Esclavo, esto puede cambiarlo todo

Amigos todos, volvemos por aquí, pero hoy con algo que sería bueno que lo haga pensar, nos encontramos por aquí con un café en medio de las manos, pero hoy debemos ponernos a pensar verdaderamente si el llamarnos cristianos, va de la mano con lo que la Biblia dice sobre ello y también si verdaderamente usted y yo caminamos de acuerdo a los parámetros dados, escritos y ordenados en la Biblia, o simplemente nos acomodamos a lo que se predica hoy, bendición, milagros, promesas, y sobre todo si con la carita es de santo, ya la hiciste, y es seguir así te haces merecedor de todas las bendiciones del cielo.
Como seguidores de Jesús, nos llamamos cristianos no obstante que esta palabra aparece solo tres veces en el Nuevo Testamento. Para identificar a los seguidores de Jesús, la Biblia usa una serie de nombres tales como hijos de Dios, ciudadanos del reino de los cielos, miembros de su Cuerpo, ovejas de su rebaño. Pero hay una palabra que se usa con más frecuencia que cualesquiera otras: esclavo.
¿De veras? Sí, aunque si hace una lectura superficial de su Nuevo Testamento va a ver que la palabra se usa muy pocas veces. ¿Porqué? Esto se debe según el pastor John Macarthur a que la palabra griega para esclavo (doulos) ha sido mal traducida en casi todas las versiones conocidas.
El evangelio define claramente la autoidentificación de los cristianos: mediante el pago de un precio habían sido hechos libres del pecado pasando a ser esclavos de Cristo. Y tenían el marco de referencia para entender sin ninguna duda, lo que eso quería decir.
“No escucharemos hablar de esto en las iglesias de hoy” el pastor Macarthur dice: La esclavitud es un concepto de mal gusto para las sensibilidades modernas, en cambio, oímos decir que Dios ama al ser humano incondicionalmente y quiere que llegue a ser lo que quiere ser. Ambición personal, realización personal, gratificación personal. Todo esto ha llegado a ser parte del léxico del cristianismo evangélico y la esencia de lo que significa tener una relación personal con Jesucristo.
La verdad hay que decirla. El evangelio no es sencillamente una invitación para hacerse amigos de Jesús. Socios en la batalla. Compañeros del camino. La Biblia incluye un mandato inconfundible para llegar a ser su esclavo. Esto es lo que significa ser cristiano.
Y bueno entonces ¿Qué somos? muchos asistentes, amigos, compañeros, y hasta nos llamamos cristianos, pero esclavos, nadie lo quiere ser, y si usted como muchos más escucha esa palabra, empieza, este hermano como que esta equivocado, algo malo tiene este hermanito, o simplemente si sigue así me voy de la iglesia o en el peor de los casos, deja de diezmar, como si con eso puede hacer cambiar la verdad, es cierto que usted va los domingos a la iglesia, pero su vida es de verdad lo que dice la Biblia que debe de ser, alza las manos y hasta llora, pero hace lo que dice la Biblia, recuerda usted este pasaje “confesad que Jesús es TU Señor” con todo lo que esto implica, si no es así simplemente estamos jugando a la iglecita y de cristiano no tenemos nada, en fin continuemos, piense y nos seguimos viendo, bendiciones, pero recuerde de asistentes, de domingueros, de personas buscadoras de milagros y prosperidad está llena la iglesia del Señor, pero dentro de esa muchedumbre ¿Cuántos son verdaderos discípulos?, nos vemos.

Abofeteado, golpeado y coronado de espinas

Seguimos sin mucho preambulo:

Jesús ya para este momento ya había sido abofeteado y golpeado repetidas veces desde antes de ser entregado a Pilato, de modo que su rostro, sin duda ya estaba hinchado y sangrante. Después de los azotes, su espalda sería un conglomerado de heridas sangrantes y músculos temblorosos, y el manto que habían confeccionado para El solo añadiría más dolor a esas heridas. Lo desnudaron de sus propias ropas, lo que sugiere que estaba completamente desnudo en sentido literal aparte del manto. Su meta claramente era hacer una completa burla de su afirmación de que era un rey. Con ese fin, confeccionaron también una corona de espinas.

“Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle” (Mateo 27:31). Las víctimas de una crucifixión generalmente tenían que llevar una placa colgada al cuello en la que se escribía el crimen por el cual se le condenaba. Era parte de la verguenza a la que eran sometidas las víctimas de la crucifixión. Eran conducidos a través de las calles y se les hacía caminar en procesión para aumentar la humillación del espectáculo.

También se les obligaba a llevar su propia cruz hasta el lugar de la ejecución. A esa práctica se refirio Jesús temprano en su ministerio cuando dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34).

¿Dispuesto a tomar tu cruz?

La agonía del huerto y el beso del traidor

Seguimos amigos, ayer fue un día interesante, luego de las celebraciones, de los canticos “A la Madrid” y muchos más en los que también se encontraban “El próximo miercoles nos vemos” los del Barca, volveremos a luchar por ganar, el partido fue uno histórico, que no se olvidará, ya lo he visto 5 veces y aún voy a verlo una vez más, pero mi gusto por el futbol, no debe dejar de hacerme ver, lo que está semana celebramos, por ello continuamos con un pasaje interesante y sorprendente, vuelva a dejar en un rincón su vuvuzela, guarde las palomitas y los pitos, tome su Biblia y volvamos a leer los Evangelios para seguir con nuestro relato, mi hermano y amigo, sientese para no caerse porque el traidor está listo para terminar su trabajo, continuemos:

Cuando Jesús entró en Getsemaní sabía que sería apresado allí, que lo harían pasar por una serie de juicios y humillaciones que lo llevarían inexorablemente a la cruz. De hecho, cuando el apóstol Juan describe la llegada de los soldados para apresar a Jesús, dice lo siguiente: “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?” (Juan 18:4).

Cuando Jesús llegó al Getsemaní con sus discípulos, ya era cerca de la media noche. Todos ellos mostraban señales de cansancio a esas horas de la noche. Era el final de una semana atareada y el final de un día muy ocupado. Pero Cristo tenía un asunto en el huerto que era más importante que dormir, y nada le impediría ir allí a orar.

Jamás había emanado tanta tristeza del alma de un individuo. Nunca comprenderíamos la profundidad de la agonía de Cristo porque, francamente, no podemos percibir la maldad del pecado como El puede hacerlo. Tampoco podemos apreciar los terrores de la ira divina de la manera como El lo hizo. La angustia que El expresa en el Getsemaní se escapa, por lo tano, de nuestra comprensión. No debemos preguntarnos si el pleno significado de la oración parece eludirnos. Aún asi hay también una riqueza de claro entendimiento en este pasaje que muchas veces perdemos de vista. (Mateo 26:36-44).

Jesús estaba afligido porque sabía que toda la culpa de todo el pecado de todos los redimidos de los tiempos sería puesta sobre El, y El sufriría el impacto total de la ira divina en sustitución de los otros. El santo Hijo de Dios quien jamás conoció ni la más insignificante sombra de pecado, sería hecho pecado, un objeto de la ira de Dios (2 Coloseses 5:21). Solo pensar en eso hizo que sudara sangre.

Cuando Cristo terminó de orar, tuvo la victoria que buscaba. Surgió de su agonía en perfecta armonía con la voluntad de su Padre. Estaba preparado para enfrentarse a la cruz y beber hasta la última gota de la copa amarga de la ira del Padre contra el pecado.

Sus enemigos ya se acercaban. La tranquilidad con la que Cristo se encontraría con ellos y la gracia apacibele que mostró a través de su terrible experiencia, son pruebas innegables de que Dios el Padre escuchó y contestó el grito del corazón de su Hijo en el Getsemaní.

Pero Satanás ya estaba organizando una clase diferente de ataque. Judas se acercaba con una gran turba armada enviada por los principales sacerdotes y los ancianos del templo.

Judas por lo tanto, para asegurarse de que podían diferenciar a Jesús de los demás, los conspiradores habían establecido de antemano la señal que usarían. “Y el que le entregaba les había ddo la señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle” (Mateo 26:48). “Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre” (Lucas 22:48).

Seguiremos en unos minutos, vaya a estirar la piernas lea nuevamente los versículos bíblicos y volveremos. Bendiciones.

Un descanso: “Real Madrid Campeón” Copa del Rey

Queridos amigos un descanso en nuestro blog, sé que usted esperaba que siguieramos con nuestro tema principal “El asesinato de Jesús”, yo también, pero debemos escribir algo respecto a la final de la Copa del Rey, gano el Real Madrid y bien ganado, fue un partidazo que no se repetirá, ambos jugaron a tope y podemos decir que hay un gran campeón, a seguir festejando, nos vemos en la Champions y ganará el Barza, pero hoy “A la Madrid” felicidades campeones y nos vemos en Cibeles.

La Pasión de Cristo – Parte 2

Queridos amigos aqui la segunda parte de la película La pasión de Cristo, mirela con detenimiento, y lea los post, seguro que le hara pensar.

El traidor desenmascarado

Amigos mios, seguimos con nuestra semana “El asesinato de Jesús”, me imagino que usted nos ha venido siguiendo toda la presente semana, en caso contrario por favor lea los anteriores posts y pongamonos al día, bueno una vez más Biblia en mano, podremos continuar, y darnos una verdadera idea de lo que paso en esos días antes de la entrega de Jesús, sirvase un café para no dormirse, y continuemos:

Para poder continuar con la farsa por un poco más de tiempo, Judas se unió al grupo y preguntó: “¿Soy yo, Maestro?” (Mateo 26:25). La pregunta en el texto griego revela una fingida incredulidad. La pregunta podría expresarse así: “¿Verdad que no soy yo, Rabí?”.

Jesús simplemente respondió: “Tú lo has dicho” (Mateo 26:25). Ese comentario, evidentemente, fue hecho con tranquilidad, solo a Judas, porque el apóstol Juan, que estaba reclinado al costado de Jesús no se dio cuenta de lo dicho. Juan escribe que Pedro le hizo señas para que le preguntara a Jesús de quién estaba hablando:

“Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. [Esa es la manera de Juan de darse a conocer a través de su Evangelio] A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, ¿quién es? respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón” (Juan 13:23-26).

Aun ese dialogo evidentemente tuvo lugar en tonos muy suaves, porque ninguno de los otros discípulos parece haberse dado cuenta de que Cristo estaba identificando a Judas como el traidor. Entonces cuando le dijo a Judas: “Lo que vas a hacer hazlo más pronto” (Juan 13:27). Juan dice: “Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres” (Juan 13:28-29). Juan también registra que después de que Judas tomó el bocado de la mano de Jesús, Satanás entró en él otra vez (Juan 13:27). Como había sucedido antes, cuando Judas negoció con el sanederín la entrega de Jesús, estaba poseído por el diablo. Habiendo endurecido su corazón para Jesús, se convirtió totalmente en un instrumento del maligno.

Volvemos a hacer una pausa para que usted estire las piernas, vuelva a leer su Biblia, detenidamente, con calma, como buscando la rebelación de Dios por medio de Su Palabra, pero por sobre todo recordando y pensando y preguntándose: ¿Qué hubiese hecho yo de estar viviendo en ese tiempo y en ese lugar? ojo usted, nos vemos en unos minutos, ore, o rece, como más prefiera, pero sobre todo reflexione lo que usted ha venido leyendo en estos posts. Bendiciones y nos vemos.

La Pasión de Cristo – Parte 1

Encontramos este video en youtube, vamos a ver si estan todas las partes para que usted nos vaya acompañando a medida que hablemos sobre “El asesinato de Jesús”, escrito por el pastor John Macarthur, esperamos sus comentarios, pero sobre todo su reflección personal, (entre usted y Dios), bendiciones y seguimos en el camino.

El traidor consuma su acto

Bueno mis queridos hermanos, amigos, conocidos, visitantes asiduos, caminantes que hacen el camino y uno que otro extraviado que nunca falta, a todos gracias por llegar por aquí, hoy seguimos con “El asesinato de Jesús” el pastor John Macarthur nos dá una manota para poder aprender un poco más respecto a los últimos días del ministerio de Jesús aquí en la Tierra, por lo que prepárese y Biblia en mano, iPad si tiene uno, si no tiene uno aún, no se preocupe una vez más corra a la primera tienda de Apple y comprese uno, y todos podremos de disfrutar de una buena lectura, y bueno aparte de todo siga visitandonos y leyendo.

Continuemos: Bien pudo ocurrir que la reprensión de Cristo (de lo que hablamos en el post anterior) selló lo que había sido una creciente desilución en la mente de Judas. Después de todo, como casi todos, él esperaba a un Mesías que libertaría a Israel de la opresión romana y seguidamente establecería su trono. Judas (como los otros discípulos) sin duda esperaba compartir la gloria y el poder de ese reino (Mateo 20:20-21). Pero como ocurrió que Jesús hablaba más y más acerca de su rechazo y de su muerte inminente, Judas perdió el entusiasmo de seguir al Señor. Había permanecido por tres años esperando que Jesús accediera al trono de David y lo ascendiera. Sus motivos todo el tiempo al parecer eran la codicia y una sed egoísta por el poder.

A eso hay que añadir el hecho de que estaba sustrayendo dinero de la bolsa de los discípulos, de la que era responsable. Contempló con resentimiento como regalos tan costosos, una libra de nardo y alabastro, eran sacrificados en un acto de simple adoración. Y Judas al contemplar cómo se evaporaba la posible ganancia de un desfalco planificado, pudo haber tomado la decisión ahí mismo de compensar la pérdida mediante la entrega de Jesús. Y pudo haber sido en ese preciso momento que tomó la decisión final de cometer un acto de traición mediante la entrega de Jesús en manos de sus enemigos.

Lucas registra el hecho de que el mismo Satanás entró en Judas en ese mismo tiempo (Lucas 22:3). Actuando a través de la ambición de Judas y aprovechándose de un corazón no regenerado que ya para ese tiempo había totalmente rechazado a Cristo; el diablo literalmente poseyó a Judas para efectuar el acto traidor que estaba a punto de ocurrir. Mateo dice: “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde enonces buscaba oportunidad para entregarle” (Mateo 26:14-16). Desde el punto de vista de sus enemigos, las cosas iban muy bien.

Nadie, sino solo Jesús lo comprendió en ese momento, pero un plan superior realmente estaba obrando. Era el plan eterno de Dios soberano, ese plan había sido establecido desde antes de la fundación del mundo. Y desde el mismo inicio de la conspiración, el hecho del control soberano de Dios es claramente manifestado por todas las profecías que se cumplieron a medida que el drama se desarrollaba en perfecta armonía con el propósito eterno de Dios. Así que la primera y más básica lección que aprendemos del asesinato de Jesús es la verdad de que Dios permanece absolutamente soberano sobre todas las cosas, incluso cuando parece que el plan más inicuo diseñado por pecadores está a punto de conseguir un éxito siniestro.

Nos vemos, los dejo aquí para que ustedes mediten sobre lo que acabamos de leer, busque en su Biblia los versículos bíblicos, y dejenos un comentario que nos permitirás saber que piensa, luego nos seguimos viendo, estamos ya entrando a la parte central de toda está semana y no se olvide él lo sigue esperando. Bendiciones.

Cristo es ungido para su sepultura

Bueno amigos seguimos aqui, hoy como es de costumbre, agarre su Biblia de preferencia Reina Valera 1962, por versión, si no tiene no se preocupe, tomese su tiempo y subase en su carro o como un servidor tome el trencito y dirijase a la primera libreria cristiana que encuentre y adquiera una, le aseguro que no se arrepentira, luego con la alegría de tener su Biblia nuevecita, es tiempo de abrirla y ponerse a leerla, si ya tiene una, quitele el polvo y hoy vamos a leer algunos versículos que allí se encuentran, preparese como siempre un buen café, de una caminata hasta el comedor y tome asiento comodamente y Biblia en una mano, su computador o iPad en la otra y empecemos o mejor dicho continuemos porque esto ya tiene algunos post, si recien llego por aquí, dele una miradita a los anteriores post, para que todos estemos en la misma línea, y vayamos al grano:

Mateo incluye una conmovedora viñeta que expone más ampliamente el control soberano de Dios de los acontecimientos que conducen a la crucifixión. Aparece en absoluto contraste con la conspiración que se tramaba en el palacio del sumo sacerdote. Allí, hombres que odiaban a Jesús tramaban su muerte. Aquí, una mujer que lo amaba le prepara para la sepultura: “Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía ser vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella” (Mateo 26:6-13).

Fue María quien ungió a Cristo con el prefume (Juan 12:3). Juan dice que no solo ungió su cabeza, sino también sus pies, y enjugó sus pies con sus cabellos. Probablemente estaba deliberadamente emulando a la prostituta perdonada descrita en Lucas 7:36-39, quien también ungió los pies de Jesús con sus cabellos. Ese ungimiento tuvo lugar en Galilea, en la casa de un fariseo, en un tiempo más temprano en el ministerio de Cristo. María, una seguidora cercana de Cristo, sin duda sabía de ese incidente y tocada por adoración que motivó el gesto de aquella mujer, hizo lo mismo, con el ungüento más caro que pudo comprar.

Los discípulos estaban indignados. La liberalidad de María les parecía una extravagancia exagerada. Después de todo, razonaban, el alabastro pudo haberse vendido y el dinero de la venta dado a los pobres. El relato de Juan nos informa que Judas era el instigador en propagar ese sentimiento. Su preocupación difícilmente era tan nobe como trató que pareciera: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que echaba en ella” (Juan 12:6).

Es de notarse que Judas era el tesorero del grupo. Eso pone de manifiesto cuan confiable era (vea Salmos 41:9). Y el hecho de que otros siguieron su dirección en este instante revela que había conseguido no solo su confianza, sino también su respeto. Evidentemente, ninguno de los otros discípulos jamás sospecho que Judas se convertiría en traidor, porque incluso cuando Jesús profetizó que sería traicionado por uno de ellos, ninguno apuntó hacía Judas. Todos parecían dudar de ellos más que de Judas (Marcos 14:19).

María, que siempre había prestado más atención que muchos otros a las enseñanzas de Cristo (Lucas 10:39), pudo haber comprendido más que otros. Evidentemente ella comprendió que Cristo estaba en un punto decisivo e importante de su ministerio terrenal. Parece improbable que María estaba plenamente consciente de que la muerte de Cristo estaba muy cerca. Probablemente ella pretendió que su gesto fuera simplemente un acto de adoración profunda.

Pero habría un significado simbólico en el acto que había sido soberanamente diseñado por Dios. Jesús dijo: “Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura” (Mateo 26:12). De ese modo vemos nuevamente la mano soberana de Dios en la dirección del desarrollo de cada acontecimiento.

Hasta aquí llegamos hoy, pero le hago una pregunta para que la vaya pensando hasta nuestro próximo encuentro dentro de una horas: “María tubo un acto de adoración hacía Jesús, dio lo mejor que tenía y lo más preciado que tenía, lo ofrecio por amor, usted y yo ¿qué tenemos para dar a nuestro Señor Jesús? le damos , ¿lo mejor de nuestras vidas?, ¿lo mejor de nuestro tiempo?, ¿lo más preciado que tenemos?, ¿le damos a nosotros mismos?, buenas preguntas verdad, bueno solo usted tiene las respuestas, nos vemos en unas horas, veremos como el traidor consuma su trato con los sacerdotes. Bendiciones y no se pierda, aún falta mucho.

La conspiración contra Jesús

Bueno queridos hermanos, seguimos, hoy con un nuevo post, por favor, tenga a la mano su Biblia, la va a necesitar y en un tiempo de tranquilidad, cuando los niños se han dormido, cuando la TV está apagada, cuando todas sus amistades de Facebook, esten en los brazos de Morfeo, (ojo esten durmiendo, no vaya a pensar mal) y sobre todo cuando usted tenga el deseo de aprender junto con todos nosotros, tómese un tiempo y empecemos a leer, un café le aseguro que le vendra muy bien, para no dormirse, pero sobre todo luego de dar un detenido paseo por este post, por favor refleccione y entremos al camino y dejemos también nuestras huellas. Pero empecemos.

El drama de la crucifixión comienza en Mateo 26, donde el complot para asesinar a Jesús es incubado. En realidad, en un sentido importante, la vida completa de Cristo había sido un prólogo para ese momento. El condescendió al hacerse hombre con el propósito expreso de morir (Juan 17:27; Filipenses 2:4-7; Hechos 2:14). Todo en su vida era una preparación para la hora de su muerte.

Jesús había dicho a sus discípulos en numerosas ocasiones que iba a morir en manos de aquellos que lo odiaban. De hecho, mucho antes de su última jornada en Jerusalén: “Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres y le matarán” (Mateo 17:22-23; 16:21; 20:17-19).

La hora había llegado, y una imparable cadena de acontecimientos habían comenzado que terminaría con su asesinato. Su última semana de ministerio terrenal se acercaba a su conclusión. Cristo acababa de concluir su Sermón del Monte de los Olivos, el gran sermón profético que abarca Mateo 24-25. Pero sus pensamientos no estaban lejos del tema de su muerte. Mateo escribe: “Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado” (Mateo 26: 1-2). Sabía que su hora había llegado. El plan soberano de Dios para la redención de los pecados estaba a punto de realizarse. Y aunque hombres inicuos estaban conspirando en aquel momento la ejecución de su muerte, eso no era secreto para la mente del soberano y omnisciente Cristo.

Solo unos pocos días antes, El cabalgó triunfante en la ciudad, mientras las mutitudes gritaban “Hosana” desde ambos lados de las calles. A los discípulos, ante cualqueir ojo humano, parecía como si El fuera barrido al trono mesiánico con una imparable ola de apoyo popular. Pero Jesús sabía la genuina verdad. La opinión pública es muy variable. La justicia nunca triunfará a través de la opinión pública de ninguna manera. Las multitudes aduladoras eran atraídas por los milagros de Jesús, pero no estaban preparados para reconocer su pecado y entregarse a El como Señor. Es totalmente probable que muchos de los participantes en la multitud que gritaban hosannas a El al principio de la semana eran los mismos que chillaban: “Crucifícale”, “Crucifícale” antes de que terminara la semana.

No obstante, los dirigentes judíos, amenazados por la evidente popularidad entre el pueblo de Jerusalén, se reunieron clandestinamente para discutir qué hacer con El. Mateo describe la escena:

“Entonces los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tubierón consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo” (Mateo 26:3-5).

El malvado complot a la postre tendría éxito, pero solo en consonancia con el programa de Dios. De hecho, si el asesinato de Jesús no hubiera sido parte del plan eterno de Dios, nunca habría ocurrido. Jesús dijo de su vida:

“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:18).

Aquí nos quedamos, en unas horas seguiremos, hay mucho aún en el tintero, espero que lo haya dejado pensativo y que aún tenga el tiempo para entrar en el verdadero camino, bendiciones y nos vemos luego. Cuento con su visita.