Preparándonos para la Cosecha

Este va a ser un tiempo interesante, por lo menos para mí es interesante. Me gustaría que vaya a lo que es Lucas 8, vamos a ver un pedacito del versículo 5, nada más, que dice Lucas 8, versículo 5: «El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino y fue hallada y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre piedras. Otra parte cayó sobre buena tierra». Pero mucho se ha hablado de la segunda parte.

Se hablaba justamente de la semilla que caía en diferentes tipos de tierra, pero yo quiero hablar un ratito en qué pasó con el sembrador. Nadie habla del sembrador. El mismo Señor solamente habla en la Palabra de todos los procesos que pasó la semilla en los diferentes lugares o tipos de tierra que cayó, pero yo quiero dedicarme a una persona, y esa persona es el sembrador. Y para esto les voy a contar una historia. Esta historia, yo me divertí cuando la hice, espero que ustedes la pasen bien.

La Historia de Víctor y el Vecino

Volvamos por unos instantes a los tiempos de la pandemia y a esos meses en que nadie salía a la calle. Va a llegar un momento en que más tiempo pase, y en un determinado día van a decir: «Bueno, las puertas van a estar abiertas, vamos a salir». Yo leí esto como el Señor de la Mies, es el que abre las puertas y un día abre la puerta. Y hay un Víctor, café en mano, su sombrerito, mochila al hombro y su canasta. El Señor de la Mies le dice: «¿Qué estás haciendo, Vítor?». Vi a otra persona, con su gorro, con su sombrero. Está preparado con sus botas, su ropa de trabajo. Tiene una barra, así como esas de metal como para hacer huecos en el piso, tienen las bolsas y tienen unos tanques o galones de agua, una cosa de esas. Entonces se dirige este señor, este vecino, que supuestamente es el hombre que salió también igual que Víctor, a la calle.

Y le decía el Señor de la Mies: «Ahora, ¿dónde vas a sembrar?». Y el Señor de la Mies le dice: «En su campo voy a sembrar». Entonces este [vecino] agarra lo que en mi país creo que se llama una barreta, hace un hueco, mete semilla, otro hueco, mete semilla y así va sembrando todo el campo. Cuando termina el campo viene donde el Señor de la Mies. Y el Señor de la Mies le dice: «Mira, aquí entró terreno que era de este [Víctor], pero [Víctor] está con su café, con su croissant, su mochila y no tiene absolutamente nada para sembrar».

Entonces este amigo, en el momento que está pasando, deja caer tres o cuatro semillas a los pies de Víctor, y Víctor las pisa como es su costumbre. Y [el vecino] sigue sembrando y empieza a sembrar, y siembra todo el campo que supuestamente era para Víctor, que realmente a Víctor lo único que hizo fue salir con su café. Pasa el tiempo y comenzaban a germinar esas plantitas, inclusive la que se cayeron al lado de Víctor también empiezan a germinar. Entonces este señor, el vecino nuestro, sale con una manguera y empieza a fumigar. Pasa por mi costado y me dice: «Oye, este [campo] tiene plaga, y la langosta…». Yo le digo: «No me toques, no me toques a mis cuatro plantitas, déjamelas tranquilas ahí donde están. Están bien». Este señor se va y empieza a fumigar en su campo, en el otro campo que tenía. Porque en el momento que va creciendo, si empieza a crecer como les dé la gana, no hay que cuidarlas. Pero como buen Víctor, dice: «No, no, esto va a crecer así, porque crece».

El Llamado y la Necesidad de Preparación

¿Y qué tiene que ver esto con lo que estamos hablando, con lo que estamos viviendo? Algo bien simple. Usted, en la posición que esté dentro de su iglesia, tiene un llamado. Y su mayor llamado es servir a Dios. Pero si usted se acordara, en Efesios 4:11 dice: «Y Él mismo constituyó profetas, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros». Ahora le voy a hacer una pregunta: Las personas tienen dos opciones, o responden, sí, o responden con ese llamado. Después de eso, ¿qué se hace? Si responde que sí, tiene que prepararse.

Normalmente es un trabajo. Si hablamos de Nehemías, Nehemías tuvo ese trabajo, fue llamado por Dios para hacer un trabajo. Jonás, a pesar de todos los problemas que hizo, fue comisionado para hacer un trabajo. Pablo, con todo lo que [hizo], hizo un trabajo. Después de que uno sabe que ha sido llamado debe dar una respuesta, y esa respuesta es prepararse.

Ahora, algunos dicen: «No, yo no necesito más que mi Biblia, y de aquí saco todo». Pero otros van al instituto, a la escuela bíblica o a la universidad, o compra buenos libros. Pero quiero decirles una cosa, y eso sí, aquí quiero que me comprendan: el instituto o la universidad da conocimiento, pero no da el llamado. No porque usted o yo vayamos al instituto, somos pastores, o somos profetas, o lo que sea.

Somos, muchos, creo que seremos siervos con un poco más de conocimiento, aprendices de siervo. Es bueno ir a un instituto. Y hay de institutos e institutos, pero es bueno porque usted va a tener cierto conocimiento. Cuando salga de él, va a saber realmente la palabra de Dios [en] sus niveles básicos, porque terminando el instituto no significa que usted aprendió todo y se olvida del asunto. Esto empieza para caminar mejor, para servir mejor.

Un líder no se hace porque se compra tres libros de «Ser líder en 10 lecciones», eso no se hace así. Es un llamado, es una gracia que le pone el Señor en su corazón y en su vida para servir. Cada persona tiene un llamado. Cada persona va a cumplir ese llamado si quiere cumplirlo definitivamente.

Póngase a pensar, si un maestro, un arquitecto, un ingeniero, un doctor, hace 10 años terminó la carrera, a este momento el mundo tecnológico ha cambiado tremendamente. Ya no se construye bajo los mismos lineamientos de hace 10 años, no se opera. La tecnología y las formas han cambiado. Y eso significa que la persona tiene que estar actualizándose constantemente. La persona que realmente en el instituto dio lo mejor de sí, aprendió mucho y salió, pero eso no significa que se acabó todo; este es el inicio.

La Oposición y la Falta de Unidad

¿Qué sucede con nuestra persona en nuestro Víctor?. Víctor estuvo [sin prepararse], mientras que la otra persona juntó semilla, probablemente la limpió para que no estuviese sembrando la semilla malograda. Consiguió material para poder sembrar. Él se tomó un tiempo de prepararse, para que cuando se abrieron las puertas, él ya tenía todo el equipo preparado.

Víctor, al contrario, estaba contento con los tres o cuatro plantitas que crecieron y ni siquiera le dio la gloria a Dios. A veces los líderes nos creemos dueños y señores de los discípulos, entre comillas. Nosotros no somos capaces de compartir con los demás, «Esto es mío, este es mi reino, este es mi pequeño castillo, no me lo va a tocar esa gente que quiere venir y ayudarme a destruir a la plaga».

Yo visito dos, tres, cuatro, cinco iglesias. Yo creo que tengo una docena de pastores muy amigos míos, y escuchen, de todos ellos aprendo un poco. Yo creo que cada lugar es un buen sitio para aprender, no sabemos todo, cada día aprenderemos algo nuevo, cada día mejoraremos en el conocimiento.

El Sembrar en Tiempos de Oportunidad

Hubo un Víctor que no se preparó en este tiempo. Víctor debe de prepararse, debe estar [preparado], ¿por qué? Porque no vamos a ir a cosechar, vamos a ir a sembrar. Así [como] en este momento hay cientos de personas que están [recibiendo] de Dios, Testigos de Jehová también, hay católicos, y de repente católicos más todavía que nosotros. Hay mormones. Cada religión, secta, está aprovechando lo mismo que nosotros en este y en cada instante, están predicando a medio mundo. La única diferencia está en que cuando nosotros salgamos y creemos que tenemos la verdad del evangelio, vamos a ir a sembrar a esa gente que todavía está un poco, como podríamos decir, indecisa y no sabe y tiene muchas veces miedo.

Nosotros tenemos que ir, entonces tenemos que prepararnos. No vamos a ir a cosechar a nadie, vamos a ir a sembrar la palabra. Para sembrar la palabra, usted tiene que prepararse. Prepararse no simplemente en el instituto. Si bajo su ministerio tiene 3, 4, 5, 10, 20 personas, enséñeles. Hay YouTube, un montón de cosas y herramientas que usted puede utilizar para enseñar a esas personas. Siempre que sea la verdad. Yo veo prédicas a cada rato los domingos, en especial. También veo clases de estudio bíblico, también veo clases de danza.

La Necesidad de la Lectura Profunda

¿Te gusta leer? ¿Gozas leyendo o es un suplicio?. Si uno agarra la Biblia y cree que está todo…. A veces nosotros no queremos leer más que todo por el hecho que no nos gusta leer, y eso no debe de ser. Lea, siempre, uno jamás deja de aprender. Pero no compre ese libro que dice: «Hazte un líder exitoso en 20 lecciones», no compre esos libros. Porque quieren [apelar a] tu ego, tu vanidad. Líderes son llamados por Dios. Lo que tiene que hacer es prepararse, porque Dios los va a apoyar y los va a sustentar. Antes de ser un líder, tiene que ser un siervo. Y siendo siervo, te vas a convertir en discípulo, y si te conviertes en discípulo, Él te va a levantar del lugar que tú tienes que estar.

No podemos esperar a que se abran las puertas. No podemos esperar que el pastor nos llame y nos diga: «Este hermano, te va a enseñar en 15 días estas cosas». Usted tiene que estar preparado. Porque si es el maestro, el maestro tiene que estar preparado 365 días al año, 24 horas al día, porque fue llamado para maestro. Si usted le dice a un [líder de] danza: «¿Sabes la rutina de tal cosa?». Pero a nosotros nos dicen: «¿Puedes llevar la clase del sábado?» y supuestamente es un maestro. Entonces algo tiene que cambiar en este tiempo.

Unidad y Cosecha

La gente va a estar dispuesta a escuchar. Pero si pasa el tiempo, la gente se acostumbra, la gente se olvida. Cuando ya las aguas vuelvan a su nivel, muchos, incluyendo nosotros, nos vamos a olvidar. Estos dos sembradores: uno que salió con su café y el otro que salió preparado para sembrar, ¿cuál quiere ser usted?. ¿El que realmente salió, se remangó las mangas y comenzó a hacer su trabajo y empezó a sembrar la semilla?. ¿O el Víctor que simplemente salió con su café?.

Si usted enseña, el crecimiento lo dará Dios. Juan 16:23 dice: «De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidieseis al Padre en Mi nombre, os lo dará«.

Si se acuerda, cuando hubo el derramamiento del Espíritu Santo, ¿cuál fue la característica principal? Que todos estaban unánimes, ¿cierto?. Yo sé que todos están juntos, pero ¿están unánimes? Es una pregunta. Todo lo que pides al Padre sea hecho, pero siempre y cuando estemos en la voluntad de Dios. Entonces, ese es algo que tenemos que lograr: que es la unidad.

Si nosotros llegamos a comprender que la iglesia es un [cuerpo de] Cristo, vamos a comenzar a trabajar en unidad. Si yo no me preparo, no puedo pedir cosechar. Se lo digo por experiencia. Si no sé sembrar, la cosecha no se da. Y si siembro tempestades, imagínense qué voy a cosechar. Piense en todo este tiempo, ¿qué ha estado haciendo para que cuando salga, pueda ir a cosechar?.

Nos vemos en unos días, con otra conversación, nos estamos viendo, comente, comparta y sobre todo prepárese.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Me senté y lloré

Ya es de noche. Como tantas veces, nos reunimos aquí —amigos, hermanos, conocidos y quien quiera acompañarnos— en esta sección que muchos ya identifican: Conversando con una Taza de Café. Un espacio para detenernos un momento y conversar sobre lo que estamos viviendo, aunque a veces preferiríamos olvidarlo.

Vamos empezando.

Siempre me ha gustado iniciar estas charlas recordando a un viejo amigo llamado Nehemías, un hombre que, de alguna forma, se parece un poco a mí. Si usted es lector de la Biblia, recordará lo que le dijeron en Nehemías 1:3: “El remanente… está en gran mal y afrenta.”

Le contaron que su pueblo estaba en problemas. Problemas serios. Y su ayuda era necesaria.

Hoy pasa lo mismo. Tenemos los problemas dentro de casa, dentro de la iglesia, dentro de nuestra propia comunidad. Y mucha gente la está pasando muy mal. La pregunta es: ¿qué está pasando con nosotros?

Te cuento algo que me marcó.

Aquel día me tocó hacer las compras: carne, pollo, verduras (pocas, porque no como muchas). Era la una de la tarde y quería llevar algo a casa para comer, cuando veo a un hermano de la iglesia haciendo cola frente a un lugar católico donde reparten comida.

Crucé para saludarlo. Se puso nervioso, como quien no quiere ser visto. Le dije que fuéramos a comer algo, pero él me contó que ya había pasado por su iglesia:

—Oraron por mí. Me dijeron: “Dios tiene el control. Dios va a suplir.” Y después de la oración, me enviaron a casa… y vino a hacer fila para pedir comida. Porque no tenía nada en casa. En ese instante recordé el versículo que sigue:

“Cuando oí estas palabras, me senté y lloré.”

No sé si alguna vez has recibido una noticia que te golpea tan fuerte que el cuerpo simplemente se rinde. Este hermano estaba haciendo fila para comer; y su iglesia, en vez de suplir su necesidad, le dio una oración y un “Dios te va a ayudar”.

Algo no estaba bien. Algo no encajaba.

Predicamos: “¿Cuándo te dimos de comer? ¿Cuándo te dimos de beber?” Pero ya casi no hablamos de eso. Ahora todo es: “Dios tiene el control.” Sí, Dios tiene el control… pero nosotros somos sus manos.

Muchos han perdido su trabajo. Otros apenas sobreviven. Mientras tanto, hay quienes vivimos el día a día sin grandes problemas. Pero al lado de nuestras casas hay necesidad. Real. Dolorosa. Silenciosa.

Recordé esa frase que tantas veces repetimos sin sentirla: “Me senté y lloré.” Y la convertí en una pregunta: ¿Nosotros… qué sentimos?. Muchas veces, simplemente: nada.

Predicamos del buen samaritano, del que curó heridas y pagó para que el herido fuera cuidado. Pero hoy deberíamos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo nosotros?. No podemos ayudar a todos, pero sí podemos ayudar a uno.. Y si cada uno ayudara a uno… serían muchos.

Una vez escuché a alguien decir: “Si vas a freír dos piezas de pollo… fríe tres. Siempre hay alguien cerca que no tiene qué comer.” Tenía razón.

Es bueno orar por quienes están pasando necesidad. Pero también es bueno ayudar, si podemos. Una señora decía cuando cocinaba frijoles:

“Échale más agua. Que alcance para alguien más.”

Pero nosotros seguimos diciendo: “Dios va a suplir.” Cuando la verdad es que Dios quería suplir… a través de ti. Durante la pandemia gritamos que la casa es la iglesia.

Bien. Entonces pregunto: ¿Qué está haciendo la iglesia desde su casa? ¿Estamos preparando nuestro corazón para cuando llegue la cosecha?

Si eres maestro: ¿estás estudiando? ¿estás leyendo? ¿qué estás preparando para la gente que vendrá?

Porque ese hermano por el que oraron… ¿volverá a su iglesia?. Es bueno orar. Es necesario. Pero también es necesario actuar. Hay gente sin trabajo. Hay gente trabajando y prosperando. Este es el momento de edificar a la iglesia, de servir, de enseñar, de formar discípulos.

Después de llorar, Nehemías oró. Y después de orar, actuó. “Si tienes frijoles… si tienes pollo… si tienes pan… compártelo.” No esperes a Navidad para callar la conciencia regalando un poco de ropa. La necesidad no espera. Especialmente la de los niños.

Y te digo algo que me dolió profundamente: Cuando ese hermano llegó a su casa, estaba su esposa esperándolo. Y su niño. Una familia que tenía hambre.

¿Qué le vamos a decir?

“Dios tiene control de tu hambre” ¿Eso le vamos a decir? Ese día, cuando vi eso, cuando entendí lo que estaba pasando, me senté… y lloré.

Porque en todas partes hay necesidad. Y no solo necesidad de comida: necesidad de Jesús, de compañía, de esperanza, de manos que ayuden.

La iglesia debe prepararse desde las casas. Para servir las mesas. Para ayudar. Para amar.

Somos llamados a servir, no a servirnos. Y hoy, más que nunca, es el tiempo. No mañana. No “cuando todo pase”. Hoy.

Regresaremos con otras reflexiones. Quizás algo cambie. Quizás cambiemos nosotros. Pero puedes dejarnos un comentario.

Vick
Conversando con una Taza de Café
Vick-yoopino
MiVivencia.com

El deseo de una charla que duró todo un día

No supo cuánto tiempo habían estado conversando; solo sabía que empezaron cuando el sol asomaba en el horizonte y que, mientras preparaban un café con croissant y queso crema, las horas habían pasado demasiado rápido. Ya el sol se había ocultado y la noche, oscura y fría, los sacó de aquella conversación que ninguno quería que terminara. Él hablaba un rato, ella otro, pero ambos se escuchaban y respondían. La charla era tan interesante que ni siquiera su amigo canino los distrajo: se acomodó en la almohada de siempre, junto a la cabecera, y se quedó dormido, como si intuyera lo importante de aquello.

Hablaron de historias y recuerdos de la infancia, de tiempos lejanos, de momentos tristes y otros no tanto. Ella le contó sus miedos y sus penas mientras él volvía a preparar otro café. Ella hablaba atropelladamente, queriendo decirlo todo. Volvió a encender el horno y puso los croissant a 375 grados: siete minutos de espera para que quedaran en su punto. Pasaron del comedor a la sala, disputándose los croissant calientes; hablaron de historia, de libros y textos, de juegos de niños, de tristezas de la adolescencia, de frustraciones y de lágrimas, de partidos de fútbol que terminaron en fracaso. Se contaron relatos, se sacudieron las manos con migas, sintiendo que la conversación no encontraba fin.

La tarde se fue y las luces se encendieron solo para que pudieran mirarse a los ojos y seguir intentando escribir su propia historia: frases entrecortadas por temores fundados, palabras apagadas bajo cielos estrellados, verbos y sustantivos unidos por los pronombres que contienen el tú, el yo y el nosotros; adjetivos que califican la vida. Palabras juntas formaban una nueva narración. Al llegar la noche, como suelen llegar las cosas, hubo una caminata hasta la puerta, un beso apasionado y una despedida con tristeza. Él salió tal como había llegado, con su cuaderno en la mano, donde había anotado las palabras que se dijeron durante todo el día, las mismas que habían llenado sus vidas de historias.

Ella cerró la puerta, se sentó en el sofá, dio el último sorbo al café frío y terminó el pedacito de croissant que aún quedaba en la canastilla, soñando con que, al amanecer, volverían a conversar: libreta en mano, lápices en los bolsillos, para continuar la historia que aún guardaban, llena de esperanza. Todo comenzó con cruzar palabras, un café, un croissant y el simple deseo de ser escuchada. Volverán en otro tiempo, pero con el mismo café.

— Vick
Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

El problema del mal y el sufrimiento: ¿Por qué permite Dios el dolor? (2da. Parte).

Posturas filosóficas y teológicas

“A lo largo de la historia, teólogos y filósofos han tratado de explicar la relación entre Dios y el mal. Estas son algunas de las posturas más importantes.”

A lo largo de la historia, tanto la filosofía como la teología han intentado responder a la pregunta del mal, dando lugar a diversas posturas que buscan reconciliar la existencia de Dios con el sufrimiento en el mundo.

1. Posturas teológicas

El mal como consecuencia del pecado: En la tradición cristiana, se considera que el mal entró en el mundo por la caída de Adán y Eva (Génesis 3). Esta visión sugiere que el mal es el resultado del alejamiento de Dios.

El mal como prueba o castigo divino: Algunos textos bíblicos presentan el sufrimiento como una prueba de fe (como en el caso de Job) o como castigo por el pecado (como en el diluvio).

El mal y el libre albedrío: San Agustín argumentó que Dios creó a los seres humanos con libre albedrío, y el mal es el resultado de sus elecciones erradas, no de la voluntad divina.

El mal como parte del plan de Dios: Tomás de Aquino sugirió que el mal puede permitir un bien mayor, y que Dios, en su providencia, puede sacar bien del mal.

2. Posturas filosóficas

El problema lógico del mal: Planteado por filósofos como Epicuro y reformulado por David Hume, cuestiona cómo un Dios omnipotente, omnisciente y benevolente permite la existencia del mal.

La teodicea de Leibniz: Argumenta que vivimos en el “mejor de los mundos posibles” y que el mal es necesario para la existencia del bien y el desarrollo del alma.

El mal como privación del bien: San Agustín propuso que el mal no tiene existencia propia, sino que es la ausencia del bien, de la misma manera que la oscuridad es la ausencia de luz.

El sufrimiento como parte de la evolución humana: En tiempos modernos, algunos han visto el sufrimiento como un proceso natural dentro de la evolución y la existencia humana.

Agustín de Hipona (Siglo IV): El mal como privación del bien

• El mal no es una fuerza creada por Dios, sino la ausencia de bien.

• Dios permite el mal porque dio libre albedrío a los humanos.

Tomás de Aquino (Siglo XIII): El mal como parte del plan divino

• Dios permite el mal porque puede traer un bien mayor.

• Ejemplo: El sufrimiento de Jesús llevó a la salvación de la humanidad.

Postura escéptica moderna: El problema del mal como argumento contra Dios

Voltaire y el terremoto de Lisboa (1755): ¿Cómo puede un Dios bueno permitir un desastre que mata a miles?

Ateísmo post-Holocausto: La existencia del mal extremo (ej. genocidios) parece incompatible con un Dios amoroso.

Pregunta crítica:

• ¿El argumento del mal es la mayor prueba en contra de la existencia de Dios o simplemente una prueba de nuestra falta de comprensión?

Reflexión final

La cuestión del mal sigue siendo un debate abierto. La pregunta clave es: ¿El mal es un misterio sin respuesta, una prueba de fe o una consecuencia natural de la libertad humana?

(Continuará). Dejános un comentario sobre tus pensamientos al respecto de estas posiciones.

Vick
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Vick-yoopino.

El problema del mal y el sufrimiento: ¿Por qué permite Dios el dolor? (1ra. Parte).

“Si Dios es bueno, ¿por qué permite el sufrimiento? Esta pregunta ha atormentado a creyentes y escépticos por siglos. Desde el sufrimiento de Job en el Antiguo Testamento hasta las tragedias del mundo moderno, la cuestión del mal sigue siendo una de las mayores pruebas de fe. ¿Es el dolor parte de un plan divino, un resultado del libre albedrío o una prueba de que Dios no existe?”

Preguntas iniciales:

• ¿El mal es causado por Dios, por la humanidad o por fuerzas externas?

• ¿Cómo han respondido la Biblia y la teología cristiana a esta cuestión?

• ¿El sufrimiento tiene un propósito o es simplemente un error en la creación?

1. La pregunta del mal en la Biblia

“Desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento, la Biblia presenta múltiples perspectivas sobre el mal y el sufrimiento. Pero, ¿nos da una respuesta clara?”

La pregunta del mal en la Biblia se refiere al problema teológico y filosófico de cómo reconciliar la existencia de un Dios bueno y todopoderoso con la presencia del mal y el sufrimiento en el mundo. Esta cuestión ha sido debatida por siglos y tiene diversas respuestas dentro de la tradición cristiana.

Perspectivas bíblicas sobre el mal:

1. El mal como consecuencia del pecado humano: En Génesis, el pecado de Adán y Eva introduce el sufrimiento y la muerte en el mundo (Génesis 3).

2. El mal como prueba o propósito divino: El libro de Job muestra a un hombre justo que sufre, pero cuya fe es probada.

3. El mal y el libre albedrío: En el Nuevo Testamento, se enfatiza que el ser humano es libre para elegir el bien o el mal (Deuteronomio 30:19).

4. El triunfo final sobre el mal: La Biblia promete que el mal será vencido en el juicio final y la creación será restaurada (Apocalipsis 21:4).

Antiguo Testamento: El libro de Job y la justicia divina

• Job, un hombre justo, sufre sin motivo aparente.

• Sus amigos creen que su sufrimiento es castigo por pecado, pero Dios no da una respuesta clara.

• Dios responde con preguntas: ”¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38:4).

Nuevo Testamento: La visión de Jesús sobre el sufrimiento

Juan 9:1-3 → “¿Quién pecó, este hombre o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús responde: “Ni él pecó, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.

• La teología de la cruz: Jesús sufre y muere inocentemente, lo que muestra que el sufrimiento puede tener un propósito redentor.

Reflexión final

El problema del mal sigue siendo una cuestión central en la teología y la fe. La pregunta clave es: ¿Es el mal una prueba, una consecuencia o parte de un plan divino más grande?

Pregunta crítica:

• ¿Dios permite el mal para probar nuestra fe o es simplemente parte de la vida en un mundo caído?

(Continuará). Dejános un comentario sobre tus pensamientos al respecto.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino.

Reseña de la Colección «Patrología» de Johannes Quasten – Tomo IV.

TOMO IV: DEL CONCILIO DE CALCEDONIA (451) A BEDA (735)

Enseñanzas Fundamentales:

Este período se caracteriza por la «consolidación y transmisión» del legado patrístico:

– Síntesis y sistematización del patrimonio doctrinal anterior
– Adaptación del cristianismo a las nuevas realidades político-culturales
– Desarrollo de la literatura en lenguas vernáculas
– Establecimiento de tradiciones litúrgicas locales
– Preservación y transmisión de la cultura clásica

Figuras Destacadas:

Grandes Sistematizadores:

– León Magno (†461): Papa que definió la cristología en Calcedonia, desarrolló la primacía papal, defended la unidad de la Iglesia frente a las invasiones bárbaras

– Gregorio Magno (†604): «Último Padre de la Iglesia», organizador de la liturgia romana, misionero de los pueblos germánicos, autor de obras pastorales fundamentales

Transmisores Culturales:

– Boecio (†524): «Último romano, primer escolástico», traductor de Aristóteles, autor de «La Consolación de la Filosofía»

– Casiodoro (†580): Fundador de bibliotecas monásticas, preservador de manuscritos clásicos

– Isidoro de Sevilla (†636): Enciclopedista, autor de las «Etimologías», sistematizador del saber de la antigüedad tardía

– Beda el Venerable (†735): «Padre de la historia inglesa», cronista y exegeta, representa la culminación de la cultura cristiana anglo-sajona.

Reseña de la Colección «Patrología» de Johannes Quasten – Tomo III.

TOMO III: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA PATRÍSTICA LATINA

Enseñanzas Fundamentales:

Este volumen marca la «madurez teológica de Occidente» y el establecimiento del latín como lengua teológica:

– Síntesis entre fe y cultura clásica
– Desarrollo de la antropología cristiana y la teología de la gracia
– Elaboración de la eclesiología sacramental
– Traducción e interpretación de la Escritura
– Fundamentos de la filosofía cristiana medieval

Figuras Destacadas:

Los Cuatro Grandes Padres Latinos:

– San Jerónimo (†420): «Máximo Doctor en las Sagradas Escrituras», traductor de la Vulgata, erudito políglota. Su obra exegética estableció los fundamentos de la hermenéutica bíblica occidental

– San Ambrosio (†397): Obispo de Milán, teólogo sacramental, reformador litúrgico. Su valor como pastor se manifestó al enfrentar al emperador Teodosio, estableciendo la independencia moral de la Iglesia frente al poder civil.

– San Agustín (†430): Cumbre de la patrística occidental, creador de la primera gran síntesis filosófico-teológica cristiana. Sus contribuciones abarcan:

– Antropología: teoría del conocimiento («crede ut intelligas»)

– Teología de la gracia: refutación del pelagianismo

– Filosofía de la historia: «La Ciudad de Dios»

– Eclesiología: teoría sacramental y disciplina penitencial [Significados]

Otros Autores Relevantes:

– Prudencio (†405): Máximo poeta cristiano latino, creador de la poesía cristiana culta

– Paulino de Nola (†431): Aristocrata convertido, modelo de renuncia cristiana y amistad espiritual

Una mesa, un cappuccino, y tú sin avisar

Quería sentarme y tomar un cappuccino, un pan dulce y simplemente escribir.

Dejarme llevar por las palabras en este nuevo rincón: un cafetín japonés descubierto en caminatas de a uno, de pasos perdidos y soledades encontradas.

Se sentó al frente. Le quise pedir un café, pero se adueñó del mío.

—Nunca faltas —le dije—. Nunca dices no. Con tu sonrisa, con un beso, conmigo.
Llegas sin que te llame, con tu única palabra preferida:

“Aquí estoy.”

Y me puse a escribir… sobre compañías efímeras, de pasos acompasados, en un mediodía que llega sin apuro. Comenzamos así a redactar la historia de un cappuccino cremoso y una donna rellena de crema dulce que ayuda a avanzar en este café, que huele a pan recién horneado, con sabores imposibles y colores inventados.

Pan con fideos. Hamburguesas envueltas en arroz. Camarones dulces. Fruta salada. Todo acompañado por infinidad de tipos de té. El lugar ideal para conversar entre paredes de cristal y sillas que flotan en el aire de lo encontrado. Puertas que se cierran en tiempos de frío.

Y un sol que, aunque brilla, no calienta… a pesar de haberle rogado que lo hiciera, que calentara hasta las ideas. Aun así, mi lapicero sigue rasgando el papel. Dejando entre rayas azules un epitafio de marcha forzada.

Una forma más —y quizás la más honesta— de poder avanzar.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.

Lucho contra la muerte y le ganó

Parte 2: El regreso al castillo

Al día siguiente se levantó.
Dolorido. Con el cuerpo roto y el alma agotada. Pero de pie. Caminó hacia su pequeño castillo. Porque un caballero jamás muestra dolor. Ni cansancio. Mucho menos angustia. Arrastraba la lanza. Se apoyaba con dificultad. Cada paso era una batalla. Hasta el aire dolía. Y sin embargo, avanzaba.

Envuelto en sus pertrechos. Acompañado por su fiel Kiba. El único que había estado en todas las batallas. El único que no juzga. Ni habla. Ni abandona.

Se sentó. Tarareó una vieja canción:

“Estuve sentado en el puente,
de la barca que lleva a la muerte.
Vino ella, le jugué mi vida…
y le gané.”

Una y otra vez. Sonreía entre dolores. Entre cicatrices que ardían al recordarse. Y así… día tras día, se fue levantando de las heridas. Como un ave fénix que no solo sobrevive: vuelve con más fuego.

Quiso presentarse como caballero ante la princesa. Rendirle honores. Mostrarle que había vencido. Pero ella no llegó. Entonces, comprendió. Tomó su pluma como espada. Su mochila como casco. Y entre sus libros encontró el escudo que lo había protegido en mil batallas. Cerró su iPad. Ese que guardaba sus razones para luchar. Se quitó el reloj. Ya no necesitaba saber qué hora era en el pasado. Regresó a sus aposentos.

Dejó que sus cicatrices sanaran solas. Sin prisa. Como testigos mudos de las trampas, las razones, y las heridas mal alineadas. Abrió su cuaderno de historias. Rasgó las últimas páginas en blanco. No quería escribir nada más allí. No en esa historia.

Fue a la chimenea. La misma donde una vez veló sus armas. Y empezó a quemarlas. No por odio. Sino por libertad. Ya no habría más batallas. Ni más recuerdos de Don Quijote ni Dulcinea. Los molinos ya habían caído uno a uno. Para el final dejó su bandera. Esa máscara de tinieblas que alguna vez lo protegió. La dobló con ternura. Y la dejó caer en medio de la leña. La vio hacerse cenizas.

Miró alrededor. Tomó una copa de café. Sonrió a la mañana que clareaba. Agarra su cámara. Se pone los lentes. Sus pertrechos de siempre. Y sin batallas en el horizonte, salió en busca de su compañera eterna: esa que olvida derrotas y espera en silencio el próximo encuentro.

Porque ya no habrá lucha. Ni desafío. Solo caminará hasta el puente. Y guiará la barca… hasta el palacio donde habita la muerte. Y gritará desde la puerta:

“No tienes que venir por mí: aquí estoy.”

Y en la noche oscura,
su fiel Kiba aulló.

Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino

Lucho contra la muerte y le ganó (Parte 1)

Parte 1: La última batalla

Hay historias que se escriben con tinta. Otros con sangre. Y algunas… con café caliente, cicatrices mal cosidas y un perro fiel al costado.

Esta no es una metáfora. Es mi historia. O mejor dicho, la del caballero que fui el día que enfrente mi última batalla. Una operación vida o muerte, una decisión silenciosa, una salida prohibida del hospital para volver a casa a alimentar a mi perro, y un epílogo que jamás pensé compartir… hasta hoy.

Esta crónica viene en dos partes. Ambas son ciertas. Ambas fueron escritas desde el alma. Y hoy las comparto contigo, que alguna vez también luchaste en silencio.

Bienvenidos a mi historia.
Soy Vick. Y esta es… Mi Vivencia

Una historia de la vida real.

Durante años luchó en silencio. Mil batallas. Perdía algunas, otras las empezaba sin terminar, pero jamás salió corriendo ni se dio en retirada. Volvía a la carga, y a veces las volvía a perder… para pelear de nuevo y ganarlas entre gallos y medianoche. Mes tras mes, año tras año.

Llevaba en su cuerpo las marcas: espadas que cortaron pecho y hombro, cuchilladas a destajo entre brazo y cintura. Heridas que no escondía. Las peleaba todas como si cada una fuera la última. Porque sí… pudo ser cualquiera.

Y muchas veces, solo. Entre noches oscuras, lluvias sordas y silencios largos, lloró. Pero en voz baja.

Los caballeros de rancia armadura no lloran en voz alta. Se curan las heridas con su propia saliva. Escupen sobre la carne abierta, y la sangre… la sangre solo sirve para endurecer el cuero y dejar al caballero curtido. El dolor se va quedando atrás.

Y junto a su perro —ese fiel compañero de silencios—, limpiaba su espada y remendaba su escudo. Maltrecho en la vuelta. Deshecho en el retorno. Pero jamás recibió un golpe en la espalda.

Salvo las palabras.

Esas, que son cuchillos lanzados por los que piensan diferente. Por los que no luchan, pero agachan la cabeza ante el amo.
Aun así… ni eso le quitaba el sueño. Porque todas las heridas verdaderas —las que marcan— las recibió de frente. En el pecho. En el casco. En el alma.

Su bandera, alguna vez, flameó como emblema entre luchas. Luego volvía hecha trapo, envuelta en su cuerpo, como si fuera vendaje untado con ungüento milagroso.

Pero el día había de llegar. La batalla final. Y llegó. Sonrió. Miró al cielo. Veló toda la noche sus armas. Sacó filo a su espada. Se armó de valor. Noche fría. Neblina. Amenaza de lluvia triste.

Levantó su copa de café caliente en señal de tributo… a todos aquellos que, ante el infortunio, perdieron su última batalla. Se enfrentó solo. Sin sirviente. Sin escudero. Sin padrino. Un duelo entre dos. Una lucha sin cuartel. Uno quedaría.
Y del otro… solo quedaría el recuerdo.

Bajo luces de neón, con un robot quirúrgico como enemigo y un equipo de desconocidos como aliados, se inició el combate.

Muchos le gritaban:
—¡Es una pelea sin sentido! ¡No vale la pena!
—¡Ni siquiera peleas por un sueño!

Pero él, dentro de su casco, los miraba con desprecio. Como quien sabe quién es. Como quien ya no necesita justificarse. Las horas pasaron. La herida quedó abierta. El cuerpo, adolorido. Pero jamás herido por la espalda. Y tras más de seis horas…

…despertó. Los que lo vieron sonrieron.
—Ganaste la batalla —le dijeron—. Es tuya la victoria.

Le preguntaron cómo se sentía. Cómo se encontraba. Y el caballero, aún adolorido, pidió su café. Y un steak. Y papitas fritas.

—Si no morí en la lucha —dijo—, entonces soy inmortal.
Y se quedó dormido otra vez…
con una sonrisa rota…
pero intacto.

Continuará Parte 2 – El regreso al Castillo.