Pablo defiende su integridad ¿y tú?

La defensa de Charles Spurgeon de la verdad y su preocupación por la integridad estaban en conformidad con el legado del apóstol Pablo. A lo largo de su ministerio, Pablo enfrentó la oposición de los que odiaban el evangelio y querían pervertir su proclamación para sus propios fines. La mayor parte de la oposición procedía de un grupo de falsos maestros de Corinto, quienes lo acusaron de ser incompetente, sencillo, carente de atractivo e impersonal. Como consecuencia, Pablo se vio obligado a defenderse a sí mismo y a su ministerio. No buscaba glorificarse a sí mismo, pero sabía que el evangelio y el nombre del Señor tenían que ser defendidos de aquellos que intentaban destriuir la verdad.

Pronto los falsos maestros de Corinto vieron claro que, si querían desviar a los creyentes corintios hacía el error y un evangelio falso, además de hacerse ricos y de adquirir poder y prestigio, tendrían que destruir la integridad de Pablo. Como él había establecido y enseñado a la iglesia de Corinto, los falsos maestros tendrían que destruir la confianza de la iglesia en Pablo si querían reemplazar su enseñanza por la de ellos.

Si sus opositores de Corinto podían destruir la integridad de Pablo, también podrían acabar con su utilidad, su producividad y su capacidad de servir al Señor. Por consiguiente, Pablo tenía que mantener su integridad. Aunque había reconocido su propia humildad en su ministerio, también sabía qué era lo que estaba en juego al defender su integridad: “para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”.

Una meta fundamental de cualquier líder espiritual es el ganarse la confianza de la gente por medio de una integridad genuina. Al igual que Pablo, la conducta del líder debe ser digna de confianza y consistente con sus palabras. Pero, una vez que un líder demuestre hipocresía en cualquier área del ministerio, no importa lo aparentemente insignificante que ésta sea, habrá perdido todo lo que haya logrado en su ministerio y verá destruida su credibilidad. Eso es lo que Pablo temía mientras confrontaba los rumores y las mentiras de los falsos maestros de Corinto.

Mi amigo o amiga, con lo que ha leído líneas arriba, ahora comparelo por favor con lo que hemos venido viviendo, oyendo, mirando, en los meses anteriores, algunos de ustedes en años anteriores en sus centros de trabajo, aquellos que quieren representarnos, aquellos que con mentiras, engaños, medias verdades, medias mentiras, con palabras acomodadadas de acuerdo a sus propias coveniencias, ¿son personas integras?, ¿dignas de confianza? como para poder dejar en sus manos las negociaciones que quieren hacer por algunos de nosotros, es una buena pregunta, yo ya tengo mi respuesta, pero usted, compare, indage, pregunte si son verdaderamente integros en su actuar, integros en su hablar e integros en el trabajo que han llevado por años, sin nadie que les haga esa pregunta y mucho menos puedan dar la respuesta, pero recuerde ese dicho filosófico “Tan culpable (sin integridad) es el que mata la vaca como el que le agarra la pata”, aunque usted no lo crea.

Bendiciones, y nos seguimos comunicando, pero recuerde jamás cambie su integridad por nada, porque al final solo obtendrá tortillas duras y frias.

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