Tened cuidado de vosotros mismos

Mi querido hermanito y/o hermanita y extraviado que llega a este tu blog de hoy en adelante, sin saber como poder luego librarnos de la verdad que aquí se escribe, bueno hemos regresado muy rápido y es que luego de conversar y dejarles un libro que encontrar y ponerse a leer “El pastor reformado” de Richard Baxter, pues decidí mejor dejarles algunos textos del libro, ya que me imagino que la falta de tiempo, el trabajo, los niños, el futbol y tantas cosas importátisimas nos van a impedir que busquemos el libro, pero como les digo, algo les dejo, especialmente dedicados a los pastores, maestros, profetas y tanto líder que deambulan por allí, ya sabe, tome su Biblia, un buen café y aquí le transcribo algo de dicho libro.

“Tened cuidado por vosotros mismos y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha puesto como obispos, para pastorear la iglesia del Señor, la cual adquirió para sí mediante su propia sangre”. (Hechos 20:28, RVA).

Primeramente, tenga cuidado de usted mismo. Asegúrese de que ha sido verdaderamente convertido. Tenga cuidado de no estar predicando acerca de Cristo a otros, mientras que usted mismo esté sin Cristo. Se les ha prometido una recompensa gloriosa a los fieles predicadores del evangelio, pero usted jamás disfrutará de esta recompensa, a menos que usted mismo haya recibido primeramente el evangelio. Hay muchos predicadores que están ahora en el infierno, quienes advertían muchas veces a sus oyentes de la necesidad de escapar de el. ¿Acaso espera que Dios le salve a usted por haber ofrecido el evangelio a otros, mientras que usted lo rechaza? Dios nunca prometió salvar a los predicadores, sin importar cuán dotados fuesen, a menos que ellos fueran convertidos.

Ser inconverso es terrible, pero ser un predicador inconverso es mucho peor. ¿Acaso no tiene miedo de abrir su Biblia y leer acerca de su propia condenación? ¿Cuando usted predica el evangelio, acaso no se da cuenta que está incrementando su propia culpa, al rechazar al Salvador que proclama? Sin embargo, es común que un predicador inconverso no se percate de su propia condición. Diariamente tiene contacto con verdades preciosas y exteriormente vive una vida santa. El denuncia el pecado en otros y les anima a vivir una vida santa. Cuán trágico es morir de hambre teniendo el pan de vida en las manos y animando a otros para que coman de el. Si esto es verdad acerca de usted, entonces le aconsejo que se predique a sí mismo antes de continuar predicando a otros. ¿Acaso le ayudará en el día del juicio decir: “Señor, Señor, he predicado en tu nombre”, solamente para escuchar las terribles palabras “apártate de mí, no te conozco”? Le aconsejo que confiese sus pecados delante de su grey y les pida que oren por la conversión de su ministro.

No es inusual encontrar ministros que sean inconversos. Su predicación será fría y sin vida, si Cristo no está en su corazón. Ojalá que cada estudiante de teología (especialmente en los seminarios) entendieran esto. ¿De qué vale estudiar si esto no nos conduce al conocimiento de Dios y de su gracia salvadora? Si Dios en su misericordia salva a estos ministros, entonces, ellos tendrán un conocimiento de El que jamás se hubieran imaginado. No se puede conocer nada correctamente, a menos que se conozca a Dios. Nada en el universo entero puede ser conocido correctamente, a menos que sea conocido en relación con su Creador.

Cuando Dios creó al hombre era perfecto y vivía en un mundo perfecto. Todas las cosas revelaban la gloria de Dios. Si el hombre no hubiera pecado, habría incrementado continuamente su conocimiento de Dios y de sí mismo. Pero, cuando el hombre buscó el conocimiento para sus propios fines, entonces perdió el verdadero conocimiento de Dios y de su creación. El conocimiento que obtuvo resultó ser vano y vacío.

Bueno mis amigos, nos vemos luego, creo que con lo que les he dejado de “El pastor reformado” es motivo suficiente para buscarlo y leerlo con detenimiento, pero no me diga “Eso es de Satanás” hace unas semanas, estaba con mi iPad leyendo detenidamente un libro y un hermanito, me preguntó cuantas versiones de la Biblia tenía en mi iPad, le dije que ninguna y que estaba leyendo un libro, dio un paso atrás, como si no me hubiese peinado y estaba que espantaba, pero me dio a entender que “sólo la Biblia” lo demás no servia, y bueno estos hermanitos abundan y es cierto que sólo la Biblia, pero cuando la lectura no es parte de nuestro diario vivir, si los libros nos producen alergia, aparte de que leer un libro y tener que pasar las páginas como que es cansado, bueno, pretextos, la cosa es que buscamos cualquier pretexto porque simplemente no nos gusta leer, y decimos y aseguramos que queremos conocer más y tener sabiduría, mis amigos hay buenos libros, lo importante es que nosotros nos decidamos a agarrarlos, no muerden, lo peor que puede pasar es que nos enseñen la verdad y tengamos problemas con nuestra ignorancia, bueno mejor lo dejamos allí, pero mi amigo la Biblia es nuestro ABC, pero algunos pastores han escrito muy buenos libros que nos pueden servir para entender la Palabra de Dios, imáginese este libro que hoy tratamos fue escrito alrededor del 1600, y aún hoy tiene vigencia, pero que como no nos gusta leer, nunca nos enteraríamos de que existe y mucho menos sabríamos qué dice, bendiciones y nos vemos.

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