🌪️ Todo empezó bien…
Pasado el año 2000 empecé a trabajar en un hotel en Santa Clara, California. Todo andaba de maravillas. Buenos compañeros, risas, trabajo fluido. Pero como en toda buena historia, siempre aparece el personaje oscuro. En mi caso, una señora a quien llamaremos… Gertrudis.
Pasaron tres o cuatro años hasta que noté que su actitud hacia mí era… digamos, hostil con sabor a chile y cizaña. Sin mayor explicación, empezó a contar cosas sobre mí. Algunas probablemente exageradas, otras quizás verdad, y otras francamente salidas del guion de una telenovela con brujas.
🧂 Inventario de difamaciones y otras joyas
Gertrudis me acusó de todo, menos de ser feliz:
• Vivía debajo de un puente.
• Era ilegal.
• Me gustaba que las mujeres me mantuvieran (lo cual, si fuera cierto, habría sido un sueño hecho realidad: sin trabajo y con pensión emocional).
• Y muchas más… que iré soltando como se desgrana el choclo.
Decía que yo tenía “gloriosas cualidades”, y tenía razón… solo que ella las presentaba con veneno.
💔 ¿Amor u obsesión?
En una de esas noches de conversación con amigas, surgió la teoría: ”¿y si está enamorada de ti y te odia porque no le haces caso y encima saliste con su mejor amiga?”.
Y sí. Salí con su mejor amiga. A cenar, a pasear, a trabajar hasta el amanecer viendo cómo se escondía la luna. ¿Lo demás? Reservado bajo amenaza de doble balazo.
Pero volvamos a ella. ¿Enamorada de mí?
Pues… mi gusto va por mujeres delgadas, simpáticas, con algo de estilo. Gertrudis, en cambio, tenía el cuerpo de una momia que se resiste a ser momia, y una cintura más parecida a un salvavidas de tractor. Su ombligo parecía una válvula que en cualquier momento podría empezar a desinflarse.
Yo soy feo, sí, pero en hombre se acepta. En mujer… bueno, digamos que nuestros hijos habrían terminado en el zoológico y no en el colegio.
🥩 La leyenda de la pierna de vaca
Un día, el jefe máximo del hotel (mi amigo) me llama a su oficina. Cara seria. Me dice:
“Una compañera ha hecho una denuncia formal contra ti.”
¿La acusación?
“Dice que en la última función del hotel, te llevaste una pierna de vaca cocinada, en tu mochila, a tu casa.”
Yo lo miré, y él, al ver mi cara, no pudo más. Se empezó a reír. Su secretaria casi se atraganta de la risa. Me contó que igual tuvo que investigarlo. Habló con el chef.
“Congelada, pesa más de 20 kilos. Cocinada, imposible de cargar sin dejar un charco de jugo hasta el estacionamiento. Y menos en una mochila.”
Así que sí. Me imaginó con la mochila al hombro, dejando una estela de grasa, y 20 perros siguiéndome como escolta. Solo faltaba el mariachi y los mariachis.
📢 Rumores al por mayor
Cada semana, una nueva historia. Aquí algunas joyitas de la producción “Gertrudis Films”:
• Que yo vivía debajo de un puente decorado con grafitis de Machu Picchu.
• Que tenía antecedentes penales por falsificación.
• Que vendía basura en Facebook tras mi divorcio.
• Que me escondía en el baño para no trabajar (¿cómo sabía? ¿tenía cámaras? ¿el famoso huequito en la pared?).
Y claro, la más peligrosa: que no sabía hacer mi trabajo. Aunque eso sí, nunca entendió por qué todos me escuchaban. Tal vez porque yo leía, pensaba, tenía temas. Ella solo hablaba de “su vida en París”, aunque luego descubrí que se refería a una colonia pobre llamada así en los alrededores de Tepito.
🤷♂️ ¿Por qué tanto odio?
Tal vez porque sus amigas se convirtieron en mis amigas. Tal vez porque enfermó y, durante su ausencia, la gente escuchó la otra versión. Tal vez por rencor puro. O tal vez… porque no aceptaba que yo no caí en su juego.
Ella se preguntaba:
“¿Qué les da este, para que lo escuchen en todo?”
Yo no daba nada. Solo era yo mismo. Lo que parece que para ella era demasiado.
💡 Brillante como bombilla quemada
Gertrudis tenía frases inolvidables como:
“Hay niveles” (sí, y tú ibas en subsuelo).
O aquel famoso “wi wi”, dicho con tono afrancesado, sin saber qué significaba.
Una vez completó la tabla del 9, leyéndola, y pidió un diploma con ceremonia incluida. Eso sí, exigía que lo firmara el gerente general.
Y que si ella hablaba, el promedio del IQ de todo el hotel bajaba hasta rayar con el del Homo sapiens.
📆 Dos años después…
Me retiré del trabajo en 2023. No he vuelto. Y ella sigue hablando de mí. Dice que no regreso porque no puedo entrar a EE.UU. (aunque tengo más entradas que concierto de Luis Miguel).
Me han dicho que está demacrada, ansiosa, sola… y cada día más gordita (eso sí, sus piernas siempre fueron flaquitas, flaquitas: un misterio de la ingeniería corporal).
🔚 Cierre y advertencia
Todavía me guardo algunas historias para una segunda parte.
Y usted, lector querido, ¿qué cree?
¿Fue odio, celos, envidia… o una mezcla con pan con chicharrón?
He generado con IA una imagen de este esperpen… perdón, señora. No es igual, pero se le parece. Si usted me conoce, tal vez conozca a mi tormento.
No, no la voy a sacar a cenar. Ni al cine. Tal vez… al zoológico. Pero ni eso.
El nombre ha sido cambiado para fingir que no sé que leerá esto. Pero que lo leerá… lo va a leer.
Y si quieren segunda parte, pídala en los comentarios.
Victor.
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino