Cada día que tomo mi cámara, deseo que seas tú quien esté frente a mi lente.
Tal vez no sea un gran fotógrafo, tal vez nunca gane un premio. Pero en cada foto que te tomo, me llevo un pedacito de ti conmigo. Cada imagen es una forma de tenerte cerca, de guardarte aquí —dentro mío.
Te retrato con tus vestidos, tus polos, tus flores en el pelo y esa sonrisa que siempre deja algo encendido en el aire.
O desnuda, pequeña, hermosa, deseable. Con esos ojos que un día me hicieron empezar a amarte. Un poco mía, un poco lejana. Un poco deseando que me mires, otro poco queriendo ser todo para ti. Pegada a mi lado, como si yo fuera tu ajonjolí y tú mi pan dulce. Mi pequeña princesa.
Y lo único que te pido es esto:
Que cuando mi cámara enfoque tu rostro, tus ojos y tu sonrisa sean solo para mí. No quiero una foto cualquiera. Quiero que tú quieras que sea yo quien te la tome. Porque estás enamorada de mí. Como yo lo estoy de ti.
Y así, con cada disparo, capturaré tu mirada. La iré juntando, una a una, como piezas que te reconstruyen en mí. Hasta tenerte completa. No solo en el cuerpo. Sino en tu amor verdadero por mí.
Conversando con una Taza de Café.
-Vick-yoopino.
