Preparándonos para la Cosecha

Este va a ser un tiempo interesante, por lo menos para mí es interesante. Me gustaría que vaya a lo que es Lucas 8, vamos a ver un pedacito del versículo 5, nada más, que dice Lucas 8, versículo 5: «El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino y fue hallada y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre piedras. Otra parte cayó sobre buena tierra». Pero mucho se ha hablado de la segunda parte.

Se hablaba justamente de la semilla que caía en diferentes tipos de tierra, pero yo quiero hablar un ratito en qué pasó con el sembrador. Nadie habla del sembrador. El mismo Señor solamente habla en la Palabra de todos los procesos que pasó la semilla en los diferentes lugares o tipos de tierra que cayó, pero yo quiero dedicarme a una persona, y esa persona es el sembrador. Y para esto les voy a contar una historia. Esta historia, yo me divertí cuando la hice, espero que ustedes la pasen bien.

La Historia de Víctor y el Vecino

Volvamos por unos instantes a los tiempos de la pandemia y a esos meses en que nadie salía a la calle. Va a llegar un momento en que más tiempo pase, y en un determinado día van a decir: «Bueno, las puertas van a estar abiertas, vamos a salir». Yo leí esto como el Señor de la Mies, es el que abre las puertas y un día abre la puerta. Y hay un Víctor, café en mano, su sombrerito, mochila al hombro y su canasta. El Señor de la Mies le dice: «¿Qué estás haciendo, Vítor?». Vi a otra persona, con su gorro, con su sombrero. Está preparado con sus botas, su ropa de trabajo. Tiene una barra, así como esas de metal como para hacer huecos en el piso, tienen las bolsas y tienen unos tanques o galones de agua, una cosa de esas. Entonces se dirige este señor, este vecino, que supuestamente es el hombre que salió también igual que Víctor, a la calle.

Y le decía el Señor de la Mies: «Ahora, ¿dónde vas a sembrar?». Y el Señor de la Mies le dice: «En su campo voy a sembrar». Entonces este [vecino] agarra lo que en mi país creo que se llama una barreta, hace un hueco, mete semilla, otro hueco, mete semilla y así va sembrando todo el campo. Cuando termina el campo viene donde el Señor de la Mies. Y el Señor de la Mies le dice: «Mira, aquí entró terreno que era de este [Víctor], pero [Víctor] está con su café, con su croissant, su mochila y no tiene absolutamente nada para sembrar».

Entonces este amigo, en el momento que está pasando, deja caer tres o cuatro semillas a los pies de Víctor, y Víctor las pisa como es su costumbre. Y [el vecino] sigue sembrando y empieza a sembrar, y siembra todo el campo que supuestamente era para Víctor, que realmente a Víctor lo único que hizo fue salir con su café. Pasa el tiempo y comenzaban a germinar esas plantitas, inclusive la que se cayeron al lado de Víctor también empiezan a germinar. Entonces este señor, el vecino nuestro, sale con una manguera y empieza a fumigar. Pasa por mi costado y me dice: «Oye, este [campo] tiene plaga, y la langosta…». Yo le digo: «No me toques, no me toques a mis cuatro plantitas, déjamelas tranquilas ahí donde están. Están bien». Este señor se va y empieza a fumigar en su campo, en el otro campo que tenía. Porque en el momento que va creciendo, si empieza a crecer como les dé la gana, no hay que cuidarlas. Pero como buen Víctor, dice: «No, no, esto va a crecer así, porque crece».

El Llamado y la Necesidad de Preparación

¿Y qué tiene que ver esto con lo que estamos hablando, con lo que estamos viviendo? Algo bien simple. Usted, en la posición que esté dentro de su iglesia, tiene un llamado. Y su mayor llamado es servir a Dios. Pero si usted se acordara, en Efesios 4:11 dice: «Y Él mismo constituyó profetas, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros». Ahora le voy a hacer una pregunta: Las personas tienen dos opciones, o responden, sí, o responden con ese llamado. Después de eso, ¿qué se hace? Si responde que sí, tiene que prepararse.

Normalmente es un trabajo. Si hablamos de Nehemías, Nehemías tuvo ese trabajo, fue llamado por Dios para hacer un trabajo. Jonás, a pesar de todos los problemas que hizo, fue comisionado para hacer un trabajo. Pablo, con todo lo que [hizo], hizo un trabajo. Después de que uno sabe que ha sido llamado debe dar una respuesta, y esa respuesta es prepararse.

Ahora, algunos dicen: «No, yo no necesito más que mi Biblia, y de aquí saco todo». Pero otros van al instituto, a la escuela bíblica o a la universidad, o compra buenos libros. Pero quiero decirles una cosa, y eso sí, aquí quiero que me comprendan: el instituto o la universidad da conocimiento, pero no da el llamado. No porque usted o yo vayamos al instituto, somos pastores, o somos profetas, o lo que sea.

Somos, muchos, creo que seremos siervos con un poco más de conocimiento, aprendices de siervo. Es bueno ir a un instituto. Y hay de institutos e institutos, pero es bueno porque usted va a tener cierto conocimiento. Cuando salga de él, va a saber realmente la palabra de Dios [en] sus niveles básicos, porque terminando el instituto no significa que usted aprendió todo y se olvida del asunto. Esto empieza para caminar mejor, para servir mejor.

Un líder no se hace porque se compra tres libros de «Ser líder en 10 lecciones», eso no se hace así. Es un llamado, es una gracia que le pone el Señor en su corazón y en su vida para servir. Cada persona tiene un llamado. Cada persona va a cumplir ese llamado si quiere cumplirlo definitivamente.

Póngase a pensar, si un maestro, un arquitecto, un ingeniero, un doctor, hace 10 años terminó la carrera, a este momento el mundo tecnológico ha cambiado tremendamente. Ya no se construye bajo los mismos lineamientos de hace 10 años, no se opera. La tecnología y las formas han cambiado. Y eso significa que la persona tiene que estar actualizándose constantemente. La persona que realmente en el instituto dio lo mejor de sí, aprendió mucho y salió, pero eso no significa que se acabó todo; este es el inicio.

La Oposición y la Falta de Unidad

¿Qué sucede con nuestra persona en nuestro Víctor?. Víctor estuvo [sin prepararse], mientras que la otra persona juntó semilla, probablemente la limpió para que no estuviese sembrando la semilla malograda. Consiguió material para poder sembrar. Él se tomó un tiempo de prepararse, para que cuando se abrieron las puertas, él ya tenía todo el equipo preparado.

Víctor, al contrario, estaba contento con los tres o cuatro plantitas que crecieron y ni siquiera le dio la gloria a Dios. A veces los líderes nos creemos dueños y señores de los discípulos, entre comillas. Nosotros no somos capaces de compartir con los demás, «Esto es mío, este es mi reino, este es mi pequeño castillo, no me lo va a tocar esa gente que quiere venir y ayudarme a destruir a la plaga».

Yo visito dos, tres, cuatro, cinco iglesias. Yo creo que tengo una docena de pastores muy amigos míos, y escuchen, de todos ellos aprendo un poco. Yo creo que cada lugar es un buen sitio para aprender, no sabemos todo, cada día aprenderemos algo nuevo, cada día mejoraremos en el conocimiento.

El Sembrar en Tiempos de Oportunidad

Hubo un Víctor que no se preparó en este tiempo. Víctor debe de prepararse, debe estar [preparado], ¿por qué? Porque no vamos a ir a cosechar, vamos a ir a sembrar. Así [como] en este momento hay cientos de personas que están [recibiendo] de Dios, Testigos de Jehová también, hay católicos, y de repente católicos más todavía que nosotros. Hay mormones. Cada religión, secta, está aprovechando lo mismo que nosotros en este y en cada instante, están predicando a medio mundo. La única diferencia está en que cuando nosotros salgamos y creemos que tenemos la verdad del evangelio, vamos a ir a sembrar a esa gente que todavía está un poco, como podríamos decir, indecisa y no sabe y tiene muchas veces miedo.

Nosotros tenemos que ir, entonces tenemos que prepararnos. No vamos a ir a cosechar a nadie, vamos a ir a sembrar la palabra. Para sembrar la palabra, usted tiene que prepararse. Prepararse no simplemente en el instituto. Si bajo su ministerio tiene 3, 4, 5, 10, 20 personas, enséñeles. Hay YouTube, un montón de cosas y herramientas que usted puede utilizar para enseñar a esas personas. Siempre que sea la verdad. Yo veo prédicas a cada rato los domingos, en especial. También veo clases de estudio bíblico, también veo clases de danza.

La Necesidad de la Lectura Profunda

¿Te gusta leer? ¿Gozas leyendo o es un suplicio?. Si uno agarra la Biblia y cree que está todo…. A veces nosotros no queremos leer más que todo por el hecho que no nos gusta leer, y eso no debe de ser. Lea, siempre, uno jamás deja de aprender. Pero no compre ese libro que dice: «Hazte un líder exitoso en 20 lecciones», no compre esos libros. Porque quieren [apelar a] tu ego, tu vanidad. Líderes son llamados por Dios. Lo que tiene que hacer es prepararse, porque Dios los va a apoyar y los va a sustentar. Antes de ser un líder, tiene que ser un siervo. Y siendo siervo, te vas a convertir en discípulo, y si te conviertes en discípulo, Él te va a levantar del lugar que tú tienes que estar.

No podemos esperar a que se abran las puertas. No podemos esperar que el pastor nos llame y nos diga: «Este hermano, te va a enseñar en 15 días estas cosas». Usted tiene que estar preparado. Porque si es el maestro, el maestro tiene que estar preparado 365 días al año, 24 horas al día, porque fue llamado para maestro. Si usted le dice a un [líder de] danza: «¿Sabes la rutina de tal cosa?». Pero a nosotros nos dicen: «¿Puedes llevar la clase del sábado?» y supuestamente es un maestro. Entonces algo tiene que cambiar en este tiempo.

Unidad y Cosecha

La gente va a estar dispuesta a escuchar. Pero si pasa el tiempo, la gente se acostumbra, la gente se olvida. Cuando ya las aguas vuelvan a su nivel, muchos, incluyendo nosotros, nos vamos a olvidar. Estos dos sembradores: uno que salió con su café y el otro que salió preparado para sembrar, ¿cuál quiere ser usted?. ¿El que realmente salió, se remangó las mangas y comenzó a hacer su trabajo y empezó a sembrar la semilla?. ¿O el Víctor que simplemente salió con su café?.

Si usted enseña, el crecimiento lo dará Dios. Juan 16:23 dice: «De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidieseis al Padre en Mi nombre, os lo dará«.

Si se acuerda, cuando hubo el derramamiento del Espíritu Santo, ¿cuál fue la característica principal? Que todos estaban unánimes, ¿cierto?. Yo sé que todos están juntos, pero ¿están unánimes? Es una pregunta. Todo lo que pides al Padre sea hecho, pero siempre y cuando estemos en la voluntad de Dios. Entonces, ese es algo que tenemos que lograr: que es la unidad.

Si nosotros llegamos a comprender que la iglesia es un [cuerpo de] Cristo, vamos a comenzar a trabajar en unidad. Si yo no me preparo, no puedo pedir cosechar. Se lo digo por experiencia. Si no sé sembrar, la cosecha no se da. Y si siembro tempestades, imagínense qué voy a cosechar. Piense en todo este tiempo, ¿qué ha estado haciendo para que cuando salga, pueda ir a cosechar?.

Nos vemos en unos días, con otra conversación, nos estamos viendo, comente, comparta y sobre todo prepárese.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino
-MiVivencia.com

Me senté y lloré

Ya es de noche. Como tantas veces, nos reunimos aquí —amigos, hermanos, conocidos y quien quiera acompañarnos— en esta sección que muchos ya identifican: Conversando con una Taza de Café. Un espacio para detenernos un momento y conversar sobre lo que estamos viviendo, aunque a veces preferiríamos olvidarlo.

Vamos empezando.

Siempre me ha gustado iniciar estas charlas recordando a un viejo amigo llamado Nehemías, un hombre que, de alguna forma, se parece un poco a mí. Si usted es lector de la Biblia, recordará lo que le dijeron en Nehemías 1:3: “El remanente… está en gran mal y afrenta.”

Le contaron que su pueblo estaba en problemas. Problemas serios. Y su ayuda era necesaria.

Hoy pasa lo mismo. Tenemos los problemas dentro de casa, dentro de la iglesia, dentro de nuestra propia comunidad. Y mucha gente la está pasando muy mal. La pregunta es: ¿qué está pasando con nosotros?

Te cuento algo que me marcó.

Aquel día me tocó hacer las compras: carne, pollo, verduras (pocas, porque no como muchas). Era la una de la tarde y quería llevar algo a casa para comer, cuando veo a un hermano de la iglesia haciendo cola frente a un lugar católico donde reparten comida.

Crucé para saludarlo. Se puso nervioso, como quien no quiere ser visto. Le dije que fuéramos a comer algo, pero él me contó que ya había pasado por su iglesia:

—Oraron por mí. Me dijeron: “Dios tiene el control. Dios va a suplir.” Y después de la oración, me enviaron a casa… y vino a hacer fila para pedir comida. Porque no tenía nada en casa. En ese instante recordé el versículo que sigue:

“Cuando oí estas palabras, me senté y lloré.”

No sé si alguna vez has recibido una noticia que te golpea tan fuerte que el cuerpo simplemente se rinde. Este hermano estaba haciendo fila para comer; y su iglesia, en vez de suplir su necesidad, le dio una oración y un “Dios te va a ayudar”.

Algo no estaba bien. Algo no encajaba.

Predicamos: “¿Cuándo te dimos de comer? ¿Cuándo te dimos de beber?” Pero ya casi no hablamos de eso. Ahora todo es: “Dios tiene el control.” Sí, Dios tiene el control… pero nosotros somos sus manos.

Muchos han perdido su trabajo. Otros apenas sobreviven. Mientras tanto, hay quienes vivimos el día a día sin grandes problemas. Pero al lado de nuestras casas hay necesidad. Real. Dolorosa. Silenciosa.

Recordé esa frase que tantas veces repetimos sin sentirla: “Me senté y lloré.” Y la convertí en una pregunta: ¿Nosotros… qué sentimos?. Muchas veces, simplemente: nada.

Predicamos del buen samaritano, del que curó heridas y pagó para que el herido fuera cuidado. Pero hoy deberíamos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo nosotros?. No podemos ayudar a todos, pero sí podemos ayudar a uno.. Y si cada uno ayudara a uno… serían muchos.

Una vez escuché a alguien decir: “Si vas a freír dos piezas de pollo… fríe tres. Siempre hay alguien cerca que no tiene qué comer.” Tenía razón.

Es bueno orar por quienes están pasando necesidad. Pero también es bueno ayudar, si podemos. Una señora decía cuando cocinaba frijoles:

“Échale más agua. Que alcance para alguien más.”

Pero nosotros seguimos diciendo: “Dios va a suplir.” Cuando la verdad es que Dios quería suplir… a través de ti. Durante la pandemia gritamos que la casa es la iglesia.

Bien. Entonces pregunto: ¿Qué está haciendo la iglesia desde su casa? ¿Estamos preparando nuestro corazón para cuando llegue la cosecha?

Si eres maestro: ¿estás estudiando? ¿estás leyendo? ¿qué estás preparando para la gente que vendrá?

Porque ese hermano por el que oraron… ¿volverá a su iglesia?. Es bueno orar. Es necesario. Pero también es necesario actuar. Hay gente sin trabajo. Hay gente trabajando y prosperando. Este es el momento de edificar a la iglesia, de servir, de enseñar, de formar discípulos.

Después de llorar, Nehemías oró. Y después de orar, actuó. “Si tienes frijoles… si tienes pollo… si tienes pan… compártelo.” No esperes a Navidad para callar la conciencia regalando un poco de ropa. La necesidad no espera. Especialmente la de los niños.

Y te digo algo que me dolió profundamente: Cuando ese hermano llegó a su casa, estaba su esposa esperándolo. Y su niño. Una familia que tenía hambre.

¿Qué le vamos a decir?

“Dios tiene control de tu hambre” ¿Eso le vamos a decir? Ese día, cuando vi eso, cuando entendí lo que estaba pasando, me senté… y lloré.

Porque en todas partes hay necesidad. Y no solo necesidad de comida: necesidad de Jesús, de compañía, de esperanza, de manos que ayuden.

La iglesia debe prepararse desde las casas. Para servir las mesas. Para ayudar. Para amar.

Somos llamados a servir, no a servirnos. Y hoy, más que nunca, es el tiempo. No mañana. No “cuando todo pase”. Hoy.

Regresaremos con otras reflexiones. Quizás algo cambie. Quizás cambiemos nosotros. Pero puedes dejarnos un comentario.

Vick
Conversando con una Taza de Café
Vick-yoopino
MiVivencia.com

El deseo de una charla que duró todo un día

No supo cuánto tiempo habían estado conversando; solo sabía que empezaron cuando el sol asomaba en el horizonte y que, mientras preparaban un café con croissant y queso crema, las horas habían pasado demasiado rápido. Ya el sol se había ocultado y la noche, oscura y fría, los sacó de aquella conversación que ninguno quería que terminara. Él hablaba un rato, ella otro, pero ambos se escuchaban y respondían. La charla era tan interesante que ni siquiera su amigo canino los distrajo: se acomodó en la almohada de siempre, junto a la cabecera, y se quedó dormido, como si intuyera lo importante de aquello.

Hablaron de historias y recuerdos de la infancia, de tiempos lejanos, de momentos tristes y otros no tanto. Ella le contó sus miedos y sus penas mientras él volvía a preparar otro café. Ella hablaba atropelladamente, queriendo decirlo todo. Volvió a encender el horno y puso los croissant a 375 grados: siete minutos de espera para que quedaran en su punto. Pasaron del comedor a la sala, disputándose los croissant calientes; hablaron de historia, de libros y textos, de juegos de niños, de tristezas de la adolescencia, de frustraciones y de lágrimas, de partidos de fútbol que terminaron en fracaso. Se contaron relatos, se sacudieron las manos con migas, sintiendo que la conversación no encontraba fin.

La tarde se fue y las luces se encendieron solo para que pudieran mirarse a los ojos y seguir intentando escribir su propia historia: frases entrecortadas por temores fundados, palabras apagadas bajo cielos estrellados, verbos y sustantivos unidos por los pronombres que contienen el tú, el yo y el nosotros; adjetivos que califican la vida. Palabras juntas formaban una nueva narración. Al llegar la noche, como suelen llegar las cosas, hubo una caminata hasta la puerta, un beso apasionado y una despedida con tristeza. Él salió tal como había llegado, con su cuaderno en la mano, donde había anotado las palabras que se dijeron durante todo el día, las mismas que habían llenado sus vidas de historias.

Ella cerró la puerta, se sentó en el sofá, dio el último sorbo al café frío y terminó el pedacito de croissant que aún quedaba en la canastilla, soñando con que, al amanecer, volverían a conversar: libreta en mano, lápices en los bolsillos, para continuar la historia que aún guardaban, llena de esperanza. Todo comenzó con cruzar palabras, un café, un croissant y el simple deseo de ser escuchada. Volverán en otro tiempo, pero con el mismo café.

— Vick
Conversando con una Taza de Cafe
-Vick-yoopino

La historia oculta del cristianismo – ¿Por qué contar esta historia?

Por Vick-yoopino

Hace algunos años, durante el tiempo de la pandemia, realicé cerca de cien videos sobre la Biblia. Eran reflexiones que buscaban algo más que respuestas: buscaban preguntas.

Preguntas incómodas, necesarias. Preguntas que nos hicieran pensar si el camino que hemos seguido como creyentes, como iglesias, como cultura, era realmente el correcto.

Esa experiencia me dejó con un deseo más profundo: crear una serie que no fuera solo predicación o estudio bíblico tradicional, sino una especie de aula abierta. Un espacio de conversación, aprendizaje y reflexión sobre la historia del cristianismo —desde los apóstoles hasta el día de hoy.

Porque sí, se nos habla de fe, de amor, de salvación… pero ¿cuánto se dice sobre las persecuciones? ¿Sobre el rol de Constantino? ¿Sobre los Padres de la Iglesia y sus profundas diferencias teológicas? ¿Sobre las divisiones, las guerras, los concilios, el papado, la Reforma y todas las pequeñas y grandes grietas que convirtieron a una fe unificada en miles de denominaciones fragmentadas?

Y entonces aparece la gran paradoja:

Muchos líderes religiosos consideran que enseñar historia es innecesario.
Dicen que “a los hermanos no les interesa”, o incluso preguntan “¿para qué sirve?”.

Pero el resultado está a la vista:

Nuestra gente lee poco, estudia menos, y vive encerrada en un ciclo de creencias donde la única consigna es “solo la Biblia” —sin contexto, sin historia, sin contraste.
Y así, como dice el texto bíblico: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento”.
Eso me llevó a abandonar la idea de enseñar en un aula. Pero no el deseo de compartir.

Así nace esta serie: La historia oculta del cristianismo.

Una serie que no pretende imponer, sino invitar.
No pretende tener todas las respuestas, pero sí provocar las preguntas correctas.
Una serie que incomoda, que indaga, que se atreve a decir lo que a veces desde los púlpitos se prefiere callar.

Costó más de lo previsto.

La vida, los tiempos, las circunstancias.
Los vecinos que vienen taladrando hasta el infierno y mi madre que desea almorzar a media noche.

Pero aquí estamos.

Y no nos detendremos, porque ya se están trabajando nuevas series que vendrán después.
Solo acompáñanos, comparte, y prepárate para mirar con otros ojos eso que creías conocer.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

El quizás

A veces la vida nos devuelve aquello que creíamos perdido, pero no igual… sino distinto, más callado, más consciente, como si el tiempo lo hubiese pulido con lágrimas, silencios y ausencias.

Ayer hemos vuelto a hablar.

Entre las palabras, tímidas al principio, se coló un suspiro, una sonrisa, y esa sensación que no se puede explicar del todo: la del quizás.

Y quise decirte —aunque el corazón hablaba más que la voz— que tus lágrimas de aquella despedida, frente a la reja blanca, aún no se han borrado.

Cada vez que las recuerdo, vuelvo a sentir el peso de ese adiós, el sonido del portón cerrándose, y la distancia creciendo entre nosotros.

Aquellas lágrimas, sin saberlo, se quedaron sembradas en la memoria… y una vez más al reencontrarnos, florecieron en este quizás.

Quizás no sea como antes, ni falta que hace.
Quizás esta vez caminemos más despacio, con menos promesas y más verdad.
Quizás el miedo no sea un enemigo, sino un recordatorio de que lo que sentimos vale la pena intentar.

Hay algo en el “quizás” que late distinto.

No es certeza ni despedida.

Es un puente hecho de esperanza, construido con cuidado, palabra a palabra, como quien enciende una vela en medio de la noche sin saber si habrá viento.

Quizás venga.

Quizás el destino vuelva a cruzar nuestras vidas.

Y quizás, solo quizás… esta vez sea para quedarse.

Vick
Conversando con una Taza de Café
-Vick-yoopino

Después del silencio

Han pasado los días más difíciles. El silencio se ha vuelto parte de la casa, y en medio de él, empiezo a entender que el amor no termina con la partida.

Ella está ahí, en cada rincón, en el eco de su voz, en la manera en que el sol entra por la ventana y toca el sillón donde solía sentarse.

A su lado, en algún rincón invisible, sigue también Kiba, mi compañero fiel, con esa mirada serena que parecía entenderlo todo sin decir una palabra.

Ahora los dos descansan, y aunque la ausencia duele, queda la certeza de que el amor que dieron no se ha ido.

Sigue aquí, transformado en memoria, en fuerza, en una paz que de a pocos regresa.

No hay despedidas cuando el amor ha echado raíces tan hondas.

Solo una pausa, una distancia breve entre el cielo y el corazón.

Después del silencio… queda el amor.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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Cerrando tras de sí la puerta

Era una mañana cualquiera. Salió de casa como quien no quiere decir adónde va, con su vieja mochila al hombro. Dentro, lo de siempre: la laptop, los audífonos, algo de música… y esta vez también llevaba algo más pesado: las ilusiones, los nervios, el miedo, la esperanza. Esa mezcla inexplicable que lo había mantenido despierto toda la noche.

Ese día no hubo café en Starbucks, ni croissant con queso crema. Nada de rutinas. Iba con el corazón latiendo más fuerte de lo habitual, como si supiera que el encuentro que se avecinaba no era uno cualquiera. Parecía que el tráfico conspiraba contra él. Todo iba más lento. Pero no importaba. Él avanzaba igual, impulsado por algo más fuerte que la costumbre.

Ya rondaba los cincuenta, pero algo en él se sentía joven otra vez. ¿Era amor? ¿Ilusión? ¿Un último intento por creer? No lo sabía. Solo sabía que llevaba demasiado tiempo acompañado por una fiel y silenciosa compañera: la soledad. A veces la comprendía, otras no. Pero siempre estaba allí, sentada frente a él en cada café, mirándolo mientras escribía historias de desamor y de esperanza. Soledad que hoy, por primera vez en años, parecía desvanecerse.

No recordaba exactamente cuándo empezó todo. Solo sabía que un día ella dejó de ser solo una amiga. Al principio, sus conversaciones eran largas, intensas, llenas de ideas. Ella hablaba de teorías, de invenciones, de mañanas frías y tardes soleadas. Él la escuchaba fascinado. Y su corazón, sin pedir permiso, empezó a moverse. Pero calló. Porque era una dama. Porque tenía pareja. Porque él también tenía un hogar al que regresaba cada noche, aunque no con muchas ganas.

Así pasó el tiempo. Semanas, meses. La miraba en silencio, deseando que sus ojos pudieran decirle todo. Pero no. El miedo a perder lo poco que tenía lo hacía mudo. Entonces, enterró sus sentimientos. O al menos, eso creyó. Pero cada vez que la veía, su amor volvía, indomable, intacto.

Hasta que un día, ella también empezó a escribir. Al principio con timidez. Después, con emoción. Entre miedos y mensajes borrados, los textos comenzaron a decir lo que los labios no podían. Y cuando él recibió ese primer mensaje, algo explotó en su pecho. El viejo amor que creía olvidado se encendió de nuevo. Y esta vez, parecía que era correspondido.

Ella tenía miedo. Él también. Pero empezaron a quererse. A reconocerse. A imaginar que, quizás, aún quedaba tiempo. Que la vida aún podía ofrecer algo más que rutina y resignación.

Hoy, él va camino a verla. A encontrarse con ella a solas por primera vez en mucho tiempo. La emoción lo desborda. Lo invade una tristeza dulce, una alegría contenida, una esperanza nueva. Sabe que es complicado. Que hay heridos en el camino. Que hay reglas no escritas que están a punto de romper. Pero también sabe que esta vez no quiere callar más.

Estaciona. Ella le pregunta por mensaje dónde está. Él responde: “En la esquina, ya llegué”. Ella baja, camina unos pasos delante de él sin decir palabra. Suben al ascensor como dos desconocidos. Cuando llegan, ella abre la puerta, entra… y la deja entreabierta.

Él se queda quieto un instante. Toma aire. Guarda el teléfono como si acabara de escribir el mensaje más importante de su vida. Y entonces cruza el umbral, temblando de emoción, de miedo, de amor.

La ve, la abraza…
y cerrando tras de sí la puerta, empieza una nueva historia.

Vick
Conversando con una Taza de Café.
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Dos velas que se apagan

Las discrepancias con mi madre han sido duras. Su ego, sus miedos, su vanidad y sus creencias siempre chocaron con los míos. La vida juntos se volvió complicada, llena de tensiones. Y sin embargo, aquí estamos, al final del camino.

Hoy le dije, casi en tono de confesión:

—Madre, después de todo, al final te vienes saliendo con la tuya. Por tus achaques ya no puedo salir a la calle. Solo me queda quedarme a cuidarte.

Ella abrió los ojos y me regaló una sonrisa irónica, de esas que solo ella sabe dar, como diciendo sin palabras: “te gané”.

Mi perro, Kiba, es distinto. Tiene veintiún años, ya no oye ni ve, tropieza con todo, pero cuando me encuentra, mueve la cola como si la vida entera aún le bastara. Siempre feliz, siempre fiel. Y aunque la vejez lo doblega, percibe lo que ocurre en casa: que mi madre también se nos va. Por eso aprovecha cualquier oportunidad para meterse a su dormitorio y dormir a su lado, como si quisiera acompañarla también en su despedida.

Dos vidas, dos velas que se apagan poco a poco. A mí solo me queda aceptar la realidad y desearles un camino en paz. Porque a pesar de los choques, las ironías, el cansancio y el dolor, sé que lo único que permanece es el amor.

Vick
Conversando con una Taza de Cafe
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Nuestra propia Guerra Cultural

Te cuento, estamos en unos tiempos decisivos en nuestro país, las elecciones se aproximan y dentro de cada voto, existe una nueva opción para el futuro, por lo que observa con detenimiento, no podemos continuar con lo mismo, no podemos dejar que el socialismo tome el poder, debemos desarrollar:

La guerra cultural a nivel personal que implica influir en tu entorno cercano y en la sociedad en general a través de acciones y decisiones que reflejen tus valores y creencias. Aquí hay algunas formas de librar esta batalla cultural desde tu perspectiva personal:

– Defiende tus valores: Expresa tus opiniones y creencias de manera respetuosa pero firme, especialmente en entornos donde se discuten temas polémicos.

– Educación y conciencia: Comparte información y recursos sobre temas que te importan, como derechos humanos, igualdad y justicia social, para crear conciencia y fomentar el debate constructivo.

– Participa en tu comunidad: Únete a grupos o iniciativas locales que trabajen en causas que apoyas, lo que te permitirá conectarte con personas afines y generar impacto en tu entorno.

– Influencia en redes sociales: Utiliza plataformas digitales para compartir contenido que refleje tus valores y promueva la reflexión y el diálogo sobre temas culturales y sociales.

– Modela comportamientos: Actúa de acuerdo con tus creencias y valores, demostrando en tu vida diaria lo que consideras importante, lo que puede inspirar a otros a hacer lo mismo.

– Diálogo respetuoso: Mantén conversaciones abiertas y respetuosas con personas que tengan opiniones diferentes, buscando entender sus perspectivas y encontrar puntos en común.

– Apoya a creadores de contenido afín: Consume y promueve el trabajo de artistas, escritores y pensadores cuyas obras reflejen tus valores y contribuyan al discurso cultural que apoyas.

– Vota y participa en procesos democráticos: Ejercer tu derecho al voto y participar en procesos políticos es fundamental para influir en la dirección cultural y social de tu país.

Recuerda que la guerra cultural se trata de influir en la narrativa y los valores de la sociedad, por lo que cada acción cuenta.

Vick
Conversando con una Taza de Café
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El problema del mal y el sufrimiento: ¿Por qué permite Dios el dolor? (2da. Parte).

Posturas filosóficas y teológicas

“A lo largo de la historia, teólogos y filósofos han tratado de explicar la relación entre Dios y el mal. Estas son algunas de las posturas más importantes.”

A lo largo de la historia, tanto la filosofía como la teología han intentado responder a la pregunta del mal, dando lugar a diversas posturas que buscan reconciliar la existencia de Dios con el sufrimiento en el mundo.

1. Posturas teológicas

El mal como consecuencia del pecado: En la tradición cristiana, se considera que el mal entró en el mundo por la caída de Adán y Eva (Génesis 3). Esta visión sugiere que el mal es el resultado del alejamiento de Dios.

El mal como prueba o castigo divino: Algunos textos bíblicos presentan el sufrimiento como una prueba de fe (como en el caso de Job) o como castigo por el pecado (como en el diluvio).

El mal y el libre albedrío: San Agustín argumentó que Dios creó a los seres humanos con libre albedrío, y el mal es el resultado de sus elecciones erradas, no de la voluntad divina.

El mal como parte del plan de Dios: Tomás de Aquino sugirió que el mal puede permitir un bien mayor, y que Dios, en su providencia, puede sacar bien del mal.

2. Posturas filosóficas

El problema lógico del mal: Planteado por filósofos como Epicuro y reformulado por David Hume, cuestiona cómo un Dios omnipotente, omnisciente y benevolente permite la existencia del mal.

La teodicea de Leibniz: Argumenta que vivimos en el “mejor de los mundos posibles” y que el mal es necesario para la existencia del bien y el desarrollo del alma.

El mal como privación del bien: San Agustín propuso que el mal no tiene existencia propia, sino que es la ausencia del bien, de la misma manera que la oscuridad es la ausencia de luz.

El sufrimiento como parte de la evolución humana: En tiempos modernos, algunos han visto el sufrimiento como un proceso natural dentro de la evolución y la existencia humana.

Agustín de Hipona (Siglo IV): El mal como privación del bien

• El mal no es una fuerza creada por Dios, sino la ausencia de bien.

• Dios permite el mal porque dio libre albedrío a los humanos.

Tomás de Aquino (Siglo XIII): El mal como parte del plan divino

• Dios permite el mal porque puede traer un bien mayor.

• Ejemplo: El sufrimiento de Jesús llevó a la salvación de la humanidad.

Postura escéptica moderna: El problema del mal como argumento contra Dios

Voltaire y el terremoto de Lisboa (1755): ¿Cómo puede un Dios bueno permitir un desastre que mata a miles?

Ateísmo post-Holocausto: La existencia del mal extremo (ej. genocidios) parece incompatible con un Dios amoroso.

Pregunta crítica:

• ¿El argumento del mal es la mayor prueba en contra de la existencia de Dios o simplemente una prueba de nuestra falta de comprensión?

Reflexión final

La cuestión del mal sigue siendo un debate abierto. La pregunta clave es: ¿El mal es un misterio sin respuesta, una prueba de fe o una consecuencia natural de la libertad humana?

(Continuará). Dejános un comentario sobre tus pensamientos al respecto de estas posiciones.

Vick
Conversando con una Taza de Cafe2
Vick-yoopino.