No pude. Eran demasiadas.
Y la última, la más amarga, la pasé con un sorbo de resignación.

Luego salí caminando. Fui por mi Starbucks, mi croissant, mi iPod, mi cámara, un cuaderno, un lapicero. Me senté como al principio. Entré al cuarto más chico del Starbucks… y me puse a silbar la misma canción que alguna vez te dediqué.

  • Epilogo: Esta historia fue real. Aunque contada con humor.

A veces, cuando uno está más cerca del silencio, es cuando más escucha su propia voz.

Gracias por leer. Si alguna vez pasaste por algo parecido, o simplemente quieres compartir una risa nerviosa conmigo, te leo en los comentarios.

Conversando con una Taza de Cafe.
– Vick-yoopino.

Silencio, el camino ya lo he empezado

Me senté, en el mismo Starbucks de siempre, y me quedé a esperarte.

No llegaste.

Pedí el cappuccino de cada día.

Se llegó a enfriar de tanto mirar por la ventana,

en una tarde-noche que llovía.



Imprimí pasos a mi camino
 y recorrí la senda que lleva a tu ventana,
 ocupada por la luz del camino que olvidaste,
 recordada por momentos que tú, aún hoy,
 prefieres olvidar.



Pasan las horas.
 Y de regreso miro la luna,
 esa que revela cuerpos,
 que enseña figuras aún escondidas, 
aún indefinidas, con caras conocidas 
en medio de la oscuridad.



Palabras escritas y dichas en medio de secretos,
 queriendo tapar voces y miradas,
 ocultas por el silencio,
 como las estatuas de gárgolas
 que miran sin ver
 y escuchan sin oír.



Sin entender que las paredes hablan
 y el viento observa,
 con siluetas hechas una,
 de dos que se abrazan, 
formadas por la luz de una farola
 en aquella esquina.



Paso de largo.
 Olvido el recuerdo.
 Entierro las penas.
 Sigo mi sendero.



Silencio: que llega la noche.

Silencio: que vamos de ida.



Truenos en el cielo que destapan verdades.
 Caminos de ida, sin retorno aparente.
 Tiempo de retiros.



Los sonidos de tambores apagan la guerra.
 Vuelan las hojas de flores marchitas,
 hojas de otoño que suenan en el suelo,
 al ser pisoteadas por pies de aquella
 que llamaba princesa,
 que esconde su caminar en la tarde,
 su correr en la noche,
 como vuelo de paloma que se dirige al cielo…
o a aquel lugar en donde mirar atrás
 sea solo un recuerdo.



Porque mirar,
 es quizás simplemente levantar los ojos
 que ya moviste de lugar.
 Que ya no miran los míos.



Por ello, el silencio.
 El camino es simplemente volver
a donde me encontraste.
 Sin saber reír.
 Solamente vivir.



Silencio.

El camino ya lo he empezado, 
intentando regresar en el tiempo.

Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino.

Esto no es una clase

Hay algo que me gusta dejar en claro desde el principio:
Esto no es una clase.
No es una disertación.
Es una conversación entre amigos.

No vengo con verdades absolutas ni respuestas cerradas.
Vengo con una taza de café en la mano, con ideas, preguntas, textos, experiencias… y sobre todo, con ganas de compartir.

Aquí no se trata de enseñar.
Se trata de conversar.
De pensar juntos.
De buscar.

Cada entrada, cada serie, cada historia que comparto nace de una inquietud real.
Una duda, una lectura, una vivencia.
Y no siempre tengo la respuesta. A veces ni siquiera tengo la pregunta bien formulada. Pero avanzo. Y en ese andar, sé que no estoy solo.

Por eso este espacio existe.

Porque sé que al otro lado hay alguien como tú, que quizás también se ha preguntado lo mismo.
Que ha tenido dudas, que ha creído y ha dejado de creer, que ha vuelto a empezar.
Alguien que no quiere fórmulas, sino una conversación honesta.

Te invito a dejar tus ideas en los comentarios.
Tus experiencias.
Tus preguntas.

Este blog no busca cerrar temas.
Busca abrirlos.
Porque hay algo que he aprendido con los años:
a veces, entre todos, damos un paso más hacia la verdad.

Y si no llegamos a ella, al menos sabremos que lo intentamos con honestidad.
Con respeto.
Y con una taza de café en la mano.

Nos seguimos leyendo.
Nos seguimos escuchando.
Y sobre todo, seguimos conversando.

Vick-yoopino

Crónicas de un bloguero invisible (antes del retorno)

Durante años escribí, grabé, edité, compartí… como si alguien estuviera allí.
Publicaba 200 posts, con cientos de fotos de eventos.
Subía 70 videos.
Ponía todo mi empeño, como un náufrago lanzando botellas al mar digital.

¿Resultado?
10 likes. 120 vistas.
Y silencio. Mucho silencio.

Mientras tanto, alguien subía dos videos y alcanzaba 500 likes y 10,000 vistas.
No es envidia.
Bueno, sí un poco. Pero sobre todo, frustración.

Y aun así, seguí.
Con esta cara (ver foto)…
Escribiendo como un ermitaño moderno, esperando que algún día… alguien leyera.

Hoy las cosas están cambiando. Estoy regresando. Y esta vez, espero que no sea para seguir siendo invisible.
Porque lo que tengo que contar… merece ser escuchado.
Y si tú estás leyendo esto: gracias. Ya no soy del todo invisible.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.

Aquí toy: Regreso a MiVivencia.com después de tres años.

Julio de 2021. Ese fue mi último post. Lo recuerdo como se recuerda una despedida sin despedida: sin saber que era la última vez que escribiría aquí… hasta hoy.

Y es que uno no se despide de un lugar como este, aunque lo abandone. Un blog es como una habitación cerrada con las ventanas abiertas: siempre vuelve el polvo, pero también la luz. MiVivenci.com nació en mayo del 2010, cuando todavía creía que escribir era un acto solitario. Hoy, después de todo lo vivido, sé que escribir es también un acto de regreso.

Intenté entrar estos días, y como suele ocurrir con las viejas casas digitales, el WordPress se puso rebelde. Me bloqueó, me ignoró, me puso a prueba. Pero aquí toy. Volví. Más terco que antes y con muchas historias que no me caben en los videos que hago, ni en los mensajes que dejo sueltos en redes. Este espacio merece algo más íntimo. Más directo. Más mío.

Desde el último post han pasado tres años… y treinta vidas. Cambié de país, cambié de casa, volví a convivir con el pasado (literalmente), y de pronto todo se llenó de series, cámaras, guiones, demonios, cristianos, brujas, cafés y preguntas sin respuestas.

Así que este no es solo un regreso. Es una declaración. MiVivencia.com está de vuelta. Y ahora sí, con ganas, con ritmo y con todo lo que no se puede decir en voz alta… pero se puede escribir.

Si alguna vez leíste algo aquí, gracias. Si es tu primera vez, bienvenido. No prometo orden ni frecuencia, pero sí historias reales, absurdas, inquietantes y a veces incómodamente verdaderas.

Porque eso somos, al fin y al cabo: una suma de vivencias. Y aquí toy, otra vez.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.